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Posts Tagged ‘viejo Madrid’

 

 

“Ir a Madrid, vivir en Madrid; no ser un oscuro provinciano embrutecido en la tarea de poner en circulación los chismes de la localidad  – así escribe sobre la capital Alejandro Sawa enDeclaración de un vencido” -; pertenecer a la redacción de un periódico de esos cuyas afirmaciones y doctrinas constituyen un capítulo de fe para los que las leen a veinte kilómetros de distancia; formar parte también de los ateneos y academias que ilustran en todas las cuestiones la opinión de España; hacerme amar de una de esas duquesas cuyos fáciles amoríos habían sido la comidilla constante de mi imaginación, cuando mi imaginación le pedía jugos prestados a las de los novelistas a destajo que entonces se estilaban en España, sin otra misión que la de difundir mentiras por todos los espacios poblados en que se hablara lengua castellana; tomar activa y musculosa participación, toda la que fuera posible, en las batallas constantemente renovadas del pensamiento contra la barbarie, de los espíritus emancipados contra las panzas esclavas; ir al Congreso de los Diputados todas las tardes, al Ateneo Científico y Literario todas las noches, a la Biblioteca Nacional todas las mañanas; saber por el testimonio de mis propios ojos cómo es la Librería de Fe, si es un salón muy amplio, artísticamente decorado, como yo me lo figuraba, o una librería cualquiera, o un almacén de libros, mejor, de esos que me sabía de memoria, por haber dejado en ellos montones de tristeza siempre que en Cádiz me asaltaban las melancolías y las desesperaciones del porvenir, haciéndome salir escapado de mi casa para pedir consuelo y olvido a las heterogéneas impresiones de la calle ¡Todo eso y mucho más, más…¡ la fantasía trotando por los espacios del delirio como un caballo furioso! ¡Ah Madrid, Madrid (…) ¡Cisterna, antro, sima, que mientras más devoras, más sientes aumentarse tu apetito!

-Pues bien: ¡yo te he amado!”.

 

 

(Imágenes -1- casa en la que vivió Alejandro Sawa – foto jjp/ 2- Arco de Cuchilleros – foto  jjp)

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“Hacia la parte oriental de Madrid, luego en saliendo de las casas, sobre una altura que se hace, hay un suntuosísimo monasterio de frailes Jerónimos, con aposentamientos y cuartos para recibimientos y hospedería de reyes, con una hermosísima y muy grande huerta. Entre las casas y este monasterio hay, a la mano izquierda en saliendo  del pueblo,  una grande y hermosísima alameda, puestos los álamos en tres órdenes, que hacen dos calles muy anchas y muy largas, con cuatro o seis fuentes hermosísimas y de lindísima agua, a trechos puestas por una calle y por la otra muchos rosales entretejidos a los pies de los árboles por toda la carrera. Aquí en esta alameda hay un estanque de agua que ayuda mucho a la grande hermosura y recreación de la alameda. A la otra mano derecha del mismo monasterio, saliendo de las casas, hay otra alameda también muy apacible con dos órdenes de árboles que hacen una calle muy larga hasta salir del camino que llaman de Atocha. Tiene esta alameda sus regueros de agua y en gran parte se va arrimando por una mano a unas huertas. Llaman a estas alamedas el Prado de san Jerónimo, donde de invierno al sol y de verano a gozar de la frescura es cosa muy de ver y de mucha recreación la multitud de gente que sale, de bizarrísimas damas, de bien dispuestos caballeros y de muchos señores y señoras principales en coches y carrozas. Aquí se goza con gran deleite y gusto de la frescura del viento todas las tardes y noches del estío, y de muchas buenas músicas, sin daños, perjuicios ni deshonestidades, por el buen cuidado y diligencia de los alcaldes de la corte”.

Pedro de Medinael Prado de los Jerónimos  (siglo XVl)

 

 

(Imágenes-1- Jusepe Leonardo- 1637- el Prado de los Jerónimos- Wikipedia/ 2.-Fernando Brambila- el Prado en el siglo XlX- Wikipedia)

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“En los periódicos de los años veinte podía leerse al llegar el mes de diciembre: “Ayer los madrileños empezaron a patinar sobre el hielo del estanque del Retiro“. Era normal que así ocurriera todos los años – comentaba Fernando Díaz -Plaja -, una tradición que se remontaba  al siglo XVll cuando por vez primera el rey y los cortesanos del Buen Retiro habían asistido en 1622 a una exhibición de unos holandeses en el difícil deporte de patinaje artístico. Por cierto que, según las “Noticias de Madrid” (1621 a 1627), la demostración acabó en tragedia al romperse el hielo y perecer uno de los deportistas. “Simtiólo mucho el Rey y mandó se supiese si tenía mujer e hijos para hacerles merced y que se le dijesen trescientas misas”.

ABC publicaba regularmente una portada en la que Alfonso Xlll hacía su ejercicio de patinaje en el estanque de la Casa de Campo; el parque era de propiedad real y por tanto estaba solo. Hasta que se abrió al público, el Retiro fue el único parque de Madrid. En él existía la convivencia  – no la fraternidad – de ricos y pobres. Los primeros llegaban de las calles Serrano y Velázquez y era una comitiva compuesta de amas de cría con sus vestidos primorosos, los largos pendientes y la seguridad de su porte que le daba saberse bien alimentadas y vestidas, mimadas por la familia que le había confiado lo más precioso que contaba : su hijo pequeño”.

 

 

Fernando Díaz – Plaja evocaba todos estos aspectos del Retiro y muchas más cosas de la. ciudad en su libro “Madrid desde (casi) el cielo“, es decir desde el piso 33  de la Torre de Madrid donde vivió  muchos años. Desde allí, su alto observatorio privilegiado le proporcionaba una visión única de las calles y de las historias, también de la Historia con mayúscula y de sus Documentos, también de las anécdotas que enriquecen las vidas de los hombres. Desde allí – decía – “el Retiro es el “único moño verde” en una amplia extensión de torres, azoteas y tejados que se extiende desde las Vistillas a la Dehesa de la Villa yendo en el sentido contrario a las agujas del reloj. No es un Retiro sino el Retiro, el único lugar en muchos kilómetros donde el nativo o el forastero puede abandonar el asfalto y la contaminación para respirar oxígeno y oír a los pájaros”.

 

 

(Imágenes. -1-patinaje en el Retiro- el Retiro y yo/ 2- amas de cría-yo-made wordpress/ 3.-el Retiro- Wall Street international)

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“El café desciende en línea recta de la botillería. ¿Quién no recuerda el carácter y la fisonomía de estos establecimientos tradicionales, en que sólo se hacía café para algún que otro aficionado, y se servían sorbetes en determinadas estaciones?  La botillería – escribía Becquer en suMadrid moderno”  – era un lugar de paso; alguna manola, invitada por un majo de los que reprodujo Goya, solían entrar a refrescar, después de la corrida de toros en que habían admirado a Pepe-Hillo; algún politicón rancio o tal cual poeta confeccionado de ovillejos entraban a leer el “Mercurio” o a departir acerca del mérito de las novedades teatrales antes de ir al corral de las comedias. Las personas algo encopetadas se hacían llevar a sus casas las bebidas las noches de saraos, y la multitud no había adquirido la costumbre de pernoctar en los cafés. El mobiliario y el fondo de la botillerīa se armonizaba con sus concurrentes, como el fondo de un buen cuadro con las figuras que lo componen.

(…) Más tarde fue creciendo el anhelo de sociabilidad, de esa sociabilidad cómoda y barata que se realiza en estos establecimientos y comenzaron a multiplicarse, y el espíritu de especulación se fijó en el negocio. Los veladores de mármol sustituyen a las mesas de pino; el gas, al aceite; donde estaba el reloj de cuco y figuras de movimiento campea una esfera magnífica; el lujo no se detiene y llega a la prodigalidad; se multiplican las luces, se agrandan hasta la exageración los espejos; el oro, casi en profusión lastimosa, chispea por todas partes; unos tratando de sobrepujar a los otros, llegan al límite extremo, porque no cabe ya más en esa senda de riqueza sobrecargada y de dudoso gusto. La multitud sigue con interés estas evoluciones; hoy admira un café nuevo, mañana celebra otro; pero de día en día son mayores sus exigencias. En este punto, lo que comenzó por necesidad vulgar de comodidades y ostentación, se convierte en exigencia de un gusto más delicado. El Café de Madrid fue un paso dado en este camino; pero la diversidad de artistas que en su decoración tomaron parte y la falta de unidad en el conjunto hacen que aquella tentativa fuese más digna de alabanza por la intención que por el resultado”.

 

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(Imágenes.- 1. botillería- Hemeroteca B N E/ 2.- el antiguo café de Levante- ABC es)

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La calle de la Montera de nuestros días, esa calle engalanada, coqueta y bulliciosa, centro, podemos decirlo así, del comercio de Madridescribe Gustavo Adolfo Becquer en 1870 -, era hace tres siglos más bien que calle, un lodazal, en tiempo de invierno y un depósito de polvo  y de inmundicias en verano.

¡Oh hermosa calle de la Montera! Tres siglos hace que ni aún nombre tenías, y para dar de ello una ligera prueba, diremos que procede el que lleva actualmente de cierta hermosa dama, mujer del montero mayor del rey. Esta buena señora tenía escandalizado al buen pueblo de Madrid. Y no se crea que estos escándalos deshonrasen al señor Montero mayor: todo menos eso. Todo lo más que sucedía era que la señora Montera se asomaba a sus balcones y, a pretexto de cuidar las flores de sus búcaros, arrojaba a la calle, así como al descuido, dos o tres de las marchitas.

 

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Cuenta la crónica que por un clavel rojo y una maravilla jaspeada de blanco se dieron de estocadas un marqués y un alférez de guardias amarillas, quedando este último bastante malherido, pues en aquel tiempo no eran sólo los militares los únicos diestros en el manejo de la espada (…) En algunas noches oscuras sucedía que al acudir la ronda  al rumor de una pendencia hacían causa común los galanes y arremetían con sin igual furor a los pobres golillas, administrándoles tales palizas, que no tardaban en huir como cuervos a la desbandada, pidiendo favor y ayuda.

Cuando, después de una noche de serenatas y estocadas, la justicia recogía, al amanecer, un cadáver en aquella calle de trágicas aventuras, nuestra buena Montera, tan fresca y tan bella siempre como una flor de primavera, entraba a oir misa en San Luis, sin dar la más pequeña muestra de arrepentimiento por sus culpables coqueterías.

 

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He aquí por qué la linda calle se llama la calle de la Montera. Respecto al comercio que entonces existía en ella, estaba reducido a unos miserables tenduchos en los cuales se vendía pan. Tales establecimientos llegaban desde un extremo de la calle hasta la iglesia de San Luis, y a fin de que no hurtasen el pan tenían a la entrada unas fuertes mallas de cuerda sujetas a un marco. Por eso aún en el día de hoy es conocido aquel sitio con el nombre de Red de San Luis“.

 

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(Imágenes – 1-calle de la Montera- entredosamores/ 2.-calle de la Montera- wordpressvellingmages- net/ 3.- la calle de la Montera en 1893. con la iglesia de San Luis, hoy desaparecida– wikipedia/ 4-calle de la Montera- edicioneslibreria.es)

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Madrid.- calle del Sacramento.- José Sancha.- pintura.aut.org

 

Paso por la madrileña calle del Sacramento  y me acompañan siempre las palabras de Unamuno:”Lo que habrá escuchado en atento silencio esa calle del Sacramento, sin tranvías y casi sin autos, esa fila de viviendas ciudadanas, recogido remanso de historia. ¿Del viejo Madrid? No, sino del Madrid intemporal, del Madrid – oso y madroño – que soñaba, vivía y revivía don Benito, su evangelista. Por esa calle del Sacramento solía callejear Bringas, el del Palacio Real.

Si, si, – me va  diciendo Unamuno – cabe callejear, discurrir  por Madrid soñando a España; cabe ir soñando por calles encachadas de este Madrid, senaras de España, sin temor a que le rompan a uno el sueño, que nos lo escuda y ampara este cielo que laña la cuenca del Duero con la del Tajo, Castilla la Vieja y la Nueva. Respira la calle del Sacramento aire de Guadarrama. Pero…¡ojo!, porque hay que vivir despierto. Por si acaso… A Dios rogando y con el mazo dando, no sea que se nos rompa la vela. Ese monumento de la desembocadura de la calle del Sacramento y aquel pedestal vacío de la Plaza Mayor nos amonestan a vivir despiertos. Que la barbarie que hoy se revuelve contra un símbolo, sea de carne o de bronce, mañana se revolverá contra el que la ha suplantado, y destruirá el símbolo, pero no lo simbolizado. A soñar, pues, lo que se queda; pero despiertos a lo que pasa. Y a Dios rogando y con el mazo dando.”

Miguel de Unamuno.- “Paisajes del alma”.- escrito en” El Sol”, marzo 1932

(Imagen.- calle del Sacramento.- José Sancha)

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Ventura Rodríguez- icf- MuseoCerralbo- flickr com

 

“¡Cómo ha cambiado el barrio de Arguelles de cuando yo era chico a hoy! En nuestra calle había hoteles burgueses como nosotros y de aristócratas. Pared por medio con el nuestro -recuerda Julio Caro Baroja– estaba el de la duquesa de Frías, enfrente  (aún queda), el del  Conde de Torrepalma; más abajo, cerca de la calle de Ventura Rodríguez, el de la marquesa de Villavieja. A la puerta de las mansiones más o menos señoriales de la calle de Mendizábal se veían porteros patilludos, que recordaban en su aspecto a don Tomás Luceño el sainetero, mayordomos asturianos y gallegos metidos en un frac, fastuosos y sonrientes; por las noches, desde el comedor de casa, o de los dormitorios del piso de arriba, se oían los coches de caballos, que volvían de los teatros y de las reuniones. Al lado de estas imágenes e impresiones de la vida cortesana, recuerdo otras populares, aún decimonónicas también, como la llegada de los carros de bueyes, cargados de jara, a la puerta de la panadería de enfrente: a los dependientes de las tiendas de ultramarinos tostando café, en las pálidas mañanas de invierno. Veo al zapatero remendón de al lado de casa, a Manini, en su taller adorado de fotos taurinas, con la perdiz enjaulada tomando el sol, mientras el loro del Conde de Torreplana repetía una y otra vez: “¡Ana, dame cafë!” Una ciega cantaba todos los jueves bajo nuestros balcones con mucho gusto y expresión, acompsñándose de la guitarra. Mi tío Ricardo Baroja, admirador del tango del Espartero y de otros cantos parecidos, solía escuchar atentamente y hablaba con ella. Aquella mezcla de cochambre y distinción era deliciosa. Y dentro de mi casa puede decirse que subsistía. Porque, de un lado, la casa era un hotelito construido en la segunda mitad del siglo XlX por un título, para vivir en él, con la holgura con que la gente acomodada vivía en el Madrid de entonces. Pero, por otra parte, aquel hotelito, con sus salones decorados, con sus techos un poco aparatosos, con sus lobos de escayola en el zaguán, con otros detalles más o menos propios de la época en que se hizo, medio elegantes, medio cursis, estaba habitado por una especie de clan compuesto de un escritor, un pintor y un impresor a cuál más despreocupados de sus hábitos, y, además, en la parte interior estaba la imprenta y la editorial: la “Editorial Caro Raggio”.  Es decir, la editorial de mi padre”.

Julio Caro Baroja . -” Del paìs: familia y maestros”

 

Madrid-nhy- barrio de Arguelles- tripadvisor es

 

(Imágenes.- 1.-Museo Cerralbo- flickr/ 2.- barrio de Arguelles- tripardvisor)

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