ESCRIBIR PARA LOS DESCONOCIDOS

Gertrude Stein sostenía que uno escribía para sí mismo y para los desconocidos — recuerda Harold Bloom — , una magnífica reflexión que yo extendería a que uno lee para sí mismo y para los desconocidos. El canon occidental no existe a fin de incrementar las élites sociales. Está ahí para que lo leas tú y los desconocidos, de manera que tú y aquellos a quienes nunca conocerás podáis encontraros con el verdadero poder y autoridad estética de lo que Erich Auerbach llamaba “dignidad estética”, algo que no se puede alquilar. (…) Shakespeare no nos hará mejores, tampoco nos hará peores, pero puede que nos enseñe a oírnos cuando hablamos con nosotros mismos. De manera consiguiente, puede que nos enseñe a aceptar el cambio, en nosotros y en los demás, y quizá la forma definitiva de ese cambio.

(Imágenes— 1 y 2- El libro de las horas- wikipedia)
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