CHARDIN Y LA VIDA DOMÉSTICA

En las habitaciones donde vosotros no veis mas que la banalidad de los demás y el reflejo de vuestro aburrimiento – señalaba Proust enContre Sainte- Beuve (Tusquets) -,  Chardin entra como la luz, dando a cada cosa su colorido que evoca la noche eterna donde se habían enterrado a todos los seres de naturalezas muertas o animadas, con el significado de su forma, tan brillante a la vista como oscuro a la mente”.

Así aparecen, tanto en este “Cesto de fresas salvajes” como en el “Bodegón con gato y pescado“, piezas de caza, utensilios de cocina, frutas, el universo de la profundidad y la delicadeza, el espacio interior de muchas casas del siglo XVlll.

Chagrin presentaba sus pinturas, entre otros muchos sitios, en la exposición tradicional de la octava del Corpus que se celebraba en la parisina plaza Dauphine y en la que todos los comerciantes estaban obligados a cubrir de lienzos blancos las fachadas de sus establecimientos, sobre los cuales se colgaban los cuadros. La exposición tenía lugar fuera cual fuera el tiempo que hiciera y no podía durar más de dos horas. Las crónicas de la época señalan que era tal la cantidad de gente que se congregaba que quedaba prohibido el acceso a los vehículos. El público y los críticos siempre se quejaban de que sólo se podían apreciar la espalda y los sombreros de las espectadoras. Y alli estaban los cuadros de Chardin, junto a los de Coypel, Boucher, Nattier, Oudry o Natoire, y también se mostraban allí las pinturas de la señorita Vallayer- Coster, de veintidos años de edad, y las de la señora Vigée-Lebrun.

En las “Observaciones sobre las artes y sobre algunas obras de pintura expuestas en el Louvre en 1748“”, se describe  la obra titulada “Los entretenimientos de la vida apacible”, “que representa a una mujer sentada descuidadamente en un sillón, con un librito en rústica en una mano posada sobre sus rodillas. Por una especie de languidez que reina en sus ojos,  fijos en un rincón del cuadro, se adivina que estaba leyendo una novela y que las impresiones que de ella ha recibido le hacen soñar con alguien a quien quisiera ver llegar”.

Es la hora de la lectura en las habitaciones de la vida privada del siglo XVlll, como otras horas parecen resonar en pasillos y estancias que nos van poco a poco llevando desde las páginas de ese libro hasta la cocina, y desde la amplitud de la cocina hasta el detalle minúsculo y lleno de color de un tarro de albaricoque pintado, o hasta la luminosidad del agua acompañando a una cafetera, o incluso hasta el cuarto de juegos donde, absortos, los ojos de  un niño siguen imantados el baile perpetuo de una peonza.

Es la peonza de Chardin, los pinceles de Chardin,  la mirada de Chardin. Matices silenciosos de la pintura francesa en una exposición en el Museo del Prado.

(Imágenes: 1- cesta de fresas salvajes.- 1760.-colección privada/.-2.-Bodegón con gato y pescado.-1728.-Museo del Louvre/ 3.-Los entretenimientos de la vida privada.-Nationalmuseum.-Estocolmo/ 4.-El niño de la peonza.-1738.-Museo del Louvre)

EL HÉROE QUE SURGIÓ DEL FRÍO

“No es nuestro héroe James Bond. Tampoco lo es el astronauta. Yo diría que esa precisamente debería ser nuestra gran dicha: mirar la pasión sin muerte de James Bond, mirar la ascensión al espacio del astronauta, y saber que ninguna de las dos nos representa. Convencernos de que en nuestro tiempo los héroes, en vez de urdir hazañas extraordinarias, batallan en la extraordinaria hazaña de lo ordinario. Los verdaderos héroes ‑esto no puede suscitarnos vanidad, sino meditación‑ somos nosotros mismos.

Observemos al héroe. Viene del horizonte de le épica, vive en tierras de grave inmensidad, nace en vastas extensiones de tiempo. Lo que arrastra mientras cabalga hacia nosotros es ese resto del decorado antiguo, su aire de fábula, el carácter sagrado que va perdiendo por el camino. Cuando llegue a nuestro siglo XII, el héroe conservará casi intacta su grandeza. Gesto, vestido, movimiento, energía, serenidad, solemnidad en el rito, dimensión exaltada, maravilla: todo esto nos llevará al Cid. Nuestro Rodrigo lleva a cabo proezas increíbles, se recorta entre la tierra y el mito, pone un pie en la realidad y da un paso hacia la fantasía. Sobre todo, ha adquirido humanismo: este héroe español, que puede fascinarnos por su impulso, nos subyuga principalmente por la sobriedad; sus victorias nos dejan más vencidos porque poseen ternura.

Pero pasemos a otro siglo. Estamos en un suburbio; sea en 1599 o en 1540, con Lazarillo de Tormes o con Guzmán de Alfarache, lo cierto es que el aire huele a campo y a arrabal. Al menos es lo primero que se advierte; y en seguida, la insignificancia de una sombra que va trepando como protagonista. ¿Qué es lo que aporta? Nadie lo sospecha, va a ser una sorpresa: para la sociedad, constituirá la rebelión; para las letras, la novela moderna. Se ha derrumbado la épica de la caballería, y el pícaro” va a suplantarla. A pesar de los triunfos del amor, en contra de los valores de la fama, de la hidalguía y del señorío, el “pícaro” desnuda sus vergüenzas, sabe que son sus glorias y las muestra, con cinismo mordaz se vale de sus hambres para escribir la propia biografía. Naturalmente no llegará a héroe: será su antípoda. Pero esta figura humilde, nacida como reacción del siervo más que del servidor, no carece de peculiar dignidad; su fuerza es el sarcasmo, y su móvil el reverso de la proeza.

Tracemos ahora un arco, ganemos tiempo. Este arco desciende hasta los lindes de nuestra época. Nuestra época no oculta a ningún Lazarillo ni esconde a ningún Cid; el héroe que ella descubre es un personaje normal y banal, enterrado en un vulgar paisaje. Dos ejemplos: el héroe puede llamarse Bloom y ser un pequeño agente de publicidad extraído de la vida de Dublín; el héroe puede llamarse Maigret y ser un sencillo policía destinado en París. Entre los dos se abren las diferencias de un tono y de una calidad literarias; pero a los dos les une un relevante detalle: son simples individuos, cuyas vidas alcanzan lo epopéyico precisamente a través de lo insignificante.

Lo insignificante, ese es el secreto. Este siglo ha tenido que transformar la rutina en hazaña, la nimiedad en leyenda. No hay más que contemplar al héroe de Joyce: un ciudadano despojado de su gloria. Ofendido y humillado, llevando en andas su destierro, Bloom atraviesa Dublín, mientras la gran ciudad, entreabriendo sus calles, lo absorbe y se lo traga. Lo banal le rodea; ese día en Dublín, nada ha pasado: buen tiempo en la mañana, tarde calurosa y lluvia nocturna; se han anunciado rebajas de verano, y en el teatro se presenta una ópera: tal puede ser una jornada anónima de una ciudad cualquiera. Ante Maigret, la impresión será idéntica. Si alguien pregunta dónde encontrar lo insólito, el policía habrá de contestarle: soy la simplicidad; un empleado en medio de empleados, una pipa, la manía de atizar la estufa, horario de oficina, zapatos pesados, un abrigo con el cuello de piel. Es la epopeya de la monotonía. Maigret sueña con el retiro, Bloom con una casa en las afueras; Maigret tiene como escudero a su esposa, Bloom es el escudero de su mujer.

Sobre todo, los dos personajes son reales. La épica moderna ha prescindido de lo grandioso para dar paso a lo verdadero: un realismo tremendo en París o Dublín. Nos hemos alejado de lo sobrehumano, de lo sagrado, de lo increíble; nos hemos alejado de lo invencible. Ese hombre que pasa puede ser oprimido o engañado, sentirse insatisfecho o caer en el ridículo. No importa. Todo eso no le impide ser héroe. Se encuentra solo; burlón o taciturno, aspira a conseguir el heroísmo en la trivialidad.

Se ha reducido lo excepcional, ha variado el sentido de la aventura. Hoy la aventura no es tanto modificar una circunstancia como procurar defenderse de ella. El río de las circunstancias nos empuja, nos envuelve, nos lleva; las circunstancias forman remolino, el río nos precipita y nos despeña. Sobre ese cauce, dos perfiles: el hombre que lucha o que resiste agarrado a las rocas, y el que se aleja inmerso en la corriente. Ambos han sido aceptados como protagonistas. La literatura de nuestro tiempo nos ofrece la efigie del primero en esas obras viriles y violentas que alguien ha bautizado de la condición humana: en ellas se yergue un heroísmo pleno, el heroísmo retratado en los gestos y en esos actos tan secos muchas veces, pero que justifican impecablemente el ardor del hombre frente a la vida. En este caso, el héroe es heroico por cumplir ese esfuerzo de voluntad y abnegación que le anima a realizar un hecho extraordinario; su hazaña está nutrida de resistencia y de exigencia, y su misión es sacudir a cuantos incapaces no logran ser conscientes de su destino.

Pero la literatura de nuestra época refleja también a la figura anónima, al hombre-masa, al solitario en sociedad, al hombre-número, al héroe, nuestro hermano de todos los días. Si este individuo pudiera gozar de auténtica comunicabilidad con sus semejantes, si no tuviera que vivir aislado al propio tiempo que arrojado en la aglomeración, o bien si disfrutara menos de la cortesía impersonal y más del amor verdadero, podría decirse simplemente que en nuestra tierra existe un hombre sin nombre, casi feliz, que por ser tan vulgar o tan corriente es difícil que alcance el heroísmo. Pero este héroe de tantos libros contemporáneos es heroico por más de un motivo. Su andar errante atravesando calles con una mezcla de rebeldía y tedio, su sombra sin relieve, incluso sus gestiones sin éxito, hacen que se levante sobre el mundo un nuevo héroe, antes desconocido, cuya aventura es continuar anónimo y vivir lo ordinario en silencio.

Poco. Acaso valga poco. Tal vez sea mediocre, o áspero y salvaje, o triste o ingenuo. Pero ese mudo charlar que se le escapa, monólogo interior y extraño soplo, es su sonoro pensamiento. Quizá no llegue el héroe a poeta, ni a rector de asambleas, ni a líder político. Su fatiga, sin embargo, le delata: marcha sin brújula, como si hubiera olvidado el esqueleto.

Bien. Mirémosle de cerca ya que avanza dormido. Sonámbulo, sueña con superhombres, esos brillantes caballeros del mito. Ahora se sienta en la butaca, se transforma y se evade: James Bond le atrae en la pantalla; el astronauta, en los cielos vacíos.

Pero más tarde sale: entra en su mundo. Sigue posada el ala de la duda sobre su vida, quietas las garras de la costumbre: dos ojos de rutina le miran fijamente retando a su heroísmo. El hombre da unos pasos: se estremece. Ese temblor que siente es el frío del siglo”.

(“El artículo literario y periodístico” .-“Paisajes y personajes”.-pág 305-308)

(Imágenes.-1.-Amir Shingray,.2008.-Craig Scott Gallery/2. Balcomb Greene .-1962.-Champs de Mars.-Spanierman Modern/ 3.-pintura de Sir Henry Raeburn.- patinaje sobre Duddingston Loch.–Reverendo Robert Wallker.-1795.-National Gallery of Scotland/ 4.-Yarg Noremac.- sin límites.-2008.-Robert Berman Gallery/ 5.-Jack Spencer – vigía del mundo.-2000)

VIEJO MADRID (26) : VOCES DE LA PLAZA DE ORIENTE

Me detengo ante esta puerta del Palacio Real y oigo la voz de los historiadores: “Nacimientos, bautizos, bodas y muertes de Reyes y Príncipes, levantamiento contra los franceses; visita de Napoleón a su hermano el Rey José; restauración fernandina; baile de las Constituciones; camarillas, ecos de revueltas populares; una dinastía – la de Saboya – que dura dos años; Alfonso Xll, la Regencia; “turno pacífico” de partidos; guerras coloniales; crisis y componendas; Marruecos; guerra mundial; Dictadura…España entera ha vivido doscientos años pendiente de lo que en este Palacio hubo de decidirse”. Es la voz pausada de Sánchez Cantón que marcha conmigo, que pasea conmigo, voz que va pisando luces y sombras, que contempla cerrados vemtanales.

“En la Nochebuena de 1734 – me sigue recordando la voz – se inició un incendio que destruyó el Alcazar de los Austrias. El 6 de abril de 1738 se puso la primera piedra del Palacio Nuevo. El 1 de diciembre de 1764 durmió en él por primera vez un Rey – Carlos lll -.El 14 de abril de 1931, al caer la tarde, salió de aquí, camino del destierro, Alfonso Xlll.”

Luego la voz da una vuelta conmigo por la esquina del tiempo y el tiempo me trae carruajes de memoria, explanadas antiguas, piedras venerables. Hay una palidez amarilla en el cielo de Madrid porque estamos ya en un febrero perpetuo, uno de esos febreros de fina lámina cubriendo tejados y columnas, ocultando casi la ciudad.


Camino luego siguiendo a esta otra voz que viene, y cuando ella se detiene ante las estatuas reconozco la voz de RAMÓN desde el fondo de  la greguería, inventando la historia de los Reyes: “Era un día de fiesta interior y los Reyes de la Plaza de Orienteme dice Gómez de la Serna – se habían puesto sobre su capa de piedra un manto de armiño que los borraba bajo la borrada tierra, todos reyes armiñados, todos nada, todos sólo lo que de inmortal tiene el corazón recóndito de España”. Y sigue Ramón hablándome desde su novela “Las tres gracias“: “A la de Santiago sí bajaban varios días, porque era la de su barrio y los reyes de piedra se ponían alegres y a veces se prestaban a que les pasasen un alambre por el cuello para sostener las grandes bombillas de la fiesta” .

Verbenas, fiestas, silencios, el viento cubriendo febrero y la Plaza que nos abandona…

(Imágenes: 1 y 3.-Palacio Real y Plaza de Oriente.-febrero 2011.-fotos JJP/2.-Palacio Real en 1887.-.Archivo fotográfico de la Comunidad de Madrid.–donado por Santiago Saavedra)

MÚSICA EN “VALOR DE LEY”

“Cabalga por los cielos en tu auxilio, y sobre las nubes en su gloria” – dice el Deuteronomio – y añade: “sus brazos eternos te sostienen, expulsa ante ti a los enemigos”. Himnos, caballos y agua, disparos y polvo, palabras y miradas se cruzan en “Valor de ley“.  “Ethel y Joel Coen y yo- recuerda Carter Burwell, el autor de la música de la película -, tuvimos la misma idea , una puntuación de sus raíces en los himnos del siglo XlX. Nuestro modelo fue el himno “Apoyarse en los brazos eternos“, compuesta en 1888 por Anthony Showalter, un anciano de la Primera Iglesia Presbiteriana en Dalton, Georgia, y se utiliza de modo memorable en la película “La noche del cazador” . Esto, junto con otros himnos de la época, constituye la columna vertebral de la partitura”.

“Hacer películas – le confesaba Joel Coen a Laurent Tirard enLecciones de cine ” (Paidós) – es hacer malabarismos. Por una parte, tienes que estar abierto a nuevas ideas si la realidad de la situación lo requiere y no intentar reproducir con intransigencia tus ideas originales. Por otra parte, debes tener la suficiente confianza en tus propias ideas para no cambiarlas como respuesta a cualquier tipo de exigencia exterior que quiera obligarte a llevar la película en una dirección o en otra. A pesar de todo no hay lecciones, no hay reglas en las que te puedas apoyar. Siempre es una situación variable donde tienes que utilizar un poco los instintos”.

Caballos y agua, palabras y miradas, disparos y polvo, van contando en imágenes la historia. Pero la música persiste. Como en otra ocasión comenté en Mi Siglo, la música en el cine nos acompaña y muchas veces perdura. “El papel de la música en una película es contarte algo que de otra forma no sabrías”, dice Burwell. Y ello es siempre una realidad.

(Imagen: escena de “Valor del ley”)


NOCHE OSCURA Y NOCHE ILUMINADA

“La noche es algo natural: lo contrario de la luz que a nosotros y a todas las cosas envuelve. No es propiamente un objeto en el sentido literal de la palabra. No está delante de nosotros y ni siquiera se sostiene por sí mismo. No es tampoco una imagen, entendida como figura visible. Es invisible e informe. Y, sin embargo, la recibimos verdaderamente y está más próxima a nosotros que todas las formas y figuras, está más propiamente unida  con nuestro ser. Como la luz penetra con sus propiedades visibles todas las cosas, de la misma manera se las traga la noche y amenaza con tragarnos a nosotros también (…) Frente a la noche oscura y espantosa está el embrujo de la Noche, la luz de la luna que la penetra con un suave y delicado resplandor. No se traga las cosas, sino que las deja brillar con aspecto nocturno. Todo lo duro, lo áspero y penetrante es moderado y suavizado y se manifiestan rasgos esenciales de las cosas que no aparecen a la luz del día. Se escuchan también voces que el ruido del día amortigua y hace enmudecer. Mas no solamente la noche iluminada tiene sus encantos sino que podemos igualmente encontrarlos en la noche oscura. Da fin a la prisa y al ruido del día y nos trae el descanso y la paz”.

Edith Stein

(Imágenes:-1.-Nueva de York de noche.-1929.-Georgia O´Keeffe.- arthistory/.-2.-Foto Revista TIME)

VELOCIDAD DE LA ESCRITURA

En 1681 Madrid tenía cuarenta teatros, se conocen los nombres de más de 2000 actores, se ha calculado que se escribieron y se representaron en el Siglo de Oro 30.000 comedias. En el centro de todo esto aparece Lope de Vega – “Monstruo de la Naturaleza“, como le llamó Cervantes – que en 1635, al acabar su vida, se le atribuyen 1800 comedias y más de 400 autos, además de 431 comedias profanas. Ya aludí en Mi Siglo a su producción en 1618: había escrito 800 comedias y en treinta y un meses 127 comedias más, es decir, más de una por semana. Lope había señalado:  “Dadme cuatro bastidores, cuatro tableros, dos actores y una pasión“ y también su conocida frase, “más de ciento, en horas veinticuatro, pasaron de las Musas al teatro“.

Es la velocidad de la escritura. Velocidad unida a la calidad profunda, algo insólito en la literatura. Ahora que en Madrid se representa una vez más “El castigo sin venganza” las palabras convocan a las pasiones y las frases nos acercan a los paisajes. Ramón Gómez de la Serna en su biografía de Lope recuerda que “ no sólo es pintor de retratos de cuerpo entero, sino gran paisajista, y en sus poesías hay arrroyos sonoros y álamos erguidos y álamos que hacen arco, viéndose muchas veces la villa de Médicis como fondo de sus soledades, esas soledades a las que ve y vicia“.

Con esa calidad unida a la velocidad trepidante define Lope en muy pocos rasgos la comedia:

“¿Ahora sabes, Ricardo,

que es la comedia un espejo

en que el necio, el sabio, el viejo

el mozo, el fuerte, el gallardo,

el rey, el gobernador,

la doncella, la casada,

siendo al ejemplo escuchada

de la vida y del honor,

retrata nuestras costumbres,

o livianas o severas,

mezclando burlas y veras

donaires y pesadumbres?

(…)

Pues no ignores

que no quieren los señores

oir tan claras verdades”.

Seguían el vuelo en el aire de las palabras aquellos espectadores, muchos de ellos de pie, en los patios de los corrales de comedias. Iban y veían,  o imaginaban que venían y que iban, las pasiones embozadas en los versos, tapadas las intenciones por gritos y ademanes, acompañados de pasos sobre el tablado y saliendo y entrando a derecha e izquierda entre las cortinas. La imaginación corría las cortinas y de repente se revelaba un espacio que era parte del vestuario, y que se empleaba para simular una cueva o cárcel  o para introducir en una tercera entrada al tablado trastos escénicos, sillas, una mesa, una cama. La imaginación unida a la realidad veía de pronto una nube que se empleaba mucho en comedias de santo, para subir un alma al cielo, o dejar descender a la Virgen o a los ángeles. Luego la realidad  se hermanaba otra vez con la imaginación y toda la cosmovisión del siglo XVll se presentaba en movimiento físico, juego de palabras y de gestos que caminaba y actuaba y recitaba en aquellos teatros construidos sin techo y donde las representaciones se hacían a plena luz del día.

Y allí estaba, en el centro, el autor, escribiendo con la velocidad de su calidad estos versos:

“Tú me engañas, yo me abraso;

tú me incitas, yo me pierdo;

tú me animas, yo me espanto;

tú me esfuerzas, yo me turbo;

tú me libras, yo me enlazo;

tú me llevas, yo me quedo;

tú me enseñas, yo me atajo,

porque es tanto mi peligro,

que juzgo por menos daño,

pues todo ha de ser morir,

morir sufriendo y callando“.

(Imágenes:-1.-Drago Persic.-Engholm Galerie.-artnet/2.-1.-corral de comedias de Almagro.-wikipedia/ 3.-corral de comedias.-wikipedia)

SALUDO AL PÁJARO

“Yo te saludo

grajo de agua de negro azabache

que conocí en otros tiempos

pájaro de las hadas

pájaro del fuego pájaro de las calles

pájaro de los que transportan a los niños y a los locos

Yo te saludo

pájaro gracioso

pájaro burlón

y me enardezco

en tu honor

y me consumo

en carne y hueso

y en fuegos de artificio

sobre la escalinata del ayuntamiento

de la plaza de San Sulpicio

en París

por donde pasabas muy deprisa

cuando yo era niño

riendo entre las hojas del viento.

(…)

Yo te saludo

pájaro de los perezosos

pájaro de los chiquillos enamorados

Yo te saludo

Pájaro viril

Yo te saludo

pájaro de las ciudades

Yo te saludo

pájaro de los cuatro jueves

pájaro de los suburbios

pájaro de Gros- Caillou

pájaro de Petits- Champs

pájaro de los Mercados pájaro de los Inocentes

(…)

Yo te saludo

pájaro de las criadas

pájaro de los muñecos de nieve

pájaro del sol de invierno

pájaro de los orfanatos

pájaro del Muelle de las flores y de los esquiladores de perros

Yo te saludo

pájaro de los bohemios

pájaro de los que no sirven para nada

pájaro del tren urbano.

(…)

Yo te saludo

pájaro de los hospitales

pájaro del Manicomio

pájaro de la Maternidad

pájaro de la campana

pájaro de la miseria

pájaro de los cortes de luz

Yo te saludo

Fénix poderoso

y te nombro

Presidente de la autentica república de los pájaros

y te regalo por adelantado

la colilla de mi vida

para que renazcas

cuando yo esté muerto

de las cenizas de aquel que era tu amigo”.

Jacques Prévert: Palabras


(Imágenes: 1 y 3:  midnightmartinis/ 2 y 4.-Holger Droste.-smashingpictures)

PERIODISMO, EXPERIENCIA Y VIDA

“Objetan que lo que un periodista que ha nacido como tal tiene que hacer sólo puede relizarlo en la redacción, en el “tajo”  –comenta Joseph Pulitzer en “Sobre el periodismo” (Gallo Nero). ¿Cómo se procede en realidad en la redacción? No se trata de una educación intencionada, sino sólo casual. No es un aprendizaje: es un trabajo durante el cual todos tienen que saber lo que están haciendo. No hay nadie en la redacción con tiempo ni ganas para enseñarle a un reportero novel todo lo que debería saber antes de llevar a cabo la más humilde de las tareas de un periodista.(,,,) La idea del “tajo” predominaba antes en el Derecho y la Medicina. En la universidad, un abogado no aprende más que la teoría del derecho, los principios fundamentales y algunos precedentes. Cuando recibe su título no está nada preparado para ejercer. Y tampoco el médico aprende a practicar en la facultad de Medicina – seguía diciendo Pulitzer en 1904, en la North American Review, cuando por su iniciativa nacía la Escuela de Periodismo de la Columbia University de Nueva York -Sólo aprende principios fundamentales, teorías, normas y la experiencia de los demás: los fundamentos de su profesión. Una vez deja la facultad, debe trabajar en los hospitales para aprender el arte de poner en práctica esos conocimientos.

En el caso del periodismo, las redacciones son los hospitales. Sin embargo, los estudiantes llegan a ellas sin saber nada de principios o teorías. El hospital- periódico es muy complaciente. Proporciona pacientes para que los jóvenes practiquen con ellos, pone bisturís en manos de principiantes que no sabrían diferenciar una arteria de un apéndice vermiforme, y les paga por los errores con los que van aprendiendo gradualmente la profesión”. Los tiempos han cambiado para muchas cosas y no han cambiado demasiado para otras. Un siglo después, los jóvenes periodistas recien incorporados a una redacción selen estar muy mal pagados y a veces explotados, la multiplicidad de medios y de soportes abre intrumentos a velocidades increíbles y a la vez la formación profunda del periodista y su esfuerzo personal son sustituidos en ciertas ocasiones por la perezosa comodidad del simple “cortar” y “pegar”. Ante un acontecimiento cotidiano puede apreciarse enseguida al corresponsal que ha descendido hasta las entrañas mismas del conflicto y aquel otro que únicamente ha descendido las escaleras de su despacho para llegar hasta la calle y, sin implicarse demasiado, recitar con habilidad su crónica. Pulitzer, en este pequeño e interesante libro – de ya hace cien años-, dice muchas verdades. Al hablar, por ejemplo, de la especialización, se lamenta que “el redactor de un periódico de Nueva York dedicado a la sección editorial se sorprenda tanto como el público cuando lee las noticias de la mañana. El redactor de noticias no sabe qué editoriales habrá. El crítico musical no es capaz de escribir sobre eventos deportivos. El tipo de inestimable sentido del humor no sabe registrar ni interpretar los movimientos bursátiles.

Reflexiones importantes de uno de los grandes maestros del periodismo.”El periodista – añade Pulitzertiene un puesto que sólo le pertenece a él. Sólo él tiene el privilegio de moldear las opiniones, llegar a los corazones y apelar a la razón de cientos de miles de personas diariamente. Esta es la profesión más fascinante de todas“.  Profesión que en tantos países se encuentra hoy en la encrucijada.

.(Imágenes.-1.-Fred Tomaselli.-2009.-cortesía de la galería James Cohan.-Nueva York/2.- agregador de noticias. 1.o.-Giuliano Abate/3.-Bette Davis y el periódico.-rantingsofamodernndayglamourgirl)

LO QUE MÁS AMO DE LA VIDA

“La vida humana está hecha de amar, respirar, beber, hablar…. hablar mucho juntos. Amo ver cómo sale el sol, pero también cómo se pone, dos  cosas bellísimas…No me canso de la vida misma en todos sus componentes. Me gusta acostarme por la noche, pienso con alegría en el desayuno de la mañana siguiente…Hasta la lluvia es bella, no sé separar todas estas cosas…amo la vida en su complejidad. ¿Lo que más odio? La coacción, cualquier tipo de coacción, casi es algo patológico”.

Heinrich Böll.-“Los escritores frente al poder

(Imagen.- la muchedumbre en Egipto.-foto Suhaib Salem/ Reuters.-The New York Times)

VIEJO MADRID (25) : FIGURAS EN BRONCE

De vez en cuando permanecen en las ciudades figuras en bronce que están ahí, clavadas en el tiempo, hieráticos recortes separados de los viandantes, perfiles escultóricos como recordatorios o preguntas. Desde hace varios años, en Madrid, en la calle de la Almudena, no lejos del Palacio Real, aparece un hombre apoyado sobre una barandilla. Algunas gentes dicen que está mirando las ruinas invisibles de una antigua iglesia , pero otras creeen que está asomado al vacío del paro, contemplando donde existió trabajo, escoltado por la soledad. Espera y espera que pasen las ruedas del vacío pero sólo pasa el sol y la lluvia sobre sus espaldas.

En otro lugar de Madrid, en el barrio de Malasaña, al costado de la Corredera Baja de San Pablo,en la plaza de San Ildefonso, el bronce de la figura de una niña lleva desde hace más de diez años la carpeta con todos sus apuntes de ilusiones. Sus pies no se despegan de un suelo de realidad. Anda y anda sin moverse del sitio, cruzan los comercios a su lado, bajan las aceras, vocean los gritos de patio a patio y de casa a casa. La niña sigue imperturbable creyendo avanzar siempre, y avanzará, sí, sin duda avanzará.

El hombre agarrado a la barandilla en la calle de la Almudena no puede imaginar que en esa esquina de la pequeña calle estaba – hace ya casi cinco siglos – el palacio de la princesa de Éboli, doña Ana de Mendoza, la hermosa tuerta de quien tan apasionado se hallaba Felipe ll. Aquí también mataron de una estocada a Juan Escobedo, secretario de don Juan de Austria.

La niña que camina sin moverse por el bronce en esta Plaza de San Ildefonso tampoco puede imaginar que a pocos pasos, tras unos árboles, tenía su vivienda Rafael Mengs, pintor del Rey.

La Historia y la Pintura les contemplan.

(Imágenes:-1 y 3.-calle de la Almudena/ 2, 4 y 5.- Plaza de San Ildefonso.-2010 y enero 2011.-fotos JJP)

DETRÁS DE LAS LETRAS

Siempre con el deseo de acercarme lo mejor posible a la realidad – decía Braque -, en 1911 introduje letras en mis cuadros. Eran formas donde no había nada a deformar porque siendo planas las letras estaban fuera del espacio y su presencia en el cuadro, por contraste, permitía distinguir los objetos que se situaban en el espacio de aquellos que estaban fuera de él“.

Fascinación de las letras. La madre al lado del hijo le va llevando con su dedo sobre la epidermis de la A, luego pasa a la piel de la B y de la D y de la M; el dedo de la madre, al cabo de muy poco tiempo, es sustituido por el de la maestra y enseguida se blanquea de tiza en la pizarra y se ennegrece en el cuaderno cuadriculado. La A se transporta de casa a la escuela y de la escuela a casa en un ir y venir de vocales que se casarán pronto con las consonantes y tendrán hijos igual que palabras, escoltados por las lanzas de las admiraciones y cercados por interrogaciones de preguntas.

El trazo de las letras es el primer paso, aún titubeante, sobre la alfombra de la educación. Se gatea entre mayúsculas y minúsculas buscando la puerta del párrafo, sudando fatigados al no encontrar pronto la salida. Es el pasillo del abecedario tan cantado en las aulas, repitiéndose por las calles en coro de juegos infantiles. Pero las letras solas no bastan. El Maestro Eckhart recuerda al hablar del arte de escribir que si uno “quiere dominar este arte, tiene  que ejercitarse mucho y con frecuencia en él, por difícil y penoso que sea y aunque le parezca imposible. Si hace ejercicios frecuentemente y con gran aplicación, llegará a aprender y obtener este arte. En primer lugar tiene que pensar en cada una de las letras y representárselas firmemente. Después que ha llegado a poseer el arte de escribir, no necesita pensar en cada una de las letras, ni necesita la ayuda de la imaginación. Escribe libremente y sin dificultad alguna lo mismo cosas pequeñas que grandes obras que han de surgir por medio de su arte. A él le basta no saber que en un momento dado tiene que ejercitar el arte. Y bien que no piense siempre en él, y sea lo que quiera en lo que piense, lleva a cabo la obra mediante su arte”.


Es el trasfondo de la escritura como también el trasfondo de la vida. Quien mira única y fijamente la inmediatez de la vida no es capaz de ver su profundidad. Quien mira fijamente a la A sin ver nada detrás de ella no ha conseguido asomarse a la transcendencia. Palpa con el dedo los trazos de la gran A inmediata sin ver el universo que hay detrás, sin ver la infinitud de la palabra que existe al otro lado de la letra.

(Imágenes:1.-Bruce Nauman.-Máscara facial.-1981.-Museo de Arte Moderno de Nueva York/2.-Kazimir Malévich.-Un inglés en Moscú.-1914.-Museum Stedelijk , Amsterdam/ 3.-Georges Braque.-mujer con guitarra.-1913.-Museo Nacional de Arte moderno de París)

FÁBULA DEL ACTO DE ESCRIBIR

“Para poder escribir expulso de mí a la desesperación.

Escribo para expulsar de mí a la desesperación.

¿No habría que abandonarse del todo a la desesperación para poder escribir?

¿No habría que renunciar del todo a escribir para expulsar a la desesperación?”

György Somlyó: “Fábula del acto de escribir

(Imagen: El maestro de escritura.-.-1882.-Thomas Eakins. -John Kennedy Fondo Srewart.–Museo Metropolitano de Nueva York)


PALABRAS QUE SE LAS LLEVA EL VIENTO

El viento fue limpiando las palabras empañadas, todas las voces y diálogos que se habían quedado prendidos en los jirones de los escaparates, entre acera y acera, en callejuelas pobladas de susurros y gritos, palabras destrozadas ya y desgarradas, despedazadas, despegadas del aire, y que el viento fue empujando, como cada mañana, mientras todos dormían, antes de que nadie hablara otro día y otra vez, y el viento se fue llevando las hojas revoloteadas de las frases y de las discusiones, el remolino de los suspiros amororos de los novios, los frenazos, los pasos cruzados entre semáforos, las bienvenidas y los adioses desde lejos. El viento empezó, como cada mañana, barriendo las palabras y sonidos de todas las calles, rebañando cada portal y cada quicio y limpiando todo el muro del aire entre las casas hasta dejarlo vacío y preparado, una ciudad de huecos transparentes y radiantes, embellecidos, dispuestos para la jornada inminente. Y el viento fue llevándose las palabras en trocitos pequeños, y cuesta abajo, poco a poco, como en cada amanecer, las fue volcando al fin de la ciudad, las echó al fin por la ventana, para que acabaran en el mar.

(Imagen: Ito Kosho.-Kino-Niku.-Tsuchi-no-Ha.-1991.-Museum of Art Takamatsu.-foto Yoshitaka Uchida)

¿A QUÉ HORA SUELE USTED ESCRIBIR?

Cuando trabajo en un libro o en un relatodecía Hemingway escribo cada mañana, en cuanto hay luz. A esa hora nadie me molesta y está fresco o frío, y uno se pone a trabajar y se caldea a medida que escribe. Uno lee lo que ha escrito, y como siempre se interrumpe cuando sabe qué es lo que va a ocurrir a continuación, uno sigue a partir de este punto“. Son palabras muy conocidas y comentadas de la entrevista que le hiciera en su día George Plimpton y no hace mucho Vila Matas se ha referido a ellas. El escritor judío y ciudadano polaco Isaac Bashevis Singer contaba que ” cuando me levanto a la mañana, siempre tengo deseos de sentarme a escribir. Y casi todos los días lo hago“. Pero luego añadía toda la nube de compromisos que en muchas jornadas se le venía encima y cómo todo ello le apartaba de la escritura.

La hora del escribir es incierta, porque existen otras horas mágicas que preparan a la hora del quehacer y esas horas nos acompañan por los campos, entran con nosotros en el cuarto de baño, reciben el húmedo y brillante polvo de la ducha, marchan junto a nosotros sendero adelante, nos despiertan en medio de un sueño, nos iluminan de pronto el final de un argumento, nos trazan mientras caminamos el perfil de un personaje. Son horas en las que no sabemos que estamos escribiendo y sin embargo lo hacemos. Hablando de la génesis de un poema, alguien ha dicho que “las palabras ya se encontraban en el almacén de la memoria. El poema está ahí”. Solo hace falta copiarlo y escribirlo. No sucede exactamente así en la novela, pero las horas mágicas, apenas percepibles, nos han llevado de la mano hasta el cuaderno o hasta la pantalla. Las manos de la imaginación, que han estado trabajando en el subconsciente, nos empujan a tomar el lápiz tal como como hacía Steinbeck. Es la herramienta. Steinbeck tenía tal surtido de lápices que podía dar una lección magistral: ” he encontrado un nuevo tipo de lápiz – decía entusiasmado -: el mejor que he tenido. Por supuesto, cuesta tres veces más que los otros, pero es negro y suave y la mina no se rompe. Creo que siempre usaré estos. De verdad, planean sobre el papel“.

Pero antes de tomar entre los dedos esa herramienta u otra, el imprescindible utensilio, ha existido una hora incierta – imaginativa, creadora – en la que en nuestra cabeza ya se ha fraguado todo. Hemos escrito sin escribir.

(Imágenes: 1- Hemingway.-1958.-Ken Heyman/ 2.-John Steinbeck.-digitalgallery)

LA IMAGEN Y LA HISTORIA

“El ojo no basta.

La imagen no es suficiente. El ojo recibiendo imágenes no explica a sí mismo la Historia. Es excepcional, si, como documento histórico, es importante testimonio ocular,

pero visto y no visto en este increíble día, el ojo necesitará posarse también sobre la página, resbalar sobre el texto en papel como lo hace sobre la pantalla.

A este día de terror no le es suficiente el ojo televisado. Este ojo tendrá que salir de esta imagen y buscar un periódico, detenerse, volver a rebuscar entre las líneas del periódico, ávida y tenazmente, intentando encontrar el secreto bajo la tierra de las palabras.

Después lo hará en el libro. Aquí sí, aquí una palabra clave vale siempre más que mil imágenes.

Los qués siguen apareciendo aún en las pantallas de los televisores mientras los porqués se esconden aún en los libros”.

(“El ojo y la palabra“, página 12)

(Imágenes:Egipto  1.- Tomaseviv Gora.-Reuters/ 2.-foto Reuters/ 3.-Chris Hondas.-Reuters/4.-Victoria Hazou.-Associated Press/ 5.-Tomasevic Goran.-Reuters/6-Yannis Behrakis.-Reuters) ( fotos tomada de The Big Picture.-Boston. com)

ESOS NIÑOS QUE CANTAN EN PIEDRA

“Esos niños que cantan en piedra un

silencio de piedra esos

pequeños hicieron flores

de piedra que se abren para

siempre esos niños silenciosa

mente pequeños son pétalos

su canción es una flor de

siempre sus flores

de piedra cantan

silenciosamente una canción

más silenciosa

que el silencio esos siempre

niños para siempre

cantan con guirnaldas de cantantes

flores niños de

piedra de ojos

florecidos

saben si un

pequeño

árbol oye

para siempre a los siempre niños

cantando para siempre

una canción de silencio de piedra

de canto”.

E.E. Cummings

(Imagen: Sir Jacob Epstein (1880- 1959).- retrato de Jackie, el hijo del artista.-1937.–Peter Nahum & Tom Tempest- Radford- Leicestergalleries)