PASANDO MI CANCELA

“Pasando mi cancela, un estrecho

sendero que sale del pueblo

sigue hasta un bosque:

cuando por allí

parece obligado pararse

y mirar sobre la valla

de tu jardín, donde (en

aquellas circunstancias)

te enterraron como un querido

y viejo perro de la familia.

Enemigos

hace veinte años,

ahora puerta con puerta, podríamos

habernos hecho buenos amigos,

al compartir un ámbito común

y el amor de la Palabra,

ante un Kremser dorado

habríamos tenido largos

coloquios sobre sintaxis, comas

y versificación”.

W. H. Auden

Auden  -recuerda Cees Nooteboom en “Tumbas de poetas y pensadores(Siruela) – escribió esta poesía para un colega al que nunca conoció”.

(Imágenes:- 1. W. H. Auden- 1930 -por Cecil Beaton/2.-Erika Mann y W. H. Auden- 1935-por Alec Bangham)

4 comentarios en “PASANDO MI CANCELA

  1. Julio, celebro la elección de Auden, poeta al que leí por primera vez a finales del año pasado. Tengo en mis manos ahora su libro “Canción de cuna y otros poemas”, Edición bilingüe de Lumen de 2006. Aparece una foto del poeta en la tercera página enfrente del Christ Church College de Oxford. Su cara totalmente demacrada ya, como él decía: “tenía aspecto de una tarta de bodas olvidada bajo la lluvia”.
    El primer poema que tengo señalado en la página 53 se titula EL VAGABUNDO.

    “MÁS OSCURA Y PROFUNDA ES LA FATALIDAD QUE CUALQUIER ABISMO MARINO.

    AL HOMBRE QUE SIENTA LA NECESIDAD
    EN PRIMAVERA -CON LA APARICIÓN DE FLORES QUE ANHELAN EL DIA,
    EL DESPRENDIMIENTO DE LA AVALANCHA, NIEVE BLANCA DE LA PARED ROCOSA-
    DE ABANDONAR SU CASA,

    NINGUNA MANO SUAVE CUAL NUBE PUEDE REFRENARLO, RETENIDO POR MUJERES;
    SINO QUE SIEMPRE VA ESE HOMBRE
    SORTEANDO GUARDIANES, SORTEANDO ÁRBOLES EN EL BOSQUE,
    UN DESCONOCIDO PARA LOS DESCONOCIDOS SOBRE EL MAR QUE NO SE AGOSTA,

    HOGARES PARA PECES, AGUA SOFOCANTE,
    O SOLITARIO EN EL PÁRAMO COMO LA ALONDRA,
    JUNTO A ARROYOS PLAGADOS DE ESTORBOS
    UN PÁJARO QUE RONDA PIEDRAS, UN PÁJARO INQUIETO.
    ALLÍ AGACHA LA CABEZA, FATIGADO AL ANOCHECER,

    Y SUEÑA CON SU HOGAR,
    EL SALUDO DESDE LA VENTANA, LA COMILONA DE BIENVENIDA,
    LOS BESOS DE LA ESPOSA BAJO UNA SOLA SÁBANA;

    PERO AL DESPERTAR VE
    BANDADAS CUYO NOMBRE DESCONOCE, VOCES A TRAVÉS DE LAS PUERTAS
    DE NUEVOS HOMBRES QUE HACEN OTRO AMOR.

    SÁLVALO DE LA HOSTIL CAPTURA,
    DEL SÚBITO SALTO DEL TIGRE EN EL RINCÓN;

    PROTEGE SU CASA,
    SU CASA ANSIOSA DONDE LOS DÍAS SE CUENTAN,
    DEL TRUENO PROTÉGELA,
    DE LA RUINA GRADUAL QUE SE PROPAGA COMO UNA MANCHA;
    TORNANDO DEFINITIVO EL NÚMERO INCIERTO,

    TRAE LA DICHA, TRAE EL DÍA DE SU REGRESO,
    AFORTUNADO CON EL DÍA QUE SE ACERCA, CON EL AMANECER EN CIERNES.”

    Hay veces que las palabras dan en el clavo, más por lo que sugieren que por lo que realmente significan. Palabras unidas a otras palabras que consiguen una imagen tan real como impactante: “…un pájaro que ronda piedras, un pájaro inquieto”

    Celebro, insisto, la elección de este poeta que saca de la caverna de la mente imágenes inquietantes por su belleza tan simple.

    J.de Gregorio.

    • Javier,
      gran poeta Auden. Además de su poesía son penetrantes sus conferencias sobre Shakespeare, “Trabajos de amor dispersos”: otro libro suyo capital.
      Saludos y gracias por tus palabras.

  2. José Julio:

    W.H. AUDEN: manantial inagotable.

    De entre todos los muchos poemas suyos que me gustan, tengo especial predilección por su “Musée des Beaux Arts”, inspirado por el “Paisaje con la caída de Icaro” de PIETER BRUEGEL (el Viejo), una tela confío poder contemplar algún día en Bruselas, en el Musées royaux des Beaus-Arts de Belgique. Es un poema que habla de nuestros caparazones, de nuestras pequeñas islas artificiales, y que sintetiza como ningún otro el drama del sufrimiento ajeno y la indiferencia hacia el dolor de nuestros semejantes.

    Musée des Beaux Arts.

    En lo que concierne al sufrimiento jamás se equivocaron
    Los Viejos Maestros: qué bien comprendieron
    Su lugar en el mundo de los hombres; cómo se presenta
    Mientras alguno come o abre una ventana o camina
    Sin prestar atención;
    Cómo, mientras los ancianos aguardan reverentes, con pasión,
    El milagroso Nacimiento, siempre habrá
    Niños desinteresados en lo que ocurre, patinando
    En un estanque helado a la orilla del bosque:
    No, jamás olvidaban
    Que incluso el más terrible martirio ha de seguir su curso,
    Irremediablemente, en una esquina, o en algún sórdido paraje
    Donde viven los perros su perra vida y el caballo que monta el verdugo
    Se rasca su inocente grupa contra un árbol.

    En el Ícaro de Brueghel, por ejemplo: cómo todo vuelve la espalda,
    Sin inmutarse, a la tragedia; es probable que el labrador
    Oyera el chapoteo, el grito de desamparo,
    Pero para él era una rotura sin importancia; el sol brillaba
    Tal y como debía hacerlo sobre las blancas piernas que se hundían
    En las verdes aguas; y la costosa y delicada nave que tuvo que ver
    Algo asombroso, un niño cayendo desde el cielo,
    Tenía un destino y prosiguió, imperturbable, su viaje.

    W. H. AUDEN.
    Diciembre 1938.

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