LA COSTUMBRE DE LO OCULTO

“En cada casa debe haber por lo menos un espacio cerrado. La quintaesencia de las casas no está en su centro, en el espacio abierto a las miradas, sino en el fondo: debajo, arriba, en un lugar siempre difícil y poco frecuentado. Me gustan las covachas, los desvanes, las cambras, los sótanos e incluso los cuartos traseros; me gustan no para entrar como Pedro por su casa sino para saberlos desconocidos; en su existencia se cifra la salud de toda casa, son sus glándulas y su metabolismo.

Siempre he sospechado de esas gentes que se abren de puertas y se enseñan como si fueran guías de su propio museo: un alma fina, delicada, lo mismo que un destripador o un  alquimista, debe guardar algún secreto. Aún hoy que estoy en decadencia y vivo en un departamento, mantengo la costumbre de lo oculto. En la recámara del fondo, entre periódicos, fotografías, ropa usada, persevera el secreto. En esa habitación entro una o dos veces al año, abro la puerta y saco una caja de cartón o una corbata”.

Antonio Deltoro

(Imágenes.-1.-The Lower India Room at Penrhyn Castle, Gwynedd, Wales 2.-Edward Lamson Henry)

“EL HOBBIT” DE TOLKIEN

“Ser entrevistado – confesaba Tolkien en 1967- me resulta cada vez mas fastidioso y perturbador”. El autor de “El Señor de los Anillos padecía de artritis, y tenía que ser entrevistado de pie; caminaba de un lado para el otro y usaba continuamente la pipa, según se cuenta en sus Cartas. Intentaba preservar su intimidad creadora: ” Se me ha informado – dijo en una ocasión – que la Weekend Telegraph tiene intención de que su artículo aparezca ilustrado por una serie de fotografías tomadas mientras estoy trabajando y en casa. En ninguna circunstancia acordaré ser fotografiado otra vez con semejante propósito. Considero todas estas intromisiones en mi intimidad una impertinencia (…) Mi trabajo necesita concentración y paz de ánimo”.

Entre los partidarios y no partidarios de Tolkien se han sucedido abundantes declaraciones. Ursula Le Guin afirmaba de él que “como todos los grandes artistas, escapa de la ideología porque es muy veloz para sus redes, muy complejo para sus simplicidades, muy fantástico para su racionalidad y muy real para sus generalizaciones“. C. S. Lewis,  al comentar “El hobbit, anotaba que este libro “les resultará más divertido a sus lectores más jóvenes y, sólo años después, en una décima o vigésima lectura, comenzarán a percatarse de qué copiosa erudición y profundas reflexiones consiguen que todo sea tan maduro, tan familiar y, a su manera, tan cierto”. En el universo de Tolkien,  Moria, ha sido minuciosamente reseñada por Alberto Manguel en su “Diccionario de lugares imaginarios” como “la ciudad de los enanos más antigua e importante, tesoro inabarcable para el geólogo amateur. En ella los enanos forman un pueblo singularmente rudo, práctico y obstinado“.

Pero en cuanto a la referencia y al dibujo de los propios hobbits -más que en declaraciones a periodistas – Tolkien se expresa con gran detalle a lo largo de su correspondencia. “Imagino – dice en 1938, intentando ayudar a los ilustradores para futuras ediciones de su novela -una figura bastante humana. Una cara redonda y jovial; orejas sólo ligeramente puntiagudas; el pelo corto y rizado ( de color castaño). Los pies, desde los tobillos hacia abajo, cubiertos de pelos castaños. La ropa: pantalones de terciopelo verde; chalecos rojos o amarillos; chaqueta verde o castaña; botones de oro (o bronce); una capucha y capa de color verde oscuro (propia de un enano)”. “Y se los hace “pequeños”  – se añade en las Notas a las “Cartas”en parte para exhibir la mezquindad del hombre, del hombre estrecho de miras y poco imaginativo, aunque no con la pequeñez ni el salvajismo de Swift, y sobre todo para mostrar en criaturas de muy escasa potencia física el asombroso e inesperado heroísmo de los hombres ordinarios “en casos de apuro”.

(pequeño apunte cuando “El Hobbitcumple estos días 75 años)

(Imágenes.-1.-“El Hobbit” ilustrado por Alan Lee/ 2.-. Tolkien leyendo/ 3.- la colina de Hobbiton, donde se encuentra la casa de Bilbo Bolsón.-wikipedia)

(video: ilustraciones de Alan Lee)

EL SILENCIO DE LOS ESPACIOS

“La noche se pregunta quién soy yo.

Yo soy su secreto profundo, inquieto

y negro, su secreto rebelde.

He escondido mi esencia en el silencio.

He envuelto el corazón en conjeturas,

y me he quedado aquí, pálida, inerte,

viendo cómo los siglos se preguntan

quién soy”.

Nazik Al -Malaika

“Hubiera preferido

irme a dormir sin más demora,

pero pasé toda la noche

contemplando la luna solitaria

hasta que se ocultó en el horizonte”.-se lee en “Cien poetas, cien poemas(Hyakunin Isshu)

(Imagen.-Anton Piek)

(video: Venus-Lunar Occultation 2012.-August.-Taebaek. Korea.-Kwon.-O Chul)

PIANOS DE MARINA TSVIETÁIEVA

“En cualquier infancia musical hay: uno, dos, tres -cuatro pianos.- recuerda Marina Tsvietáieva en el delicioso libro “Mi madre y la música(Acantilado) – En primer lugar – aquel delante del que estás sentado (¡cuánto padeces y cuán poco te enorgulleces!). En segundo lugar – aquel delante del que otros se sientan – mi madre se sienta – es decir: te enorgulleces y te complaces. (…) El tercero y, probablemente, el más largo, – es aquel debajo del que estás sentado: el piano desde abajo es un mundo subacuático y subpianísitico. Subacuático no sólo por la música que se derramaba sobre la cabeza: detrás del nuestro, entre él y las ventanas que su masa negra tapaba, bosquejadas y en él reflejadas como un lago negro, había flores, palmas y filodendros, que

transformaban el parquet debajo del piano en un auténtico fondo acuático, con luz verde en las caras y en los dedos, y verdaderas raíces que podían tocarse con las manos, y donde, como enormes seres fantásticos, se movían silenciosos los pies de mi madre y los pedales”. Un canto a la infancia, a la intimidad, a la madre y también a la robustez y volumen del sonido del piano evocado por esta destacada poeta rusa.(El Premio Nobel Joseph Brodsky en “Menos que uno” dedicó un luminoso ensayo a Tsvietáieva)  Los cinco pianos se suceden en sus recuerdos y sus teclas presionadas por los dedos van resucitando lentamente las

escenas. “El cuarto piano  – dice – :aquel encima del que estás: lo miras y, en mirándolo, entras en él; el mismo que, con el paso de los años, al contrario de la entrada en un río y de toda ley de profundidad, primero es más alto que tú, después te llega a la garganta (¡y es como si te cortara la cabeza con su negro filo más frío que un cuchillo!), después al pecho, y después, finalmente, a la cintura. Lo miras y, en mirándolo, te miras a ti mismo, haciendo coincidir poco a

poco con su negra y dura frialdad, primero la punta de la nariz, después la boca, después la frente. (…) El piano fue mi primer espejo, y la primera toma de conciencia de mi propio rostro fue a través de la negrura, de su traducción a la negrura como a una lengua oscura, pero comprensible. (…) Y, finalmente, el último piano – aquel al que te asomas: el piano de las entrañas, las entrañas del piano, sus entrañas de cuerdas, como toda entraña – misterioso, el piano de Pandora: “¿Qué hay allí dentro?” – ese al que Afanasi Fet aludió en un verso comprensible sólo para el poeta y el músico, una línea que asombra por su visualidad:

“El piano estaba todo abierto,

y en él las cuerdas se inquietaban…

Pianos de infancia, escenas musicales, páginas musicales de infancia…

(Imágenes.-1.- Pierre- Auguste Renoir/ 2.-Carl Larsson.-1908/3.-Theodore Robinson.-1887/ 4.-Willen Haenraets/ 5.-La tapa:  “Encuentro de Isaac y Rebeca”.- Marc Chagall.-1980.-Museo Nacional Marc Chagall.-Niza)

CANCIÓN PARA CANTAR UNA CANCIÓN

“Esa música…

Insiste, hace daño

en el alma.

Viene tal vez de un tiempo

remoto, de una época imposible

perdida para siempre.

Sobrepasa los límites

de la música. Tiene materia,

aroma, es como polvo de algo

indefinible, de un recuerdo

que nunca se ha vivido,

de una vaga esperanza irrealizable.

Se llama simplemente:

canción.

Pero no es sólo eso.

Es también la tristeza”.

Ángel González.-“Canción para cantar una canción”.-“Intermedio de sonetos, canciones y otras músicas”

(Imagen.-Birch Tree Autum, Crested Butte, Colorado.-foto besttravelphotos)

 (Hiver.-Danielle Messia)

LECCIONES DE LA TRADUCCIÓN

“He tenido la suerte – ha confesado Sergio Pitol – de poder traducir a muchos autores y lo que he aprendido de ellos es impagable. Pocas actividades son tan fértiles para el escritor como la traducción. Traducir permite ingresar en los rincones más ocultos de una obra, desarmarla para contemplar, después, cómo toma forma ante nuestros ojos. Pocas experiencias me han servido tanto como traducir ese portento formal que es “El buen soldado” de Ford Madox Ford. Traducirlo fue poder desenmarañar esa confusa red de secretos, chismes, mentiras y verdades a medias que tejen su trama. Salí de esa experiencia transformado, con el ánimo y la energía, hasta entonces desconocidas, para comenzar a escribir novelas”.

De la traducción y de sus cualidades he hablado más de una vez en Mi Siglo comentando palabras de Miguel Sáenz, gran traductor de grandes autores. En el mismo libro en el que Pitol alaba los beneficios de la traducción – “Mil bosques en una bellota(Duomo/ Perímetro)  y en el que diversos escritores seleccionan las páginas predilectas de su obra -, Javier Marías declara que “si tuviera una escuela de escritura, que no sería el caso, pero si la tuviera, sólo aceptaría a alumnos que dominaran al menos dos idiomas, y los pondría a traducir. Porque resulta que no sólo eres un lector privilegiado, sino también un escritor privilegiado si eres capaz de renunciar a tu propio estilo, en caso de tenerlo, y si puedes adoptar el estilo de otro – el cual siempre es mucho mejor que tú, al menos si traduces clásicos -, y eres capaz de reescribirlo en tu idioma de un modo aceptable, mejo aún de manera espléndida, afinas tus instrumentos y después escribes muchísimo mejor”.

“Afinar los instrumentos”. La traducción es una de las maneras de afinarlos adentrándose en la calidad de los textos. Otro distinto aprendizaje – y también muchas veces practicado – es el de la lectura y la memoria. Cuenta George Steiner que cuando estaba escribiendo “Presencias reales tomó la costumbre de empezar leyendo una página de Coleridge. “Me ha hecho gran efecto – dice. Me produce la impresión de una música del pensamiento que está mucho más allá de mi alcance. En alemán con frecuencia es un poema; en italiano son muy pocos los días en que no leo un poco de Dante. Me acompaña constantemente, constantemente”.

Como los copistas se acercan a sublimes voces procurando encontrar su propia voz,  así algunos escritores avanzan por la selva de las lenguas y otros escuchan – antes de comenzar-  el tono de muchos de sus antepasados.

(Imágenes.-1.-Paul Cézanne.-retrato de Gustave Geffroy.-Museo D`Orsay/ 2.-Man Ray.- autorretrato.-1900/ 3.- Thomas Pole.-Bristol.-1805-1806.-in the library.-Bridgeman Art Library.-Bristol City Museum and Art Gallery)

LA LUNA

“La luna se puede tomar a cucharadas

o como una cápsula cada dos horas.

Es buena como hipnótico y sedante

y también alivia

a los que se han intoxicado de filosofía.

Un pedazo de luna en el bolsillo

es mejor amuleto que la pata de conejo:

sirve para encontrar a quien se ama,

para ser rico sin que lo sepa nadie

y para alejar a los médicos y las clínicas.

Se puede dar de postre a los niños

cuando se han dormido,

y una gotas de luna en los ojos de los ancianos

ayudan a bien morir.

Pon una hoja tierna de la luna

debajo de tu almohada

y mirarás lo que quieras ver.

Lleva siempre un frasquito del aire de la luna

para cuando te ahogues,

y dale la llave de la luna

a los presos y a los desencantados.

Para los condenados a muerte

y para los condenados a vida

no hay mejor estimulante que la luna

en dosis precisas y controladas”.

Jaime Sabines

(Imágenes.- 1.-Frederick Marriott.-moonlight.-Taranta.-Italia/ 2.-Alain Manesson Mallet.-descripción del universo.-vista de la luna. siglo XVll/ 3.-Edward Moran.- vela a la luz de la luna en el puerto de Nueva York)

DULCES

“El dulce no es, propiamente, un alimento – opina Alberto Savinio en su Nueva enciclopedia(Acantilado)- El dulce estimula más la fantasía que el estómago: ese ángulo recóndito de nuestra fantasía que se inspira en la voluptuosidad de los sabores. Los hombres que carecen de fantasía de este tipo consideran al dulce un añadido inútil, una superfluidad, un lujo. En el orden de los alimentos el dulce ocupa el lugar del vicio, y mejor que una lástima cabe decir que es dulcísimo. Y hay razones muy precisas para que el dulce se sirva al final de la comida, porque no aceptamos los dulces sino una vez saciada el hambre, apagada la necesidad. Viva en nosotros el hambre, los dulces y, en general, las sustancias azucaradas, nos repugnan con sólo mirarlas.

(…) Los animales – continúa Savinio -, que no comen más que para alimentarse, rehúsan los dulces. Saborear los dulces exige una inclinación natural por la fantasía y los arrebatos poéticos. El dulce llega al final de la comida de la misma manera que despierta la poesía una vez consumados el drama y la necesidad. El dulce hace olvidar lo que de necesario y, por lo tanto de sombrío y mortal tiene el acto de alimentarse, nos reconcilia con la parte divina de la vida y hace florecer de nuevo en nosotros la risa”. En alguna ocasión, en Mi Siglo, he aludido indirectamente al dulce al referirme a la gastronomía y a los cocineros y palabras. Pero de los dulces y de las singulares escenas de pirotecnia celebradas en algunos banquetes se escribió ya desde el siglo XVlll. Grimod de la Reynìere, considerado por muchos como uno de los mejores periodistas gastronómicos que han existido, contaba en su “Manual de anfitriones y guía de Golosos” (Tusquets.-Los cinco sentidos) que a la hora fijada en un banquete ” se enciende una mecha cuidadosamente escondida, que dura unos minutos. De repente, el 

templo de azúcar se cubre de fuegos olorosos y de mil colores. Infinitos destellos saltan por los aires. Los invitados, cuyos ojos y olfato gozan al mismo tiempo, se ven bajo una bóveda de estrellas incandescentes. El ruido, el olor y el resplandor del imprevisto espectáculo, causan asombro general que no implica peligro alguno, pues, pese a su resplandor, las estrellas son tan inofensivas que ni los tejidos más ligeros sufren el menor daño. Un postre así, es un verdadero acto teatral y no podría terminarse de manera más deslumbrante y viva un festín suntuoso”.

Entonces llegan los dulces – concluye Grimod de La Reynière -” Es la parte más sólida de los banquetes -afirma-, pero habla más a la sensualidad que a la imaginación. Las compotas bien hechas son escasas hoy día, sobre todo desde que casi todos los buenos oficiales se han hecho confiteros. Sin embargo, no pueden faltar en un postre bien organizado. Tampoco deberían olvidarse los elegantes acantilados repletos de golosinas, tipo de arquitectura comestible en la que sobresale el célebre Rouget. Los suyos son verdaderamente pintorescos y vivos calcos de la naturaleza. Altos platos cubiertos de confituras secas y bombones, frutas escarchadas al caramelo (….) La pastelería es a la cocina lo que las figuras literarias son al discurso. Es la vida y el adorno. Una arenga sin retórica y una comida sin pastelería, serían igualmente insípidas”.

Las palabras y la gastronomía se unen entonces sobre el mantel. También las anécdotas. Cuenta Grimod de la Reynière que “la golosinería afecta a todas las edades. Pero, como los extremos se tocan en la infancia y en la vejez, se nota más. Un niño, que ya no tenía hambre, se echó a llorar en mitad de un banquete. Se le preguntó por la razón de sus lágrimas y dijo:

– No puedo comer más.

– ¡Pues mételo en tus bolsillos! – le dijo bajito su vecino.

– Ya están llenos – replicó el niño”.

(Imágenes.- 1.-Henry Alfred Maurer.-1905- The State Hermitage Museum/ 2.-Bertha Wegmann.-1891/ 3.-.-George Goodwin Kilburne/ 4. Luis Meléndez.-bodegón con caja de dulces.-Museo del Prado/ 5.-Bertha Wegmann)

LAS MANOS

“Amo estas manos. Destinadas por Dios para concluir mis muñecas, también son las privilegiadas que te acarician y tañen. Ante unos ojos las desperezo. Elevo el dedo meñique, tallo para la luna, espiga rematada en coraza de cal. Elevo otro dedo, el cordial y, ya con ambas manos en movimiento, diseño para mis hijas, en un muro de pronto habitado, animales de vívida sombra. Las niñas se asombran de que existan burritos negros capaces de correr por llanuras verticales, por la escoriada pared donde hasta hoy sólo moscas han reinado. Ellas están contentas de ver unas manos que contienen tantos animales como el Arca de Noé. Con esas manos entreabro el hijo más dulce; cojo al pez en la curva de su rizo relampagueante. A veces mis manos llegan a juntarse tanto que entre ellas el cadáver de una plegaria apenas cabe. A veces las arrojo al espacio con tal ira o alegría que no me explico por qué se quedan enclaustradas en el ademán. No me explico muy bien por qué no vuelan”.

Marco Antonio Montes de Oca

(Imagen: Dorothea Lange)

PALABRAS AMARILLLAS, PALABRAS BLANCAS

“Son palabras blancas“, dijo Susan, “como los cantos rodados que se encuentran en la playa”.– escribe Virginia Woolf en “Las olas“.

“Mueven la cola a derecha e izquierda cuando les habla”, dijo Bernard  (y así se expresa en esa misma novela). “Menean las cola, agitan la cola, se mueven por el aire en rebaño, ahora aquí, ahora hacia allá, avanzan juntas, ahora se separan, ahora se reúnen”.

“Son palabras amarillas, son palabras flamígeras”, dijo Jinny. “Me gustaría tener un vestido llameante, un vestido amarillo, un vestido leonado, para ponérmelo, para ponérmelo por la noche”.

El color destaca en esta novelista inglesa de modo indudable.”Ahora se han ido todos, dijo Louis. “Estoy solo. Todos han entrado en la casa para desayunar, y he quedado en pie junto al muro entre las flores. Es muy temprano, antes de las clases. Flor tras flor puntean la profundidad verde. Los pétalos son arlequines. Los tallos surgen de los negros hoyos. Las flores nadan como peces de luz, en la superficie de las oscuras aguas verdes. Sostengo un tallo en la mano. Soy el tallo. Mis raíces descienden hasta las profundidades del mundo, a través de tierras secas, de roca, a través de húmedas tierras, de vetas de plomo y de plata. Soy todo fibra. Todos los temblores me estremecen, y el peso de la tierra oprime mis costillares. Aquí, mis ojos son hojas verdes que no ven. Soy un chico vestido de franela gris, con un  cinturón de hebilla en forma de serpiente, aquí. Allá, abajo, mis ojos son los ojos sin párpados de una estatua de piedra en un desierto junto al Nilo. Veo mujeres que pasan, con cántaros rojos, camino del río”.

Son los colores los que que dan un tono especial a esta novela  de Virginia Woolf, como serán los sonidos en otros paisajes y en diversos novelistas  (se ha hablado, por ejemplo, de “la gran oreja” de la francesa Nathalie Sarraute, – del  rumor que retiene su prosa – o de lo visual en Robbe-Grillet). Paisajes y ciudades quedan apresados por distintos estilos y en el caso de “Las olas”– como recordó el crítico Ralph Freedman – “los poemas en prosa describen simultáneamente un ciclo del alba al anochecer, de la primavera al invierno, del amanecer de la historia a su declinamiento e inminente perdición. (…) El sol pasa por todas las fases en las que, por ejemplo, el calor de la cosecha de verano se identifica con el intenso calor de las primeras horas de la tarde”.

Son los sentidos en la literatura: son el ojo, el oído y la voz.

(Imágenes.1.-Norman Bluhm/ 2.-Isaac Layman.-2011.-Frye Art Museum/ 3.-Grace Gollen.-Hampstead Road.-1934.-petipoulailler/4- Giuseppe de Nittis.-/5.--Pete Turner.-Time Square 1958/ VirginiaWoolf en Monk.-Sussex)

MONÓLOGO DEL SENA

“Soy el camino que transcurre a través de Parísdice el Sena -.Me he apropiado de muchas imágenes desde tu infancia y he reflejado incontables nubes… Soy voluble como los hombres; tengo mis momentos de felicidad, el alba en junio, y mis horas siniestras, ciertos atardeceres de diciembre. Y, por encima de todo, soy curioso. A eso vosotros lo llamáis inundaciones. Vosotros, eternos transeúntes, y yo, agua fugitiva, tenemos en común el no retroceder jamás. Vuestro tiempo es mi espacio. ¡Cuántos resplandores han reflejado mis aguas! Mi memoria es un vasto caleidoscopio en el que podrás encontrar todo lo que ha forjado la historia de tu siglo: la plaza de la Concorde en febrero de 1934, cuando las mujeres vendían en bandejas bolas de metal para tirar bajo, las herraduras de la caballería; los paseos de los enamorados o de los asesinos, como los que aparecen en tus libros; un papa en la Plaza de Notre- Dame para borrar el recuerdo del que no había venido libremente; y todos los fuegos artificiales cuyos haces refleja mi oscuridad líquida por partida doble antes de engullir sus apagados sortilegios; y todas las manifestaciones de mayo, por ejemplo, las del 68, que creían en lo que las revoluciones del siglo pasado sólo habían esperado.

Pero todo empieza de nuevo y se recupera sin cesar en vosotros, pueblo de palabras; los primeros coches, altos y cuadrados como cajas negras, a lo largo de la Cours-la- Reine; los muebles del arzobispo, que lanzaron a mis aguas; los fuegos de vivac de cosacos y prusianos; monsieur Guillotin con su guillotina, como era lógico; los sacos todavía vivos que hacían balancear desde las ventanas de la torre de Nesles; los pequeños reyes de metal que me arrojaban desde lo alto del puente de Change contra el mal de ojo; las riñas de estudiantes, las revueltas, los asedios y la blanca ciudad que se llamaba Lutecia cuando Atila acampaba en los lugares que la rodean. Porque, como ves, el tiempo transcurre con la misma rapidez hacia atrás que hacia delante.

Todo lo que has visto de tu ciudad desde tu juventud es cierto, pero los jóvenes no la reconocerán. Sin embargo, pronto les llegará el turno de describir una ciudad que los ojos de sus hijos no verán de la misma forma en sus propios recuerdos. Y apuesto a que, dentro de cien años, algunos leerán, maravillados, que en el siglo XX aún había en París monstruos de cuatro ruedas en las calles, escaleras en las casas, torres, museos, una especie de batiburrillo donde se amontonaban imágenes pintadas y todo tipo de cosas.

A menos que París se haya convertido, como en la imaginación de Julio Verne, en un lugar en un mapa marimo, en el que los tiburones y las tortugas gigantes nadan entre piedras glaucas, y yo mismo, en una señal un poco más oscura en el limo de esta nueva Atlántida.

Ocurra lo que ocurra, seguiré estando en mi lugar invisible. Piensa que atravieso demasiado París imaginarios, el de Maldoror, el de los Miserables, el de los Despojos

De todos los cuerpos que vuestras novelas han ahogado en mi lecho, oigo todavía los gritos reales que mis olas han tragado, tengo todas las pruebas que han escondido en mi seno desde la Edad Media, guardo los secretos de los suicidas y, si quieres saber, como los demás, lo que realmente pienso de París, te aconsejo que mires con todo tu corazón la misteriosa sonrisa de la desconocida del Sena...”-

Julien Green.-“París

“Le Flâneur”.-music by The XX.-por Luke Shepard)

(Imágenes:- 1.-Henri Cartier-Bresson.-1952/2.-Kess van Dongen/ 3.-Frank Myers Boggs/ 4.-Henri Cartier-Bresson/ 5. quai du Seine.-Théo Blanc y Antoine Demilly/ 6.-Albert Monier.-1950/ 7.-“Le Flâneur”.-music by The XX.-por Luke Shepard)

MISTERIOS DE LA CREACIÓN

“Echemos un vistazo sobre los manuscritos de Beethoven explicaba Stefan Zweig en una conferencia pronunciada en Buenos Aires en octubre de 1940 -¡ Qué contraste tan sorprendente nos ofrecen! (…) He aquí, primero, sus anotaciones de bolsillo, que siempre llevaba consigo en sus amplios faldones y en los que de vez en cuando trazaba unas cuantas notas con un gran lápiz grueso – un lápiz como, por lo demás, sólo suelen usarlo los carpinteros. Le siguen otras notas que no tienen relación alguna con las anteriores; en esos libros de trabajo de Beethoven todo forma un caos tremendo; es como si un titán hubiera tirado bloques montañosos, impulsado por la ira. (…) Los contemporáneos nos han dado noticias claras sobre su modo de trabajar. Corría horas enteras a campo traviesa, sin fijarse en nadie, cantando, murmurando, gritando salvajemente, ora marcando el ritmo con las manos, ora lanzando los brazos al aire en una especie de éxtasis; los campesinos que de lejos le veían le tomaban por un loco y le esquivaban con cuidado. De vez en cuando se detenía y registraba con el lápiz unas cuantas de esas notas, apenas legibles, en su cuadernillo de apuntes. Luego de haber llegado a su casa, se sentaba a su mesa y trabajaba y componía poco a poco esas ideas musicales aisladas. En tal estado surgía otra forma del manuscrito, hojas de un tamaño mayor generalmente escritas ya con tinta y en que se presenta la melodía con sus primeras variaciones”. 

Así va adentrándose Zweig en los recovecos de “El misterio de la creación artística” (Sequitur) analizando a célebres y variados artistas.  Stefan Zweig, en ese largo mes que pasa en Buenos Aires, sin que el escritor, adulado y aplaudido encuentre las satisfacciones del amor propio de otras veces, quiere penetrar en ese mundo que él define así :” de todos los misterios del universo, ninguno más profundo que el de la creación”. Schubert – comenta por ejemplo -podía estar sentado con unos amigos en una habitación, hojear un libro y encontrar en el mismo una poesía, levantarse de pronto, dirigirse a una pieza contigua y volver al cabo de diez o quince minutos (…); se sentaba entonces al piano y tocaba para los amigos la canción que acababa de componer, uno de aquellos lieder que aún hoy se cantan en todos los países”.

La mirada divulgadora y precisa de Zweig nos recuerda también queLeonardo dedicaba a un solo cuadro, su Monna Lisa, dos o tres años, una sola hora o dos por día, y algunos días ninguna, porque deseaba reflexionar primero sobre cada detalle, cada matiz. Holbein y Durero trazaban bosquejos al lápiz y medían la tela con el compás antes de colocar el primer trazo de color, y necesitaban meses enteros para concluir un cuadro, que no por ello era más perfecto que uno de Goya o de Frans Hals, quienes en pocas horas retenían de modo inolvidable la imagen del ser humano”.

“No basta que el artista esté inspirado para que produzca. – concluye el escritor austriaco – Debe, además, trabajar y trabajar para llevar esa inspiración a la forma perfecta. La fórmula verdadera de la creación artística no es, pues, inspiración o trabajo, sino inspiración más trabajo, exaltación más paciencia”. Cuestiones que en más de una ocasión han aparecido en Mi Siglo.

(Imágenes.-1.-Steef Zoetmulder.-1944/ 2.-Robert Motherwell.-1960/ 3.-Bill Brandt.-1948/ 4.-The Faience violin.- One of the Masterpieces of  Rouen Faicence.-foto Petiton.- Rouen Museum)

TAREA ESCOLAR

“Dos y dos cuatro

cuatro y cuatro ocho

ocho y ocho dieciséis…

¡Repetid! dice el maestro

Dos y dos cuatro

cuatro y cuatro ocho

ocho y ocho dieciséis.

Pero héte aquí que el pájaro lira

pasa por el cielo

el niño lo ve

el niño lo oye

el niño lo llama:

¡Sálvame

juega conmigo

pajarillo!

Entonces el pájaro desciende

y juega con el niño

Dos y dos cuatro…

¡Repetid! dice el maestro

y el niño juega

el pájaro juega con él…

Cuatro y cuatro ocho

ocho y ocho diecsiéis

¿y dieciséis y dieciséis, cuánto es?

Dieciséis y dieciséis no son nada

y mucho menos

de ninguna manera

treinta y dos

y sigue la ronda.

El niño ha escondido al pájaro

en su pupitre

y todos los niños

escuchan su canto

y todos los niños

escuchan su música

y ocho y ocho desfilan a su vez

y cuatro y cuatro y dos y dos

desfilan a su vez

y uno y uno a la una a las dos

uno y uno desfilan también.

Y el pájaro lira juega

y el niño canta

y el profesor grita:

¡Cuándo terminaréis de hacer el payaso!

Pero los demás niños

escuchan la música

y las paredes de la clase

se desploman tranquilamente.

Y los vidrios vuelven a ser arena

la tinta vuelve a ser agua

los pupitres vuelven a ser árboles

la tiza vuelve a ser acantilado

y el portaplumas vuelve a ser pájaro”.

Jacques Prévert.- “Tarea escolar”.-“Palabras

(Imágenes.- 1.-Elliott Erwitt/ 2.-Lou Bernstein.-1950/ Gabriel Burchman.-fine art)

EL MUNDO DEL SILENCIO

“La pérdida de de oído, la sordera, que en Roma se aplicaba irónicamente a los solitarios y apartadizos – nos recuerda Ramón Andrés en su magnífico libro “El mundo en el oído – incide en una desconexión de la realidad inmediata, propicia el alejamiento y la nostalgia de un mundo perdido al que ya no es posible retornar”.(…) Heidegger reparó en el hecho de que cuando decimos que no hemos oído bien, en realidad estamos señalando que no hemos “comprendido”. (…) Resulta del todo natural que compositores como Ludwig van Beethoven o más tarde Bedrich Smetana, aquejados por la sordera, se sumieran en la melancolía”.

Oliver Sacks ha querido acercarse y analizar el mundo de los sordos en “Veo una voz” (Anagrama) y ya en “Musicofilia” había relacionado sordera y música. “Incluso las personas que padecen sordera profunda – recordaba allí – podrían tener una musicalidad innata. Los sordos a menudo aman la música, y son muy sensibles al ritmo, que sienten en vibraciones, no de sonidos. La aclamada percusionista Evelyn Glennie padece una sordera profunda desde los doce años”.

Ramón Andrés comenta muy bien el tema del silencio en un interesante video que recuerdo aquí.

Y el poeta y trapense Thomas Mertondesde la soledad de su Abadía de Getsemaní, en Kentucky, evocaba que “la humildad reza y halla el silencio a través de las palabras. Pero como es natural en nosotros pasar de las palabras al silencio, y del silencio a las palabras, la humildad es silenciosa en todas las cosas. Incluso cuando habla, la humildad escucha. ( …) Si derrochamos nuestra vida en palabras inútiles, nunca oiremos nada, nunca seremos nada y, finalmente, porque hemos dicho todo antes de tener algo que decir, nos quedamos sin habla en el momento de nuestra mayor decisión. Pero el silencio está orientado a esa declaración final”.

(Imágenes.-1.-Giancarlo Rado.-el violonchelista.-facebook.com/ 2.-André Kertéstz.-Hungría 1916/ 3.- Thomas Merton tocando música.- 1968.-Ralph Eugene Meatyard.-metamuseum.org/ 4.-retrato de Thomas Merton cerca de la Abadía de Getsemaní, pintado por su amigo y biógrafo Ed Rice)

PINTURA DE UNA RAMA FLORIDA

“¿Quién dice que la pintura debe parecerse a la realidad?

El que lo dice la mira con ojos sin entendimiento.

¿Quién dice que el poema debe tener un tema?

El que lo dice pierde la poesía del poema.

Pintura y poesía tienen el mismo fin:

Frescura límpida, arte más allá del arte.

Los gorriones de Pien Luen pían en el papel,

Las flores de Chao Ch `ang palpitan y huelen,

¿Pero qué son al lado de estos rollos,

Pensamientos- líneas, manchas- espíritus?

¡Quién hubiera pensado que un puntito rojo

Provocaría el estallido de una primavera!”.

Su Tung- P`O (Su shi).-(1036-1101).-“Sobre la pintura de una rama florida (primavera precoz) del secretario Wang”.

(Imagen.-Yun Shouping.-(1633-1690)