SÁBATO

“Yo no llegué a la literatura por motivos estrictamente literarios, todo me fue torcido, complicado, contradictorio, llegué a la literatura para no explotar, para no morir; mi experiencia literaria fue algo como la necesidad de expresar todo este caos en el que estaba inmerso y dar desfogue no sólo a mis ideas, sino a mis obsesiones más profundas y más inexplicables. La ventaja de la literatura sobre la filosofía es que mientras la filosofía obra con conceptos puros y razones puras, la literatura obra con la totalidad del espíritu humano, es decir, con conceptos, pero también con intuiciones, con razones, pero también con sinrazones, con los elementos diurnos de la existencia, pero también con los elementos nocturnos del existir, con lo delirios, con los sueños, con las obsesiones arcaicas…todo…todo, por ello yo creo que existe una actividad del espíritu en esta época de crisis total del hombre que puede dar expresión global de la propia crisis, no es la filosofía ni ninguna otra actividad, y menos que nunca la ciencia, sino más bien la literatura de invención.

(…)

Kafka no habla de huelgas, de ferroviarios, en su obra “El proceso“… sin embargo creo que permanecerá como uno de los testimonios más fuertes de la gran crisis occidental”.

(Conversación de Sábato con Walter Mauro y Elena Clementelli: “Los escritores frente al poder“)

(El día en que fallece Ernesto Sábato)

(Imagen:  Sábato.-foto Daniel Mordzinski)

3 comentarios en “SÁBATO

  1. …existe una actividad del espíritu en esta época de crisis total del hombre que puede dar expresión global de la propia crisis, no es la filosofía ni ninguna otra actividad, y menos que nunca la ciencia, sino más bien la literatura de invención…

    Me llevo estas palabras a mi blog… Gracias maestro!

  2. José Julio:

    Adiós a otro gran escritor. Otra luz que se apaga.
    Hará ya casi una década, pero recuerdo vivamente una conferencia suya: su voz cansada de nonagenario, su humildad, la lucidez de sus palabras, lo que dijo sobre el hombre moderno y sobre la condición humana, sus reflexiones en voz alta sobre la lectura de Kafka y de Dostoievski, lecturas que nos hacen cambiar para siempre… Y su mano temblorosa firmando una dedicatoria en mi ejemplar de su Abaddon el exterminador, ese pequeño tesoro que guardo en mi biblioteca.

    Creo que Sabato pudo finalmente ayer alcanzar su paz, esa paz de la que nos hablaba en Abaddon, cuando Bruno, su personaje, visita el cementerio de Capitán Olmos y tiene una visión, y lee en una lapida:

    Ernesto Sabato.
    Quiso ser enterrado en esta tierra,
    Con una sola palabra en su tumba
    PAZ.

    Hay allí, en las postrimerías del libro, unas palabras que resulta difícil olvidar:

    En cualquier caso, fuera como fuera, era paz lo que seguramente ansiaba y necesitaba, lo que necesita todo creador, alguien que ha nacido con la maldición de no resignarse a esta realidad que le ha tocado vivir; alguien para quien el universo es horrible, o trágicamente transitorio e imperfecto. Porque no hay una felicidad absoluta, pensaba. Apenas se nos da en fugaces y frágiles momentos, y el arte es una manera de eternizar (de querer eternizar) esos instantes de amor o de éxtasis; y porque todas nuestras esperanzas se convierten tarde o temprano en torpes realidades; porque todos somos frustrados de alguna manera, y si triunfamos en algo fracasamos en otra cosa, por ser la frustración el inevitable destino de todo ser que ha nacido para morir, y porque todos estamos solos o terminamos solos algún día: los amantes sin el amado, el padre sin sus hijos o los hijos sin sus padres, y el revolucionario puro ante la triste materialización de aquellos ideales que años atrás defendió con su sufrimiento en medio de atroces torturas; y porque toda la vida es un perpetuo desencuentro, y alguien que encontramos en nuestro camino no lo queremos cuando el nos quiere, o lo queremos cuando el ya no nos quiere, o después de muerto, cuando nuestro amor es ya inútil; y porque nada de lo que fue vuelve a ser, y las cosas y los hombres y los niños no son lo que fueron un día, y nuestra casa de infancia ya no es mas la que escondió nuestros tesoros y secretos, y el padre se muere sin habernos comunicado palabras tal vez fundamentales, y cuando lo entendemos ya no esta mas entre nosotros y no podemos curar sus antiguas tristezas y los viejos desencuentros; y porque el pueblo se ha transformado, y la escuela donde aprendimos a leer ya no tiene aquellas laminas que nos hacían soñar, y los circos han sido desplazados por la televisión, y no hay organitos, y la plaza de infancia es ridículamente pequeña cuando la volvemos a encontrar.

    (Abaddon el exterminador)

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