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Posts Tagged ‘Erika Mann’

 

 

“Desierto murmurante, lleno de humedad amarga, cuyo sabor salino se adhería a nuestros labios. Caminamos, caminamos sobre un suelo ligeramente elástico, sembrado de algas y de pequeñas conchas, envueltos los oídos por el viento, ese gran viento, vasto y suave, que recorre libremente el espacio, sin freno y sin malicia, y que produce un dulce aturdimiento en nuestro cerebro; seguimos andando, andando, y vemos las lenguas de espuma del mar, que empuja hacia adelante y ronca, que retrocede de nuevo y que se extiende para lamer nuestros pies. La resaca hierve; ola tras ola va a chocar con un sonido claro y sordo, rumorea como una seda sobre la arena plana, lo mismo aquí cerca que allá fuera, en los bancos de arena. Y ese rumor confuso y universal, que bordonea dulcemente, cierra nuestros oídos a toda otra voz del mundo. Profundo sentimiento de bastarse a sí mismo, de olvido consciente… Cerramos los ojos, cobijados en la eternidad”.

Thomas Mann- “Paseo por la arena” ( evocado por  Erika Mann en “El último año de mi padre”)

(Imagen- Winifred Nicholson – 1935)

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Releo “Thomas Mann y los suyos” de Marcel Reich-Ranicki. Como siempre, en los artistas de gran relieve – y Thomas Mann lo es – se desvela esa desunión ( o unión)  entre  su figura humana cotidiana – con sus defectos, manías y toda clase de flaquezas – y su obra. Mann, entre otras cosas, estaba obsesionado por Goethe, por su esplendor y por su altura, lo mismo que por Wagner. Eran dos de los ídolos a los que aspiraba a emular, cada uno de una forma. Se ve, como siempre, que las capacidades de los talentos o de los genios – (Tolstoi desconocía o despreciaba a Dostoievski) – forman un contraste y constituyen los fuertes contraluces entre obra y figura. De Thomas Mann, entre otras cosas, asombra su disciplina laboriosa, la claridad para desenvolver el quehacer de sus jornadas, aunque fueran en el exilio, y se descubren a la vez sus tremendos egoísmos y su egocentrismo, sus altiveces y neurosis, y toda suerte de fragilidades más o menos alimentadas y consentidas. A su hermano Heinrich le hace reproches en su correspondencia, y una de las cosas que le dice es que se precipita y no mantiene el ritmo adecuado para que una obra sea ponderada y tenga altura. En la curva de la edad, junto a la perseverancia férrea y disciplinada en su tarea, Thomas Mann supo mantener hasta el final un tono de calidad en su trabajo artístico. El libro de Reich-Ranicki guarda en sus páginas, no sólo análisis y descubrimientos incesantes, sino también breves pero profundas reflexiones para entender qué es un artista.

(Imagen.-Thomas Mann con su hija Erika)

 

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“Pasando mi cancela, un estrecho

sendero que sale del pueblo

sigue hasta un bosque:

cuando por allí

parece obligado pararse

y mirar sobre la valla

de tu jardín, donde (en

aquellas circunstancias)

te enterraron como un querido

y viejo perro de la familia.

Enemigos

hace veinte años,

ahora puerta con puerta, podríamos

habernos hecho buenos amigos,

al compartir un ámbito común

y el amor de la Palabra,

ante un Kremser dorado

habríamos tenido largos

coloquios sobre sintaxis, comas

y versificación”.

W. H. Auden

Auden  -recuerda Cees Nooteboom en “Tumbas de poetas y pensadores(Siruela) – escribió esta poesía para un colega al que nunca conoció”.

(Imágenes:- 1. W. H. Auden- 1930 -por Cecil Beaton/2.-Erika Mann y W. H. Auden- 1935-por Alec Bangham)

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