RETRATO DE LORCA

“La primera y ünica vez que vi a Federico García Lorca, un año y medio antes de que muriese  — decía el gran periodista italiano Montanelli —, lo encontré ocupado en pintar. El pastel era, con el piano, su pasión, y alguien me dice hoy que tenía un sentido  del color comparable al de Matisse. Es posible, pero no estoy en condiciones de emitir juicios. El único cuadro suyo que he visto, apenas esbozado, es el que estaba componiendo aquella tarde de primavera en Madrid y que me ha dejado solamente una confusa impresión de rojo y amarillo, igualmente violentos. Fui a verle no para medir su habilidad ante el caballete, sino por la curiosidad que me inspiraban sus poesías y la leyenda, que a veces ya comenzaba a aurolearle y que él me confirmó, esquivando hábilmente mis preguntas a propósito de su origen gitano.

García Lorca era de estatura media, de rasgos más bien toscos, de frente convexa, de espesos y lisos cabellos, sólo tenía tres cosas: la mirada luminosa, la risa de niño y la voz, cuya gravedad baritonal y cálida recordaba el cante jondo que se estremece, como un acompañamiento de guitarra, en sus poemas. “Tiene ángel”, decían de él sus amigos. Y comenzó a tenerlo de veras, cuando en el curso de la conversación  cayó, no sé si a iniciativa mía o suya, el nombre de Dali. Entonces García Lorca, hasta aquel momento distraído, se animó de improviso y abriendo un cajón, sacó, para mostrármelos, los dibujos que su amigo, le había mandado desde Cadaqués. Eran unos Dalí surrealistas: rocas con rostros humanos, blandos monstruos marinos, esponjas calcinadas paseándose con muletas por la playa. Lorca enloquecía por esas cosas, de las que a mí solamente se me ocurría admirar la diligente ejecución, el perfecto dibujo, la industria artesana.

Años después, Indro Montanelli fue a ver a Dalí:  “ No había nada de extraordinario en Lorca, ¿ sabe? — le dijo el pintor —.En él se había encarnado un fenómeno poético sin ley, sin contornos, sin nada “comestible”. Era…”un joven”. ¡Mientras que de mi obra quedará un gran fuego, destinado a calentar la Humanidad por los siglos venideros, de la suya no permanecerán sino algunos rescoldos entre mucha ceniza…! No, no tenía nada de extraordinario, Federico…”

(Imágenes—: 1- Lorca— Wikipedia/ 2- Lorca con Buñuel  y otros escritores y  amigos- 1923/ 3- Lorca con Margarita Xirgu- La Vanguardia/ Dalí- Foto Arnold Newman)

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