DIARIOS DE GUERRA


«Esta noche he soñado que pasaban escuadrillas de aviones sobre la casa – escribe Ernst Jünger el 10 de mayo de 1940 -. Por la mañana, en el campo de tiro me enteré de que realmente había habido mucho movimiento en el aire. Se trataba de transportes de tropas con destino a Holanda y Bégica. Con esto la guerra entrará sin duda en una fase crítica, sin que, por otra parte, pueda calcularse todavía cuánto va a durar«.

Es un viernes ese día de mayo. El día anterior Hitler había autorizado la eutanasia con efectos retroactivos a septiembre de 1939, y ese mismo día 10 tiene lugar una ofensiva general de los ejércitos alemanes que ocupan los Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo.

Ese viernes redacta su Diario el gran escritor alemán Jünger y ese viernes también toma notas en su Diario el gran escritor francés Julien Gracq del que más de una vez he hablado en Mi Siglo. Los dos avanzan en sus «Diarios de guerra«. Las bombas y los faros nocturnos abriendo abanicos en busca de aviones no impiden esa letra minuciosa en cuadernos- testigo, un silencio de plumas rasgadas bajo la barbarie.

Ahora se publican en Francia, en Editions Corti, los «Manuscritos de guerra» de Gracq, y la escritura de este lugarteniente francés de treinta años desconoce naturalmente que hay otro escritor alemán de cuarenta y cinco años que ese día, quizás a la misma hora, anota los desastres de la guerra. Gracq irá contando el camino zigzagueante de los soldados borrachos, hambrientos y embrutecidos, puesto que la intendencia no consigue seguir las maniobras incoherentes de un comandante desfallecido, y Jünger, por su parte, trazará en su Diario el arco de las batallas y de las resistencias, las confidencias de un espíritu que va guiando a su pluma. «Este «Diario«-dirá el 18 de noviembre de 1941 – se refiere siempre únicamente a una capa determinada de acontecimientos que tienen lugar en las esferas espiritual y física. Lo que nos preocupa en lo más hondo de nuestro ser se escapa a la comunicación y hasta a la propia percepción» («Diario de guerra y de ocupación«) (Plaza-Janés)

La guerra- igual que la enfermedad o la soledad – busca su refugio como tema inmediato entre las páginas de muchos Diarios. Como analiza de modo excelente Michèle Leleu en su estudio sobre los Diarios íntimos, las confesiones volcadas en estos cuadernos de guerra ponen todo su esfuerzo en intentar evadirse de una situación extrema y a la vez procuran defender el recinto de una intimidad. Todo cuanto atenta desde el exterior a la libertad del pensamiento es protegido con palabras y frases de sincera escritura. Ana Frank, Hans Carossa, Theodor Haecker, Jünger, ahora Gracq y tantos otros bajan al sótano de las confesiones personales y allí, bajo el estruendo de las bombas y estremecidos por el paso rítmico de los invasores, procuran buscar su yo tantas veces perdido y al conquistarlo de nuevo encontrar en un cuaderno muchas veces una denuncia, otras un desahogo y en ocasiones la paz.

(Imágenes:-1- Jonathan Wolstenholme.- thomerama/ 2.-estudio de manos.-1506 –Alberto  Durero)