GÓNDOLAS BAJO LOS PUENTES

Más de una vez he hablado en Mi Siglo sobre Venecia. Vuelven mis recuerdos hasta el Lido, hasta las aguas silenciosas. “A las ocho de la tarde, primera visión del Gran Canal nada más salir de la estación. Amenazaba una tormenta y el tono severo de la ciudad parecía destacar con sus colores oscuros, a veces fúnebres, reflejarse en el agua, en los palacios y en las góndolas. Venecia tiene un color serio a pesar de su abigarrada, inaudita y prodigiosa arquitectura. Blancos, negros, grises sobre Venecia. El resto de los colores, los más vivos, con alguna excepción, los aporta el turismo ‑el rojo de los toldos a orillas del canal, los farolillos amarillos de los restaurantes, el verde, el fuerte azul de los vestidos que llevan de aquí para allá americanos y europeos.

Venecia, en cambio, de modo general, es blanca, negra, gris. Estoy seguro de que alguien habrá definido ya las góndolas como ligeros ataúdes flotantes. Vacías, cabeceando entre los altos palos de las embarcaciones, aguardando a la próxima romántica pareja, aparecen extrañamente negras, como cajas de muerto labradas con esos raros dibujos sobre la madera con la que los fallecidos más famosos desean inexplicablemente viajar al cementerio. Todo esto puede dar una impresión macabra. Pero Venecia no es triste: es inexplicable, irreal, montada sobre la sorpresa y la fantasía. Cada día se asoman a su historia, en donde el recuerdo del Dux y del Consejo de los Diez vuelve a aumentar los tonos severos, hombres y mujeres que vienen en busca del pasado a navegar por unas calles abiertas en el agua, a navegar en silencio”.(“Él artículo literario y periodístico“, pág 240)

(Imágenes:- 1 y 2.-Venecia.-Carlo Naya -1816-1882.-wikimedia. com/3.-góndolas bajo los puentes.-elpais. com)

4 comentarios en “GÓNDOLAS BAJO LOS PUENTES

  1. Nunca olvidaré cuando el “vaporetto” puso proa hacia la plaza de San Marcos… Aquella visión fue una de las sensaciones más extraordinarias de mi vida. Y en la góndola, por los pequeños canales, el silencio sonaba a música de Vivaldi. Venecia -que gran verdad- “…es inexplicable, irreal, montada sobre la sorpresa y la fantasía”. Yo viajaba con mi esposa y mis dos hijas pequeñas: y los cuatro fuimos felices. Gracias, José Julio, amigo, por evocar tan agradables recuerdos.

  2. J.J. ¡qué preciosas imágenes nos ofreces y que bello texto!
    Soy persona de imágenes más que de lectura. Tu blog es de una gran elegancia, por las imágenes y el estilo del texto.
    Venecia.. que precipitación la del turista. Vas, te pierdes entre su arquitectura, te paseas en la góndola (yo iba con música y todo) te tomas tu capuchino. Quiero volver, pero no como turista, quiero volver como viajera, perder el tiempo, saborear los momentos.
    Gracias

  3. José Julio: Hubo un tiempo, tras mi primer viaje a Venecia, en el que creía posible escribir sobre esa ciudad, esforzándome en ello. Luego, con los años, comprendí que todo y nada se puede escribir sobre ella, pues lo que experimenta el viajero pausado perdiéndose en sus calles o recorriendo una y otra vez el Gran Canal, el Lido, San Giorgio Maggiore o el cementerio de San Michele es esencialmente inefable.

    De las muchas palabras que se han vertido sobre Venecia salvaría estas de Rilke:

    …y una mañana, la otra Venecia está allí, lúcida, real, quebradiza como el vidrio, no en vano salida de sueños: esta Venecia querida en la nada sobre bosques hundidos en el fondo, creada por fuerza, y por fin llegada a este grado de existencia. Este cuerpo endurecido, reducido a lo más necesario, a través del cual el arsenal que no duerme jamás expulsa la sangre de su trabajo; y el espíritu insinuante de este cuerpo que sin cesar ensancha su dominio, este espíritu más fuerte que el perfume de paises aromáticos. El Estado inventivo que cambia la sal y el vidrio de su pobreza por los tesoros de los pueblos. El hermoso contrapeso del mundo que, hasta en sus ornamentos, está lleno de energías latentes que se ramifican cada vez más finamente: Venecia. La conciencia de que conocía esta ciudad se apoderaba de mí, y en medio de estas gentes que querían engañarme me animé con tal necesidad de oposición que levanté los ojos para hablar no sé cómo. ¿Era posible que no hubiese, en aquellas salas, nadie que involuntariamente esperase ser iluminado sobre la esencia de aquel medio? ¿Un joven que comprendiese enseguida que lo que allí se proponía no era un goce, sino un ejemplo de voluntad tan exigente y tan severo como no se podría encontrar en parte alguna?

    Rainer María Rilke.
    Los Cuadernos de Malte Laurids Brigge.
    1910.

  4. Pingback: CANALES VENECIANOS « MI SIGLO

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