LOS APLAUSOS

Siempre me han sorprendido los aplausos. Sobre todo entre los políticos. Entran en una sala abarrotada, el político aplaude a los asistentes, los asistentes a la vez aplauden al político. Las dos partes lo hacen al unísono, se cruzan atronadoras palmas durante largos minutos, no esperan resultados, lo hacen mucho antes de que empiece el acto, antes de que empiece a hablar el político, el político aplaude a los que le han seguido hasta allí y los que le han seguido hasta allí aplauden al político. Seguramente ha hecho muchas cosas el político, no se sabe bien si muchas o pocas, ¿pero qué han hecho los asistentes al acto? ¿Cuál es el resultados de sus gestiones? Es únicamente el seguimiento al líder, Han sido convocados, son obedientes, muchos de ellos han ido incluso entusiasmados. Y de repente el político, desde su estrado, mira hacia arriba y parece que ha descubierto algo en la lejanía : saluda a alguien que sin duda está por allí, por las alturas, y al que nunca se le ve, es un reclamo en el cielo del acto, en su cumbre. Siempre he pensado que es un gesto calculado, una tentativa de intimidad, de cercanía, algo que está en las tácticas del teatro de aplausos.

José Julio Perlado

(Imágenes — 1- Uta Bart/2-Louise Bourgeois)

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