EL RITMO DE LA ESCRITURA

 

 

“El estilo es un tema muy sencillo; es todo ritmo —decía Virginia Woolf  en una carta —.Una vez que tienes eso, no puedes usar las palabras equivocadas. Pero por otro lado, aquí estoy sentada tras media mañana abarrotada de ideas, y visiones, y demás, y no puedo desalojarlas, por falta de ritmo correcto. Esto es muy profundo, lo que el ritmo es y va mucho más profundo que las palabras. Una visión, una emoción, crea la ola en la mente, mucho antes de hacer palabra donde encajarla; y en la escritura ( tal es mi creencia actual)  — lo decía en 1926 escribiendoAl faro” — uno tiene que recapitular esto, y asentar este funcionamiento ( que no tiene aparentemente nada que ver con las palabras), y luego, mientras rompe y tropieza en la mente, crea palabras para encajarla.”

(Imagen. – Sonia Kretschmar)

VIAJES POR EL MUNDO (25) : CALLES DE JAPÓN

 

 

“Por entonces Japónescribe el comerciante en objetos de arte Philippe Sichel en el siglo ´XlX — era un tesoro oculto de objetos de arte que uno podía adquirir a precios de ocasión. Las calles de las ciudades estaban llenas de tiendas de rarezas, telas y cosas empeñadas. Turbas de mercaderes se agolpaban a la puerta de uno al amanecer: vendedores de papiros o comerciantes de bronces que llevaban la mercancía en carretillas. Había incluso paseantes que muy de buena gana vendían cosas que se sacaban de debajo de la faja que se ceñía en su kimono. El aluvión de ofertas era tan incesante que uno acababa abrumado de cansancio y casi de repulsión por comprar. Sin embargo, aquellos traficantes de objetos exóticos eran comerciantes amistosos. Actuaban de guías, regateaban en nombre de uno a cambio de una caja de dulces infantiles y sellaban tratos comerciales ofreciendo en honor de sus representados grandes banquetes que culminaban con cautivantes actuaciones de bailarinas y cantantes.”

 

 

(Imágenes—1-Shin Yanagisawa- 1972/ 2-matsuri . festival japonés)

MELVILLE, FAULKNER, BRADBURY

 

 

“Faulkner y Melville son grandes escritores, no importa que no pudieran captar a las mujeres tan bien como F. Scott Fitzgerald. — decía Joyce Carol Oates —. La medida del genio es sui generis. Los genios no se comparan entre sí. Es decir, nadie le echa en cara a Chopin que nunca escribiera una ópera.

Melville — proseguía — vivió durante muchos años en el completo fracaso. Que un hombre de ese genio pudiera creer que era un fracaso es descorazonador. Es una de las historias más tristes de la literatura americana. Cuando estaba escribiendo Moby Dick no había ningún prototipo para ella, era una historia de aventuras, era una tragedia shakespeariana, era una especulación metafísica y filosófica. Nadie había hecho eso antes en América. Y cuando fue publicada recibió las más crueles, ignorantes y sarcásticas reseñas. Obviamente se le rompió el corazón, no ganó nada de dinero y después su vida dio un giro. Me identifico algo con él. Muchos escritores lo hacen. Es como si hubiéramos hecho lo mismo pero hubiéramos tenido más suerte. Cuando murió, su obituario en el New York Times hablaba de Henry Melville, hasta pusieron mal su nombre.”

 

 

Por su parte,  Bradbury contaba  que cuando John Huston le encargó el guión de Moby Dick en 1953, Bradbury le preguntó: “¿Qué quieres? ¿Perteneces  a la Sociedad Melville?”  Él dijo: “Quiero el Moby Dick de Ray Bradbury”. Yo dije: “Genial, eso es lo que te voy a dar”. Porque tengo que sentirlo, no puedo intelectualizarlo. E inmediatamente empiezas a cometer toda clase de errores, todo va a ser acartonado y superficial. Tienes que adentrarte en ello como lo hizo Melville. Melville se enamoró de Shakespeare. Shakespeare  se quedó bajo su ventana una noche y dijo: “Oh Lázaro, Herman Melville, preséntate ante mí”, y le arranca a Melville el alma del cuerpo. Y Moby Dick fue creado de una vez porque Shakespeare fue la parturienta. No hay intelecto. Todas las metáforas son automáticas.

 

 

En cuanto Melville cobraba conciencia de lo que estaba haciendo, — comentaba Bradbury —se volvía acartonado y no funcionaba. Pero cuando estaba sintiendo, cuando deja que Ahab y Shakespeare escriban por él — Shakespeare en el interior de Ahab —, entonces tienes un gran arpón en el costado de la ballena y él se lo está clavando y está escribiendo la novela en el costado de la ballena. ¡Pura y maravillosa emoción poética! Yo he leído muchas veces Moby Dick. Ese año en concreto lo leí nueve veces para  metérmela en la corriente sanguínea. Después, tras seis meses leyendo la novela, estando en Londres, una mañana me levanté de la cama y me miré en el espejo y me dije: “Soy Herman Melville”. Ese día reescribí el último tercio del guión. Fue emoción pura y me vino directamente.”

 

 

“También Faulkner  — continuaba  diciendo Joyce Carol Oates —fue denigrado en su casa y tratado muy, muy mal. Después ganó el Nobel y con mucho retraso el Pulitzer. Faulkner obtuvo su reputación en Francia y en Europa y después la obtuvo en  su casa. Eso podría haberle sucedido a Melville en el siglo XX, pero lo hizo demasiado temprano, era esencialmente  de una sociedad de pioneros, y ahí no había lugar para esa clase de escritores.”

 

 

(Imágenes-1-Faulkner- foto Alfred Eriss – time lige pictures getty Images/ 2-Ray Bradbury – windgedtiger com/ 3- Melville/ 4- cadena ser/ 5- William Faulkner)

EL ESCRITOR QUE NUNCA ESCRIBIÓ UN LIBRO

 

 

‘El escritor Joseph Joubert nunca escribió un libro. Sólo se preparaba a escribir uno —recuerda Maurice Blanchot—, buscando decididamente las condiciones justas que le permitieran escribirlo. Luego olvidó también ese propósito. Más precisamente, lo que buscaba, esa fuente de la escritura, ese espacio donde poder escribir, esa luz que debiera circunscribirse en el espacio, exigió de él y afirmó en él disposiciones que lo hicieron inepto para cualquier trabajo literario ordinariamente o lo desviaron del mismo. En esto fue uno de los primeros escritores totalmente modernos, prefiriendo el centro antes que la esfera, sacrificando los resultados para descubrir las condiciones de éstos y no escribiendo para añadir un libro a otro, sino para apoderarse del punto de donde le parecía que salían todos los libros, y el cual, una vez alcanzado, lo eximiría de escribirlos.”

Singular personaje y singular destino.

 


 

(Imágenes —1-Twombly- 1970/ 2-Saul Leiter-paris- 1959)

ES MÁS TARDE DE LO QUE CREES

 

 

“Repasa Lorraine Harrison los relojes de sol al hablar de los jardines  y recuerda que “constituyen atractivos complementos. Existe constancia de la existencia de relojes de sol ya hacia el 1500 antes de Cristo y de esferas armilares en torno al 250 a de C. Ahora que sus funciones originarias  resultan innecesarias, se emplean como elementos decorativos, creando pequeños focos de atención en el paisaje. La contemplación serena de un reloj de sol puede suscitar en el observador reflexiones sobre el paso del tiempo y la mortalidad humana. Las inscripciones son a menudo parte integral de su diseño; en Bateman’s, el jardín de Rudyar Kipling en Sussex (Inglaterra), el reloj de sol porta la leyenda: “Es más tarde de lo que crees.”

 

 

(Imágenes- 1- Andre Kerstesz-reloj de la Academia Francesa/ 2-David Kezevadze)

LA CURIOSIDAD Y EL ASOMBRO

 

 

“La curiosidad acaba desarticulando las cosas para saber cómo son —decía Rof Carballo –: quizás. en definitiva. sea lo que conduce al mundo técnico. En cambio, el asombro conduce al respeto, al maravillado respeto frente al misterio de las cosas, la belleza del mundo o el destino del hombre. Del asombro surge la veneración. El hombre del asombro es el hombre capaz de veneración, lleno a la vez de íntima mesura y de tensión religiosa, de ardor y de temor.

El hombre de la curiosidad acaba desmenuzando las cosas y viendo que  detrás de ellas no hay nada, acaba en la soberbia, en el escepticismo o en la melancolía; el hombre del asombro acaba viendo que el último saber del hombre es que nada sabe, acaba en  la cultura y en la humildad, dos cosas que pueden abrirle a una más grande, a la fe. Una de las más importantes cualidades de la personalidad madura es la de estructurar jerárquicamente la realidad. Descubrir las jerarquías de la realidad es descubrir el mundo de los valores.

El psicoterapeuta ha de ser hombre de asombro, no hombre de curiosidad.”

(Imagen –Cyrille Druart – 2018)

EL PRINCIPITO

 

 

“La aparición de unos esbozos de los dibujos para “El Principito” me llevan a releer una de las páginas del libro:

”Este es, para mí, el paisaje más hermoso y el más triste del mundo. Es el mismo paisaje de la página precedente, y lo he dibujado una vez más para mostrároslo bien. Aquí es donde el Principito apareció sobre la tierra, y luego desapareció. Mirad atentamente este paisaje, para que estéis seguros de reconocerlo, si viajáis un día, en África, por el desierto. Y, si llegáis a pasar por allí, os lo suplico, no tengáis prisa; esperad un poco; ¡Justo bajo la estrella! Si entonces va hacia vosotros un niño, si sonríe, si tiene el cabello de oro, si no responde cuando se le pregunta, sin duda adivinaréis quién es. Entonces, ¡sed buenos! No me dejéis tan triste: escribidme enseguida diciéndome que ha regresado…”

 

 

(Imágenes- : dibujos de “El Principito’)

¿POR QUÉ VA LA GENTE AL CINE?

 

“¿Por qué va la gente al cine?— se pregunta Tarkovski en “Esculpir en el tiempo” — ¿Qué les lleva a una sala oscura donde durante dos horas pueden observar en la pantalla un juego de sombras? ¿Van buscando el entretenimiento, la distracción?  ¿Es que necesitan una forma especial de narcótico?  Es cierto que en todo el mundo existen consorcios de entretenimiento, que explotan para sus fines el cine y la televisión lo mismo que muchas formas del arte. Pero éste no debería ser el punto de partida, sino que más bien habría de partir de la naturaleza del cine, que tiene algo que ver con la necesidad del hombre de apropiarse del mundo. Normalmente, el hombre va al cine por el tiempo perdido, fugado o aún no obtenido. Va al cine buscando experiencia de la vida, porque precisamente el cine amplía, enriquece y profundiza la experiencia fáctica del hombre mucho más que cualquier otro arte; es más, no sólo la enriquece, sino que la extiende considerablemente. Aquí, y no en las “estrellas“, ni en los temas ya gastados ni en la distracción, aquí reside la verdadera fuerza del cine.”

 

 

Pero hay muchas más razones por las que la gente va al cine. El historiador Peter  Burke, evocando las relaciones entre cine e Historia o cine y sociedad, recordaba por ejemplo “que la cultura material de las clases altas del siglo XlX es evocada de modo fascinante en las escenas de la alta sociedad de Palermo en “El Gatopardo”, de Visconti,  o en las escenas de la Nueva York elegante de “La edad de la inocencia”, de Martin Scorsese; la de la aristocracia rural en “Orgullo y prejuicio”, de la BBC, y la de la clase trabajadora de los años treinta en la escena del restaurante de “Roma”, de Federico Fellini.”

Poe estas y por mil razones más va la gente al cine.

 

 

(Imágenes -1-Tarkovski rodando una película/ 2- Tarkovski y Robert Bresson- 1983/ 3- escena de “El Gatopardo”)

PISSARRO

 

 

“Acuérdate —le decía Pissarro a su hijo  — que es la voluntad lo que lo hace todo. La voluntad de levantarte pronto por la mañana, de ir rápidamente a tu trabajo, de abstraerse, de crear todo un mundo. Pero eso no es aún bastante, la voluntad más grande es la de crear una obra que los otros deban comprender.”

 

 

”Yo trabajo como un negro, hijo mío, tengo diez cuadros frente a mi, con todos sus efectos.., figúrate tú desde mi ventana el barrio nuevo de Saint-Sevet, justo enfrente la estación de Orleans toda nueva y brillante, y con multitud de chimeneas enormes y pequeñas. En el primer plano, barcos y agua, a la izquierda la estación y el barrio obrero que corre a lo largo de los muelles hasta el puente de hierro: es la mañana ante un sol brumoso… , es bello como Venecia, tiene un carácter extraordinario, ¡es bello!… es el arte y nuestras propias sensaciones. No existe más que este motivo, hay maravillas a derecha e izquierda…Yo amo mucho más esto  que la hipocresía de los sentimientos…”

 

 

’He comenzado, hijo mío, mi serie sobre los Bulevares; es un motivo grandioso que es necesario interpretar con todos los efectos posibles pero que es terriblemente difícil, es casi representar a vuelo de pájaro automóviles, ómnibus, personajes entre los grandes árboles, grandes mansiones que es necesario pintar… No hace falta decirte que es urgente que yo me ponga a la tarea.”

 

 

Gauguin decía de él: “Si se examina la obra de Pissarro en su conjunto, se encuentra en él, a pesar de sus fluctuaciones, no sólo una excesiva voluntad artística que no se desmiente jamás, sino también un arte esencialmente intuitivo de hermosa estirpe… ¡Imitó a todo el mundo, diréis! ¿Por qué no? Todo el mundo lo ha imitado también, pero reniega de él. Fue uno de  mis maestros y no reniego de él.”

 

 

(Imágenes —1- pixels/ 2- Cristies/ 3-reprobart/ 4- rue Saint Honore – 1897/ 5- Pissarro)

EL VIEJO RELOJ DE MI PADRE

 

 

“En mi infancia —evocaba Ingmar Bergman —había en las revistas una especie de imágenes que consistían únicamente en cifras y puntos. Uno tenía que trazar líneas entre los puntos con un lápiz. Poco a poco aparecía un elefante, o una bruja, o un palacio. Yo dispongo de noticias fragmentarias, narraciones cortas, episodios aislados, ésos son los puntos numerados. Trazo mis líneas con la, tal vez, vana esperanza de que surja un rostro. ¿ Tal vez lo que diviso es una verdad sobre mi propia vida?¿ Por qué, si no, me empeño con tanto afán? El viejo reloj de mi padre hace tictac infatigablemente en su soporte sobre mi escritorio, lo cogí de su mesilla de noche cuando murió una tarde a finales de abril de 1970. El reloj hace tictac, tiene casi cien años. Un día se paró inexplicablemente. Yo me sentí angustiado, me imaginé  que mi padre desaprobaba lo que escribía, que declinaba esta tardía atención. Por mucho que atornillé, sacudí, hurgué y soplé, no hubo forma de que el segundero se pusiera en marcha. El reloj quedó depositado en una casilla aislada del escritorio, fue un pequeño divorcio. Yo iba a echar de menos el pulso del tictac y la discreta advertencia de que los días están contados. Y mientras, el reloj en su casilla, reflexionando. A la mañana siguiente abrí el cajón y miré, pero sin esperanza ninguna. El reloj marchaba con toda su alma. Tal vez fuera un buen augurio. Cuento esto como un episodio que haga sonreír. Yo, sin embargo, estoy serio.”

 

 

(Imágenes:  -1-reloj fabricado por tasma en 18o6- museo doorzoeck -het gehengen van nederland/ 2- reloj de arena – 1776- Forun horlogerie suisse)

LA VIOLETA

 

 

“Hay belleza en el lirio inmaculado

de majestad emblema,

hay belleza en el cáliz nacarino

de la blanca azucena,

hay belleza en la rosa purpurina

y en el albo reseda,

hay belleza en la nítida corola

de la nívea camelia,

hay belleza en el pálido junquillo

y en la suave diamela,

hay belleza en el triste pensamiento

y no hay flor en la cual no haya belleza,

pero hay una que es flor entre las flores

con ser la más modesta,

una flor de fragancia incomparable,

delicada y pequeña,

una flor que en un lecho de esmeraldas

oculta su belleza,

una flor que un encanto misterioso

en su cáliz encierra,

un encanto ideal, indefinible

que no hay flor que contenga,

una flor para mí como ninguna,

una flor que se llama ¡la violeta!”

Delmira Agustini“La violeta” – (en “La petite revue’, septiembre de 1902)

 

 

(Imágenes —1- violetas

 

LOS SUEÑOS DE LOS ARTISTAS

 

 

“Los sueños siempre tienen gran importancia para mí cuando escribo — decía Graham Greene —. A veces es tal la indentificación con un personaje que el autor sueña los sueños de él, y no los propios. Supongo que todos los autores habrán recibido la misma ayuda desde el inconsciente.”

Estos días el neurocientífico Mariano Sigman recuerda cómo  “muchas historias sugieren que el sueño es de hecho una fábrica creativa. Quizás la más extraordinaria – dice –  sea la de Paul McCartney que cuenta que despertó de un sueño con una melodía. Apurado, para no olvidarla, le puso una letra sobre unos huevos revueltos y solo un tiempo después, le dio la letra que hoy todos conocemos: Yesterday. La que quizás sea la canción más famosa  del siglo XX,  nació en un sueño.“

 

 

Borges ha dedicado muchos textos a la relación entre sueño y creación y las confesiones de los artistas nos desvelan esa atmósfera entre lo soñado y lo escrito, entre lo pensado en el sueño y lo que luego se va a realizar.  Relataba el escritor alemán Paul Heyse, Premio Nobel de Literatura: “Desde luego, la mejor parte de toda invención artística es la que se produce en un impulso secretamente inconsciente, muy afín al estado onírico, de manera que se puede aplicar también a esta actividad del cerebro humano la frase que dice : “Dios da su amor en el sueño”. Pero las más de las veces la actividad sonámbula de la fantasía reviste el carácter del mundo onírico por el hecho de prescindir de relaciones claramente establecidas. ¿A quién  no se le ha ocurrido el ponerse  a hacer versos en sueños, versos que el propio soñante admira, hasta que a la mañana siguiente, al despertar y retenerlos unos instantes en la memoria consciente, comprueba que no son más que ripiosas inepcias, desprovistas de todo sentido? De este modo también la fantasía novelística echa a correr en sueños e inventa toda clase de aventuras. Muchas veces, especialmente en el semisueño de la mañana, me ha sido dado hallar motivos que luego, al despertar naturalmente, seguí elaborando hasta configurar una obra. Fue de este modo como se originó una de mis novelas, una espantosa lucha, durante el sueño, con un animal monstruosamente fantástico. Otra vez me ocurrió que un cuento verdaderamente apasionante me fue “dictado” prácticamente mientras soñaba.”

 

Gelatin Silve

 

(Imágenes- 1-Jerry Uelsman/ 2-Lee Lawson/3- Gelatin Silve)

AQUELLA MAÑANA DE AGOSTO

 

 

”Recuerdo aquellas  zapatillas azules de verano con unos pequeños cordones blancos y con una suela muy fina y cómoda con las que yo había marchado tantas veces deprisa, de modo especial en aquella mañana de agosto tan luminosa que aún tengo en la memoria, aquel  camino de gravilla, el sol brillaba pero aún no calentaba, una mañana virgen podríamos decir, al menos a mí siempre me pareció virgen, todo había que ir inaugurándolo, todo quedaba inaugurado con solo tocar y avanzar con aquellas zapatillas azules entre los setos, quedaba todo encendido, las sombras y las penumbras estaban agazapadas tras las flores, indudablemente eran sombras terribles, altas como edificios, sombras como conflictos, eran los necesarios conflictos que presenta toda una vida con sus ventanas de mañanas y tardes mostrando sus  problemas, pero ahora el camino y la arenilla y la gravilla bajo mis zapatillas y mis pies no me dejaban ver conflicto alguno, no existían los conflictos, al menos yo no los percibía, es como cuando uno está enamorado y le preguntan los defectos del otro o de la otra y uno se asombra, “¿pero cómo va tener defectos?”, contestan, “¡ si es que no los tiene ¡”,  y así iban mis zapatillas asombradas de todo cuanto veían en aquel camino, que no era únicamente flores y diminutos insectos bajo el sol, con alguna que otra mariposa  que pasaba y una pequeña brisa en torno mío, sino que era sobre todo el porvenir, un porvenir que no me parecía incierto sino radiante y lleno de aventura. “

José Julio Perlado – (del libro “Recuerdos”) (texto inédito)

 

 

(Imágenes-1-Jan Stanislawski/ 2-Charles Burchfield)

FEDERICO Y MIGUEL

 

”A Federico se le ha comparado con un niño, se le puede comparar con un ángel, con un agua ( ‘mi corazón es un pozo de agua pura’, decía él en una carta ), con una roca   — recordaba Vicente Aleixandre en “Los encuentros”  —; en sus  más tremendos momentos era impetuoso, clamoroso, mágico como una selva. Cada cual le ha visto de una manera. Los que le amamos y convivimos con él le vimos siempre el mismo, único y sin embargo cambiante, variable como la misma naturaleza.  Por la mañana se reía tan alegre, tan clara, tan multiplicadamente como el agua del campo, de la que parecía siempre que venía de lavarse la cara. Durante el día, evocaba campos frescos, laderas verdes, llanuras, rumor de olivos grises sobre la tierra ocre; en una sucesión de paisajes españoles que dependía de la hora, de su estado de ánimo, de la luz que despidieran sus ojos; quizá también de la persona que tenía enfrente.”

 

 

“En el rostro de Miguel Hernández  — decía también Vicente Aleixandre — brillaban claros los ojos y claros, clarísimos, los dientes. Rompían entre el ocre de su tez, barro cocido, amasado y abrasado y capaz de contenerse, y rebosar, el agua más fresca. Porque esta era la realidad. Los  pómulos abultados, el pellizco de la nariz, la anchura de su cara, afinada en su base, asociaban este rostro a la imagen  de una vasija de barro popular, gastada y suavizada por el tiempo de su uso, pero enteriza siempre.”

 

 

 

(Imágenes-1-Federico García Lorca.- Huerta de San Vicente – Granada -Wikipedia/ 2- Miguel Hernández – ABC  es/ 3- firma de García Lorca)

EVOCACIÓN DE LOS OLORES

 

 

“La infancia tiene sus olores— evocaba Jean Cocteau—. Yo recuerdo, entre otros, el del engrudo con que pegaba las estampas recortadas en la habitación cuando estaba enfermo; el de los tilos que se volvían locos al aproximarse una tormenta; el delicioso de la pólvora de los cohetes disparados que, clavados a su armazón, podía recoger sobre la hierba al día siguiente de los fuegos artificiales; el olor del árnica para las picaduras de avispas; el del papel mohoso de una vieja colección de revistas; el que despedía el viejo y antiguo ómnibus que llevaba a toda la familia a misa, desenganchado en la cochera, donde, en revuelto montón, se apilaban regaderas, picos, juegos de “croquet” y tragabolas. Y puedo añadir el  tufo penetrante del estiércol en el corral. Sin olvidar el aroma de las macetas de geranios del invernadero ni el olor del estanque con sus ranas muertas en actitudes de tenor con una mano sobre el corazón. Andando el tiempo, había de conocer el olor de Marsella, que da esperanza; el ámbar gris, que irrita la piel y hace enrojecer; el de lirios mustios de las alcobas.

 

 

Pero ninguno de estos olores eclipsa el olor del circo, el olor del Circo Nuevo, el gran olor maravilloso. Sabíamos que estaba compuesto por excrementos de caballos, barreduras de alfombras y de cuadras y sudores cuantiosos; pero, además, algo indescriptible, algo que escapa al análisis, mezcla de ilusión y de júbilo que se agarraba a la garganta, que la costumbre alzaba, en cierto modo, sobre el espectáculo y que hacía las veces de telón. Y la riqueza profunda del estiércol de mi infancia me ayuda a comprender que ese olor de circo es un estiércol sutil que vuela, un polvo de estiércol dorado que sube bajo la cúpula de cristales, irisa los globos de luz y pone un nimbo de gloria alrededor del trabajo de los acróbatas; luego desciende y ayuda poderosamente  a que florezcan los payasos multicolores.”

 

 

(Imágenes—1- Flores- lobusgratis/ 2- Camille Bombois/ 3- Augusto Giacometti – 1923)

RETRATO DE LA MAGNANI

 

 

“Dios, ¡ qué bella es esta mujer fea, despeinada, sin afeites, que se yergue ante mí y, a través de los cristales, contempla discurrir la vida de la ciudad! “—con esta observación y esta pluma el gran periodista italiano Indro Montanelli evocaba su encuentro con Anna Magnani en Milán —.” No por un gesto de la mano, sino aterrorizados por el resplandor de los ojos sobre los que hacían sombra, los cabellos se le han alzado sobre la frente de mármol y ahora se pliegan dócilmente de lado y bajan a lamerle la mejilla en una caricia consoladora, mientras una lágrima, contenida, al parecer, hace años, le brota de lejos entre las pestañas y viene a ablandar la mirada dura y triste que naufraga en ellas lánguidamente.

 

 

Aquí está tal cual la vi aquella noche, con los negros cabellos desgreñados sobre la frente sin necesidad de peluquero, entre los cuales brillan los ojos duros y tristes dentro de las hondas órbitas. Estos ojos saben encenderse y reír, cuando quieren; sonreír, jamás. Ella no los fuerza a una expresión jovial ni siquiera cuando ahora viene a mi encuentro al umbral de su habitación; los deja en estado bravo, en armonía con el resto de su persona, o sea con su dureza y tristeza habituales. Tal vez está cansada; tal vez me considera demasiado astuto y ya demasiado amigo para tener que recurrir a semejantes coqueterías que, evidentemente, le pesan.

La había visto antes en Roma. Estaba tumbada a lo largo de una poltrona, fumó uno detrás de otro media docena de cigarrillos, y se calló terca y largamente, insensible al homenaje que demostraban rendirle las otras amigas que, por no turbar su hipocondría, hablaban en voz baja y siempre dedicándole a ella su conversación,  aun cuando no la miraban y daban a entender que la ignoraban. “¿Qué has hecho hoy, Nannare?”, le preguntó finalmente un jovenzuelo con el pelo lustroso de brillantina, cuyo deseo de mostrar su intimidad con “Nannarella” había ido demorándose hasta hacerse incontenible. “ He ido al mar” , respondió ella sin levantar la vista del suelo. Y todos se echaron a reír locamente, como si hubiera pronunciado la más ingeniosa de las frases.  Anna no se movió de su postura con la cabeza gacha, y prosiguió al poco en voz baja: “He ido al mar para enseñárselo a la niñera de mí hijo, que es campesina y no lo había visto nunca. Se ha quedado pasmada. Se resguardó detrás de mí, por un momento, y tirándome de la falda me dijo: “Vámonos, señora, vámonos antes de que todas esas piedras blancas y azules se nos echen encima.”

 

 

(Imágenes-1-foto publicitaria con su firma/ 2- Anna Magnani -Fabri editori/ 3-colognoisseur)