“Si supiera que alguna cosa fuera útil para mí pero perjudicial para mi familia, la apartaría de mi espíritu— decía Montesquieu—-. Si supiera que alguna cosa fuera útil para mi familia y no lo fuera para mi patria, procuraría olvidarla. Si supiera que alguna cosa fuera útil para mi patria y perjudicial para el ser humano, la miraría como un crimen.”
“El talento del actor tiene de malo que es imposible, tras su muerte, establecer ninguna comparación con los rivales que le disputaban los aplausos cuando vivía — así lo quería recordar Delacroix en su ”Diccionario de las bellas artes” — .La posteridad sólo reconoce de un actor la reputación que le han granjeado sus contemporáneos. Si el pintor no dejara nada de sí mismo y hubiera que juzgarle como al actor, según el testimonio de la gente de su tiempo, ¡cuántas reputaciones serían diferentes de las que ha hecho la posteridad! ¡Cuántos nombres oscuros hoy debieron brillar en su época merced a la moda y al mal gusto de sus contemporáneos! Menos mal que, aunque sea tan frágil, la pintura y, en su defecto, el grabado conservan y ponen ante los ojos de la posteridad las pruebas del proceso, que permiten volver a su lugar al hombre eminente poco estimado por el necio público pasajero, atento solo a los oropeles y a la corteza de lo verdadero.
No creo que se pueda establecer una similitud satisfactoria entre la ejecución del actor y del pintor. El primero tuvo su momento de inspiración violenta y casi apasionada, en la que pudo ponerse, siempre con la imaginación, en el ”lugar” del personaje: pero una vez fijados sus efectos, debe volverse más y más frío al repetirlos cada representación. Lo que hace en alguna medida es dar en cada representación una nueva prueba de su concepción primera. El pintor también tiene esta primera visión apasionada de su tema. Pero este intento es de por sí más informe que el del comediante. Cuanto más talento tenga, más bellezas añadirá la calma del estudio sin conformarse exactamente a la primera idea, sino secundándola con el calor de la ejecución.
La ejecución en pintura siempre debe tener algo de improvisación, y aquí está la diferencia capital con el comediante. La ejecución del pintor será bella a condición de que se permita abandonarse un poco, encontrar nuevas ideas mientras hace su trabajo. ”
( Imágenes— 1- Su Tung P O ( su shi) ( 1036- 1101) / 2- foto Sergio Parra- el actor José Luis Gómez preparándose para ”Informe para una academia”)
“Yo sé que esta noche, al acabar las clases en el colegio, he de esperar a que todos salgan e irme cerca del comedor, al rincón del claustro por donde veo subir y bajar las hormigas, la fila de hormigas fluye como un río de sus agujeros, van del suelo a la ventana y de la ventana al suelo, es una cinta corrediza, como una correa industrial que se generara a sí misma, vienen y van las mismas hormigas de un agujero a otro agujero, nadie, ni siquiera Santoyo, que es el que más sabe de matemáticas, que tiene una calculadora dentro de la mente, José Miguel Santoyo, el mejor matemático de la clase y el hombre que un día será ministro de Hacienda y de Economía, nadie, ni siquiera Santoyo, podría contar cuántas hormigas hay en esta pared, ni él sabría multiplicar las patas, restar cabezas, sumar bocas que trasladan alimentos de un sitio a otro incesantemente, es el mundo insignificante y minúsculo que procrea y produce, trabaja, almacena, exporta, aparta, entierra, se disciplina a sí mismo. Y de repente, estoy siguiendo la vida de este mundo, y se apaga la luz. No es que la luz se haya apagado del todo, es que han reducido la potencia de las bombillas del pasillo, de pronto no veo a las hormigas, estoy con los brazos cruzados, castigado, mirando fijamente a la pared. Es lo que mi compañero de clase, Enzo Lizzotti, el que será un día piloto de carreras, llamaba “ castigo kafkiano”, él no había leído nunca a Kafka. yo tampoco lo había leído, entonces ¿ por qué lo llamaba así? Pues no lo sé. Solo sé que ahora son las ocho y media de la tarde, me han castigado tantas veces que sé que a las ocho y media en punto se debilitan las bombillas de los pasillos, el silencio crece, el colegio es una fortaleza inmensa y vacía de alumnos, las pisadas resuenan. Sólo estoy yo y mi castigo.
Entonces, aunque no me daban miedo las pisadas del hermano Belarmino cuando se acercaba hacia mi, aquello era tan impensable y a la vez tan calculado que cuando yo sea director de cine, si alguna vez consigo serlo, quisiera rodar esa secuencia del castigo pero la rodaría en blanco y negro y no en color. Porque es una experiencia que quiero hacer: la existencia esconde multitud de colores, incluso la infancia, sobre todo si la ruedan directores orientales con la variedad de tonos en las sedas del día y en donde un niño castigado en el pasillo de un colegio puede verse no solo de rojo y de añil en su aspecto exterior, sino también mostrar el interior de sus pensamientos, sus miedos, su soledad, los tabiques de aquel largo pasillo y a la vez las habitaciones de la mente infantil cuando está siguiendo la procesión de las hormigas y aguarda el fin del castigo con los brazos cruzados.
Sí, si un día soy director de cine, que no sé si un día lo seré, rodaré esa secuencia en blanco y negro, contaré todo lo que estaba pensando ese niño que soy yo mientras oigo acercarse las pisadas del hermano Belarmino que vienen hacia mi.”
”La escuela debe siempre proponerse que el muchacho, al abandonarla, tenga ya una personalidad armoniosa — aconsejaba Einstein — , y no sea un especialista. Esto es, a mi parecer, igualmente verdadero para las escuelas técnicas donde los estudiantes deben consagrarse a una profesión claramente definida. El desarrollo de la capacidad de pensar y de juzgar de una forma independiente debe siempre figurar en primer plano, y no en cambio la adquisición de conocimientos especiales.”
“La orden que se tiene en la montería de gamos y venados que se hace a tela cerrada en los montes de Aranjuez por el mes de mayo — cuenta Gonzalo Argote de Molina en su Discurso sobre la Montería en 1882— , es así: que los gamos y venados que allí están en los sotos, tienen por costumbre que, al poner del sol y por la mañana, se bajan a los sotos, por causa de que a la noche no los dejan en ellos los mosquitos, y como han mudado las cuernas, no los pueden sufrir, y al salir del sol, los mosquitos andan en lo alto, y se vienen a los sotos,
que los hayan frescos del sereno de la noche, y al car en los sotos están puestos monteros por atalayas, para divisar dónde caen las mayores manadas, y allí se acude a echar con gran presteza las telas para cogerlos dentro, y dejándolos cerrados se hace un toril a la parte de fuera arrimado a la tela.
Desde el toril en adelante sale la carrera, la cual va derecha donde Sus Majestades y las damas están en una enramada, que se hace de madera cubierta de fresas y varias hierbas, que puestas por orden hacen bellísima vista.En esta carrera, para que vayan mejor guiados los gamos, se pone una ala de telas en una parte, y en la otra, un trecho de cada parte, y no en toda la carrera a la salida del monte. Para que hagan mejor carrera los gamos, se ponen dos trincheras de galgos, y de allí adelante lebreles, y al fin o en medio de la carrera sueltan lebreles, y así la mayor parte van a morir donde Sus Majestades están. Y para salir los gamos fuera de las telas se sueltan sabuesos, por su orden, dentro de la tela cerrada, y los monteros y ventores con las bocinas tocando juntos, trecho a trecho, hacen sonoro ruido, ayudado de la vista de los sabuesos, que andan cazando.
Y para los gamos que procuran salir de aquel cerco están dos monteros para esto, que tienen cuidado de bajar un pedazo de tela hasta el suelo, y como los gamos la ven baja, saltan al toril, y aunque de mala gana, la necesidad los fuerza a pasar por la tela derribada, por la prisa que reciben de los sabuesos y el temor del ruido de las bocinas.
Y habiendo pasado por aquella vez lo que les parece a los monteros, tornan a alzar la tela, y de allí pasan a la tela que está al principio de la carrera, y la bajan, ojeando los que salgan y si allí están muchos venados, en saltando cuatro o seis, vuelven a levantar la tela.
Y habiéndose acabado la carrera de aquellos, y siendo muertos por los monteros, que tienen lebreles y galgos,aguardan a que los recojan y se pongan en sus puestos, y vuelven luego a acechar los demás gamos que hay en el torilhaciendo lo mismo que con los primeros, y así se hace con los que quedan en la tela principal con los sabuesos, hasta que se acaba o sobreviene la noche, y Su Majestad manda recojan los gamos muertos, y llevarlos a palacio. Y de esta forma se corrían los venados en Aranjuez, en tiempo que residían en la Corte de España la Majestad Cesárea del Emperador Rodoldo, siendo Príncipe, y el Archiduque Ernesto, hermanos de la Majestad de la Reina Doña Ana nuestra señora.”(Imágenes- 1– Velázquez- “La caza” – 1632– National Gallery- Londres/ 2: 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 y 10- detalles del cuadro “La caza”— viajeuniversal com)
En 1922 aparece “A la busca del tiempo perdido”, de Proust y el ”Ulises” de Joyce: es un año capital para la historia literaria. Marcel Proust deja a un lado ”la intriga” en la novela, tal como esa intriga estaba concebida a la manera tradicional; Joyce no se interesa por los problemas morales, sino por los estéticos: en su ”Ulises” le preocupan menos el fondo y el contenido que ”la forma” de su arte.
En primer lugar, ”la intriga”. O mejor dicho, la falta de intriga tal y como se nos presenta la novela de Proust. El novelista ha hecho desaparecer por completo la intriga, esa intriga humana; al mismo tiempo, el novelista, de modo consciente también — y empleando el procedimiento de mezclar capítulos y escenas que obliguen al lector a un verdadero esfuerzo, haciéndole poner en marcha un mecanismo mental completamente distinto al que realizaba cuando leía una novela de corte tradicional —, sustituye la intriga humana por una intriga técnica. En el fondo se le pide al lector algo realmente asombroso: que se interese por una historia que ha sido despojada de su tradicional interés; que el lector, en vez de sentirse arrastrado en su natural curiosidad por las relaciones humanas — por ejemplo, una relación de amor, con lo que ella supone de inicios inesperados, de evoluciones fascinantes atravesadas por los celos, por las banales o las tempestuosas peleas, en ese juego de los distanciamientos o de la estrecha comunicación — se sienta, en cambio, arrastrado por una curiosidad que no es natural, sino artificial, es decir, por averiguar la clave de una obra cerrada que defiende el secreto de su propia comprensión.
Y sin embargo, la intriga y el enigma en el hombre, esa oscuridad de misterio que le envuelven, ese camino hacia el descubrimiento total que en esta vida nuestra no se alcanza, todo ello continúa en la realidad. Misteriosas relaciones de los seres a través de un amor cuya última esencia sólo puede calificarse también como misterio; misteriosas relaciones naturales y sobrenaturales si entramos ya en lo indescifrable y en lo indefinible por esas vías secretas de una metafísica sobre cuya crisis parece afanarse nuestro siglo.
José Julio Perlado
( Imágenes —1- Joyce – Getty images/ Hulton archive/ 3- Caillebotte — probable ambiente del Combray de Proust- wikipedia)
“Y como quiera que esos cinco sentidos sean todos muy buenos — decía Alfonso X el Sabio en ”La gran conquista de Ultramar” en 1503 —, y los sabios antiguos hablasen de ellos, y departiesen de cada uno las bondades que en él había, en fin decidieron que el oír es más necesario al saber y entendimiento del hombre, porque aunque el ver es muy buena cosa, muchos hombres fueron que nacieron ciegos, y muchos que perdieron la luz después que nacieron, que supieron muchas cosas y tuvieron su sentido cumplidamente; y esto les causó el oir, que oyendo las cosas y haciéndolas entender las realizaron tan bien o mejor que otros muchos que tuvieron sus sentidos cumplidos; y muchos otros que tuvieron los otros sentidos completos, por el oír les faltó el entendimiento y algunos de ellos el habla, y no supieron ninguna cosa, y fueron así como mudos; y además, por el oír conoce el hombre a Dios y a los santos y a las otras cosas muchas que no vio, así como si las viese.”
“Nace bárbaro el hombre y se redime cultivándose — dice Baltasar Gracián — Logra personas de cultura, y más cuanto ella sea mayor. En virtud de esto Grecia pudo llamar bárbaro al resto del universo. La ignorancia es muy tosca. Nada cultiva más que el saber.”
Singular fenómeno. ¿Qué esperan las gentes? ¿ Engañarse- recordar- distraerse- enterarse- huir- soportar- intervenir- olvidar- rebelarse- proseguir- variar-acostumbrarse? Difícil conocerlo. Se cena lentamente, los ojos vacíos. Al otro lado de la mesa caen bombas, llamaradas, bombas que atraviesan sólo el televisor. Ni un gemido, puesto que nadie escucha gemir, nadie mira: sólo se ve gemir, se les oye. Se cena lentamente, los oídos tapados. Asombro alguno puede causar asombro. Subir a los cielos, bajar a los infiernos. La historia aburre; únicamente abre el apetito de la curiosidad. Con la curiosidad se hacen juegos de diálogo, collares de rumores, cintas de murmuración. Apoyada la nuca en el sofá, se entrecierran los ojos. Es el fondo del día, el fin, el poso. Verdades mezcladas con mentiras, ya que la verdad se soporta tanto que basta un encogerse de hombros. Es como otra mentira. La falsedad sola, aburre: tiene que parecerse en algo a la verdad.
Es el girar de la ruleta mágica. ¿Quién se atreve?¿ Quién dice entera, desnuda, frente a frente, la verdad? ¿Quién acepta escucharla, ”su” verdad, no esas verdades que se repiten siempre, contundentes y ajenas, que cubren las vergüenzas de cada mentira?
Acaso muchos hombres consigan existir sin detenerse ante el espejo de su verdad, y estremecerse al ser reconocidos. Existir, trabajar, comer, cenar, dormir; no escucharse jamás, no asomarse a mirar fijamente dentro de sí mismos.
Mientras alguno quizá escuche y mire antes de morir, a todos aquellos que sólo vio y oyó sin saber si eran muertos o vivos. Si lo hace, en ese instante al menos, habrá vivido.
Juego de luces, juegos de fuego, realidad y ficción, ¿ la inventiva? , ¿ lo auténtico?, el camino espectacular de la media mentira veraz y la verdad falseada y recreada, va ensanchándose.
Es la hora en que se levanta la nuca de la butaca, perezosamente se apaga el televisor. Ya no caen bombas en el mundo. Un mundo silencioso, pacífico. Es la hora en que el hombre del lápiz toma su tercer martini, el hombre del pelo ensortijado mide esa pegada de poder de Manhattan como si buscara a su enemigo, es la hora de los estampidos de imagen, de los estallidos fantásticos. Hora de invención de sueños en los que no se sabrá nunca si se ha soñado la verdad y el despertar es la mentira. Dentro de unos segundos, por esa puerta de la habitación, entrará a por inmundicias ese animal carnívoro de delgado tronco, cabeza prolongada, hocico muy corto y puntiagudo, ojos de tono amarillento, con la pupila circular. Ese pelaje denso y áspero, de tono grisáceo, rozará lenta, feroz, salvajemente, el rostro del dormido. A la mañana siguiente, cuando se encuentre el cadáver de este hombre, cuando al fondo de las plazas invisibles, se huela el rastro que ha dejado la manada, nadie podrá saber si el chacal zorra y lobo es mentira o verdad, historia o novela, realidad o sueño. Si ese chacal que ha dejado este dormitorio lleno de inmundicias comiendo carne de los muertos, ha venido por aquí o no ha venido.”
José Julio Perlado
(Imágenes— 1- Park se vo- 1992/ 2- Truman Capote ante la tumba de los Clutter- 1967- Foto Bob Adelman / Corbis/ 3- Norman Mailer- wikipedia)
“ Rubio, pequeño, burlón, casi una niña, un niño. Veinticuatro años. Tumbado en la cama, lápiz en mano, cigarrillo en el labio. Por la mañana, a sorbos, café en la mesilla; la tarde, té con menta; noche, uno, tres, cinco martinis. Siempre a lápiz ( primera versión, comas; segunda versión, puntos y comas; versión tercera, puntos de ies, cruces de tes), escribe rápidamente las voces de Idabel y Florabel, Zoo, Amy, Jesús Fiebre y Pequeña Luz de Sol, todo en el ámbito de la Ciudad Mediodía con su Capilla Paraíso.
Dieciocho años después en otra habitación: el mismo individuo. Calvo, pequeño, brillante, ya en la madurez; sin embargo, hombre-niño. Cuarenta y dos cumplidos. Tendido en la cama, impecablemente vestido ( martinis, tés con menta, café), lápiz en mano, relata de modo minucioso cómo el domingo 15 de noviembre de 1959 asesinan en Holcomb, Kansas occidental, a cuatro miembros de la familia Clutter: Nancy, de dieciséis años, atados pies y manos, con un tiro mortal en la nuca; Bonnie, la madre, anudados los dedos tal y como si estuviera rezando, los ojos abiertos, la boca amordazada con cinta adhesiva: disparo a quemarropa en pleno rostro; Kenyon, de quince años, en el sótano, echado sobre un diván, con un tiro en la frente; por fin, Herbert William Clutter, el padre, el dueño de la finca, cuarenta y ocho años, setenta y cinco kilos, un metro setenta y cinco de estatura; usaba gafas sin montura ( pacientemente, el lápiz de este hombre, va añadiendo datos a la versión primera, a la versión segunda, a la tercera, quinta, octava versión), tiene la garganta abierta de un tajo, un disparo en la cara y asoma junto a la caldera. Todo realizado en la oscuridad, apuntando en la sombra con una escopeta de repetición calibre doce, cuyo fogonazo incendia las habitaciones como si explotara en azul.
Han cambiado los ámbitos y las voces. En vez del Café Lucero del Alba, del Hotel Nube o del Desembarcadero, el paranoico Perry Smith y su compañero Richard Hickock, atraviesan ahora Kansas, llegan a Holcomb, matan ”por puro gusto” ( son cuatro asesinatos sin motivo aparente), y escapan a México. A sangre fría, este hombre del lápiz paciente, ha cruzado en dieciocho años de la poesía mágica al relato fidedigno de un crimen múltiple y auténtico. Igual que un pastor alemán, como un galgo, el olor de la pieza real y enigmática, oculta y verídica, ha despertado su olfato de reportero ( como hiciera años atrás aquel viejo y el mar), y salta uno de la cama, se yergue el otro del sofá, late en ambos la realidad y la ficción y se arrancan en una galopada, uno hasta Kansas Holcomb, Garden City, merodeando el rastro de los hechos, curioseando abogados, policías, amigos, enemigos, los ojos atentos al menor indicio y la nariz alerta. El otro, el americano del pelo ensortijado ( pana en las piernas, guisqui en mano, brazo de boxeador), ha dejado a desnudos y a muertos en la memoria de su casa, para arrojarse con sólo un articulo relampagueante bajo los remolinos de la política. Las aguas de la acción le han fascinado: él mismo se ha hecho acción. Irá con los ejércitos de la noche a desfilar a Washington, pluma al hombro, las cuatro jornadas de ”demostración” contra la guerra del Vietnam en 1967. Su batalla frente a la batalla: él, en cada combate, actor y autor.
El hombre del lápiz paciente, el hombre del pelo ensortijado, irán despertando a dormidos, malos o buenos ( el francés fugitivo de alas de mariposa; el inglés, zorra y lobo a la vez, hocico breve, tosca cabeza de pelaje pardo, ese chacal), que cada vez perfilarán la forma: mezclar acontecimientos personales con hechos históricos y ficticios; la historia como novela y la novela como historia: no se sabrá jamás si la Convención de Chicago narrada por ”Acuarius” es la voz de ”Acuarius” o el vocerío de la Convención. No se sabrá jamás si el lobo – zorra, feroz, salvaje, caliente y frío, ha descendido hasta París para apuntar al Gran Zobra en su automóvil. No se sabrá jamás si ”Mossad” entabla así el combate con ”Odessa”, o si el 1 de enero de 1972, Luis Banchero Rossi, cuarenta y dos años, millonario, es asesinado en su finca de Lima exactamente igual que nos lo cuenta un apasionado de la verdad, un apasionado de la mentira, amores de la fantasía con la realidad, descritos por un autor peruano.”
José Julio Perlado
( Imágenes— 1– Georgia O’ Keeffe / 2- Truman Capote- wikipedia/ 3- Yakoi Kusama- 1988/ 4 – Norman Mailer – foto Carl van vechten – 1948–wikipedia
“La V de Vladimir — decía el escritor ruso en “Opiniones contundentes” — es de un rosa pálido, transparente: creo que técnicamente se llama rosa cuarzo; es el color que más íntimamente relaciono con la V. Y la N de Nabokov, por otra parte, es de un color harina grisácea amarillenta. Pero ocurre algo curioso: mi mujer también tiene ese don de ver las letras en colores, pero sus colores son enteramente otros. Quizá haya dos o tres letras en las que coincidimos, pero por lo demás nuestros colores son muy diferentes. Un día descubrimos que nuestro hijo, entonces un niño ( debía de tener diez u once años), también veía las letras en colores. Con toda naturalidad solía decir: ”Oh, ésta no es de tal color, es de tal otro”, y así sucesivamente. Entonces le pedimos que hiciera una lista de sus colores y descubrimos que, en un caso, una letra que él ve morada, o tal vez color malva, para mí es rosada y azul para mi mujer. Es la letra M. De modo que la combinación del rosa y el azul en el caso de él da lila. Que es como si los genes pintaran a la acuarela.”
“Amor a un tiempo me espolea y frena — dice Petrarca en su ”Cancionero’ — me asegura y me espanta, arde y enfría, mima y desdeña, llama y se desvía, ora me da esperanza y ora pena, y me eleva o me arrastra, y me encadena donde el vago deseo se extravía, y su sumo placer es agonía, ¡de error tan singular mi alma está llena!”
“El lenguaje político — decía George Orwell — es una masa de mentiras, evasivas, estupidez, odio y esquizofrenia (…) Está concebido para hacer que las mentiras parezcan verdad y el asesinato parezca respetable, y para dar una apariencia de solidez al puro viento. Uno no puede cambiar esto en un momento, pero puede al menos cambiar sus propios hábitos, y de vez en cuando puede incluso, si se burla de una manera bastante clamorosa, mandar alguna expresión gastada e inútil — algún ”bajo el yugo de…”, ”talón de Aquiles”, ”caldo de cultivo”, ” prueba de fuego”, ” verdadero infierno” u otro desperdicio verbal —al cubo de basura, que es donde debe estar”.
“¡Qué agradable es respetar a la gente! — escribe Chejov en sus ”Cuadernos de notas”— Cuando leo libros, no me preocupa cómo amaban los autores o con quién jugaban a las cartas. Sólo veo sus maravillosas obras.”
“Como en Venecia donde no se oyen ruidos — solamente el chapoteo del agua—, en ciertos lugares de mi país, especialmente al norte, dentro de la calle de mi ciudad, no se oye apenas el pasar del tiempo, el paso de los años, y tampoco se siente el espacio, ese espacio que hay entre los años, tampoco el espacio entre los días ni entre las personas, de tal forma que, como ocurre en Venecia con el agua, el instante perpetuo lo llena todo y parece mentira que así como en Venecia el silencio da la impresión de ser una isla, aquí, entre tantas urbes ruidosas, esta ciudad sea a su vez una ciudad sin espacio ni tiempo, con una sola calle en la memoria, con un niño que está mirando la casa de su abuelo que dicen que murió y un abuelo a su vez mirando desde el balcón a su nieto que le mira y del que dicen que aún no ha nacido.
Son tiempos distintos. Es verdad que en cualquier lugar del mundo eso no ocurriría, y si usted va a Venecia y la atraviesa en góndola bajo el puente de Rialto no pensará en las muchedumbres tumultuosas de Nueva York sino en la seda del agua y en la palmada del remo sobre ella, y en cambio, si se encuentra en esta ciudad de la que hablo, sobre todo a determinada hora de la tarde, verá perfectamente a ese abuelo sentado en el balcón de su casa, que recoge su silla y entorna el ventanal y se dispone ya a salir porque ha visto abajo a su nieto, que soy yo, al otro lado de la calle. No se da cuenta mi abuelo de que está en otro tiempo distinto, un tiempo anterior, no lo piensa, lo pensaría sin duda si estuviera en otra ciudad tumultuosa, en Londres, por ejemplo. Pero aquí, en esta ciudad sin tiempo ni espacio, eso es muy raro, y especialmente ahora, mientras cierro el ventanal y me dispongo a bajar y a cruzar la calle porque he visto a mi nieto que me mira y que me está esperando.”
José Julio Perlado
(Imágenes- : 1- Augusto Giacometti- 1899/ 2- André Kertesz)
“ Los cuentos que se inventan cualquier tarde, cuando los niños se han cansado de dar guerra y las madres zurcimos cuentos— dice la escritora María Luisa Gefaell — son cuentos que no se escribirán nunca y que suelen salir muy bien, porque la expresión de los niños, sus reacciones, van corrigiendo y estimulando la invención—-…, siempre he pensado en la cantidad de imaginación, de invención, de ternura, que derrochan las madres en esas tardes de ”repaso de ropa” con sus niños; incluso madres con muy poca formación literaria o cultural. A algunas madres, en apariencia incultas, les he oído cuentos deliciosos. Y es que los cuentos para niños, los mejores, no se inventan pensando en tomos impresos, en el público; nacen para cada niño, para cada pena o susto o curiosidad de un niño, y nacen de un modo tan espontáneo, tan sincero y generoso, que siempre tienen eficacia. Si he llegado a alguna conclusión en esto de la literatura infantil es precisamente ésta: No se puede inventar un cuento para todos los niños en general, sino para un niño en particular, en un momento preciso… La literatura infantil se escribe desde el niño que aún llevamos dentro. Queda por saber si este niño nuestro, ahí perdido, encogidito, en nuestra persona mayor, con resabios de esa persona mayor y sus lecturas y su experiencia del mundo y su nostalgia, puede encontrar eco el niño nuevo, lleno de valentía y curiosidad, que va a leernos.”
( Imágenes— 1- Emile Levy/ 2- Edith Cusack- 1896- art gallery of new south walles)