VIEJO MADRID (22) : TERTULIAS, CAFÉS Y POZOS DE LA NIEVE

Cuando pasa uno ante el Café Comercial, en la madrileña Glorieta de Bilbao, llegan aún los ecos de tan variados cafés y tertulias hoy desaparecidos y que tantos rumores y verbales sentencias provocaron. Célebre tertulia, naturalmente, la de “Pombo”, con RAMÓN al fondo  ( ” el único café donde podían entrar mujeres de cera”, decía Gómez de la Serna) – horchatería de Condela, Nuevo Café de Levante, Café de Madrid, Café de la Montaña y Cervecería Inglesa de la Carrera de San Jerónimo donde acudían, entre otros, Manuel Bueno o Ricardo Baroja.  El mismo Ricardo Baroja en “Gente del 98” cuenta las dos tendencias existentes en el Café de Madrid:  el grupo capitaneado por Jacinto Benavente y el otro más abigarrado, indisciplinado y revoltoso que iría luego a la Cervería Inglesa reuniendo allí a caricaturistas, pintores, algún cómico, literatos y estudiantes. Acudían a la Cervecería a las diez de la noche y la tertulia andante paseaba después, desde la esquina de Recoletos hasta la Plaza de Isabel ll, por la calle de Alcalá, Puerta del Sol y calle del Arenal. Eran palabras cruzadas, pasos de palabras a veces muy bohemias, desgarradas confesiones, por ejemplo, de Manuel Sawa, hermano de Alejandro Sawa.

Pero hubo tertulias aquí mismo, en esta Glorieta de Bilbao, en el Café Europeo, esquina al bulevar de Carranza : divanes de peluche a los que acudían Manuel y Antonio Machado y años después, entre 1923 y 1925, de once a una de la tarde y en torno a la figura de Jardiel Poncela, Manuel Gargallo, César González Ruano o Carlos Fernández Cuenca. De vez en cuando la tertulia cruzaba esta Glorieta y venía hasta el Café Comercial para, pasados unos meses, retornar a sus orígenes. Tras proclamarse la República, las tertulias en en el Café Europeo duraban hasta la madrugada y aquí intercambiaban sus encendidas opiniones Eugenio Montes, Pedro Mourlane Michelena, Rafael Sánchez Mazas o Víctor de la Serna.


Casi enfrente de este Café Comercial, tras lo que hoy son bloques de casas  y trazos de calles, se encontraban hace algunos siglos ciertos “pozos de la nieve” que en Madrid existían. “En la calle de Fuencarral con vuelta a Barceló, Mejía Lequerica, Sagasta y glorieta de Bilbaocuenta María Isabel Gea comentando el “Plano de Teixeira” de 1656 – se situaban los pozos de la nieve. En el siglo XVll el catalán Pablo Xarquíes consiguió el monopolio de la distribución de la nieve, cuya Casa estaba encargada de abastecer al rey y a los ciudadanos a través de varios puestos distribuidos por Madrid. El origen de los pozos de la nieve se debe a la utilización de la nieve para la conservación de alimentos y medicinas, así como para enfriar las bebidas, costumbre que se mantuvo en la Edad Media gracias a las comunidades árabe y judía. La nieve la traían los neveros desde la sierrra del Guadarrama. Los edificios solían ser alargados con tejados a dos aguas, una puerta y una ventana, y en su interior se hallaban los pozos separados y aislados por tabiques, sin ventilación ni comunicación para que se mantuviera el frío

Nieve que venía de otros siglos, antepasada de los copos que descienden a veces sobre inviernos de tejados madrileños, palabras en Glorietas, palabras en torno a veladores, revueltas con brillantes cucharillas, tomadas a sorbos en tacitas blancas, palabras como naipes, arrojadas entre el desdén y la polémica, todas intentando arreglar el mundo.

(Imágenes:-Café Comercial y Glorieta de Bilbao.-foto JJP.-junio-noviembre 2010)

5 comentarios en “VIEJO MADRID (22) : TERTULIAS, CAFÉS Y POZOS DE LA NIEVE

  1. Un encantador recuerdo de los cafés madrileños para todas aquellas mentes que sacan sus palabras de los pozos de la nieve humana.
    Me permito poner un enlace que leí hace algún tiempo sobre otras mentes, otros cafés y otros países que empieza así:
    ‘Café San Marcos. “En el Café San Marcos, uno no se hace la ilusión de que el pecado original no haya sido cometido y de que la vida sea virgen e inocente”.
    Buena parte de la vida literaria de la segunda mitad del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX tiene su escenario natural en los grandes cafés europeos: en Viena, París, Zurich, Milán, Berlín, Bruselas, Praga o Trieste, el café es el ámbito en el que se desenvuelve y teje una rica tela de araña, con la literatura como gran tema de indagación.’
    http://www.deverdaddigital.com/ver_articulo.php?art=9782
    Gracias y un saludo, Eduardo.

  2. José Julio:

    Hermosa entrada. A la recherche du temps perdu…

    Para mí es impensable estar unos días en Madrid sin pasar por la Glorieta de Bilbao y sentarme un rato en una de las mesas del Café Comercial, ese superviviente que resiste aún frente a las modernas franquicias de cafeterías en serie, frente a la uniformidad reinante, frente a la impuesta homologación de paladares y la globalización de una misma oferta. Da igual la ciudad, o el país, en todas partes lo mismo… A qué frenético ritmo avanza esa gangrena.

    Decía Valle Inclan del Nuevo Café de Levante que había ejercido más influencia en la literatura y en el arte contemporáneo que dos o tres universidades y academias.

    Lo cierto -decía por su parte Cansinos Assens del Colonial, en La Novela de un Literato- es que en este café ruidoso y bullente, de prosa y vulgaridad frívola, nuestro rinconcito es un pequeño Parnaso, en el cual sólo se habla de literatura…, se recitan versos, se leen páginas inéditas, se hacen planes de grandes obras, se discuten valores… y se acarician sueños de gloria, que ponen ardientes de fiebre los ojos y los dilatan como estrellas…

    Pero ¿qué se se hizo de todos esos cafés de finales del XIX y primer tercio del siglo XX? Arrasados, perdidos, casi olvidados, como si nunca hubieran existido.

    Por eso es bueno recordarlos de cuando en cuando, como sueles hacer tú, José Julio, de manera tan fina, evocándolos y devolviéndolos a la vida en Mi Siglo. Por eso me sumo a tu homenaje: Café de Madrid que vió nacer a la generación del 98, Café de Pombo de la calle Carretas, donde pontificaba Ramón, Café de la Montaña, donde Valle tuvo el incidente que le costaría una mano; Café Español, donde acudían los Machado, Café Lion, sede de tantas tertulias literarias, y tantos otros, sólo vistos en fotos o en pinturas, pero por los que me he paseado tantas tardes, sin haberlos pisado nunca, gracias a Mi Siglo, gracias a los libros, gracias a la Literatura…

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