FEDERICO Y MIGUEL

 

”A Federico se le ha comparado con un niño, se le puede comparar con un ángel, con un agua ( ‘mi corazón es un pozo de agua pura’, decía él en una carta ), con una roca   — recordaba Vicente Aleixandre en “Los encuentros”  —; en sus  más tremendos momentos era impetuoso, clamoroso, mágico como una selva. Cada cual le ha visto de una manera. Los que le amamos y convivimos con él le vimos siempre el mismo, único y sin embargo cambiante, variable como la misma naturaleza.  Por la mañana se reía tan alegre, tan clara, tan multiplicadamente como el agua del campo, de la que parecía siempre que venía de lavarse la cara. Durante el día, evocaba campos frescos, laderas verdes, llanuras, rumor de olivos grises sobre la tierra ocre; en una sucesión de paisajes españoles que dependía de la hora, de su estado de ánimo, de la luz que despidieran sus ojos; quizá también de la persona que tenía enfrente.”

 

 

“En el rostro de Miguel Hernández  — decía también Vicente Aleixandre — brillaban claros los ojos y claros, clarísimos, los dientes. Rompían entre el ocre de su tez, barro cocido, amasado y abrasado y capaz de contenerse, y rebosar, el agua más fresca. Porque esta era la realidad. Los  pómulos abultados, el pellizco de la nariz, la anchura de su cara, afinada en su base, asociaban este rostro a la imagen  de una vasija de barro popular, gastada y suavizada por el tiempo de su uso, pero enteriza siempre.”

 

 

 

(Imágenes-1-Federico García Lorca.- Huerta de San Vicente – Granada -Wikipedia/ 2- Miguel Hernández – ABC  es/ 3- firma de García Lorca)

MARGARITA XIRGU

 

 

“Mi vida artística es muy original – le confesaba Margarita Xirgu a Carmen de Burgos -. Pertenezco a una familia muy modesta que carecía de medios para educarme. Me he ido formando yo sola, movida por un impulso interno. Mi vocación de actriz la he tenido siempre. La primera vez que de pequeña fui al teatro fue para ver a la Guerrero y el ejemplo de la ilustre actriz despertó mi admiración más ardiente. Mi ideal del arte es llegar a la naturalidad  más absoluta. Abomino de los efectos teatrales; es muy difícil la naturalidad en sentimientos que no son nuestros; de modo que para llegar al colmo de la realidad es preciso llegar al colmo de la ficción, a la ficción de la naturalidad”.

 

 

Ahora se publica el “Epistolario” de Margarita Xirgu y en su intensa  relación teatral con Lorca parece que escucháramos las palabras de Francisco, el hermano del poeta,  cuando Margarita  le dice a la madre de Lorca: “Señora, si Federico quiere que rodemos todos por la escena, rodaremos.” Tal era la unión entre autor e intérprete. Lorca decía hablando de la actriz: “Margarita tiene una intuición maravillosa y fácilmente asimila el criterio del autor. Su condescendencia, su adaptación llega a tanto que más de una vez me ha dicho: “ En “La zapatera prodigiosa” me ha hecho poner un traje con un brazo vestido y el otro no. En “Mariana Pineda” me ha hecho cantar. Y ahora, Lorca, ¿ me va usted a hacer bailar en alguna obra?”. Margarita es genial, maravillosa.” En 1935 Lorca decía: “Desde el año 1927 en que la gran Margarita Xirgu estrenó mi “Mariana Pineda” hasta el 1935 en que la misma actriz ha dado a conocer “Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores’ el público de Barcelona ha dado con su atención y su afecto un aliento definitivo a mi labor de poeta dramático.”

 

“Mi relación con los trajes – le seguía diciendo a Carmen de Burgos – va en relación con la importancia del personaje y con su psicología. No voy a representar una princesa mal vestida. A “Zazá” la soñé ya vestida de marrón…Yo necesito mi “Zazá” marrón. Cuando yo era muy pobre tenía mi traje de algodón… Ahora es de seda…; pero siempre marrón.”

 

 

(Imágenes : 1-Margarita Xirgu -mujericolas/ 2- Lorca y Margarita Xirgu – la Vanguardia/ 3- Margarita Xirgu y los hermanos Álvarez Quintero- 1923/ 4- margaritaxirgu es)

LA CÁMARA DE HACER POEMAS

 

 

Los fotógrafos españoles Oriol Maspons y Julio Ubiña realizaron para la colección “Palabra e imagen” de la editorial Lumen, en 1966,  el libro de fotografías “Poeta en Nueva York”, de García Lorca. Los dos fotógrafos se habían asociado en 1957 y construyeron juntos un excelente trabajo en equipo : Ubiña creando reportajes sobre Angola, el Congo y Oriente Medio, entre otros muchos países, y Oriol Maspons situado en 1964 por “Photography Year Book” entre los seis fotógrafos más importantes del momento fotográfico mundial. En la colección “Palabra e imagen” había aparecido ya un título de Maspons con textos de Miguel Delibes, “La caza de la perdiz roja” y el conjunto de Maspons/ Ubiña había publicado “Toreo de salón”, con textos de Camilo José Cela.

 

 

Ahora se abre una exposición en la Biblioteca Nacional sobre la relación entre fotografía y literatura – 60 “fotolibros poéticos” – como parte de PhotoEspaña y bajo el título “La cámara de hacer poemas”. Allí aparece, naturalmente, este libro de Lorca. Acompañando al texto del poeta, los dos fotógrafos captan los lugares de Nueva York de los que Lorca habla de modo específico y a la vez otras imágenes que son una interpretación libre del mundo y las sugerencias de los versos lorquianos. Maspons y Ubiña realizaron esas fotos en la ciudad de Nueva York en 1965 y, según los editores del libro, “procuraron captar en síntesis extraña lo que tenía de común la ciudad de 1965 con una ciudad y unos versos de treinta y cinco años atrás. Las fotos corresponden, pues, a Nueva York, pero a una Nueva York especial, una ciudad vista y extendida a través de unos poemas.”

 

 

(Imágenes- 1-portada del libro de Lorca/ 2- Nueva York – Oriol Maspons/ 3- Nueva York- Michael Magill)

LORCA Y NUEVA YORK

 

 

“No he querido hacer una descripción por fuera de Nueva York; como no la haría de Moscúconfesaba Lorca en una entrevista en 1933 -. Son dos ciudades sobre las que se vierte ahora un río de libros descriptivos. Mi observación ha de ser, pues, lírica. Arquitectura extrahumana y ritmo furioso, geometría y angustia. Sin embargo, no hay alegría, pese al ritmo. Hombre y máquina viven la esclavitud del momento. Las aristas suben al cielo sin voluntad de nube ni voluntad de gloria. Nada más poético y terrible que la lucha de los rascacielos con el cielo que los cubre. Nieves, lluvias y nieblas, subrayan, mojan, tapan las inmensas torres; pero éstas, ciegas a todo juego, expresan su intención fría, enemiga de misterio, y cortan los cabellos a la lluvia o hacen visible sus tres mil espadas a través del cisne suave de la niebla.

 

 

Ejército de ventanas, donde ni una sola persona tiene tiempo de mirar una nube o dialogar con una de las delicadas brisas que tercamente envía el mar, sin tener jamás respuesta…¡Pero hay que salir a la ciudad! Hay que vencerla, no se puede uno entregar a las reacciones líricas sin haberse rozado con las personas de las avenidas y con la baraja de hombres de todo el mundo. Y me lancé a la calle. Y otro día me encuentro con los negros. En Nueva York se dan cita las razas de toda la tierra ; pero chinos, armenios, rusos, alemanes, siguen siendo extranjeros. Todos menos los negros. Es indudable que ellos ejercen enorme influencia en Norteamérica, y pese a quien pese, son lo más espiritual y lo más delicado de aquel mundo ( …) Yo quería hacer el poema de la raza negra en Norteamérica y subrayar el dolor que tienen los negros de ser negros en un mundo contrario; esclavos de todos los inventos del hombre blanco y de todas sus máquinas, con el perpetuo susto de que se les olvide un día encender la estufa de gas, o guiar el automóvil, o abrocharse el cuello almidonado, o clavarse el tenedor en un ojo. Porque los inventos no son suyos…”

 

 

(Imágenes -1- Nueva York – Andreas Feininger- 1946- artnet/2- Nueva York – 1911- foto National Gallery – New York Times/ 3- Nueva York – 1942 – master of photography)

VIAJES POR ESPAÑA ( 21) : LORCA Y GRANADA

 

 

“Granada tiene dos ríos, ochenta campanarios, cuatro mil acequias, cincuenta fuentes, mil y un surtidores y cien mil habitantes – iba narrando  Lorca en Buenos Aires, en 1933 -. Tiene una fábrica de hacer guitarras y bandurrias, una tienda donde venden pianos y acordeones y armónicas y sobre todo tambores. Tiene dos paseos para cantar, el Salón y la Alhambra, y uno para llorar, la Alameda de los tristes, verdadero vértice de todo el romanticismo europeo, y tiene una legión de pirotécnicos que construyen torres de ruido con un arte gemelo al patio de los leones, que han de irritar al agua cuadrada de los estanques.

La Sierra pone fondo de roca a fondo de nieve o fondo de verde sueño sobre los cantos que no pueden volar, que se caen sobre los tejados, que se queman las manecitas en la lumbre o se ahogan en las secas espigas de Julio.

 

 

Estos cantos son la fisonomía de la ciudad y en ellos vamos a ver su ritmo y su temperatura.

Nos vamos acercando con los oídos y el olfato y la primera sensación que tenemos es un olor a juncia, hierbabuena, a mundo vegetal suavemente aplastado por las patas de mulos y caballos y bueyes que van y vienen en todas direcciones por la Vega. En seguida, el ritmo del agua. Pero no un agua loca que va donde quiere. Agua con ritmo y no con “rumor”, agua medida, justa, siguiendo un cauce geométrico y acompasado en una obra de regadío. Agua que riega y canta aquí abajo y agua que sufre y gime llena de diminutos violines blancos allá en el Generalife.

No hay juego de agua en Granada. Eso se queda para Versalles, donde el agua es un espectáculo, donde es abundante como el mar, orgullosa arquitectura mecánica, y no tiene el sentido del canto. El agua de Granada sirve para apagar la sed. Es agua viva que se une al que la bebe o al que la oye, o al que desea morir en ella. Sufre una pasión de surtidores para quedar yacente y definitiva en el estanque.

(…)

Granada está hecha para la música porque es una ciudad encerrada, una ciudad entre sierras donde la melodía es devuelta y limada y retenida por paredes y rocas. La música la tienen las ciudades del interior. Sevilla y Málaga y Cádiz se escapan por sus puertos y Granada  no tiene más salida que su alto puerto natural de estrellas. Está recogida, apta para el ritmo y el eco, médula de la música”.

 

 

(Imágenes -1- Granada- wikipedia/ 2-  Granada- Sorolla- El patio de Comares- 1917- museo Sorolla/ 3- Betty Weis – 2005 – artnet)

IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS

 

 

La apertura este mes del museo Ignacio Sánchez Mejías en Manzanares (Ciudad Real) , localidad donde el diestro fue cogido por el toro  “Granadino” el 11 de agosto de 1934, nos lleva hasta las palabras de Francisco García Lorca, hermano de Federico, que en “Federico y su mundo” nos acerca a su figura. “Torero por vocación – comenta de Sánchez Mejías -, era Ignacio, no obstante, de formación universitaria. Por inclinación natural, acaso también por razones de ambiente profesional, e incluso familiar, se orientaba con entusiasmo hacia el canto y el baile andaluces. Estaba casado con una hermana de los “Gallo”, de estirpe gitana. Y el mayor de ellos, el incalculable Rafael Ortega, era el esposo de la gran Pastora Imperio, a la que Falla eligió para estrenar, con “La Argentinita”, “El amor brujo”.

 

 

Había tenido gran fama de joven como torero, y había hecho su carrera por sus pasos contados, habiéndose distinguido antes como excepcional banderillero en la cuadrilla de  Joselito, el “Gallo”. Maestría, técnica y arrojo eran las características de Ignacio en la arena. No tuvo nunca la gracia inspiradora y casi alada de su cuñado Joselito, ni el casi angustioso dramatismo estatuario de Belmonte, las dos estrellas incomparables que iluminaban el cielo taurino de entonces. Enjuto y vigoroso, daba más bien Ignacio la nota de gladiador. La muerte de Ignacio determina dos grandes elegías: la de Alberti, “Verte y no verte”, y el “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” de Federico. El “Llanto” ha sido considerado como una culminación de la poesía de García Lorca. Es un poema de integración y por ello, en cierto modo, el más lorquiano, el que refleja mejor el rostro del poeta. En él alternan innovación y tradición, libertad creadora y disciplina, ímpetu lírico y enfrentamiento. Se dan la mano el  eco andaluz y popular con el tema abstracto de la muerte; se  conjugan luciente claridad y poético hermetismo. Su vocación de poeta elegíaco la desata la muerte del amigo. Y todo el poeta está en su elegía.

Federico evita, no obstante, la palabra “elegía” y opta por la designación “llanto”, que es lo que la palabra griega quiere decir en castellano. Resucita así la vieja voz “planto”, con que se designaba a las elegías medievales.

 

 

Ignacio no murió en la enfermería de la plaza de Manzanares, sino que fue trasladado en una ambulancia a Madrid, donde murió dos días después de su gravísima cogida. Un lapso de tiempo separa, pues, la cogida y la muerte, que, no obstante, se superponen en una parte del poema, la única que lleva un título: “La cogida y la muerte”. De haber muerto Ignacio en la plaza de Manzanares, el título sería “Cogida y muerte”, o “La cogida y muerte”. Pero la serie de imágenes que componen esta parte del poema se centran en lo accidental; es decir, en la cogida, que llega a identificarse con la muerte misma. El poema ignora que la muerte misma acaeció en Madrid, el día 13 de agosto, a las 9, 45. La hora poéticamente mortal son las cinco de la tarde. Federico necesita un tiempo que fije el encuentro con la muerte, y ése no fue, por elección del poeta, la sórdida, lenta hora de la clínica, sino el trágico instante de la cogida a las cinco de la tarde.”

 

 

Entre muchos otros, Marcelle Auclair en su “Vida y muerte de García Lorca” ha evocado en varias páginas los versos del “Llanto” comentando a la vez el curso de esos días y horas entre la cogida y la muerte del torero. Ese “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” que Lorca, según quiso recordarlo así José Luis Cano, lee en abril de 1935, en Sevilla, en el Palacio del Alcázar, ante Jorge Guillén, Joaquín Romero Murube y Pepín Bello

 

 

(Imágenes.-1 , 2 y 4 – Francisco de Goya / 3- museo del Prado/ 5- Ignacio Sánchez Mejías – ABC es)

MARAÑÓN Y SU CIGARRAL DE TOLEDO

Marañón-hiu- en su biblioteca de El Cigarral- elmundo es

 

De la frase “el trapero del tiempo” y de Gregorio Marañón he hablado en distintos lugares y en muchas ocasiones. Marañón, al que conocí en el entierro de Ortega, siempre me ha enseñado el valor del aprovechamiento del tiempo, la importancia de esos ratos aparentemente perdidos entre quehacer y quehacer que pueden llenarse, paciente y tenazmente, con otro importante quehacer. Son restos de horas que creíamos inservibles y que pueden estar perfectamente colmadas o con esbozos primeros de tareas o con correcciones últimas. Con esos retazos de tiempo, asombrosamente y pieza a pieza, se va construyendo una larga historia. Lo importante es que el reloj no nos tiente con el vacío de sus huecos y que uno logre aprender cuanto antes a “trabajar descansando”.

 

Marañón- mil novecientos treinta y uno- foto Alfonso

 

La muy excelente biografía de Marino Gómez Santos, “Vida de Gregorio Marañón” (Taurus), me ha acompañado muchas  veces. Allí está la vida del médico y del humanista, pero también detalles de extrema delicadeza del protagonista, como cuando, acompañado por su hijo Gregorio, pasea en uno de sus últimos días por la Casa de Campo simulando ante su mujer que ha estado en un Concierto para no preocuparla. “Se puede – escribió Marañón – por arrebatos de la pasión, malbaratar la vida; pero el que quiera guardarla para lo que más nos acerca a Dios, que es la creación, nada tiene que aprender, porque es una ciencia que se aprende sola”.

 

Marañón- nhy- Marañón- Ortega - el doctor Teófilo Hernando- en el Cigarral- foto Miguel Ortega Spottorno

 

Ahora el libro sobre el Cigarral de Toledo (Taurus) que publica Gregorio Marañon Bertrán de Lis nos invita a recorrer el “Cigarral de Menores” – visitado a su vez periodísticamente hace años por Gómez Santos y recogido en sus “Vidas contadas” (Renacimiento) – y entramos en el espacio que ocuparon tantas figuras relevantes en recitales y en tertulias: aquí leyó LorcaBodas de sangre”, aquí estuvieron Valle-Inclán y Galdós, Juan Belmonte, Sebastián Miranda, Azorín, Maurois, Salvador de Madariaga, Fleming, MariaCurie y tantos otros…

 

Marañón- nhy- con Lorca y Francisco Iglesias Braga- en el Cigarral- mil novecientos treinta y uno- foto Alfonso

 

Cuando se recorre la biblioteca que Marañón usaba en este Cigarral un cenicero nunca utilizado nos muestra esta frase: “Señor, bendice a quien no me hace perder tiempo“. Y la voz del escritor-médico parece que volviera: “Soy un trapero del tiempo. Alguno de mis pequeños trabajos están escritos en ese cuarto de hora que tardan en llamarnos a la mesa”.

 

Marañón-nhu- Marañón en su Cigarral abc es- foto Rodríguez

 

(Imágenes.-1.-Marañón en su “Cigarral”-elmundo es/2.-Marañón con Antonio Machado, Ortega y Pérez de Ayala.- 1931- foto Alfonso/ 3.-Marañón con Ortega y el doctor Teófilo Hernando en el “Cigarral”- foto Miguel Ortega Spottorno/ 4.-Marañón con García Lorca y Francisco Iglesias  Braga.-1931- foto Alfonso/ 5.-Marañón en su “Cigarral”- ABC- foto Rodríguez)