RECUERDOS DE VINTILA HORIA

 

Vintila- nhy- Vintila Horia

 

Rumano de origen, viajero forzoso en tantos países diversos, tenaz investigador de las corrientes del espíritu humano, amigo de Ovidio y de Platón en amistad confidencial de lecturas, Vintila Horia me narraba hace años parte de su biografía.

“Escribí una novela ‑mi primera novela‑ a los once años. Recuerdo aún cómo se titulaba: Las aventuras del capitán Remy. Era la historia de una pandilla de niños en una ciudad norteamericana del Pacífico; estaba lógicamente influida por las lecturas de Julio Verne. Fue escrita en rumano y en la ciudad de Bucarest. La pandilla de niños roba un buque y desembarcan en una isla salvaje y allí, sin motivo ninguno ‑o al menos yo ahora no lo recuerdo‑, entran en guerra con unas tribus de la isla.

Esta novela la tendrá seguramente mi madre o mi padre guardada en algún sitio; recuerdo que mi padre me corrigió las erratas gramaticales.

 

Vintila-ng- Vintila Horia- todocoleccion net

 

De otra novela que yo quise escribir y cuya acción discurría en la orilla de un río de Bohemia, sólo redacté de ella la primera frase. Tendría yo entonces unos catorce años y estudiaba en el colegio. A los trece años caí enfermo de escarlatina, me quedé un mes en la cama y allí compuse mis primeros poemas; yo era algo así como un niño privilegiado para aprender a escribir la lengua rumana. Escribí en rumano en 1939 una novela cuyo título lo puse porque lo soñó mi mujer: se llamaba Allí, hasta las estrellas que queman. La publiqué en Rumanía en el año 42 y luego se tradujo al alemán en el año 1954.

Escribí también cuatro tomos de poesía en rumano. Pero volviendo a mi época de infancia, recuerdo la composición de obras teatrales que representaba en mi casa. Todas tenían tres personajes: yo, mi hermano y una prima, y el público era toda la familia. Las póníamos en escena siempre el 18 de diciembre, que es el día de mi cumpleaños. Ese día, o bien se representaba una obra mía, o bien hacía un periódico que vendía a mis familiares o exponía pinturas. Todo gustaba. Yo cobraba las entradas, el periódico tenía precio, y con ese dinero me compraba libros. Pero mis facetas no se reducían a la literatura o al arte: para demostrar que yo servía para todo, uno de esos días de cumpleaños organicé un partido de fútbol. Yo era el capitán y delantero centro, y en los “penaltys” hacía también de portero”.

 

Jünger-njii-vebidoo de

 

Vintila Horia pasa una página más de su prodigiosa memoria: es el hombre que ganó un Goncourt, que rodó por países sin olvidar nunca su patria, y que hubo de pasar hambre y sufrimiento casi hasta el mismo borde de la locura.

“En el año 44 yo estaba de agregado de Prensa en Viena. Tenía veintinueve años. En octubre de 1944 entré con mi mujer ‑a los veinticinco años me había casado‑, en un campo de concentración de Alemania. Allí estuvimos los dos nueve o diez meses. Como todo se estaba hundiendo en Alemania, a pesar de ser aquel un campo para diplomáticos, fuimos tratados bastante mal. Yo pesaba entonces menos de cincuenta kilos.

Nos libertaron los ingleses. De nuevo viene aquí el fútbol a ser un episodio. Jugamos con los ingleses un partido de fútbol, y yo fui el capitán del equipo rumano: nos intercambiamos flores. Recuerdo que yo tenía entonces barba y que frente a mí ‑ en aquel partido en que los rumanos perdimos nueve a uno‑, había dos jugadores internacionales del equipo de Inglaterra, y todos ellos tan bien alimentados que la superioridad era tremenda: yo estaba tan débil después de los meses en el campo, que pegaba patadas a la tierra. Como anécdota curiosa añadiré que unos días después los ingleses volvieron a jugar otro encuentro con sus nuevos prisioneros, los alemanes, y al menos en fútbol aquella vez ganaron los alemanes.

De allí fuimos en camiones hacia Italia: yo he descrito ese viaje inolvidable en un libro. Era la Italia del año 1945, un país en paz pero completamente destruído. No había carreteras, por ejemplo; los camiones iban por las rutas de los trenes donde no había ni traviesas ni rieles; a derecha e izquierda podían verse campos minados entre el trigo que no se podía cosechar. En Italia estuvimos tres años: allí escribí poesías, artículos, ensayos y una novela larga, de quinientas páginas, titulada El hombre de las tinieblas, que no se publicó nunca. En 1948 me fui como emigrante a la Argentina. En mi permiso de desembarco figuraba como profesión la de chófer, yo había recibido clases de mecánico en el pueblecito de Strezza, cerca de Milán, en un garaje cuya dueña ‑aún la recuerdo‑ se llamaba señora Negri.

 

Abellio-ybbju- Raymond Abellio le dispositif

 

En Argentina, comencé a dar clases de literatura rumana; estuve luego en un Banco como empleado en el departamento de correspondencia francesa: era entonces 1949. Luego pasé a ser contable en una empresa finlandesa de importación de papel.

Yo era feliz a pesar del exilio. Sobre todo cuando me di cuenta de que el exilio, como toda situación límite, puede ser también una técnica de conocimiento para el hombre, puede servir para su perfeccionamiento.

Vine a España porque mi mujer sufría de asma y alguien nos dijo que el mejor clima para el asma era el de Madrid. Escribí una carta al secretario general del Instituto de Cultura Hispánica y le mandé un relato. El me proporcionó una beca. Llegamos. Tuve muchos empleos ‑ colaborador fijo de la revista  “Mundo”  desde 1953 a 1960  y escribí mi primer libro en lengua española, que se tituló Presencia del mito. Después quise escribir algo sobre España, intentando interpretarla. Curiosamente hasta el momento aún no lo he conseguido. Sólo ahora creo poder empezar a escribir ese libro sobre España que me gustaría hacer y que desde hace años estoy pensando.

Empecé a escribir Dios ha nacido en el exilio en rumano, luego en español. Me ocurrió algo extraño: la lengua rumana no me servía porque me halagaba  demasiado a mi propia conciencia aquel variadísimo caudal de palabras que yo conocía; el español tampoco me servía por lo contrario: porque me faltaba conocer muchas palabras para poder expresarme bien. Fue así como decidí escribir Dios ha nacido en el exilio en francés, la lengua exacta para realizar esa novela. La acabé en siete meses, encerrado en la Biblioteca Nacional, apoyado en “barras” de cafeterías, en cualquier sitio. La envié a diversos editores y la rechazaron. Un día, al volver de Cercedilla ‑recuerdo‑, vi en el cielo unas extrañas nubes en forma de plumas; llegué a casa y le dije a mi mujer: “Es la señal de que va a  llegar el contrato“. No llegó nada. Estuve más de un año con mi novela rodando de aquí para allá, sin publicarla nadie. Hasta que en 1959, en noviembre, el editor Fayard me escribió diciéndome que iba a publicarla.

 

Vintila-uyb- Vintila Horia- Diario de un campesino del Danubio- todocoleccion net

 

A nosotros los rumanos nos preocupa tremendamente el tiempo. A mí, reconozco que es el tema que más me interesa. Me preocupa “aniquilar el tiempo”, es decir, luchar con el tiempo. Esto es algo latente en todas mis novelas. También aparece en el Diario de un campesino del Danubio; en este libro sale de nuevo ese tema, que es típico en los rumanos. Hay una lucha sorda en el rumano contra el tiempo y contra su representación, que es la historia. La historia estuvo siempre contra nosotros. Uno de los temas claves de este Diario mío es aniquilar el tema histórico del tiempo.

 

Junger-ngu- mercadolibre com

 

Hay una serie de novelistas que me interesan mucho: el alemán Ernst Junger, por ejemplo, autor de Los acantilados de mármol. Otro es el francés Raymond Abellio, que ha escrito La fosa de Babel y un libro que está traducido hace ya tiempo al castellano: Los ojos de Ezequiel están abiertos. Luego podría citar a Faulkner y su Luz de agosto, que me parece una novela extraordinaria. Y al norteamericano Jack Kerouac, el autor de En el camino, otro libro que me impresionó. Los italianos, que antes me gustaban, poco a poco me han ido defraudando algo: así Dino Buzzati. Si pasamos a los  clásicos, Dostoiewski me sigue interesando; creo que muchas cosas de él están vigentes y enseñan. No así Tolstoi, que es un novelista que pertenece totalmente a su siglo. Entre los rusos, el único que me parece de gran valor es Pasternak, el representante de la literatura nueva y de todo un período histórico ‑esos cincuenta años de régimen comunista se reflejan mucho más y mucho mejor en El doctor Zivago que en la confusa multitud de novelas escritas por los demás autores soviéticos”.

 

escritores.-6wws.-Boris Pasternak.-a la izquierda, con su hermano.-pintura de su padre, Leonid Pasternak

 

(Imágenes.- 1.-Vintila Horia/ 2.-novela de Vintila Horia- todocoleccion/ 3.-Ernest Jünger- rebidoo/ 4.-Raymind Abellio- le dispositif/ 5.-novela de Vintila Horia- todocoleciom/ 6.-mundolibro/ 7.- Pasternak a la izquierda- pintura de Leonidas Pasternak)

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