TERTULIAS EN LA ETERNIDAD (5) : LOS NOMBRES DE LAS ESTRELLAS

Hoy nos ha despertado muy pronto a los que nos hacíamos los dormidos, porque aquí en la eternidad no se duerme, una palmada de estrellas que daba el astrónomo chino Ching Sung Yū, que fue profesor de Astronomía muchos años del Hood Colllege y que ya era célebre por dar las clases con los dedos de las manos plagados de estrellas. Nos ha llevado a todos muy temprano a ver la Osa Mayor, que no está lejos ni cerca sino donde tiene que estar, y allí nos ha explicado que en los inicios de los anocheceres de primavera esa Osa Mayor se encuentra en su punto más elevado y en su punto más bajo, en cambio, en el otoño. Muchos ya conocíamos esto, sobre todo los estudiosos que lo habían tratado desde hacía tiempo y se miraban ahora los unos a los otros, no sin extrañeza, tampoco sé si por estar dormidos- despiertos o despiertos- dormidos porque es una situación ésta, aquí, en la eternidad, un tanto extraña, uno cree dormir cuando está lúcido y en cambio uno cree estar lúcido cuando está dormido, que nunca lo está. Pero lo cierto es que Ptolomeo, el astrónomo egipcio, se estaba distrayendo mientras hablaba el chino con su catálogo de estrellas que lleva siempre consigo y que repasa y repasa para ver si están todas. Y sí, suele decir en voz muy baja, están todas.

Ching Sung Yū nos ha ilustrado también sobre la forma de las estrellas, su fulgor, su número de puntas, su disposición y su color, y lo mismo sobre la estrella llameante, que es signo, nos ha dicho, de la fuerza del universo en expansión. Hemos visto entonces a la vez y de pronto, como si explotara ante nosotros en una manifestación sorprendente, los fulgores de las estrellas en la oscuridad, que aquí no sé por qué algunos se empeñan en seguir llamándola oscuridad, cosa errónea, pues en la eternidad la oscuridad no existe, la oscuridad es radiante, luminosa, transparente, es tal y como si estuviéramos siempre a la luz del día; y es que así lo estamos. Pero no han sido solamente astrónomos como el danés Tycho Brah o el inglés Herschel quienes escuchaban al chino sino también inventores y creadores, como el polaco Stanislaw Lem, que es un escritor que al parecer ha recorrido en épocas anteriores

varios viajes a las estrellas y ha descubierto, según él dice, a Osterilia, Averancia, Meltonia, Latérnida, las estrellas de Sappona y Melenvaga, junto con ochenta lunas más que él ha estado anotando cuidadosamente. Con su cráneo pelado y sus ojos saltones, nos ha ido contando todas esas cosas sobre todo a unos astrónomos sentados en una estrella blanca que está en la cola de la Osa Mayor pero que le escuchaban muy escépticos. “Eso es una invención”, le ha dicho directamente el norteamericano Hubble, que ha ampliado el mapa a cientos de estrellas en lugares lejanos y que no creía en sus palabras. “La invención , le ha respondido un poco secamente Lem, tiene la misma fuerza que la realidad”.

Y ahí ha empezado una pequeña discusión que no es habitual en nuestras tertulias.

José Julio Perlado

(del libro “Relámpagos”) (relato inédito)

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(Imágenes- wikipedia)

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