PRIMER DÍA DE PRIMAVERA

flores-ttuuy-por-alessandro-twomlbly-2006-artnet

«Me dijo un alba de la primavera:

Yo florecí en tu corazón sombrío

ha muchos años, caminante viejo

que no cortas las flores del camino.

 

Tu corazón de sombra, ¿acaso guarda

el viejo aroma de mis viejos lirios?

¿Perfuman aún mis rosas la alba frente

del hada de tu sueño adamantino?

 

Respondí a la mañana:

Sólo tienen cristal los sueños míos.

Yo no conozco el hada de mis sueños;

no sé si está mi corazón florido.

 

Pero si aguardas la mañana pura

que ha de romper el vaso cristalino,

quizás el hada te dará tus rosas,

mi corazón tus lirios».

Antonio Machado: «Del camino».

(Imagen: «The Twist» de  Alessandro Twombly.-2006.-artnet)

MUSEO Y NATURALEZA

bella-durmiente-1-la-senorita-gladis-m-holman-hunt-la-escuela-de-la-naturaleza-pot-william-holman-hunt-1894-museo-de-arte-de-ponce-museo-del-prado

«Tened buenas compañías, es decir, id al Louvrele decía Cézanne en una carta a Camoin en 1903 – Pero, tras haber visto a los grandes maestros que allí descansan, es preciso apresurarse a salir de allí y vivificar en uno mismo, al contacto con la naturaleza, los instintos, las sensaciones artísticas que residen en nosotros». Un año después le recordaba a Émile Bernard: » las líneas paralelas al horizonte dan la extensión, es decir, una sección de la naturaleza o, si Vd. prefiere, del espectáculo que el Pater Omnipotens Aeterne Deus despliega ante nuestros ojos». Y pasado un mes de tales palabras volvía a insistirle a Bernard el 12 de mayo de 1904: «El Louvre es un buen libro para consultar; pero no debe ser más que un intermediario. El estudio real y prodigioso emprendido es la diversidad del cuadro de la naturaleza» (Paul Cézanne: «Correspondencia«) (La balsa de la Medusa.-Visor).

Pienso en todo esto al contemplar este cuadro de William Holman Hunt que retrata a su hija Gladys sentada al aire libre, el perro al lado, los ojos pendientes del espectáculo que contempla y el lápiz preparado para recoger los detalles y trasladarlos a la tela. El museo de silenciosas salas y galerías ha sido aquí reemplazado por el museo natural, que es lo que defendía Cézanne, y la admiración y la fidelidad a la naturaleza queda también recordada en aquella norma de los prerrafaelistas que puede verse en esta exposición de Pintura victoriana del Museo de Arte de Ponce actualmente en el Prado hasta el 31 de mayo.

Sobre la experiencia casi mística que la naturaleza ha ejercido sobre algunos creadores y críticos cuenta Daniel Arasse, del que ya he hablado en Mi Siglo, que John Ruskin, estando en 1842 en el bosque de Fontainebleau, experimentó la revelación casi extática del infinito portento de la naturaleza, manifestado en sus más pequeños detalles. Mientras se entretenía casi perezosamente, dibujando un árbol, sintió que «esas líneas insistían en ser trazadas (…) . Con una fascinación cuya intensidad aumentaba por segundos (vio) que «se componían» por sí solas en función de leyes más finas que las que el ser humano es capaz de conocer». Más tarde afirmaría que era necesario recuperar «la inocencia del ojo (…), una especie de percepción infantil, la que tendría un ciego si recuperase de pronto la vista».

Esa inocencia del ojo es la que mira a veces la naturaleza del museo atravesando salas y gentes para detenerse ante cuadros, y también la que observa el otro museo de colores, sombras y luces que siempre nos muestra la maravilla de la naturaleza.

(Imagen: «La señorita Gladys M. Holman Hunt (La escuela de la naturaleza) (1894), de William Holman Hunt.-Museo de Arte de Ponce, Fundación Luis A. Ferré.-Puerto Rico)

LA NARANJA Y EL YO

naranja-3-flikr«Está usted a veces ante sus hijos en la mesa, ya en el postre, pelando esa naranja. Toma usted el cuchillo con la mano derecha, redondea usted con la izquierda el contorno de esa naranja rosa y granulada, su cintura, su cerebro. Busca usted dónde hendir el arma del cuchillo, aún hace bailar un poco entra las yemas de sus dedos esta esfera roja y pesada, hace girar la bombilla de la fruta, el huevo del zumo. Ya cuando el bisturí resbala rebanando y comienza la corteza a caer en caracola blanca y lenta, una cinta de carretera que zigzaguea desvaneciéndose hacia el plato, usted sabe que algo así hay que ir desnudando del yo, esa redondez magistral, el egoísmo cerrado en sí mismo, la peladura coronando a la soberbia, una alada pesantez de autosuficiencia, la máscara roja de la gravedad, la ocultación de las entrañas de la pulpa, el dominio redondo del yo resbaladizo. Va usted pelando y pelando esa naranja interminablemente, cada corte en derredor enseña la blanca camisa interior que usted no quisiera mostrar, una membrana, un cendal, una tela de araña sembrada de pellejos ásperos, el último paso antes de que vuelva a rebanar el cuchillo y aparezca la sangre sonrosada, venas uniformadas en curvas, gajos compactos. Está usted cada día pelando esa naranja, todos los días de su vida, cada hora despojando a esa naranja inacabable de cada envidia ácida que torna y retorna a aparecer bajo el cuchillo, las afirmaciones que aplastan, las ironías que amargan, el desprecio al cual usted está dando tirones ahora para despellejarlo, apoya mejor el borde del cuchillo en el cráneo de la naranja, oprime el arma con la yema del pulgar, empuja contra la fruta con sus dedos rebañando bien los contornos, y la cinta inapresable de la ira reaparece de nuevo dando vueltas a esta naranja del yo que no se pela nunca, cuya epidermis caracolea girando hacia el final del plato».

(JJP.-Fragmentos de una novela inéditanaranja-ffgghh-por-donald-sultan-1991-artnet1

(Imagen: naranjas.- por Donald Sultan.-1991.-artnet)

CINE Y CRISIS

estrellas-cine-1962-por-peter-phillips-artnet Leo estos días en Le Figaro el fenómeno de la afluencia masiva de espectadores al cine, huyendo, sin duda alguna, de la cruda realidad económica para refugiarse en el mundo de las bellas apariencias. De la apariencia  y de la realidad ya hablé en Mi Siglo en otra ocasión.

Pero ahora, según el estudio anual del Observatorio europeo de lo audiovisual presentado en Berlín a principios de febrero, este fenómeno de la asistencia al cine es mundial. De Estambul a Oslo, pasando por Bombay, Dubaï y Tokio y, naturalmente Estados Unidos, largas colas se concentran ante las taquillas. No así en España donde por causas distintas las últimas noticias informan de la desaparición de 150 cines y del abandono de las salas por 9 millones de espectadores.

Según recoge Le Figaro, Jeanine Basinger, historiadora del cine y directora del departamento del Séptimo Arte de la Universidad de Wesleyan en el Connecticut, asegura que está sucediendo «exactamente lo mismo que durante la crisis de 1929 y que en la Segunda Guerra Mundial. Entonces las gentes se echaron a la calle para ver cine, puesto que el público buscaba cambiar sus ideas. Los espectadores estaban ávidos de films de puro divertimento, pero también deseaban ver películas serias que les permitieran comprender mejor el mundo en el cual vivían. Se sabe que el número de espectadores va a aumentar, ¿pero verán éstos el cine en las salas de proyección, en el VOD de sus casas o a través de su teléfono móvil?».

lost-int-ranslation1

El cine – como la literatura – es ficción. Todo gran escritor – recordaba Nabokov en sus cursos universitarios en Cornell – es un gran embaucador. No hay más que reemplazar literatura por cine y tendremos – como he dicho en alguna ocasión – que » por el sendero de los nidos de araña de la embaucación, las gentes entran en las librerías (en los cines) y pagan por llevarse mentiras encuadernadas que les hagan escapar unas horas de la chata realidad, del metro, de la oficina, de la cocina, del tráfico y del comedor para sumergirse en esa otra realidad del metro, de la oficina, de la cocina, del tráfico o del comedor que cuenta cada escritor a su manera, algunos imitando mucho la realidad, pero entregando la esencia impalpable de una atmósfera familiar de interiores (como Chejov, como Cheever, como Carver) o enriqueciendo también lo auténtico con la inserción de lo fabuloso en la vida real, modificando así esa realidad hasta hacerla pasar sencillamente por los anillos del asombro» («El ojo y la palabra«, pág 87)

(Imágenes: 1.-«Stard card table», 1962.-por Peter Phillips.- artnet / 2.-Scarlett Johansson en «Lost in translation»)

FLANNERY O´CONNOR

flannery-oc2b4connor-rowhtmll

«La tarea de la literatura es encarnar el misterio en las maneras, y el misterio resulta enormemente embarazoso para la mentalidad contemporánea –dice la gran escritora norteamericana Flannery O´Connor en «Misterio y maneras» (Encuentro) -. En torno al cambio de siglo, Henry James escribió que la joven del futuro, aunque la llevasen a tomar el aire en una máquina voladora, no sabría nada ni del misterio ni de las maneras. James no tenía derecho a limitar la predicción a uno de los sexos, aunque por otro lado es difícil no coincidir con él. El misterio del que hablaba es el misterio de nuestra posición en la tierra, y las maneras son esas convenciones que, en manos del artista, revelan ese misterio central.

No hace mucho una profesora me dijo que sus mejores alumnos consideran que ya no hace falta escribir nada, que ahora puede hacerse todo con números, y que lo que no se puede hacer con números no merece la pena. Me parece natural que ésta sea la opinión de una generación a la que le han hecho creer que la finalidad del aprendizaje es eliminar el misterio. Para tales personas, la literatura puede ser sumamente perturbadora, puesto que el escritor se ocupa del misterio vivido. Se ocupa del misterio último, según lo encontramos encarnado en el mundo concreto de la experiencia sensible».

Este libro de Flannery O´Connor, como igualmente su volumen «El negro artificial» (Encuentro), y sus admirables «Cuentos completos» (Lumen),  además de sus destacadas novelas, retratan el poderoso y a la vez delicado perfil de esta mujer que murió en 1964, a los treinta y nueve años de edad, tras haber convivido con una grave enfermedad en la sangre que le afectó a los huesos de las piernas y la obligó a andar con muletas. Considerada como una de las narradoras norteamericanas más prestigiosas de su generación, disertó muy lúcidamente sobre el aprendizaje de escribir con páginas memorables que han supuesto siempre un luminosflannery-oc2b4connor-4-new-georgia-encyclopediao aliento para muchos creadores.

El próximo mes tendrá lugar en Roma  -del 20 al 22 de abril – un Simposio Internacional sobre su figura, tal como  se anuncia en Scriptor Org .»Hoy no hay palabra que me parezca conveniente para calificar sus cuentos – dijo de ella Katherine Anne Porter -, su estilo particular, su vivisón del mundo, yo sé de su grandeza. Flannery es uno de los mayores talentos de nuestra época». El novelista norteamericano John Hawkes señalaba que «si era aparentemente invulnerable e incluso indiferente a la muerte, Flannery O ´Connor no dejaba de producir la impresión de vivir cada instante de su vida con una intensidad particular. Hoy parece importante subrayar la calurosa jovialidad, la humanidad abierta, acogedora, franca de esa mujer».

Thomas Merton contó cómo Flannery O ´Connor fabricaba una historia: «reunía todos esos elementos disparatados, después los dejaba que emprendieran el vuelo, lentos e inexorables, unos contra otros. Entonces sucedía que la locura urbana, menos fuerte, se venía abajo, débil presa para la locura rural, inexorablemente devorada por un absurdo superior y más primitivo». Pero lo que Merton resalta más de la novelista es que «la clave de los libros de Flannery es probablemente la palabra «respeto». Nunca dejó ella de observar sus ambigüedades y su degradación. Y a través de esa amarga dialéctica de seudoverdades que se han hecho endémicas en nuestro sistema, ha sondeado nuestra propia vida, sus conflictos, sus errores y sus vanidades. ¿No somos acaso otra cosa que una enorme estructura colmada de falsos respetos? Se habla continuamente de respeto, y todavía estamos convencidos de que respetamos algo, pero sabemos demasiado bien que hemos perdido el respeto elemental a nosotros mismos. Y Flannery lo advertía y veía mejor que otros sus consecuencias».

(Imágenes: Flannery O ´Connor.-New Georgia Encyclopedia)

OBJETOS

television-lklk-por-kenny-scharf-1984-artnet

«Objetos, objetos, comenzaron ahora las voces a decirle desde fuera del tiempo, cilindros, rombos, rectángulos, cuadrados, objetos que tuviste y que deseaste, objetos que envidiaste, que contemplabas en revistas, que mirabas de reojo en casa de los amigos, en vestíbulos, en pasillos, en esquinas, por las paredes, por los suelos, aquellos muebles de madera ondulada por ejemplo, líneas blandas y fluidas, pantallas hechas con bambú, sillas en fibra de vidrio, aseos relucientes, espejos deslumbrantes, transistores que te invitaban a cambiar de televisor, televisores que te invitaban a cambiar de automóvil, automóviles deslizándose por calles de objetos, objetos, escaparates, objetos, objetos, aerodinámica de objetos mirándote con su rostro estético, con su rostro técnico, girando, girando siempre iluminados con su rostro económico, sus ojos psicológicos, girando, girando siempre su imán las tumbonas movibles, los sillones mullidos, las luces halógenas, los colores plateados, los complementos de lo esencial, la esencia de los complementos, hablándote siempre los objetos desde los escaparates, Tú te mereces comodidad, te susurraban sensualmente, no sólo la comodidad sino el complemento de la comodidad, siempre hay una comodidad última que acabamos de recibir para ti en cuanto entregues tu firma plastificada en esta esquina de tu tarjeta, gracias, entregas lo esencial y te llevas este superfluo maravilloso, ¿lo ves?, el último complemento, mañana puedes llevarte los complementos de los complementos, en una semana se te habrán vuelto esenciales, sin ellos no podrás vivir, porque tienes que hacerte regalos, le seguían diciendo las voces, tú te lo mereces todo, tumbarte, por ejemplo, en este ondulado superfluo con reposa-pies incorporado y cabezal de espuma para ver panorámicamente el hambre en el mundo, lo giras oprimiendo este botón y así estarás al día de las enfermedades o de las lágrimas de los niños, porque lo que tiene este aparato como descubrimiento es que lo ves todo en directo y simultáneamente pero no te implicas, uno no se implica nunca, no se ensucia, nosotros preservamos de ello a nuestros mejores clientes, es decir, se puede estar completamente informado y a la vez distraído, absolutamente desinhibido, pensando, por ejemplo, en comprar otro objeto que te falte, porque te faltarán siempre objetos, te falta por ejemplo este cilindro, este rombo, rectángulo, cuadrado o esta circunferencia multiuso que esta temporada se está llevando mucho porque es lo efímero ambivalente creado precisamente para nada, para completar el vacío. Por eso debes poseer este objeto, porque ya se está acabando y lo tiene todo el mundo, conviene antes de que se pase la oferta que completes muy bien tu vacío, que tu vacío esté lleno de objetos, esa relación calidad/precio del objeto, esa relación calidad/precio del vacío, ¿recuerdas?, el vacío, el vacío, le iban diciendo cada vez más lejos las voces desde fuera del tiempo, el vacío, ese vacío, ese vacío, llenar ese vacío…»

( JJP.-Fragmentos de una novela inédita)objetos-compactos-foto-natsuyki-nakanishimuseumn-of-modern-art-the-new-yor-times

(Imágenes:- 1.-·»Extravaganza Televisione», por Kenny Scharf, 1984.-artnet/ 2.-Natsuyki Nakanishi  -Museum of Art.- The New York Times)

LECTURAS CHINAS

gao-xingjian-7-guardiancouk

Alguna vez he comentado ya en Mi Siglo frases de Gao Xingjian. En medio de tantos vaivenes financieros, políticos, comerciales y editoriales que se observan desde la ventana, me adentro un poco en la habitación y me siento a leer en la atmósfera del cuarto cosas sueltas del Premio Nobel chino en sus «Ensayos parisinos» recogidos en «Contra los ismos» (El Cobre):

«En una sociedad de consumo totalmente mercantilizada – dice -, si la literatura quiere ser literatura sin prestarse a ser reducida a producto y sometida a los gustos de moda creados artificial o ciegamente, lo único que tiene que hacer es mantenerse alejada de los medios de difusión de masas, retirarse de la vida en sociedad y convertirse en una actividad individual pura».

«La literatura sólo podrá salvarse a sí misma  – prosigue – si consigue eludir los golpes mortales y las medallas. En la literatura no caben los burócratas ni los jueces. Ésta no debe preocuparse por la opinión pública y tiene que ser inmune tanto a las críticas como a los halagos. En definitiva, debe mantenerse fiel a sí misma, ya que así, y sólo así, conseguirá ser libre».

«Podemos decir que si vives, escribes – afirma -. O mejor dicho, si escribes es cuando realmente vives. También puedes cambiar de modo de vida, pero si no es eso lo que deseas, no te queda más remedio que seguir viviendo así».

Luego dejo la lectura, me acerco de nuevo a la ventana. Abajo, el fragor de la actualidad levanta como siempre polvareda de vaivenes financieros, políticos y comerciales. La vida continúa.

(Imagen: foto de Gao  Xingjian.- guardian, co.uk)

EL ARREGLADOR DE DÍAS

nubes-ccEl último fin de semana llegué con mi mujer al Hotel B., en la sierra de Madrid. Teníamos reservada habitación desde hacía bastante tiempo y el día, que contra todo pronóstico se había ido estropeando pocas horas antes, me hizo decir nada más dejar las pequeñas maletas en la habitación:

– ¡Vaya!, mira que pedí unas habitaciones donde el día no se estropease…Mírame, por favor, el número de reparaciones para ver si sube el arreglador de días y paisajes.

Efectivamente, como el Hotel B. ha sido siempre enormemente acogedor y muy pendiente del cliente, subió con rapidez el arreglador de días uniformado con su pulcro traje azul  y extendió con habilidad sus instrumentos en el cuarto. Colocó junto al ventanal la escalera plegable, acercó su cubo de plástico, tomó sus paños aéreos, las cremas y ceras de colores, y dio un largo vistazo al paisaje.

– Esto es que en primavera, señora, – le dijo a mi mujer con gran respeto -, los clientes a veces son muy descuidados.

Se le veía un técnico con experiencia y años de servicio, muy educado y gentil, y con deseos de agradar.

Se subió primero en una banqueta, midió, abrió el ventanal. De modo muy serio y meticuloso ascendió luego por la escalera y observó cómo pasaba el día con unas nubes plomizas y grises por las montañas. Acercó más sus brazos a unos nimbos de forma indefinida que, indudablemente, podían provocar precipitaciones. Limpió después con la bayeta el aire, cepilló bien unos cirros de aspecto deshilachado y estuvo redondeando un poco más pequeños cúmulos que parecían impregnados de niebla. Luego eliminó los cristales de hielo y de gotitas de agua que amenazaban desprenderse en caída vertical, apartó el viento a la derecha – unas ráfagas molestas -, y lo dejó todo lo mejor que pudo, limpio, aseado e incluso deslumbrante.

– El sonido del día se lo he dejado bajo, ¿sabe usted? Porque se oye mucho en las habitaciones…Con este botoncito puede regular el piar de los pájaros.

Al salir le di una propina que al caer tintineó en el suelo de la habitación. Una moneda de plata.

EN EL CENTRO DE LISBOA

«Vengo de tierras de Beja.

Voy al centro de Lisboa.

No traigo nada  y no encontraré nada.

Traigo el cansancio anticipado de lo que no encontraré,

y la saudade que siento no está  ni en el pasado ni en el futuro.

Dejo escrita en este libro la imagen de mi designio muerto:

Fui como hierbas, y no me arrancaron»

 

así escribe Fernando Pessoa, y yo escucho mientras tanto la melodía que entona Teresa Salgueiro, de  Madredeus, en el centro de la película «Lisbon Story» de Wim Wenders, en el centro, en el corazón de la ciudad.

(Video: escenas de la película «Lisbon Story», escrita y dirigida por Wim Wenders)

TALLERES DE ARTISTAS

giacometti-zz-le-chariot«¿Sabe usted? – le dijo la periodista Alice Bellony a Alberto Giacometti  -, la primera escultura suya que yo he visto fue en Nueva York: Le Chariot. Me quedé muy impresionada. Aún lo estoy.

– Sí – contestó Giacometti -, ahora me parece que esta escultura ha quedado bien;  yo quería hacer algo muy ligero. Es curioso, pero eso me ha llevado mucho tiempo.

– ¿Quiere usted decir que trabajó de modo especial y durante largo tiempo esta escultura?

-No, únicamente que pasaron muchos años entre el momento en que tuve la visión y el momento en el que la realicé…Casi tres años, creo.

– ¿Esto es excepcional, o bien le sucede con frecuencia?

– Para esta escultura, me parece que era algo particular.

– Es extraña esta idea de una carretilla casi romana. Y esta mujer sobre la carretilla que hace pensar en una  diosa antigua, ¿es un retrato de Annette?

– No, no precisamente Annette – respondió Giacometti-, es un retrato de todas las mujeres».

Todo esto lo va contando  Alice Bellony en una de las tardes que estuvo con el célebre escultor, visitando su taller en París, rue Hippolyte- Maindron, en noviembre de 1962.Une soirée avec Giacometti»)( L´Échoppe). Ella había realizado entrevistas para La Voz de América y había sido corresponsal para la página literaria de la Gazette de Lausanne y admiraba y le tenía intrigada este artista.giacometti-rr-1951

«La indigencia del taller de Giacomettiescribe la periodista evocando aquella tarde -es absolutamente impresionante: el suelo de cemento, los muros severamente castigados por el tiempo, nunca embellecidos por un toque de pintura,  aparecían constelados aquí y allá por algunos esbozos, números de teléfono, direcciones vivamente anotadas, graffitis o simples manchas. Un polvoriento diván situado todo a lo largo del muro, mirando a la ventana, bajo una especie de galería, una silla sin edad y el indestructible taburete de madera frecuentemente destinado para que se siente el modelo, componen todo el mobiliario. Para Alberto sólo cuenta esto que es indispensable para la obra: aunque el taller, estrecha y larga pieza, sienta encima toda la polvareda, algo hay aquí de inquietante. Sin embargo, la reputación de Giacometti traspasa largamente las fronteras de Francia y de Europa (…) Pero Alberto Giacometti, célebre y sin duda rico, ha conservado, contrariamente a la mayor parte de los artistas reconocidos, el taller de un pobre debutante».

Hace pocos días hablé aquí de este escultor de finuras y de alados alambres, y hoy vuelvo a él, a su taller parisino de la calle Hippolyte-Maindron. Impresiona siempre el silencio donde tiene lugar el acto creador. Pocos muebles, una concentración, una visión, las manos que lentamente moldean el vacío. El vacío se deja moldear y los dedos del escultor obedecen a lo que le dicta el cerebro. Y la figura de la mujer sin espesor, viajando en el tiempo sobre las ruedas de la carretilla, tiene algo de misterioso y antiguo, el secreto que sólo Giacometti conoce.

(Imágenes: «Le Chariot», de Giacometti/ Giacometti en su taller, trabajando ante Annette) 

AQUEL DíA DE 1909

futurismo-il-cavaliere-rosso-1913-de-carlo-carra-museo-del-novecento-comune-di-milano

» Aquel día de 1909 – el 20 de febrero, en el periódico Le Figaro – en que Marinetti estampó por primera vez esta palabra: futurismo, lo dijo todo – escribe Guillermo de Torre en «Historia de las literaturas de vanguardia» (Guadarrama) -. Cortó simultánea y paradójicamente las alas de su futuro. Negándose -él y su escuela – a todo tránsito, a la posibilidad de evolucionar y perdurar, se condenó a un porvenir sin rostro ni fecha. Al rechazar en bloque el pasado -erguidos como estaban «en el extremo promontorio de los siglos», según se lee en el primer manifiesto -, sin pararse a descubrir lo valedero y perviviente, los futuristas no cortaron únicamente las raíces, sino también las ramas y el tronco, los conductos de cualquier savia, amurallándose en un recinto sin salida».Immagine mostra. Marinetti

Se pueden compartir o rechazar estas tesis, pero a los cien años de tal Manifiesto  aquella proclamación de la modernidad -dinamismo, velocidad, simultaneidad, maquinismo -,  no podía imaginar que un siglo después voláramos por Google Earth y los mensajes de móviles pasaran instantáneamente de la yema de nuestro dedo al ojo y al oído del prójimo. «Dios vehemente de una raza de acero,/ (declamaba Marinetti en su poema «Al automóvil de carreras») / automóvil ebrio de espacio/ que te atascas de angustia (…)/ O formidable mostruo japonés de ojos de fuego/alimentado de llamas y de aceites minerales…»

El automóvil ha sido aparcado en el tiempo.  A veces aparcado muy costosamente. Viajamos por cielos y océanos en vehículos inmóviles cuya pantalla dirigimos desde casa. El dinamismo y la velocidad nos consumen. Quisiéramos llegar antes que los contenidos y nuestra comunicación desbanca al pensamiento. ¿Comunicamos realmente sosiego? Aquel día de 1909 nada podía soñarse de este 2009, muchas veces tan tumultuoso.futursimo-a-umberto-boccioni-elasticidad-1912

«¡Futurismo! ¡Insurrección! ¡Algarada! ¡Violencia sideral! ¡Pedrada en un ojo de la Luna! – decía en 1931 y en su libro «Ismos» Ramón Gómez de la Serna (Guadarrama) -¡Conspiración de aviadores y chauffeurs! ¡Saludable espectáculo de aeródromo y de pista desorbitada! ¡Ala hacia el Norte, ala hacia el Sur, ala hacia el Este y ala hacia el Oeste! ¡Simulacro de conquista de la tierra, que nos la da!» (Hoy, a mí mismo – seguía diciendo RAMÓN -, me dan no se qué estas palabras, porque me las he encontrado repetidas demasiadas veces durante esos veintiún años, y que son como un nuevo tópico, deleznable como todos los tópicos.)».

(Imágenes: 1.-Carlo Carrá.-«Il cavaliere rosso», 1913.-Museo del Novecento.-Comune di Milano/ 2.-Carlo Carrá.-«Retrato de Marinetti»/3.-Umberto Boccioni.-«Elasticidad», 1912)

HOMBRE QUE AVANZA, HOMBRE QUE ZOZOBRA

giacometti-a-hombre-que-avanza-1958-museumsyndicate

«En la calle, en el café – decía Giacometti -, las gentes me asombran y me atraen más que cualquier pintura o escultura. Un día huí del Louvre por no poder soportar más, no las obras, sino la verdad de los rostros. En todo momento, los hombres se juntan y se separan, y luego se aproximan para intentar reunirse de nuevo. Así, forman y transforman sin cesar vivas composiciones de increíble complejidad. La totalidad de esta vida es lo que quiero captar».

giacometti-b-plaza-1948-museumsyindicate

Hombres que avanzan, hombres que zozobran. Las plazas llenas de soledad afilada, cada sombra con sus pensamientos. Los alambres de las espaldas y de los torsos, la escueta línea de las piernas sin músculos, los pasos casi aéreos. Y sin embargo caen las preocupaciones sobre el bronce, la carga de la existencia en los hombros.  «Antes creía ver a los personajes de tamaño natural- decía Giacometti -. Cuanto más retrocedía para conservarlos enteros, más disminuían. Sólo desde 1946 comencé a percibir esa distancia que hace a los hombres reales y no el tamaño natural. Mi visión se hizo más amplia».giacometti-z-hombre-que-zozobra-1950-1951

Cuenta la leyenda que Giacometti, durante los cuarenta años que vivió en el mismo estudio no cambió o movió prácticamente nada. Y durante sus últimos veinte años retomó una y otra vez los mismos cinco o seis temas.cartier-bresson-giacometti-paris-1932-fondation-cartier-breson

Hombre que avanza, hombre que zozobra. Hombre que atraviesa el estudio con otro hombre en brazos.  Hombre que cree avanzar y ve que la zozobra le invade. Hombre que se yergue de nuevo ante la zozobra y que sigue avanzando.

 En el fondo, siempre cinco o seis temas.

(Imágenes:1.-Giacometti.-«Hombre que avanza»·, 1958.-museumsyindicate/ 2.-Giacometti.-«Plaza», 1948.-museumsyindicate/ 3.-Giacometti.-«Hombre que zozobra» 1950.51/ 4.-Giacometti.-por Cartier-Bresson, 1932.-Fondation Cartier-Bresson)

ELOGIO DE LA SOMBRA

sombra-1-man-ray-negra-y-blanca-1926«Yo mismo, cuando era niño – escribe Tanizaki en «El elogio de la sombra» (Siruela) -, si aventuraba una mirada al fondo del toko no ma de un salón o de una «biblioteca» adonde nunca llega la luz del sol, no podía evitar una indefinible aprensión, un estremecimiento. Entonces, ¿dónde reside la clave del misterio? Pues bien, voy a traicionar el secreto: mirándolo bien no es sino la magia de la sombra; expulsad esa sombra producida por todos esos recovecos y el toko no ma enseguida  recuperará su realidad trivial de espacio vacío y desnudo. Porque ahí es donde nuestros antepasados han demostrado ser geniales: a ese universo de sombras, que ha sido deliberadamente creado delimitando un nuevo espacio rigurosamente vacío, han sabido conferirle una cualidad estética superior a la de cualquier fresco o decorado. En apariencia ahí no hay más que puro artificio, pero en realidad las cosas son mucho menos simples».sombra-c-monet-paseo-carretera-de-la-granja-de-saint-simeon-1864

El japonés Tanizaki va comparando en este pequeño y célebre libro el tratamiento de la sombra en Occidente y en Oriente y cómo cuidan los matices de la sombra unos y otros. «Nosotros los orientales – dice Tanizaki -, creamos belleza haciendo nacer sombras en lugares que en sí mismos son insignificantes. (…) Creo que lo bello no es una sustancia en sí sino tan sólo un dibujo de sombras, un juego de claoscuros producido por la yuxtaposición de diferentes sustancias. Así como una piedra fosforescente, colocada en la oscuridad, emite una irradiación y expuesta a plena luz pierde toda su fascinación de joya preciosa, de igual manera la belleza pierde su existencia si se le suprimen los efectos de la sombra».

Ahora en el Museo Thyssen de Madrid acaba de abrirse la exposición «La sombra» que recorre la obra de artistas y movimientos que, desde el Renacimiento hasta finales del XlX, han utilizado la sombra. Pero la sombra no  es sólo motivo inspirado de artistas sino que va con nosotros por los caminos, hace descansar el tamiz de su inclinación para resaltar precisamente luminosos aspectos de la vida. Sombra del padre, muchas veces expuesta en el diván del psicoanalista; sombra proyectada hacia el hijo, al que intentamos transmitir cuanto sabemos y deseamos; sabia sombra de civilizaciones antiguas, de lecturas, de viajes, aquello que aprendimos en los mapas y en los libros, la sombra de la experiencia contada por la voz de quienes nos precedieron. Quieren pensar algunos que hemos nacido ayer y que debemos inventar la historia, pero la sombra de la Historia felizmente nos acompaña para mostrarnos muchas infelicidades. Hay un elogio de la sombra en la vida humana porque gracias a ella no existe nada radicalmente negro ni blanco sino que todo se muestra con los contrastes y contraluces del existir. Elogio de la sombra siempre, como elogio de la luz.sommbra-d-de-qirico-la-manana-angustiosa-1912«Me gustaría resucitar – termina Tanizaki -, al menos en el ámbito de la literatura, ese universo de sombras que estamos disipando…Me gustaría ampliar el alero de ese edificio llamado «literatura», oscurecer sus paredes, hundir en la sombra lo que resulta demasiado visible y despojar su interior de cualquier adorno superfluo».

(Imágenes: 1.-Man Ray.-«Negra y blanca», 1926.-(copia de 1982).-Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid/ 2.-Monet.-«Paseo» (Carretera de la granja de Saint-Siméon).-1864.-The National Museum of Western Art, Tokio/ 3.-De Chirico.-«La mañana angustiosa», 1912.-Museo di Arte Moderna e Contemporanea di Trento e Rovereto)

VIAJES DESCONOCIDOS

noche-1-foto-desiree-dolron-michael-hoppen-contemporay

«¡Qué delicioso es despertarse en cualquier lugar donde nadie, nadie en el mundo, puede adivinar que uno está! – escribe Rilke en una carta desde Muzot el 3 de febrero de 1923 – Algunas veces me he detenido inesperadamente en ciudades que se encontraban en mi camino, solamente para saborear esta delicia de no poder ser imaginado estando allí por ningún ser viviente, ni alcanzado por ningún pensamiento de los demás. (…) ¡Oh los viajes!  Cuántas veces mi vida se ha encontrado enteramente concentrada en ese único sentimiento de la partida; ¡partir lejos, lejos; y ese primer despertar bajo un cielo nuevo!  Y reconocerse en él; no, aprender más aún de él. Sentir que también allí donde no se estaba nunca, se continúa algo, y que una parte de nuestro corazón, inconscientemente indígena bajo ese clima desconocido, nace y se desarrolla desde el instante de nuestra llegada y nos dota de una sangre nueva, inteligente y maravillosamente instruida sobre cosas que es imposible saber». 

Nada más que añadir. Cruzamos el mundo atravesando muchas veces grandes viajes programados y acaso nos perdemos los diminutos rincones, el encanto de las pequeñas cosas, el asombro ante los misterios. 

(Imagen.- foto: Desiree Dolron.-Michael Hopper Contemporary)

CABALLOS DE DEGAS

degas-3-foto-frank-horvat«Entre 1866 y 189o – cuenta John Berger -, Degas realizó una serie de pequeños caballos en bronce. Todos ellos revelan una observación intensa y lúcida. Nadie antes que él – ni siquiera Géricault – había representado los caballos con un naturalismo y una expresividad tan magistrales. Pero hacia 1888 tiene lugar un cambio cualitativo. El estilo sigue siendo exactamente el mismo, pero la energía es distinta. Y la diferencia es flagrante (…) Los primeros bronces son de caballos vistos, maravillosamente vistos, ahí fuera, en el mundo que pasa a nuestro lado, el mundo observable. En los últimos, los caballos no son sólo observados, sino degas-2-foto-frank-horvattambién temblorosamente percibidos desde dentro. El artista no sólo ha percibido su energía, sino que se ha sometido a ella, la ha sufrido, soportado, como si las manos del escultor hubieran sentido la terrible energía nerviosa del caballo en la arcilla que estaba manipulando».

Estamos lejos del ballet de medusas, de las bailarinas, de las catedrales de seda flotante de las que hablaba Válery. Estamos lejos de las largas cintas envueltas en ondulaciones, etéreas en sus movimientos, danzando entre la luz y la sombra de los escenarios de Degas. Ahora es el caballo, el trote y el ritmo del galope y también la quietud.degas-4-foto-horvatland

«La fecha de este cambio – sigue diciendo Berger en «El tamaño de una bolsa» (Taurus) -, coincide con su descubrimiento de las fotografías de Muybridge, que mostraban por primera vez en la historia cómo se mueven realmente las patas de un caballo al trote o al galope. Y su uso de estas fotos concuerda perfectamente con el espíritu positivista de la época (…) La naturaleza pasa de objeto a sujeto de la investigación. Las obras tardías parecen acatar todos los requisitos del modelo más que la voluntad del artista. degas-6-1860-metropolitan-museum

Pero tal vez, podríamos equivocarnos con respecto a la voluntad del artista. Por ejemplo, nunca esperó que sus esculturas se exhibieran: no estaban hechas para ser acabadas y presentadas al público. No era eso lo que le interesaba.

Cuando Ambroise Vollard, el marchante de los impresionistas, le preguntó que por qué no fundía en bronce algunas de sus pequeñas esculturas, él contestó que se sabía que esa aleación de cobre y estaño conocida como bronce era eterna y que nada odiaba más que lo que quedaba fijado para siempre. De las setenta y cuatro esculturas de Degas que existen hoy en bronce, todas menos una fueron fundidas después de su muerte. En muchos casos las figuras originales, modeladas en arcilla o cera, estaban deterioradas o medio deshechas. Otras setenta estaban demasiado estropeadas para poder salvarlas.

¿Qué podemos deducir de todo esto? Las estatuillas ya habían cumplido su objetivo. No eran bocetos o estudios preparatorios de otra cosa. Habían sido modeladas por ellas mismas, pero habían cumplido su objetivo: habían alcanzado su punto culminante y, por consiguiente, podían ser abandonadas».

Así quedaron aquellos caballos modelados en arcilla o en cera, estampas de animales que iban siendo creadas por las manos de Degas y que en su minuciosa menudencia, mientras eran trabajadas por los dedos, escuchaban quizá en el silencio del taller aquel  viejo himno de los indios de Asia:

«La cabeza corresponde a la mañana;

Los ojos representan el sol;

La boca abierta designa el calor natural;

El cuerpo entero representa todo el año;

Los miembros son las estaciones;

Las articulaciones indican los meses;

La carne sugiere las nubes;

La crin indica los árboles;

El lomo es el paraíso;

Los huesos son las estrellas fijas;

Los vasos sanguíneos significan los océanos;

El hígado y el bazo representan las montañas;

El bostezo es el rayo;

Sus espumarajos representan el trueno;

El sudor de su piel evoca la lluvia;

Y su relincho, la palabra».

(Imágenes: 1.-caballo encabritado.-cera roja.-foto Frank Horvat/ 2.-caballo al paso marcado.-cera roja.-foto Frank Horvat/ 3.-caballo encabritado.-cera roja.-foto Frank Horvat/ 4.-caballo en el abrevadero.-Metropolitan Museum)

LOS CUADROS ÚLTIMOS

hals-retrato-de-mujer-1665-60-city-museums-and-art-galleries-hull-web-gallery-of-art

«El artista tiene «un ojo«, pero no a los quince años; ¿y cuántos días le hacen falta a un escritor para escribir con el sonido de su propia voz? La visión soberana de los más grandes pintores, es aquella de los últimos Renoir, los últimos Tizianos, los último Hals – parecida a la voz interior del Beethoven sordo – la visión que brilla en ellos cuando han comenzado a volverse ciegos». Estas palabras de Malraux en «Las voces del silencio» son una especie de «leiv-motiv» en él. Este Malraux, tan denostado en algunas biografías pero al que yo siempre he considerado un gran prosista y un excelente conocedor de las formas del arte, vuelve a decir en «Saturno, El Destino, el Arte y Goya«: «Goya pinta aún, en esta poderosa luz donde la aproximación de la muerte le une a Tiziano, Hals, Rembrandt, Miguel Ángel, viejos cansados de la vida, perotiziano-autorretrato-1566-museo-del-prado-web-gallery-of-art no de la pintura, distraídos en fin de los hombres y que no pintan más que para ellos mismos. Los pintores conocen la vejez, pero su pintura no la conoce…» El poderío de la edad tercera, o mejor aún, la sabiduría de esa edad, les hace pintar para ellos mismos». El ojo y el oído parecen haberse entrecerrado pero están en cambio completamente abiertos a los sonidos y paisajes interiores, ajenos ya a muchos de los criterios del mundo. Han atravesado esas edades a las que Apuleyo se refería al hablar de los mirlos, en apartados desiertos, cuando «balbucean el canto de la infancia», a los ruiseñores, que gorjean «el canto del tiempo juvenil» y a los cisnes que «ensayan el himno de la vejez«. Malraux, que tanto evoca igualmente la sordera de Beethoven y sus últimos hallazgos, quizá tuviera presente lo que Plutarco dice del deterioro del oído y que Ramón Andrés recoge en ese libro tan excepcional, «El mundo en el oído» (Acantilado). Los músicos, conforme envejecen, dice Plutarco, «componen en un tono más agudo y duro», del mismo modo que con el transcurrir de los años – señala Andrés – los ancianos leen mejor de lejos que de cerca».

En cualquier caso, Malraux soñaba con poder organizar algún día la exposición «La ancianidad de los maestros«. Allí estarían los ojos y los oídos atentos al interior, mirando las pupilas el resplandor de la ceguera y escuchando los oídos cómo la sordera les dicta.

(Imágenes:Frans Hals.-Retrato de mujer.-1665.- city museumn and Art Galleries- hull- web gallery of Art/ Tiziano.-Autorretrato.-1566.-Museo del Prado.-web gallery of Art)