TAURINOS Y ANTITAURINOS

“Yo quería ver a Belmonte en otro ambiente de más calma que el de Sevilla, en donde a diario se riñen las más tremendas batallas boquilleras con, de, en, por, sin, sobre el novillero de Triana; y me vine a Barcelona, en donde si es verdad que el público es tan impresionable o acaso más impresionable que en cualquier otra parte por ser menos entendido, es también menos aficionado y no se preocupa de toros y toreros más que mientras está en la plaza.

En Barcelona no hay belmontistas y antibelmontistas que le sugestionen a uno; ni más bandos que los dos en que la población se ha dividido con motivo de la cuestión del negocio de las aguas de Dos Ríus, a saber: los concejales y los vocales asociados que son dosriusistas, y el resto de la población, que son unos cientos de miles de almas, que constituyen el partido antidosriusista. Y no les hable usted de otra cosa.

Pero hétenos en la plaza.

Hemos llegado un poco tarde, y cuando, a viva fuerza, nos vemos en el callejón, el malagueño Larita, materialmente metido en la cuna, está realizando una de las faenas más apretadas que yo he visto en mi vida. ¡Vaya un tío fresco! El público se harta de aplaudir al muchacho, que a su vez se harta de adornarse, y torea con más seriedad que le habíamos visto en Madrid.

Pero yo no he venido a la plaza vieja de Barcelona a hacer la revista de esta corrida, sino a decirles a ustedes, aunque no les importe mucho, mi opinión respecto a Juan Belmonte. (….) Indudablemente, en todo este alboroto que se ha armado tiene una gran parte la simpatía del chiquillo. La figurilla delgadilla, esmirriadilla, desgarbadilla, no puede ser menos torera; feo también lo es el chico, y, sin embargo, tiene a manta, qué quieres, la simpatía. (…) Ni en Sevilla, ni en Madrid, ni en Valencia, ni en otro público menos impresionable hubiera producido tanto efecto esta faena pura, simple y sencillamente efectista, desarrollada toda en pases de “entra, torito”, sin mandar una sola vez.  Pases de guardabarrera, trinchera, pecho, con la derecha, dos molinetes con ambas manos, muy valientes ambos, y ni un natural. El toro entraba solo a la muleta en cuanto la veía; el torero limitábase a alzar el brazo y dejarlo pasar; el toro seguía su camino, y como era muy bravo y muy noble, cuando se encontraba con que por allí no había gente, volvíase el solito de su bueno, en busca de su enemigo, y éste, al verle venir, le volvía a invitar:

-Pasa, torito.

Y el toro pasaba y se iba y volvía solo”.

 (Crónica deDon Pío” (Alejandro Pérez Lugín): ·Mirant les agullas” en “La Tribuna“, de Madrid, 1913) (Taurus)

“Ahora, he aquí el edificante castigo: seis o siete puyazos en los brazuelos, morrillo y cercanías; noventa lances de capa, en los que las vértebras, cuernos y músculos sufren martirios imponentes al dilatarse, contraerse y moverse sin hallar oposición, en redondo, en semicírculo, de frente, cuarteando, etc; seis u ocho pinchos de banderillas y, por fín, nuevos trasteos de muleta y un pinchazo en hueso, una estocada en el lomo, un descabello, otro descabello, dos estocadas más y lances nuevos de capa en todos los sentidos o puntos cardinales.

Este nobilísimo toro antes de ser martirizado era un bello animal, una fiera poderosa que no se hubiera atrevido a hacer daño a no iritarla nosotros. Su destino era ayudarnos, poner toda esa resistencia pasmosa a nuestro servicio. Nosotros lo entendimos mejor, y le toreamos. El se defendió magníficamente. Nos dio un profundo ejemplo de amar su vida, que vale tanto como la nuestra, aunque algunos superhombres hagan aspavientos. Y fue en la plaza un consumado artista. Poseía la fuerza, la belleza y la fe en sí mismo, sobre todo esto último, que es lo que distingue a los toros”.

(Eugenio Noel: “El mártir“.- “Lo que hay en una plaza de toros”, en  “Escritos antitaurinos“.-1913.-(Taurus)

(Imágenes:- 1.-toros de Francisco de Goya/ 2.- patronatodeltorodelavega.com/ 3.-Juan Belmonte.-Enciclopedia Británica)

A MIS SOLEDADES VOY

“A mis soledades voy,

de mis soledades vengo,

porque para andar conmigo

me bastan mis pensamientos”: ( Lope de Vega: La Dorotea” (1632)

“En todas partes he visto

caravanas de tristeza,

soberbios y melancólicos

borrachos de sombra negra”  : ( Antonio Machado: “Soledades”)

“Con esta envidia que digo,

y lo que paso en silencio,

a mis soledades voy,

de mis soledades vengo”.( Lope de Vega:“La Dorotea” (1632)

(Desde el siglo XVll hasta el XXl, desde Lope a Machado, a Hopper, a Crewdson y a tantos otros, la soledad siempre ha sido un constante motivo: soledad en las habitaciones, soledad en las vidas. Recogida por fotógrafos, cantada por  poetas)

“Nada te dirá

dónde te encuentras.

Cada momento es un lugar

donde nunca has estado“. (escribió Mark Strand en su estudio sobre Hopper (Lumen)

(Imágenes;- – exposición de fotografías de Gregory Crewdson en la galería madrileña “La Fábrica” hasta el 30 de enero de 2010–cortesía del artista y Luhring Augustine Gallery.-Nueva York.-elmundo.es.- wikipedia -artnet)

EL TEATRO Y LA VIDA

“En este mundo, desde la infancia hasta la muerte, todo procede de una estricta obediencia a la dictadura de un invisible “director de escena” y en el transcurso metódico de nuestra vida, esta expresión tiene infinitamente más significado de lo que podemos imaginar” – decía el ruso Nicolás Evreinov, destacado autor y director de escena .

El escenario es la vida y la vida continuamente se presenta en sucesivos y movibles escenarios de  los que entramos y salimos para representar nuestro papel, como nos recordaría Calderón.  La pantalla ya está preparada para leer este blog, quedan situadas como siempre las butacas, las sillas, toda la decoración de este despacho, se adivina el pasillo entre bastidores, ese pasillo nos lleva al escenario del comedor, la puerta del comedor la abrirá el actor destinado para atravesar el vestíbulo y él bajará despacio las escaleras de este edificio hasta el escenario de la vida, escenario cruzado de calles y sonidos que nos lleva a distintos escenarios eslabonados, tiendas y oficinas en los que están ya también colocadas las sillas, las butacas y los cuadros, encendidas igualmente las pantallas, los actores designados interpretan perfectamente su papel, y nosotros, desde un patio de butacas invisible, seguimos el ritmo de sus quehaceres, a veces aplaudimos y a veces protestamos indignados.

“La vida de cada ciudad, de cada país, de cada nación, – recordaba Evreinov en “El teatro en la vida” (Leviatán) – está sometida a una puesta en escena. Cuando me paseo por las calles, o estoy sentado en el restaurante, o visito los bulevares o las tiendas de París, de Londres o de Nueva York, o de algún otro lugar del mundo, siempre analizo el gusto y las aptitudes de este director escénico colectivo, el público, quien modela la materia teatral que se le somete según sus planes y proyectos escénicos. Decreta el uso de tal o cual traje; prescribe el arreglo de objetos variados; determina el carácter general y el decorado de la escena donde los juegos cotidianos están representados. Veo peatones, barrenderos, agentes de policía, automovilistas, y observo la “máscara” colectiva de tal calle, de tal barrio, de tal ciudad. ¿El director de escena conoce su oficio? ¿Las escenas de conjunto están bien representadas? ¿Los intérpretes de tales escenas están bien adiestrados? ¿Qué decir del artista que pintó los decorados? Alabo o critico al director y pronuncio mi veredicto tras una prudente investigación técnica” (…) Y Evreinov concluía: “¿Realmente no hay ninguna esperanza de transfigurar nuestra vida por medio de una audaz puesta en escena? ¿Es posible que seamos hasta tal punto realistas, amaestrados y débiles, que aceptemos sin protestar este aburrido decorado? ¿Una reforma radical del teatro de la vida es en adelante irealizable?”.

La vida es el teatro donde desfilamos cotidianamente.  El teatro es el intento de representar nuestras vidas. De pronto la sala enmudece, las luces se apagan, el telón cubre todo lo que dijimos. Salimos del teatro para interpretar la vida y autores y actores cumplimos hasta el fin esta escena única. 

(Imágenes:- 1.-Rhona Bitner.-2005.-artnet/ 2.-Before the Mirror.-1959 –Anatoli Kaplan -.-International Images Ltd-artnet/ 3.–Rhona Bitner 2004.-artnet)

LOS PORQUÉS DE LA ROSA

La rosa es sin porqué, leemos en el libro primero del Cherubinischer Wandersmann de Silesius. Yo afirmo lo contrario, yo afirmo que es imprescindible una tenaz conspiración de porqués para que la rosa sea rosa. Creo que siempre pasan de una las causas de la instantánea gloria o del inmediato fiasco de un verso”.

Jorge Luis Borges

(Imágenes:.-1.- Henri Fantin – Latour, 1900/ 2.-perrhyillnurseries.co)

ELOGIO DE LA PALABRA

“Aprended a hablar del pueblo; no del pueblo vano que congregáis en torno de vuestras palabras vacías – recordaba Joan Maragall -, sino del que se forma en la sencillez de la vida ante Dios solo. Aprended de marineros y pastores”.

Cada vez que se devalúan los vocablos en las conversaciones, cada vez que las palabras son recortadas y sintetizadas en los mensajes de los móviles, cuando la palabra se sustituye por mímica y gesto olvidando su valor, cuando la palabra se prostituye, cuando pasa de voz en voz ignorando la hondura de la tradición, vuelvo a textos como éste de Maragall que sirven de gran recordatorio:

“Me acuerdo – dice – de una vez que en el Pirineo, a mediodía, avanzábamos perdidos por las altas soledades: en el encrespado mar de piedras de las cimas nos faltó toda dirección, y en vano, con ojo inquieto, interrogamos la muda inmensidad de las montañas. Sólo el viento cantaba sobre ellas con interminable grito. De pronto, envuelto en el gritar del viento oímos un son de esquilas; y nuestros ojos azorados, poco hechos a aquellas grandezas, tardaron mucho en descubrir una yeguada que abajo, en una rara verdor, pacía. Hacia allí nos encaminamos esperanzados hasta encontrar el pastor echado junto al puchero humeante que el zagal, en cuclillas, vigilaba atentamente. Pedimos camino al hombre, que era como de piedra; y él, volviendo los ojos en su rostro estático, alzó lentamente el brazo señalando vagamente un atajo, y movió los labios. En la atronadora marejada del viento, que ahogaba toda voz, sólo dos palabras, sobrenadaban que el pastor repetía con terquedad. “Aquella canal…”, éstas eras sus palabras, y señalaba vagamente allá, hacia una altura. ¡Cuán bellas eran las dos palabras gravemente dichas entre el viento!, ¡qué llenas de sentido y poesía! La canal era el camino, la canal por donde bajan las aguas de las nieves derretidas. Y no era cualquiera, sino aquella canal que el hombre conocía bien entre todas por una fisonomía especial y propia que para él tenía. Era alguna cosa la canal, tenía una alma; era aquella canal. ¿Lo veis? Para mí esto es hablar”.

Aquella canal… – seguía diciendo Maragall -. Palabras que traían un canto en sus entrañas, porque nacieron en la rítmica palpitación del Universo. Sólo el pueblo inocente sabe decirlas y el poeta puede redecirlas con otra inocencia más intensa y mayor canto: con luz más reveladora. Porque el poeta es el hombre más inocente y más sabio de la Tierra”.

Joan Maragall: “Elogio de la palabra

(Imágenes:-1.-Everest.-Jeff DeCelles.-National Geografhic Photo/ 2.-camino en 1930.-Eudora Welty.-The New York Times)

RECIBIENDO EL PREMIO NOBEL

          “Entonces, cuando ya parece que se ha sentado el Rey porque todo va a comenzar, cuando ya parece que todos  vamos a escuchar desde nuestros asientos, mi abuelo, el Premio Nobel de Literatura Dante Darnius, levanta su mano en el aire y hace una seña para que atendamos.

          –Majestadempieza a decir respetuosamente mirando al Rey.

          Y como tantas otras veces en nuestra casa cuando está sentado ante la familia y nos cuenta sus dificultades para trasladar las historias al papel, ahora se dirige primero al Rey de Suecia y luego a todos nosotros y nos explica lo que él tenía pensado para esta solemne ceremonia de recepción del Premio Nobel.

          –Quería haber traído escrita para leerles a ustedes –dice tímidamente– una historia que llevo desde hace tiempo en la cabeza, pero que no me ha salido, que no he podido escribir.

          Está pálido Dante ahora, de pie ante el atril, vestido con su frac, con su barbita puntiaguda, con sus ojos muy vivos.

          –No, me ha sido imposible escribirla –repite con angustia.

          Y el pobre Dante ya no sabe cómo continuar.

          –Es una historia –dice con voz muy fina– sobre el vuelo nocturno de un Delta.

          Y ayudándose poco a poco con las manos para trazar sus gestos intenta contarnos el principio de esa historia.

          –Como se dice en los cuentos, Majestad –y Dante se dirige ahora con sus palabras al Rey–, a mí me hubiera gustado traer escrita aquí una historia que comenzara así: “Érase una vez”. Érase una vez, Majestady Dante se va animando–, una península que tenía prendida en uno de sus costados frente al mar un trozo de tierra llamado delta, una lengua de arena con forma de punta de flecha con la que la tierra solía burlarse cada tarde del océano y hacerle muecas a las olas. Aquel trozo de tierra llamado delta estaba tumbado sobre el mar. Parecía un animal dormido o abatido. Poseía dos alas enormes envolviendo a dos bahías y sobre esas dos alas de marismas y lagunas se posaban día y noche toda especie de aves del cielo, desde la golondrina de mar hasta las gaviotas y los rayadores. Intentaba aquel delta con su pico de arena irse quitando de las alas la algarabía de flamencos posados, el crotoreo de mandíbulas de las cigüeñas y las patas de las garzas que luchaban para no hundirse en el fango. Pero no lo conseguía. Cada vez venían desde más lejos –desde el sol de las migraciones, desde la guía de las estrellas, desde las presiones barométricas, desde los viajes insomnes remando por el aire– el alcatraz de elegante vuelo, el chorlito dorado, el cuclillo bronceado o el collalba gris. Tantas aves empezaron a posarse en las alas del delta, tantos picos danzaron sus galanteos y tantas plumas aletearon deslumbrantes, que aquel delta poco a poco se fue transformando en un ave inmensa, fue dejando caer al fondo del mar el polvillo de su erosión, hinchó los pulmones de sus marismas, dobló y pegó sus alas llenas de aves contra su cuerpo para reducir el choque del viento y una noche, sin avisar a nadie, cuando estaban las luces apagadas en la península y todos dormían, emprendió vuelo nocturno batiendo y alzando sus alas y entreabriendo sus plumas primarias igual que una persiana para dejar que se deslizara el aire con soltura. Así, batiendo las alas en forma circular –hacia adelante en los aletazos descendentes y hacia atrás en los ascendentes– aquel delta convertido en ave gigantesca voló toda la noche por el mundo, visitó los nidos de las nubes, se entretuvo con el regocijo de las alondras, oyó la murmuración de los estorninos y escuchó las trompetas de las grullas. Volvió antes del amanecer, reduciendo en el aire su velocidad, haciendo cóncavas sus alas, resistiendo sus patas al descenso, posándose muelle y suavemente antes de que empezara el día. A la hora violácea de las primeras luces, el delta apareció otra vez, tendido como siempre, como si nunca se hubiera movido de su sitio, con sus alas de lagunas cubiertas por el graznido de los patos y su pico en punta de flecha bebiendo en el océano azul. Nadie supo que había realizado un vuelo nocturno. Las gentes de la península no podían imaginar que su delta volase e hicieron su vida como siempre, ajenos a aquel apéndice de arena que esperaba a la noche siguiente para convertirse en ave. Estuvo así, volando cada noche puntualmen­te, aquel delta de las alas enormes transformado en ave viviente y en cada vuelo nocturno descubría más mundo. Volvía siempre antes de la aurora y jamás era sorprendido. Hasta que un día no volvió.

          Y Dante se detiene.

          –No, ya no volvió más.

          Y Dante ya no continúa.

          Esperamos todos a ver qué dice Dante, pero Dante no añade nada.

          Empiezan las toses entre las sillas, empiezan los murmullos entre los asistentes.

          Nadie se atreve a preguntar.

          –No sé qué ha pasado con ese delta, Majestaddice Dante al fin tímidamente, casi sin voz–, porque no he podido escribir esa historia que hubiera querido leer aquí. No sé cómo continúa.

          Aumentan los murmullos en la sala.

          Quisiéramos preguntarle a mi abuelo, el Premio Nobel, quisiéramos saber qué ha pasado con ese delta.

          Y de repente nos sobrecoge un ruido impresionante en el techo que va apartando todos los rumores, que nos deja a todos en silencio.

          Un batir de enormes alas, gigantescas, pesadas, inmensas, cruza solemne sobre esta sala, pasa majestuoso por el cielo de Estocolmo.

          No, no es un avión.

          Causa escalofrío.

          Todos miramos hacia arriba.

          Tarda mucho en pasar.

          –¿Es el delta, verdad? –le susurro temblando a mi hermana Amenuhka, cogiéndola de la mano.

          Sí, debe ser el delta. Baten las enormes alas llenas de aves y pasan sobre nosotros cruzando el techo”.

José Julio Perlado: (del libro “Nosotros, los Darnius“) (relato inédito)

(Imágenes:- 10 de diciembre de 2007.- ceremonia de de los Premios Nobel. -foto Pascal Le Segretain/Getty  Images Enternainment.-Foundation Nobel)

LA ESCRITURA CRECE DE NOCHE

” ¿El proceso de escribir es difícil? – se preguntaba Clarice Lispector -, pero es como llamar difícil al modo extremadamente prolijo y natural con que es hecha una flor (…) La enorme impaciencia al trabajar (quedarse parado junto a la planta para verla crecer y no se ve nada) no está en relación con la cosa propiamente dicha, sino con la paciencia monstruosa que se tiene (la planta crece de noche). Como si se dijera: “no soporto un minuto más ser tan paciente”, “la paciencia del relojero me irita”, etc. Lo  que más me impacienta es la paciencia vengativa, buey sirviendo al arado”. 

Paciencia de la planta.

Paciencia de la escritura.

 

De estas y de otras cosas hablo en mi reciente artículo sobre la gran escritora brasileña, de cuya personalidad creadora hay tanto que aprender.

(Imágenes:- 1.-“Pestwurz” 2002.-Franz Gertsch.-Mónica de Cárdenas Galleria.-artnet/ 2.- Clarice Lispector.- foto tomada de Alenarterevista)