ESCRIBIR CON CLARIDAD

 

 

“Escribir de una forma poética es muy difícil, pero también lo es escribir con claridad —dice Asimov en sus “Memorias” —. De hecho, tal vez la claridad sea más difícil de conseguir que la belleza. El cristal de colores usado en las vidrieras se conoce desde tiempos inmemoriales, pero eliminar el color del cristal resultó  ser una tarea tan difícil que no se resolvió  hasta el siglo XVll. En comparación, la luna de cristal es una invención reciente y fue el gran triunfo de la habilidad de los vidrieros venecianos, que guardaron el secreto durante largo tiempo.

La luna de cristal no encierra ninguna belleza en sí misma. Idealmente, no debería ni verse, pero a través de ella se observa todo lo que sucede fuera.  Ėste es el equivalente de un estilo sencillo y sin adornos. Idealmente, al leer estas obras, uno ni siquiera se da cuenta de que las está leyendo. Las ideas y los acontecimientos se limitan a fluir de la mente del escritor a la del lector sin ninguna barrera entre los dos.

Pero ¿cómo se consigue escribir con claridad?  No lo sé. Supongo que se debe tener una mente ordenada y cierto talento para ordenar los pensamientos y poder saber exactamente lo que se quiere decir. Aparte de esto, no puedo añadir nada más.”

 

 

 

 

(Imágenes —1-Constable- 1822- Museo Victoria  Alberto/ 2-derechouchilrcl)

ESCRIBIR Y PUBLICAR

 

 

“Quizá más que en otro gremio de las artes puede que sea porque gran parte de nuestro trabajo se lleva a cabo en soledad —dice Úrsula K. Le Guin en sus “Conversaciones sobre la escritura”—: por eso tendemos a dudar de lo que hacemos. Que te publiquen un libro es una barrera que parece infranqueable. En mis inicios, coloqué  algún que otro poema de vez en cuando — en modestísimas revistillas de poesía —: con ocho o nueve lectores, pero al menos veía mi obra en papel.  Sin embargo,  era incapaz de colocar nada de narrativa. Durante seis o siete años estuve escribiendo relatos y novelas de manera metódica, intentaba vender los manuscritos y no iba a ninguna parte. Recibí muchísimas amables cartas de de rechazo.

Pero lo cierto es que estaba comprometida con ser escritora, con mi escritura, creo que fue la confianza en mí misma o mi arrogancia lo que hicieron que saliese  adelante. “ Lo voy a conseguir y lo voy a conseguir  a mi manera”. Me atenía a eso. Y pum, de repente lo conseguí. Vendí dos relatos en una semana; uno, a una revista comercial y otro a una pequeña revista literaria. Cuando la puerta se abre, parece que no se cierra; entonces es más fácil saber dónde mandar tu obra. A veces mis relatos no eran de un realismo convencional, sino que tenían un giro no realista, y me di cuenta de que las revistas de fantasía y de ciencia ficción  eran las que se los leían y no enarcaban las cejas diciendo “ ¿Y “esto” qué es?”.  Me encontré  que ahí tenían la mente más abierta que en los mercados convencionales. Después de esa primera incursión, sin prisa pero sin pausa, empezaron a llegarme más oportunidades.

 

 

Eso sí, hasta que firmé con una agencia, me tocaba a mí presentar mis manuscritos con mucha fe.

Y en este campo no sé muy bien qué recomendar, ahora es todo tan diferente con internet, la edición digital, la autopublicación… Por ejemplo, todo esto de autopublicarse la verdad es que no lo tengo muy claro. Intento entender lo que implica y adónde te lleva como escritora. Si te auto publicas sin ninguna red de promoción, sin manera de dar a conocer tu obra….¿Y si no te vendes a los del marketing? No lo sé, la verdad. No lo sé. Es maravilloso ver tus libros en papel, anda que sí, pero ¿ es realmente bonito si solo te leen tus familiares y tu círculo más cercano? No lo sé. En este momento, creo que nadie tiene el consejo ideal. Estamos viviendo una revolución. Solo nos queda imaginarnos dónde aterrizará el mundo editorial después de la revolución. Porque aterrizar, aterrizará.

 

 

(Imágenes—1-Karl Gestner/ 2-Brice Marden -2002/ 3- Vassili Kandinsky)

CONCURSOS, JURADOS, ESCRIBIR, PUBLICAR

 

 

“Ser miembro de un jurado exige cierto talento y ser un buen estratega. Escuchar a los demás —recordaba un veterano miembro de jurados españoles —. Aceptar sus argumentos, es decir, evitar enfrentamientos. Algo muy difícil, si no imposible, porque es fácil perder la paciencia. Desde luego, el que más ha leído es el que más ventaja tiene.

Y viene el tema de la corrupción de los jurados. La gente se equivoca al escandalizarse con premios que están dados de antemano. No hay trampa. Y es una política común en las grandes editoriales y en los premios donde además de prestigio hay dinero. En las aparatosas cenas de algunos de estos premios, presididos por políticos, que es la gente que menos lee, sabemos de antemano quién es el ganador. Pero no se premia por amistad, como suele creerse, sino porque el premiado es el que mejor responde a la línea de la editorial. Difícilmente el que gana el Premio Herralde de Novela podría ganar el Planeta, o viceversa. Aunque también es cierto que están los pluripremiados, como está el pluriempleo.

 

 

Desde luego, para convencer y vencer hay que haber leído las propuestas de los otros miembros del jurado.  Algunas discusiones han provocado serias desavenencias. Yo trato de defender mi criterio con argumentos críticos. Ocurre con frecuencia que algún miembro del jurado no ha leído los libros, sobre todo cuando se trata de premios a libros ya publicados. Es a estas personas a las que hay que tratar de convencer, pues ellos van con las manos vacías, sin defender a ningún candidato. Y sólo se les puede convencer con razones sólidas. Luego, concedido ya el premio, yo me olvido de mi irritación y de la irritación ajena. Con frecuencia pienso: ¿quién soy yo para decidir si alguien merece o no un premio? ¿ No son arbitrarias  todas las lecturas? ¿No lo son nuestros gustos?  Juzgamos siempre: altos o bajos, guapos o feos, inteligentes o tontos. Establecemos jerarquías, y las jerarquías suelen nacer de prejuicios. Darle un premio a alguien es quitárselo a otro. Cada premio es un acto de injusticia. Lo es el premio por excelencia : el Nobel. ¿Quiénes son estos señores que viven en un rincón de Europa para juzgar sobre el universo?

 

 

Pienso a menudo en las razones por las que desde muy pequeño me sentí escritor y adónde me ha llevado esta inexplicable vocación. Vuelvo a mi obsesión. ¿Por qué escribimos? ¿Para qué?  ¿Para quién? Es absurdo hacerse estas preguntas. Escribimos porque nos da la gana.  O porque a alguien le da la gana. Es el amor a las letras, a las palabras, a las ideas, al misterio que encierra la escritura y que es al mismo tiempo revelación. Y escribimos porque hemos leído ¿O es al revés?  ¿ Aprendemos para escribir o para leer? En el fondo, son una misma cosa. En ambos casos vivimos la revelación. ¿Para quién?  Si estuviéramos  en una isla desierta pero con plumas, lápices o los más improbables ordenadores, seguiríamos escribiendo. Ni siquiera para nosotros. Para la misma escritura. A medida que escribimos surge la escritura. De pequeños leíamos para emular a nuestros padres. Porque les oíamos hablar de libros. Y también leíamos a escondidas, para aumentar la emoción de la lectura. Sí, en una isla desierta seguiríamos escribiendo. Pero entonces, ¿por qué la necesidad de publicar?  Pues porque de la misma forma que las letras son dibujos, los libros son objetos, cajas en las que se encierra el misterio de las palabras. Y de la misma forma que para un cuadro es importante el tipo de marco, también lo es la forma de un libro.”

 

 

( Imágenes —1-Wolfang Suschitzky – 1939/ 2-Alexa Meade -2010/3-Foto Eamon Mccabe/4-Alfred Stieglitz)

CONSEJO PARA ESCRITORES

 

 


“Aunque te mantenga despierto toda la noche,

lava las paredes y friega el piso

de tu estudio antes de componer una sílaba.

Limpia tu espacio como si el Papa estuviese por llegar.

La pulcritud es sobrina de la inspiración.

Cuanto más limpies, más brillará

tu escritura, así que no dudes en salir

al campo abierto y restregar la parte oculta

de las rocas y ordenar en las ramas más altas

del oscuro bosque los nidos llenos de huevos.

Cuando encuentres el camino de regreso a casa

y guardes esponjas y cepillos bajo el fregadero,

observarás, en la luz del alba,

el inmaculado altar de tu escritorio,

una superficie limpia en medio de un mundo ordenado.

De un pequeño florero, azul brillante, toma

un lápiz amarillo, el más afilado del ramo,

y llena páginas con frases diminutas

como largas hileras de hormigas devotas

siguiendo tu huella desde el bosque”

 

Billy Collins– “Consejo para escritores”

 

(Imagen —Brigitte Szenczi. 2000.- feminine)

EL ARTE DE LA ESCRITURA (1)

 

 

“A menudo, cuando leo las obras de los grandes escritores —decía el chino Lu Ji —, tengo la secreta esperanza de poder captar su verdadero espíritu. El orden de las palabras, la manera en que se enuncian las frases, tiene infinitas posibilidades y formas. Las cualidades de lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo, son susceptibles de captarse en lenguaje. Yo mismo, cada vez que escribo, me doy cuenta de la complejidad del acto creativo. Y me angustio una y otra vez porque el pensamiento es incapaz de traducir el mundo y, la literatura, incapaz de apresar el pensamiento. Ciertamente, el mayor problema reside no en el saber cómo hacerlo, sino simplemente en el hacerlo. He escrito, precisamente, este poema para dar cuenta de las habilidades de estos excelsos escritores, y explicar las razones del porqué hay buenas y malas obras en el acto de la escritura. Quizá , así, en otro tiempo, pueda llegarse a conocer el intrincado mecanismo y el profundo misterio de la composición literaria. Cuando alguien, con un hacha en la mano, intenta cortar otro mango de hacha, lo que obtiene está muy cerca del propio modelo. Y es que, a la hora de seguir los movimientos de la mano, la dificultad para convertirlo en lenguaje es extrema.”

 

 

 

(Imágenes—1-artinlive/ 2-li shixing)

EL RITMO DE LA ESCRITURA

 

 

“El estilo es un tema muy sencillo; es todo ritmo —decía Virginia Woolf  en una carta —.Una vez que tienes eso, no puedes usar las palabras equivocadas. Pero por otro lado, aquí estoy sentada tras media mañana abarrotada de ideas, y visiones, y demás, y no puedo desalojarlas, por falta de ritmo correcto. Esto es muy profundo, lo que el ritmo es y va mucho más profundo que las palabras. Una visión, una emoción, crea la ola en la mente, mucho antes de hacer palabra donde encajarla; y en la escritura ( tal es mi creencia actual)  — lo decía en 1926 escribiendoAl faro” — uno tiene que recapitular esto, y asentar este funcionamiento ( que no tiene aparentemente nada que ver con las palabras), y luego, mientras rompe y tropieza en la mente, crea palabras para encajarla.”

(Imagen. – Sonia Kretschmar)

LA OBRA DE LOS DEDOS

 

 

“Al igual que la lectura — dice Giovanni Pozzi al elogiar el silencio —, la escritura es un proceso silencioso, pero animado por un movimiento inverso: la lectura extrae de los caracteres alfabéticos un significado y lo deposita en el espíritu; la escritura, en cambio, lo busca en el mismo espíritu y lo despliega en la página trazando un camino silencioso. La tinta corre sin gemir, y la pluma discurre por la superficie uniforme de la hoja sin raspar. Una vez completada la página, las curvas y astas de los caracteres dibujan sobre el blanco de la hoja contornos armónicos parecidos a los que forman el conjunto solitario de las flores de su parterre. El significado emana de ellos como el perfume emana de las flores. Este encantamiento no pertenece al mundo de las máquinas de escribir con sus repiqueteos oscilantes. Obra de dedos movidos por manos inertes y fijas, en lugar de por el movimiento de la mano entera que avanza al ritmo de la palabra, el texto escrito a máquina llega al mundo por cesárea y no por parto natural; máxime en el nuevo tipo de soporte electrónico, que rompe el tradicional vínculo entre la escritura y su soporte, inseparables hasta ahora. Los dedos no median, sino que dominan, y los caracteres ya no representan el silencio elocuente del texto impreso en la página en blanco, sino la locuacidad muda de la multitud metropolitana. Cruzarse sin saludarse, apiñarse sin tocarse, observarse fugazmente, encontrarse sin conocerse en la soledad de la masa inquieta.”

 

 

(Imágenes – 1- Henry Moore- 1979/ Janine Antoni – 2004- artnet)