PÁJAROS EN LAS PARTITURAS

El vuelo de los pájaros es un arte afín a la música – recuerda Len Howard en “Los pájaros y su individualidad“, del que ya hablé en Mi Siglo – que tiene como base el ritmo y la sensación del movimiento. (…) Los músicos, cuando tocan, están en un estado en que reaccionan con rapidez, como los pájaros durante esos vuelos, y en los buenos conciertos de música de cámara – sin director – los músicos sienten conjuntamente, como un todo, no como individuos separados que tocan cada uno una parte distinta. Se concentran en la música en su integridad, no sólo en su propia parte. (…) Lo mismo que seres humanos de sensibilidad especial pueden unirse bajo el impulso de la misma emoción, es muy posible que así lo hagan los pájaros, que son sin duda mucho más rápidos en sus reacciones. Bajo el ímpetu de la ejecución, a los músicos los arrastra una corriente viva que es una especie de vida en sí y no sólo se impresionan ellos mismos, sino que el auditorio puede sentir esa misma impresión. Cuando los pájaros pasan cerca de nosotros, volando rítmicamente en esos vuelos simultáneos, el efecto que producen sobre las personas sensibles a estas cosas es muy fuerte; hay una excitación y un estremecimiento que emanan de la bandada; el vuelo de los pájaros se siente a la par que se ve”

Después los pájaros descienden. A algunos de ellos –ya  lo dejé escrito aquí – les gusta pasearse sobre los atriles de los músicos, mordisquear las notas, picotear gozosos – como ocurre en Bortkiewicz – el borde vibrante de las partituras.