RILKE EN PARÍS

 

 

“Tengo miedo — escribe Rilke en septiembre de 1910, en París, iniciando “Los cuadernos de Malte Laurids Brigge” — . Hay que hacer algo contra el miedo cuando se apodera de nosotros. Sería demasiado terrible caer aquí enfermo, y si alguien tratase de hacerme llevar al Hôtel-Dieu, seguramente moriría (…) Ahora se muere en quinientas cincuenta y nueve camas . En serie, naturalmente. Es evidente que, a causa de una producción tan intensa, cada muerte individual no queda tan bien acabada, pero esto importa poco. El número es lo que cuenta. ¿Quién concede todavía importancia a una muerte bien acabada? Nadie. Hasta los ricos, que podrían sin embargo permitirse ese lujo, comienzan a hacerse descuidados e indiferentes; el deseo de tener una muerte propia es cada vez más raro. Dentro de poco será tan raro como una vida personal. Dios mío, es que está todo hecho. Se llega,  se encuentra una existencia ya preparada; no hay más que revestirse con ella. Si se quiere partir o si se está obligado a marcharse sobre todo ¡nada de esfuerzos! “He aquí vuestra muerte, señor!” Se muere según viene la cosa, se muere de la muerte que forma parte de la enfermedad que se sufre.

(…)

He hecho algo contra el miedo. — añade luego Rilke —. He permanecido sentado durante toda la noche, y he escrito.”

(Imagen—Kess van Dongen)