“LA ENCAJERA” DE VERMEER

Lo más importante de este cuadro de Vermeer que tienen ustedes aquí — dijo el guía al pequeño grupo que estábamos en la sala —-es ese hilo blanco con el que la joven encajera está haciendo el encaje: un hilo que está pintado con una gran precisión lineal por ese gran arista holandés del siglo XVll que fue Vermeer. No sé si a ustedes esto les sorprenderá, pero esto es así. Podríamos habeles mostrado aquí la ”Muchacha con turbante” o Muchacha de la perla” de 1665, tan popular gracias a la literatura y al cine, pero el museo ha querido escoger esta ”Encajera”, quizá de 1669, que durante años ha estado en el Louvre, porque en este cuadro la mirada es distinta, aquí entramos en una intimidad total. La encajera está tan absorta en su trabajo, tan absorta en su hilo blanco, que ni siquiera nos ha visto entrar ni acercarnos. Así trabajamos nosotros muchas veces —no siempre — absortos en nuestra maquinaria, en nuestra palabra escrita, en nuestro pincel. Cada uno está absorto en su oficio y cada uno entregado al detalle más necesario y valioso. Respecto a este cuadro se ha dicho que quizá Vermeer mismo debe haber trabajado en su propio oficio con una intensidad igual a la que ha capturado aquí. Vale la pena señalar que varios escritores holandeses del siglo XVll compararon la aguja de una mujer con el pincel de un pintor. En cualquier caso, los hilos de colores vivos que se vierten de la caja de costura en forma de almohada que aquí aparecen y que se procesan con una pintura gruesa pero fluida, dan la impresión de confirmar esta comparación

Si ustedes se acercan más —- prosiguió el guía—- comprobarán que nosotros no vemos lo que ella está mirando, sino que esos hilos blancos y rojos que sobresalen de la almohadilla, tal como han sido colocados por el pintor, visibles para nosotros e invisibles para ella, están dedicados exclusivamente a nuestra mirada. Nos hacen sentir que miramos lo que mira la encajera, que vemos lo que ella ve, pero, al mismo tiempo, el pintor nos muestra que no vemos ni lo que ella ve, ni lo que ella mira. Sus párpados nos ocultan su mirada. Vermeer trabajaba muy lentamente y se concentraba en cuadros pequeños. La ubicación central de esta figura, junto al pequeño tamaño del cuadro, refuerzan la sensación de intimidad. No obstante, a pesar de esta sensación de proximidad con la encajera, nosotros, repito, —- dijo el guía— no podemos penetrar en su universo. La tapicería y la mesa se interponen entre el espectador y la encajera. Se ha dicho por muchos comentaristas — prosiguió— que la mujer que aquí aparece no es la esposa de Vermeer sino muy posiblemente un miembro de la burguesía de Delft. No lleva ropas de trabajo. Vermeer sugiere la total concentración de la encajera en su trabajo a través de la postura forzada de ella y el amarillo limón de su ropa, un color activo y psicológicamente intenso. Incluso su peinado representa en parte su estado físico y psíquico, pues está firmemente sujeto pero, al mismo tiempo, fluye en sus tirabuzones. Finalmente, los claros toques de luz que iluminan su frente y dedos enfatizan la precisión y claridad de visión que requiere este arte tan exigente del encaje. El cabello y las manos nacen de la luz que, a diferencia de la mayor parte de las obras de Vermeer, entra por la derecha, y no por la izquierda.

¿Usó Vermeer la ”cámara oscura” para pintar alguno de sus cuadros? , se han preguntado muchos especialistas. Es un debate que ha durado varios años y que ha provocado numerosas opiniones . No sé si ustedes recuerdan la admirable serie televisiva británica que ofreció el historiador y gran divulgador inglés Kenneth Clark con el título de ” Civilización”. Allí Clark decía que, resuelto a registrar exactamente lo que veía, Vermeer no despreció aquellos adelantos mecánicos de los que tan ufana estaba su época. En muchos de sus cuadros se encuentran las proporciones exageradas de la fotografía y la luz viene representada por esas bolitas que no se ven a simple vista pero que aparecen en el visor de algunas cámaras antiguas. Hay quien piensa que utilizaba la llamada «camera obscura», que proyecta la imagen sobre una hoja blanca; pero yo me imagino —- decía Clark — que miraría por una lente al interior de una caja con un trozo de vidrio deslustrado escuadrado, pintando después exactamente lo que veía. Sea como fuere, lo que aquí nos importa — en este cuadro muy elogiado por Renoir que opinaba que era uno de los lienzos más importantes del Louvre, y también por Malraux, entre otros —es la mirada, lo que ella mira absorta en su trabajo y lo que nosotros intentamos mirar de ella.

José Julio Perlado

(del libro “La mirada” ) ( relato inédito)

TODOS. LOS DERECHOS. RESERVADOS

(Imágenes— 1- Vermeer “La encajera”/ 2- Vermeer- “Lechera” – Amsterdam)

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