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Posts Tagged ‘Kafka’

 

 

”¿Por qué leemos un diario de escritor? – se preguntaba Susan Sontag – ¿ Por que ilumina sus libros? Con frecuencia, no. Más fácilmente, porque el diario es material bruto, aun si ha sido escrito con miras a una futura publicación. En él, leemos al escritor en primera persona : nos encontramos con un ego desprovisto de las máscaras de ego de las obras del autor. Ningún grado de intimidad en una novela podrá suplirlo, aunque el autor escriba en primera persona o utilice una tercera persona que, transparentemente, le señale. La mayor parte de las novelas de Pavese están narradas en primera persona. Sin embargo, sabemos que el “yo” de las novelas de Pavese no se indentifican con Pavese mismo, como tampoco el “Marcel” que cuenta “A la busca del tiempo perdido” se identifica con Proust, ni el “K” de “El Proceso” y “El castillo” con el mismo Kafka. No quedamos satisfechos: las audiencias modernas exigen la desnudez del autor. El diario nos presenta el taller del alma del escritor. ¿Y por qué nos interesa el alma del escritor ? No porque el escritor nos interese en sí. Sino por la insaciable preocupación moderna con la psicología”.

 

 

Victoria Ocampo, comentando los Diarios de Virginia Woolf, decía que “ella había notado con su habitual finura que los Diarios podían dar del autor una imagen deformada por una sencilla razón: uno se acostumbra -dice – a registrar con preferencia ciertos estados de ánimo peculiares – supongamos la irritación o la depresión – y a no escribir el Diario bajo la influencia de estados  de ánimo distintos (…) En una carta de 1934 Virginia Woolf confesaba: “muy pocas mujeres todavía han escrito autobiografías veraces. Es mi lectura favorita” . “Tengo miedo de la autobiografía en público”, decía releyendo su Diario con una especie de “intensidad culpable”. En 1924 escribía :” Me impresionó leer algunas de mis notas aquí de mi Diario porque si uno deja que la mente corra a su antojo se vuelve personal, cosa que detesto”. “Odio que la personalidad, que la apariencia del escritor se coloque en primer plano, anteponiéndose a su obra.”

 

 

(Imágenes: -1-libros 021/ 2- lourania tumblr/ 3-bibliotheque tumblr)

 

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“Los anuncios de los periódicos tientan a algunas personas a hacer toda clase de cursos de lectura rápida – recordaba Amos Oz -: por una módica suma, nos prometen que nos enseñarán a ahorrar un valioso tiempo, a leer cinco páginas por minuto, a recorrer la página en horizontal, a saltarnos los detalles y a llegar rápidamente a la última línea. Las sugerencias que he ofrecido en este volumen ( Oz se refería a su interesante libroLa historia comienza” ) , diez breves ojeadas a los contratos iniciales de diez novelas o relatos, pueden servir de introducción a un curso de lectura lenta: los placeres de la lectura, como otros goces, deben consumirse a pequeños sorbos.”

Uno de los escritores israelíes más universales como es Amos Oz publica estos días “Queridos fanáticos”, una obra en la que trata de “diagnosticar los orígenes del fanatismo y la agresividad” y vuelvo a tomar sus ensayos sobre literatura, ese  útil estudio de los principios narrativos en Gógol, Kafka, García Márquez, Chejov o Carver entre otros, en su análisis del amor por los detalles, y en la satisfacción que nos produce la lectura lenta.

 

 

’El juego de leer – dice Oz – exige al lector que tome parte activa, que aporte su propia experiencia vital y su propia inocencia, así como prudencia y astucia. Los contratos iniciales son unas veces como el juego del escondite y otras se parecen más a una partida de ajedrez. O de póquer. O a un crucigrama. O a una travesura. O a una invitación a entrar en un laberinto. O a una invitación a bailar. O a un galanteo de mentira que promete pero no entrega, o entrega lo que no debía, o entrega lo que no había prometido, o entrega sólo una promesa”.

Los contratos iniciales, es decir, los comienzos de muchos libros célebres o no, nos inducen siempre a una lectura gozosa y lenta.

 

 

(Imágenes -1- Oscar Bluhm -1892/ 2- Julia Margaret Cameron – 1867/ 3- George Clausen – 1909)

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ciudades-yngg-Praga- tranvía- Jakub Schikaneder- mil novecientos diez

 

Cuando releo el delicioso libro de Nuria Amat Viajar es muy difícil” (Anaya & Mario Muchnik) sus páginas me llevan otra vez hasta ciudades literarias de sombras, farolas y adoquines por donde transitan, al costado de Borges o de Kafka, señores con bastón y sombrero, parejas de viudas empobrecidas, empleados de banca, oficiales retirados, funcionarios esquilmados, periodistas hambrientos, oficinistas humillados, y tantos y tantos hombres y mujeres que recorren el mundo. Se cruzan con nosotros gentes que viajan para leer, como Henry James, o que viajan para escribir como Joseph Conrad. “Huidizos, expatriados y perseguidos -comenta Amat-, los escritores no tienen casa propia. Tánger, por ejemplo, es una ciudad literaria debido a los muchos escritores que la visitaron y la hicieron suya. Praga expulsa a sus escritores (Rilke, Kafka, Kundera…) ; Trieste, sin embargo, los cobija (Svevo, Joyce) y mantiene (Magris..) Y lo mismo, o parecido, puede decirse de San Petersburgo, Buenos Aires, Venecia…” En el caso de Viena, y refiriéndose más que a los escritores a los músicos, Allan Janik y Stephen Toulmin en “La Viena de Wittgenstein” recuerdan igualmente que pocas ciudades han sido menos generosas que ésta para reconocer en vida a aquellos hombres a los que proclamaría héroes culturales después de su muerte. Franz Schubert, Arnold Schönberg y Gustav Mahler – al que se celebraba como el más grande de los directores pero se le denunciaba a la vez como compositor corrompido –  vivieron con la ciudad un romance sorprendente e insólito.

 

ciudades.-55g.-Brujas.-cacmalaga org

 

Y es en varias de esas ciudades literarias extendidas en las calles del tiempo – entre cafés y personajes inesperados – donde podremos  oír al fondo el ruido de los tranvías. Nuria Amat habla de ellos. No sólo nuestra imaginación nos lleva con rapidez hasta Lisboa, sino también a otros puntos del mundo. En Buenos Aires, Borges iba y volvía en tranvía desde su casa  a la biblioteca pública de Boedo. Pero la parsimonia del tranvía hará decir a la autora que “el tranvía tiene una apariencia estética alada, celebrada por el poeta: “los suavemente tensos hacia atrás cables del tranvía”, escribió Kavafis. ” El tranvía también, dice Amat, es un anacronismo en sí mismo, una especie de fantasma del mundo industrial. Tan anacrónico, en fin, como la escritura”.

 

ciudades.-8uuhnu.-Viena.-1960-Elfriede Mejchar

 

(Imágenes-1-Praga- Jakob Schikaneder– 1910/ 2.-Brujas -Cacmalaga -eu/ 3.- Viena –  Elfriede Mejchar– 1960)

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escritores.-6wws.-Boris Pasternak.-a la izquierda, con su hermano.-pintura de su padre, Leonid Pasternak

 

“Todavía no he leído a Kafkale decía Boris Pasternak a Gerd Ruge en Peredelkino a final de los años cincuenta  -. Ahora estoy leyendo a Marcel Proust. Delicioso, en extremo delicioso; aunque a veces le encuentro falto de algo. Y si se pudiera reunir en una sola persona la fuerza de Thomas Mann y la de Rilke.., el resultado sería una obra maestra. En Thomas Mann hay un exceso de análisis psicológico experimental y también un exceso de ensayo literario periodístico. Pero su arte, unido a la fina sensibilidad, la profundidad y el sentido de lo transcendente del Rilke que escribió “Los cuadernos de Malte Laurids Brigge”, sería algo extraordinario. ¡Y qué novela no sería el “Ulises”, de Joyce, si tuviera la claridad de las narraciones de “Dublineses!…”.

 

escritores.-5qmnm.-Boris Pasternak en Peredelkino.-1958.-foto Cornell Capa

 

Contaba todo esto Pasternak al lado del alto pupitre que utilizaba para escribir a causa de su lesión en la pierna. “No  lamento que mi obra “El doctor Jivago” se haya publicado en Occidentecontinuaba -; lo que lamento es el ruido que se ha levantado por su causa. Todos escriben sobre la novela; pero ¿ quién la ha leído propiamente? Porque, ¿qué es lo que cita de la obra? Siempre las tres mismas primeras páginas, de las setecientas que tiene el libro”.

 

escritores-nnju- Pasternak- foto Cornell Capa- Peredelkino mil mvecientos cincuenta y ocho

 

“El plan de “El doctor Jivago” – explicaba Pasternak aThe Paris Review” – lo esbozan  los poemas que acompañan al libro. Esa es una de las razones por las que yo decidiera publicarlos junto con la novela. También están ahí para darle a la novela más cuerpo, más riqueza. Por la misma razón utilicé el simbolismo religioso: para darle calor al libro (…) Uno debe vivir y escribir sin descanso, con la ayuda de las reservas que la vida ofrece (…) La vida en torno nuestro cambia constantemente, y yo creo que uno debe tratar de cambiar su propia visión en forma correspondiente… cuando menos una vez cada diez años (…) Cuando escribí “El doctor Jivago” sentí que tenia contraída una deuda inmensa con mis contemporáneos. Fue un intento de pagarla (…) Yo quería dejar una constancia del pasado y honrar en ese libro los aspectos hermosos y sensitivos de la Rusia de aquellos años”.

(Pequeña evocación con motivo de los cincuenta años del estreno de la película “El doctor Jivago”, basada en la novela)

 

Pasternak-unng- museo de Boris Pastrnak en Peredelkino- wikipedia

 

(Imágenes.- Boris Pasternak y su hermano Alejandro hacia 1905.-pintura de Leonidas Pasternak/.- 2 y 3.-Pasternal en Peredelkino- 1958- foto Cornell Capa) / 4.- museo de Boris Pasternak en Peredelkino- Wikipedia)

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libros-nnyy- biblioteca- Diva Diva

 

“Imagino una “biblioteca sentimental”- confesaba Alberto Manguel – formada por libros que me gustaría poseer por razones puramente anecdóticas. Por ejemplo, entre otros, el “Homero” traducido por Chapman que perteneció a Keats, el ejemplar de “La metamorfosis” que Kafka regaló a su padre, el “Cicerón” de San Agustín, el “Aristóteles” de Averroes, el ejemplar de “La tempestad” que perteneció a John Gielgud, el ejemplar de “Yerma” que perteneció a Margarita Xirgu, el “Amadis” que perteneció a Cervantes, el ejemplar de los “Poemas” de Heine que Borges utilizó para aprender alemán”.

 

lectura-unnhy-John Singer Sargent

 

Cada uno puede construirse – al menos con la imaginación – su “biblioteca sentimental”. Allí estarán quizá los primeros libros de la juventud bajo el polvo de un desván de recuerdos, la primera biblioteca a la que fuimos y la primera personal que nos rodeó, los volúmenes que nos marcaron desde el principio, los que nos asombraron en el tiempo y los que nos acompañaron en la madurez. Páginas que releemos de cuando en cuando, sorbos preciosos de lectura. “Allí hay familias de grandes atributos – escribía Séneca refiriéndose a su biblioteca – Elige aquella a la que debes pertenecer. La adopción te proporcionará no sólo nombre, sino también bienes, que no debas guardar con espíritu mezquino o avaricioso; cuanto más las compartas, más se acrecentarán… Éste es el medio que tienes de prolongar tu mortalidad, no de transformarla en inmortalidad”.

 

libros-unnhy-libros en Antalya- Turquía

 

Toda biblioteca produce alegrías. “Porque si es posible disfrutar en  este mundo de un bien soberano – decía el bibliotecario Gabriel Naudé -, de una felicidad perfecta y acabada, creo que no existe ninguna más deseable que el diálogo y el grato y productivo entretenimiento que un sabio puede encontrar en una biblioteca semejante, y juzgo que no es cosa extraña poseer libros. Puesto que a causa de su biblioteca puede considerarse  legítimamente cosmopolita o ciudadano del mundo, puede saberlo todo, verlo todo y no ignorar nada; en resumen, al ser dueño absoluto de esta fuente de satisfacción, puede utilizarla como le venga en gana, disfrutarla cuando le plazca y conversar con ella tanto como quiera, y así, sin obstáculo alguno, sin trabajo y sin esfuerzo, puede instruirse y conocer las características más precisas de todo lo que existe, de lo que ha existido y de lo que puede existir sobre la tierra, en el mar y en los lugares más recónditos del Cielo”.

 

interiores.-88ttbb.-libros.-Frank Moss Bennett

 

(Imágenes.- 1.-biblioteca- diva-diva/ 2.-John Singer Sargent/ 3.- libros en Antalya- Turquía/ 4.- Frank Moss Bennett)

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escritores.-88y -Franz Kafka.-Uncredited and Undated Phoyograph

“En la casa le habían hecho una cómoda tumbona –evoca el gran crítico italiano Pietro Citati al recordar a Kafka en el otoño de 1917, cuando el escritor se encontraba en Zürau – Allí estaba estirado “como un rey”, sin camisa, mientras nadie podía verle. Una noche, hacia mediados de noviembre, le asaltó el horror. (…) De vez en cuando, en el otoño, había sentido un roer ahogado: una sola vez se levantó temblando y fue a ver. Pero, esa noche, asistió al alboroto mudo y rumoroso del pueblo espantado de las ratas. A las dos fue despertado por un roce cerca de la cama y desde ese momento no cesó hasta la mañana. ” Arriba y abajo por la caja de carbón – confiesa Kafka -, una carrera a lo largo de la diagonal de la habitación, círculos trazados, leños roídos, silbidos ligeros durante el reposo, y mientras tanto siempre el sentido del silencio, de la secreta actividad de un pueblo proletario oprimido, al que pertenece la noche”. “Nada a lo que agarrarme en mi persona – le escribe a Felix Weltsch -, no me levanté ni encendí la luz, la única posibilidad era gritar un poco para intentar asustarles… Por la mañana estaba demasiado asqueado y deprimido para levantarme hasta la una”.

animales.-99h.-gatos.- Mokona.-Linda Gavin

A partir de entonces Kafka tuvo un gato en la habitación, según lo cuenta Ronald Hayman en la biografía del escritor, aunque detestaba que el gato le saltara a las rodillas cuando estaba escribiendo o a la cama cuando estaba acostado. Kafka atribuyó su miedo a los ratones ” a la impresión que dan de poseer -así se lo dijo en una carta a Max Brod a principios de diciembre de 1917- esa inesperada, indeseada, ineludible, considerablemente silenciosa, obstinada y secreta intención, junto con la sensación de que todas las paredes de alrededor están infestadas de sus galerías, y de que están acechando ahí, y de que a causa de las horas nocturnas que les pertenecen, y de su tamaño diminuto, son ajenos a nosotros y en consecuencia es tanto más difícil atacarles“.

escritores--5gcc.-manuscrito de El Proceso de Kafka

Ahora puede leerse en la prensa que El Archivo Literario Alemán ha adquirido en una subasta por una suma que no ha dado a conocer la famosa carta de Franz Kafka a su amigo Max Brod, en la que confiesa su miedo a los ratones. Son cuatro páginas fechadas el 4 de diciembre de 1917 y la carta – según dice la nota de prensa– será subastada junto a otros manuscritos de Kafka acompañada con testimonios de su influencia sobre escritores como Elias Canetti, W.G. Sebald y Gilles Deleuze en una pequeña exposición titulada “Los ratones de Kafka“. Son patentes también, añade esa nota, las huellas que llevan a obras diversas, como por ejemplo “Josefina la cantora o el pueblo de los ratones” o “La madriguera”.

animales.-98.-gatos.-Neil Libbert

El tema de los animales, de sus galerías subterráneas y de sus madrigueras fue recurrente en la obra narrativa de Kafka, y en sus Obras Completas  – la edición dirigida por Jordi Llovet (Opera Mundi) – se recuerda la carta que el escritor dirigió a Milena Kesenská diciendo: “Yo era un animal salvaje que no vivía casi nunca en el bosque, sino que me enterraba en cualquier lugar cavando un agujero” o aquella otra que envió a Max Brod en 1923: “Camino para uno y otro lado o estoy sentado, petrificado, tal como haría en su madriguera un animal desesperado…”. Si Luis Izquierdo en su “Kafka” (Barcanova) hace alusión a las transformaciones de animales en el escritor checo como estados de ánimo, es sin duda la gran traductora y especialista en Kafka, Marthe Robert, la que recuerda que “lo que distingue  de manera fundamental a los animales de Kafka de todos los animales alegóricos y fabulosos es su animalidad verdadera, doliente, misteriosa por su misma limitación, digna de atención y de infinito respeto. (…) Lo que hace de “La madriguera” un relato conmovedor y no una fría alegoría es el trabajo del Animal, ese trabajo para el que tiene una sola herramienta: su cabeza, su pobre frente martirizada y sangrante“. “Kafka fue un individuo aislado – evoca igualmente Marthe Robert en “Reales e imaginarios(Cuatro) -; en cierta medida, fue un apátrida en Europa“.

Y fue allí, en Zürau, donde leía a Kierkegaard, a San Agustín y a Tolstoi, donde a Kafka le aterrorizó el ruido de los ratones.

animales.-88hh.-gatos.- Franz Marc

(Imágenes.-1.-Franz Kafka hacia 1917.-Undacredited and Undated Photography/2.-Mokona.-Linda Gavin- hide213.ebb.jp/ 3.- página del manuscrito de “El proceso”/4.-flying cat.-Neil Libbert.-michaelhoppengallery.com/ 5-Franz Marc.-1913.-Gallery Kumstsammlung.-Düsseldorf.-Alemania)

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“El murmullo de la contemplación le hacía decir a Sábato con sus problemas de vista:” Cuando me leen un fragmento de Los hermanos Karamasov se produce en mí como una vibración física, corporal. Algo que me atraviesa y corre por mi sangre. Pienso que se debe a que la literatura no ha sido para mí una actividad separada de la vida (…) Debería pensarse en esto ahora que la literatura y el arte en general están tan desacralizados. Debería pensarse seriamente el valor que tienen en la vida del hombre las grandes narraciones”. Las conflictivas relaciones entre Dmitri, Ivan, Smerdjakov y el adolescente Alëša, los diálogos, las confidencias, las confesiones de los espíritus enfrentados de los Karamasov no pueden liquidarse con esa frase sintética de muchas gentes al concluir un vídeo: “Ya lo he visto”, dicen. Y no volverán a él nunca más. Lo han visto resumidamente, pero es muy probable que no lo hayan contemplado, no se han adentrado, no ya en las descripciones decimonónicas de las habitaciones, sino en los matices de las tormentas humanas. “Ya he visto El Gatopardo, “ya he visto La muerte en Venecia”, “ya he visto El doctor Zhivago. Son visiones (a veces excelsas, a veces incluso superiores a las de las obra literarias, a veces no), pero visiones que únicamente recorren la cinta del lenguaje fílmico, el tratamiento del cine, y que deberían completarse con la lectura. La elegante suntuosidad del estilo de Lampedusa, la finura de composición de Thomas Mann, las poesías de Pasternak que Yuri Zhivago dedica a Lara quedan sin contemplación y sin goce, no se asoma el ojo humano para seguir los rasgos de la pluma del escritor, no se aprende a observar literariamente ni a contar historias (además de en la pantalla) sobre el papel, no se demora uno disfrutando con los pliegues de los párrafos, de los diálogos y de las palabras.

Y si nos vamos a la construcción de ciertas escenas literarias que no han sido llevadas al cine y que no han sido transformadas por el movimiento de la cámara, descubriremos en algunos libros hallazgos llenos de matices y (bajo la apariencia de su naturalidad) toda la dificultad y el dominio que supone escribirlos.

Así ocurre, por ejemplo, entre muchos otros, con el relato “En la linde de los árboles (Alianza) del escritor austriaco Thomas Bernhard en el que, en diversos planos, cuenta cómo alguien que está escribiendo una carta a su novia cuenta a la vez lo que está viendo en esos momentos en la sala de la hospedería en la que escribe, y mientras describe lo que ve, piensa en lo que está escribiendo, y (a la vez que piensa), escribe y mira. Y todo eso casi simultáneamente, todo hábilmente entrelazado:

    ” Al entrar en la sala [está hablando de una pareja que ha entrado en la hospedería] no me habían visto al principio, pero luego, como vi, se sobresaltaron al verme y me saludaron con la cabeza, pero no volvieron a mirarme. Yo acababa de empezar a escribir una carta a mi novia: que era más sensato, escribí, esperar todavía un poco en casa de sus padres, hasta que yo me hubiera aclimatado en Mühlbach; sólo cuando hubiera conseguido fuera de la hospedería, “posiblemente en Tenneck”, escribí, dos habitaciones para nosotros, debía venir ella. Ella me había escrito en su última carta, prescindiendo de las acusaciones contra sus padres, carentes de comprensión, que tenía miedo de Mühlbach, y yo le respondí que su miedo era infundado. Su estado, decía ella, se había vuelto tan enfermizo, que tenía miedo de todo.”

     “Al fin y al cabo hay tres hospederías en Mühlbach”, escribí, pero es imprudente escribir eso, pensé, y taché la frase, tratando de hacerla ilegible, y decidí por fin escribir por tercera vez toda la carta. (En los últimos tiempos escribo todas mis cartas tres o cuatro o cinco veces, siempre para contrarrestar mi excitación mientras escribo una carta, tanto en relación con lo que escribo como con mis pensamientos.) La gendarmería era una buena base para los dos, estaba escribiendo precisamente de mi aumento de sueldo, de unos ejercicios de tiro que se harían a finales de otoño en Wels, cuando los dos, curiosamente la muchacha primero y detrás de ella el joven, entraron en la sala; de la mujer del inspector que estaba enferma del pulmón y perdida, y procedía de la Cilli eslovena. Seguía escribiendo, pero me daba cuenta de que tampoco podría enviar esa carta, los dos jóvenes atrajeron desde el primer instante mi atención; comprobé una falta de concentración súbita y completa por mi parte en relación con la carta y con mi novia, pero seguí escribiendo disparates para poder observar mejor a los dos forasteros fingiendo que escribía. Me resultaba agradable ver de pronto rostros nuevos, en esta época del año, como ahora sé, no vienen nunca forasteros a Mühlbach, y por eso era tanto más extraña la aparición de los dos, de los que supuse que él era artesano y ella estudiante, los dos de Carintia. Luego, sin embargo, me di cuenta de que los dos hablaban un dialecto de la Estiria. Recordé una visita a mi primo estirio, que vive en Kapfenberg, y supe que los dos eran de la Estiria, así hablan allí (…)”.

Como se ve, hay aquí toda una serie de movimientos en la escena que una cámara cinematográfica relataría con esfuerzo y sin duda con habilidad, pero esta vez la pericia del lenguaje literario no es ni mejor ni peor, sino distinta y al seguir esos movimientos de la pluma del escritor, esos vaivenes entre la interioridad y lo externo, entre los pensamientos y las acciones, se adquiere sin duda un aprendizaje de cómo dominar bien los resortes de una narración. Cómo intentar ceñir con el estilo todos los planos de una situación”.

(J. J. Perlado ” El ojo y la palabra”, págs 167- 170)

(pequeña evocación cuando aparecen en castellano las Cartas de Thomas Bernhard a su editor)

(Imágenes: 1.-Claudia Cardinale en “El Gatopardo” de Visconti -1963/ 2.-Pasternak en Peredelkino.-1958.-Cornell Capa/ 3.–Thomas Bernhard/ 4.- “El proceso” de Kafka, película de Orson Welles/ 5.- Anthony Hopkins y Emma Thompson en “Lo que queda del día”, basada en la novela de Kazuo Ishiguro)

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