UN TEATRO SIN PÚBLICO

 


Ahora que las medidas para atajar la pandemia han dejado desiertas las salas de los teatros del mundo, la importancia del público destaca lógicamente  con su relevancia esencial. La función del teatro y su proyección sobre los hombres ha sido siempre definitiva. Historia y teatro han ido continuamente hermanados. Pero el alemán Lessing,  ya en el siglo XVlll , recordaba ante este punto que “ se quiere hacer creer sin fundamento que uno de los fines del teatro es mantener viva la historia de los grandes hombres.  Ése es el objetivo de la historia y no el del teatro. No debemos ir al teatro para aprender lo que hicieron determinadas personalidades, sino lo que todo hombre de un carácter dado hubiera hecho en determinadas circunstancias. La meta de la tragedia es infinitamente más filosófica que la de la historia y la disminuiríamos  en su real dignidad si la consagráramos al panegírico de los hombres célebres. Y si aprovecháramos de ella para alentar el orgullo nacional.”

 

El público va al teatro no sólo para seguir y contemplar  historias sobresalientes o comunes sino para entretenerse, aprender, y mirar al otro lado de la pared que se levanta los rasgos e intimidades de las costumbres. El inglés George Meredith en su “Ensayo sobre la comedia”  hablaba de las ventajas que para un poeta cómico — y por eso para llevarlas al teatro  — tuvo el observar la agrupación en masa en torno a una Corte, es decir, “tener ante sus ojos, en plena actividad, ese mundo pedante e inquieto, de pretensiones enormes y serenas absurdidades; vociferantes  charlatanes, inocentes bobalicones, hipócritas, remilgados, extravagantes, pedantes, damas amustiadas y gramáticos demenciales, marquesas de sonetos, niñas simples de espíritu, mezclados todos como en un telar y bulliciosos como en la feria.”

Y frente a todos esos personajes está el público. El público disfruta viendo trazos de vida, que a veces no tienen principio ni final, pero que enseñan las virtudes y vergüenzas del mundo. De modo presencial o lejano, el público  asiente, rechaza  o aplaude. Es la necesidad que tiene todo teatro. Son los dos polos del arte y del espectáculo.

 

 

(Imágenes— 1- Gerard Gauci- 2002/ 2-Ohaio Sugimoto/ 3- teatro Lope de Vega)

HISAE : MÁSCARAS Y ESPEJOS

 

(…) De repente la ceja del actor Sojuro se curvó en el aire como si quisiera segar el silencio de los espectadores, Sojuro dio un tremendo salto que hizo temblar la madera del tablado del teatro y entonces Hisae pudo ver muy de cerca los rasgos de su máscara. Era una máscara que mostraba cólera desde sus dientes y sus ojos dorados y que en las comisuras de la boca y en su frente presentaba marcadas arrugas. La máscara entera era de un rojo intenso sobre un fondo blanco y la barbilla aparecía pintada de color añil. Hisae quedó sobrecogida ante aquella máscara. Nadie le había explicado el lenguaje de las máscaras y ella no conocía que todas las partes de una máscara podían muy bien ser movibles y mostrar sucesivamente afabilidad, severidad o ternura según lo reflejaban los estados de ánimo, como  también que podían representar pájaros, dragones o demonios con solo mezclar facciones de animales y de hombres. Subyugada por los movimientos de aquella máscara, Hisae apenas reparó en los brocados del kimono rojo anaranjado que vestía Sojuro ni tampoco en sus dibujos de flores y escudos bordados en las mangas. Sólo tenía ojos para seguir a aquella máscara. Ni siquiera se estaba enterando de la historia que contaban en el escenario: era una historia que trataba de una lucha feroz entre dos grandes clanes de samurais, la miseria, la gloria y la muerte en campos de batalla de siglos anteriores. Pero aquel relato guerrero que estaban representando sobre el tablado duró poco. Sojuro, que apenas había hablado y que era todo ojos y gestos de cólera conforme evocaba  su muerte y su vida, desapareció de pronto  por la izquierda detrás de una cortina, las luces del teatro se iluminaron al acabar aquel primer acto y Yôko aprovechó la  pausa  para preguntarle a Hisae si le gustaría visitar los camerinos.

 

 

Conocía Yôko muy bien las interioridades de aquel teatro puesto que iba allí muchas veces y rápidamente condujo a Hisae entre las filas de la muchedumbre hacia una escalerilla cercana al escenario y pronto llegaron las dos a las llamadas habitaciones de los espejos. Eran aquellas habitaciones unos pequeños cuartos unidos los unos a los otros con pisos de esteras y puertas corredizas y en donde numerosos actores, cada uno delante de un espejo, estaban en aquellos momentos preparándose para  continuar la representación. Colgadas de cada una de las paredes, perfectamente clasificadas y ordenadas, aparecían abundantes máscaras, además de ropajes y pelucas, espadas, arcos, varas de bambú, bastones y abanicos, un conjunto abigarrado que a Hisae le sorprendió. Yôko le iba explicando a Hisae que las máscaras colgadas en las paredes de cada cuarto estaban hechas de madera de cedro y  barnizadas con varias capas de laca y que aunque parecía que allí hubiera muchas y fueran muy variadas, todas ellas se reducían a tres tipos: las de forma humana, las de dioses y  las de seres sobrenaturales, tales como demonios, monstruos o espíritus. “Pero todas, como ves, le dijo Yõko mientras iban asomándose por los camerinos, son aparentemente inexpresivas, es el actor con sus movimientos y  sus gestos quien les tienen que dar vida; el actor se transforma completamente al ponérselas; con la máscara es otra persona”— le repetía  Yōko—. De repente, al pasar por una de aquellas habitaciones de los espejos, Hisae quedó paralizada : en el suelo, tirada en una de las esquinas de uno de los camerinos, acababa de descubrir  la enorme ceja de Sojuro negra y larga, acechante, tal como ella acababa de verla hacía muy poco en el escenario. La ceja permanecía quieta y arrumbada, caída hacia un lado, en total reposo. Aquella larga ceja, igual que un penacho, aparecía unida a una máscara que también permanecía en el suelo. “Es la máscara de Sojuro”, le comentó  Yōko en voz muy baja; “ pero, mira — le añadió de repente, muy sorprendida y nerviosa —¡ ahí tienes a  Otani Sojuro!”. Entonces Hisae giró la cabeza y se fijó en un hombre muy joven que se encontraba de pie en medio de la habitación y al que, ante un gran espejo, dos personas le estaban ayudando a vestirse. Quedó fascinada. Era impensable que aquel ser tan joven pudiera ser el mismo que ella acababa de ver en el escenario. No quiso moverse. Se quedó quieta, observando aquellos ritos. A Otani Sojuro dos hombres le estaban cubriendo ahora sus pantalones con una bata de seda que le llegaba hasta las rodillas, luego empezaron a colocarle una especie de almohada pequeña en el estómago sujetándosela con cintas, después le pusieron una falda larga de color rojo y encima de ella un ropaje exterior, parecido a un kimono rojo de mangas muy amplias.”

José Julio Perlado

 

( del libro “Una dama japonesa”) ( texto inédito)

TODOS  LOS  DERECHOS  RESERVADOS

 

 

(Imágenes— 1–Koume Tachibana/ 2-Maruyama Okyo/ 3-Kasamatsu Shiro- 1938-bruce gof archive)

MUJERES CÉLEBRES (1) : SARAH BERNHARDT

 

 

— ¿ Cúal es su recuerdo más vivo? — le preguntaba a la gran Sarah Bernardt la periodista y escritora Carmen de Burgos.

— Uno que me sucedió en San Quintín de California. Realizaba yo una gira por Norteamérica cuando recibí una extraña carta de seis condenados a muerte que me pedían que actuara en una representación. Naturalmente acepté. Era algo como un viático lo que me pedían, no me podía negar a darles esa satisfacción a los que iban a morir. Entonces  llegué asombrada a una prisión oculta entre flores, rodeada de un gran parque, con apariencia de catedral y con unos hierros forjados custodiando el presidio. Descendí del coche y me encontré con un hermoso quiosco Luis XV, donde músicos vestidos con pijamas de franela de rayas negras y blancas tocaban la Marsellesa. El director de orquesta se adelantó a besarme la mano, y como yo me asombrara  de ver un músico francés en prisión, él me dijo: “formamos aquí una pequeña colonia de franceses prisioneros”. Yo me senté. Todos aquellos caballeros eran los internos del establecimiento.
Entonces allí, en un hermoso patio lleno de sol y ante un público de dos mil prisioneros, entre los que se contaban treinta mujeres y el grupo trágico de los seis condenados a muerte ( dos de ellos debían ser ejecutados al día siguiente), interpreté “ La Navidad  bajo el Terror” . Yo no acertaba a darme cuenta de que aquellos caballeros y aquellas damas tan correctas fueran estafadores y asesinos. Una linda y elegante rubia había cortado la cabeza a una señora para heredarla; otra señora distinguida había matado a su marido, su hijo y dos nietos, sin perdonar a la nodriza. No se puede imaginar cuanto sufrí; en vez de representar tenía ganas de llorar, de pedir clemencia; no podía imaginar la idea de que aquellos hombres llenos de vida, que me aplaudían, habían de morir irremisiblemente. Era muy cruel el contraste entre aquella prisión tan lujosa, con piscinas, biblioteca y patios para tenis, con la triste muerte de los condenados. Creo que hay más crueldad en eso que en los calabozos de la fortaleza de Pedro y Pablo en Rusia.”

 

 

(Imágenes—1- / Sarah Bernhardt – Foto Nadar/ 2- Sarah Bernhardt – mujeres notables)

LA VOZ HUMANA

 

“El personaje de “La voz humana” —  anota Cocteau en sus acotaciones a su obra teatral —es una víctima mediocre, enamorada, del principio al fin de la representación; no intenta más que una única astucia: ofrecer un asidero al hombre para que confiese su mentira, para que no le deje ese recuerdo mezquino. Quisiera el autor — dice Cocteau — que la actriz diese la impresión de sangrar, de perder sangre, igual que un animal que cojea, que termine el acto en una habitación llena de sangre.”

 

Escrita en 193 0 esta obra en un acto —( ahora Almodóvar ha tomado libremente  esta historia para rodar un cortometraje en inglés con Tilda Swinton), es un largo monólogo  en el que la única protagonista “ hablará en pie, sentada, de espaldas, de perfil, de frente, de rodillas, tras el respaldo de la silla-sillón,  con la cabeza cortada inclinada sobre el respaldo,  recorrerá la habitación  arrastrando el hilo telefónico hasta el final, en que caerá de bruces sobre la cama. Entonces su cabeza  quedará colgando y soltará el receptor, como una piedra. Cada postura — sigue indicando Cocteau —debe servir para una fase del  monólogo- diálogo ( fase del perro, fase de la mentira, etc). El nerviosismo no se muestra con la precipitación , sino por esa serie de posturas en la que cada una debe manifestar el colmo de la incomodidad.”

(“La juventud que entra — decía Cocteau — se cruza en la puerta con la vejez que sale. Es un minuto interminable,  una noche de los tiempos. Ese contacto de manos forma una cadena que no se acaba nunca.”

 

(Imágenes—1- Felix Vallotton/ 2-Claire Rothstein/ 3-George Hurrell  – 1936)

LOS CORRALES DE COMEDIAS (1)

 


Ahora que lógicamente se vuelve a hablar como cada año del famoso Corral  de Comedias de  Almagro y de su historia, pienso en  los dos primeros “corrales “ que tuvo Madrid en la llamada  “época de oro” del teatro, entre 1561 y 170O. Eran  estos “corrales” muy pobres coliseos dedicados a las producciones inventadas y versificadas  por los poetas: el Corral del Príncipe y el Corral de la Cruz. El Corral del Príncipe — como así lo recuerda Sainz de Robles — estuvo situado exactamente donde hoy se levanta el Teatro Español. Hasta 1605  se denominó Corral de la Pacheca, por haber sido instalado en un solar perteneciente a doña Isabel Pacheco, en el último tercio del siglo XVl. Fue inaugurado el 21 de septiembre de 1583, representando los actores Vázquez y Mateo unos pasos de Lope de Rueda. Sesenta reales pagaron los citados cómicos por el alquiler del teatro, un precio irrisorio que se justificó “ porque aún no estaban hechas las gradas, ni ventanas, ni corredor”. No existía  aún frente al Corral la plaza de Santa Ana que hoy vemos, sino que tenía, apenas separación por cuatro metros, el convento de carmelitas descalzas de Santa Ana.

El Corral de la Cruz, en la calle de este nombre, se inauguró el 16 de septiembre de 1584, representando los actores Álvarez y Cisneros unas “farsas” de cuyos autores no se conocen los nombres. Los primitivos corrales de la Cruz y del Príncipe comprendían: el “tablado” para representar, a una altura poco más  de un metro sobre el piso del patio; las “gradas” para los hombres, en los laterales del patio; los “bancos portátiles”, hasta noventa y tantos, que se alineaban entre las gradas y delante del tablado; el “corredor” para las mujeres — llamado “cazuela” o “jaula” — en el primer piso; los aposentos o ventanas, llamados “rejas”, destinados a las personas que querían asistir a la representación sin ser vistas. En el patio, detrás de los bancos, había una gran viga, que por llegar a la altura de los cuellos de las personas en pie la llamaban “degolladero”, y servía para separar a ciertos espectadores de relativo postín de la entrada general o “paseo” donde se apiñaban gentes con intenciones aviesas. El piso del Corral era de piedra, con algún declive y un sumidero central para recoger las aguas. En la parte superior estaban “las canales” maestras; los tejadillos que cubrían las gradas y el toldo, el cual se tendía sobre el patio “como una vela” y que defendía del sol, pero no de la lluvia ni del frío.

 

El orden de la representación era el siguiente: primero, el guitarrista de la compañía tocaba unos aires populares para ir creando ambiente. Inmediatamente le sucedía el canto acompañado por varios instrumentos, cuyos tocadores se colocaban “a medio círculo” sobre el tablado, quedando los cantores detrás de la cortina. A continuación, la “loa”, indispensable introducción a toda obra teatral, recitada por el director de la compañía. Era la “loa” una breve composición en la que se alababa la comedia a representar, el  nombre del autor, y se pedía la atención y la benevolencia del público. Después, la comedia, en cuyos entreactos o descansos eran puestos en escena “entremeses” o bailes con castañuelas; bailes que eran repetidos al final del espectáculo. La escenografía teatral era tan pobre como pintoresca. Telones de algodón o de seda pintados en colores vivos con alegorías. Los dioses solían aparecer en lo alto, encaramados en una viga sin acepillar ni pintar. El sol era figurado por una docena de velas ocultas por un disco de papel. Cuando eran invocados los demonios, éstos aparecían subiendo tranquilamente por una trampilla abierta en el tablado. Los truenos se imitaban removiendo sacos de piedras. Como únicas decoraciones se utilizaban burdas sábanas pintarrajeadas: la  “del bosque”, que servía también de “jardín”, “calle” y cualquier lugar al aire libre, y la “del aposento”, que era común para “salón”, “gabinete”, “comedor’, “alcoba”…

Se pasaba súbitamente desde el bosque al palacio, o desde la cueva al castillo sin moverse los actores ni cambiar siquiera algunos detalles de la escena. Bastaba que uno de los actores se ocultara un momento detrás de uno de los colgajos que servían de bastidores y que volviera a presentarse exclamando: “Ya estamos en el palacio”, o “Ya estamos en el convento”, o “Hemos llegado al jardín”, para que los espectadores, sin la menor protesta, crearan imaginativamente y por cuenta  propia, el palacio, el convento, el jardín…

 

(Imágenes:—1- Corral de comedias- tempora magazine/ 2- Corral de comedias /3- Corral de comedias de Almagro)

LA VOZ DE SHAKESPEARE

 


 

“Quizá te es desconocida esta  mísera y sublime condición de poeta —le hace decir el italiano Giovanni Papini a Shakespeare en su “Juicio Universal” —. En medio de los hombres es como un rey que puede conceder la gracia de la vida; como un nigromante que invoca de las negras sombras a inocentes y a reos; como un músico que debe entonar cantos de furor o de dulzura para aquellos que no han sabido extraer los misteriosos tesoros escondidos en cada uno de nosotros. En torno a mi mente siempre había una poblada corona de seres de toda clase que me pedían que les devolviese movimiento y palabra. Eran los muertos, eran los vencidos, eran los sacrificados , eran jovencitas bajadas al sepulcro demasiado pronto, condenados que querían gritar su inocencia, dementes que querían descubrir la verdadera razón de su locura, amantes que querían murmurar de nuevo y eternamente las extrañas y suaves paradojas de la pasión.

 


 

Durante muchos y muchos años satisfice como pude a centenares de aquellos violentas solicitantes y tuve alguna compensación en las alegrías de la creación y en el renombre. Pero también aquellas alegrías fueron superadas por el dolor. Dolor por el pesar de los excluidos, pues yo, aunque escritor fecundo, no podía llamar a la escena de la vida a todas aquellas larvas implorantes. Dolor por la insuficiencia de mi genio para decir todo lo que los postulantes me sugerían; para representarlos con aquella perfección de luz que ellos hubieran querido; porque me di cuenta de que el arte es siempre, en definitiva, un espléndido fracaso. Dolor, finalmente, por el descubrimiento que iba haciendo, a través de tantas almas, de las secretas suciedades y torturas de la vida humana. Descubrí que el poder de los poderosos se paga siempre por ellos y por los demás, con sus manchas; que la razón tiene sus absurdos y la locura, casi siempre, su inaudita razón. Descubrí que los pobres sufren, que los grandes sufren, que los perseguidos sufren, que amantes y odiantes sufren, que aun los sabios sufren y más duramente que los demás. Y, al fin, fui superado y enmudecido por este universal dolor descubierto por mí en los seres que quisieron convertirse a la fuerza en personajes de mis obras.

 

 

Dolores ocultos, no sospechados, no confesados, dolores sin remisión ni rescate. Y en el último drama imaginé una isla donde un mago que fue príncipe se ha refugiado junto a la belleza inocente, pero no es servido por hombres, sino por un ángel y por un bruto. Fue aquel mi testamento y mi despedida de mi fatigado y doloroso oficio de poeta.”

 

 

( Imágenes —1-Enrique Lvfolger- Shakespeare library/ 2-Henry Fuseli- 1793/ 3- George Rommey- 1775- Shakespeare library/ 4-nueve mujeres de Shakespeare -Milto)

UN DÍA DE SARAH BERNHARDT

 

“Delante de la puerta se detiene un carruaje. De su interior sale una mujer envuelta en pieles, abriéndose paso con una sonrisa entre la multitud que se ha congregado allí —escribía Edmond Rostand contando un día de Sarah Bernhardt—.Sube por una escalera de caracol; se zambulle en una habitación atiborrada de flores y caldeada como un invernadero; lanza su pequeño bolso adornado con cintas junto con sus contenidos aparentemente inagotables en una esquina y su sombrero alado en otra; se quita las pieles e instantáneamente queda reducida a una simple vaina de seda blanca; se apresura hacia un escenario tenuemente iluminado e inmediatamente llena de vida a un público apático, lánguido e indiferente; se mueve de un lado para otro, inspirando a todo el mundo con su energía febril; se acerca a la cabina del apuntador, organiza sus escenas, señala el gesto y la entonación adecuados, se levanta airada e insiste en que vuelvan a empezar de nuevo; grita con rabia; se sienta, sonríe , bebe té, y empieza a ensayar su propio papel.

 

 

Al cabo de unas horas regresa a su habitación para cenar; se sienta en la mesa espléndidamente pálida debido a la fatiga; reflexiona  sobre sus planes; se ríe con carcajadas bohemias; no tiene tiempo de terminar de comer; se viste para la actuación de la noche mientras el director le habla desde el otro lado de la cortina; actúa con todo su cuerpo y alma; discute sobre negocios durante los entreactos; permanece en el teatro hasta que termina la actuación y se queda allí organizando varios asuntos hasta las tres de la madrugada; no decide marcharse hasta que no ve a sus empleados esforzándose respetuosamente por mantenerse despiertos; se sube a su carruaje, se arropa con sus pieles y anticipa los placeres de tumbarse y descansar por fin; luego, estalla en carcajadas  al recordar  que hay alguien esperándola para leerle una obra de cinco actos; vuelve a casa,  escucha la obra, se emociona, llora, acepta el papel, se da cuenta de que no puede dormir y ¡aprovecha el momento para empezar a estudiar su nuevo papel!”

 

 

(Imágenes —1-Ohaio Sugimoto – 1980- artnet/ 2- Gerard Gauci – 2009- gallerie de bellefeuile/ 3-Sarah Bernhardt – foto Nadar – 1864)

QUÉ ES EL TEATRO

 

 

“El teatro es a la vez objeto y vehículo de un doble vínculo: vinculo con ese misterioso personaje integrado por el autor y el actor, y con ese otro, completamente distinto de ellos, que forman el autor, el actor, el espectador y aun alguien más; vínculo también con aquellos a quienes el azar ha reunido en la misma sala, con aquellos que sienten la misma angustia, la misma alegría, e, incluso, con aquellos que no tienen conciencia de que son hermanos a quienes unirá el mismo destino.

(…) El teatro – sigue diciendo Pierre- Aimé Touchard –  sólo puede ser un inspirador de silencio, y muy bien puede no aspirar sino a provocar esa silenciosa meditación. “Haz que yo sea – escribe Claudel – como el sembrador de soledad y que aquel que escuche mi palabra vuelva inquieto y grave a su casa.”

 

 

Anhelo  éste en el que el dramaturgo coincide con cualquier otro  artista, ya que el efecto de toda obra artística ha de ser el de sumergir al hombre en su meditación;  consecuencia elemental y  necesaria, y piedra de toque para la obra de arte que muchos  escritores teatrales se sienten inclinados a olvidar, extraviados por las mil solicitaciones de su arte, rico y complejo.”

(En el Día Mundial del Teatro)

 

 

(Imágenes-1- Raoul Dufy/ 2-Drago Pérsic – engholm Galerie/  3- Audiencia en el teatro – National geographic)

PIRANDELLO, ESCRITOR

 

 

“Yo he escrito desde joven, pero hasta que mi barba blanqueaba no he necesitado escribir -le contaba  Pirandello en una carta a Gómez Hidalgo -. Disfrutaba de una opulencia relativa, y sólo escribía cuando me apetecía, regalando siempre mis escritos. Pero un día, inesperadamente, me llegó un telegrama en que se me anunciaba  la ruina financiera de mi familia. La noticia produjo tal efecto en casa, que mi mujer cayó al suelo, perdiendo la razón para no volver a recobrarla jamás. Se volvió loca. Yo, que hube de atenderla, no tenía un céntimo ni tampoco medio de adquirirlo, porque no creía posible convertir mis dotes de literato en industria. La situación era, por consiguiente, desesperada. Pero no perdí la serenidad. Cuando el hombre pierde la serenidad, ha perdido todo lo que es. Llevé al Monte de Piedad las joyas de mi mujer y me dieron por ellas seiscientas liras; escasamente lo preciso para vivir un par de semanas. Cinco días después, providencialmente, me pedían un cuento para la revista “Marzocco”, en la que yo había colaborado durante varios años renunciando siempre al modesto estipendio de treinta liras que ofrecían entonces. Al enviar el cuento escribí una carta al propietario de la revista, exponiéndole a cara descubierta mi situación de angustia, y unos días más tarde este señor me mandaba tres mil liras en compensación de toda mi colabiración pasada. Mientras vivía con aquel dinero, cuidando personalmente a mi mujer enferma, escribí la novela “El difunto Matías Pascal”. ¿ Y luego dicen que el trabajo exige quietud y serenidad?”.

 

 

En una de sus obras Pirandello quiso encarnar en un personaje de ficción su verdadera tragedia familiar: “ durante nueve años no  había vivido más que para ella, continuamente absorbido por la única idea de esta mujer, atormentado por ella, tan sólo deseoso de no darle ningún motivo de queja, de no justificar lo más mínimo su recelo: no había dejado de vigilarse con una implacable asiduidad, de manera escrupulosa y con temor. Durante nueve años había vivido casi con los ojos cerrados y los oídos taponados, casi fuera del mundo, como si el mundo no hubiese existido.”

 

 

(Imagen – Pirandello- temperamente it/ 2-rhona bitner -2005- Howard Yezerski gallery/ 3- Pirandello -lemadie it)

TEATRO EN LA NOCHE

 

 

El teatro en la noche madrileña o la noche de los teatros.

Madrid tiene una muy larga relación con el teatro, y como recuerda la misma capital al ir redactando en voz alta su propia “Autobiografía“- puntualmente anotada por Federico Carlos Sainz de Robles  -, los dos “corrales” transformados en “coliseos cerrados” fueron el “de la Cruz” en 1743, y el “del Príncipe” en 1745.  Pero la primera representación  teatral en un “corral” – llamado “del Limosnero” – fue en un patio interior de la hoy Plaza del Ángel, en el que cabían 600 personas y tuvo lugar el 5 de mayo de 1568. Los “corrales’ de la Cruz y del Príncipe comprendían ” el tablado“, para representar, a una altura de poco más de un metro sobre el piso de la sala;  las “gradas” para los hombres, en los laterales del patio; los “bancos portátiles” hasta más de noventa, que se alineaban desde las “gradas” y hasta el “tablado”; el “corredor” para las mujeres – llamado “cazuela” o “jaula” – en el primer piso; los aposentos o ventanas, llamados “rejas”, para las personas que querían asistir a la representación sin ser vistas;  y en la parte superior, como el actual anfiteatro, se abrían unos compartimentos estrechísimos y oscurísimos, llamados “aposentillos” o “desvanes” para gentes a las que no les importaba nada el teatro.

La escenografía en aquellos primeros tiempos era tan pobre como pintoresca. Telones de algodón o de seda pintados en colores vivos. Los dioses solían aparecer en lo alto, encaramados en una viga sin pintar. El sol era figurado con una docena de velas de sebo ocultas por un disco de papel. Cuando eran invitados los demonios, estos aparecían subiendo tranquilamente por una trampilla abierta en el tablado. Los truenos se imitaban removiendo sacos llenos de piedras. Como única decoración se utilizaban burdas sábanas pintarrajeadas: la del “bosque” – que servía también de “jardín”, “calle” y cualquier lugar al aire libre – y la del “aposento” – que era común para salón, gabinete, comedor y alcoba.

 

 

Muy curiosas eran en aquel tiempo  las “reprobaciones” teatrales, a cargo siempre de “reventadores”, hombres bravucones que llenaban el patio. Bertaut señalaba que “todos los comerciantes y todos los artesanos, dejando su tienda, se van allá con capa, espada y puñal, que se llaman todos caballeros, hasta los zapateros, y son los que deciden si una comedia es buena o no, pues la silban o aplauden rabiosamente”.

Estaban luego los “mosqueteros” – terribles críticos “de la acción” – que eran algunos aspirantes a poetas, los militares sin soldada, los paseantes en Corte, cuando llenos de rencores asistían al teatro dispuestos a malograr el espectáculo a poco que el autor se equivocara. Se les llamaba tambièn la ” Infantería española”, y eran temidos por autores y cómicos.

Teatros primeros en la noche de aquellos tiempos madrileños. Hoy  se evoca, una vez más, la noche de los teatros en la capital.

 

 

(Imágenes.-1-corral de comedias de Almagro. único que se conserva en España del siglo XVll- Wikipedia/ 2.- corral de comedias-tempora magazine/ 3.- teatro Lope de Vega- cadena ser)

LA EVASIÓN DEL ESPECTADOR

 

pintores..- Félix Vallotton..- en el teatro.- 1909.- coleccción particular.- DR

 

“Cuando baja el esplendor de la sala – dice Louis Jouvet – y las candilejas alumbran y entibian suavemente el telón, cuando los tres golpes que anuncian el comienzo de la pieza hacen cesar de pronto, apaciguándolas, las voces de los espectadores hasta el silencio, cuando todos los cuerpos parecen fundirse e igualarse en una masa humana monstruosa de la que no se ven más que los ojos y las orejas; cuando el telón se levanta lentamente, en el vacío que crea, los pensamientos, los sentimientos de los espectadores siguen su vuelo, huyen aspirados por su impulso. Un alejamiento de sí mismos los dilata de pronto interiormente…: es esa evasión de sí mismo que vive el espectador”.

(en el día en que se celebra “la noche de los teatros”)

 

teatro-bbve- Ione Citrin

 

(Imágenes.- 1.-Felix Vallotton– 1909- colección particular/ 2.- Ione Citrin)

VIAJES POR EL MUNDO (3) : UN TEATRO EN PARÍS

 

baile- danza.-5gyu.-Ximo Lizana

 

“Recuerdo ahora aquel teatro de París a media mañana, el patio de butacas vacío, los lujosos palcos desiertos, algunas luces, sin embargo, encendidas a pesar de la hora, no todas las arañas iluminadas, pero sí aquí y allá, desperdigadas, unas luces que hacían resaltar los dorados azules y las alfombras elegantes de los pasillos, y yo allí, sentado y solitario, en la cuarta fila del patio de butacas, situado en el centro, intrigado más que fascinado por aquel único bailarín que estaba ocupando el escenario, un gran escenario semivacío, siguiendo los movimientos de sus brazos y de sus manos, aquel bailarín espigado, de tez oscura, un flequillo remoloneando su frente, pero sobre todo, lo que más atrajo mi atención fueron su cintura y sus pies, sus manos en el aire, revolvía el aire, las palmas abiertas golpeándose rodillas y muslos, chasquidos, dedos sueltos ; calzaba estrechas botas puntiagudas y al bailar iba levantando espacios de polvo con el repicar de su taconeo en la madera, sonaba y resonaba la madera bajo las plantas de sus pies y las puntas de sus botas, se le veía repetir, ensayar, repetir, se corregía, no parecía contento con sus logros, estaba sudoroso y excitado con su simple pantalón vaquero y su torso desnudo, se erguía y doblaba y giraba, se inclinaba y se expandía al compás de la única guitarra desgarrada en un rincón, al aire de unas palmadas dadas desde la sombra, entre cortinas, sobre una silla.

Siempre me han interesado los ensayos. Los ensayos, los haga quien los haga, siempre son tentativas, esfuerzos continuados, uno parece que no sabe a dónde va y sin embargo los ensayos siempre marchan hacia un fin de manera constante, con tenacidad ciega, persiguen recomenzar una y otra vez, reemprender, superarse. En los ensayos se visten ropas informales en un clima de intimidad y de soltura y allí nadie nos ve porque sólo nos vemos nosotros”.

José Julio Perlado  (del libro inéditoRelámpagos”)

(Imagen.-Ximo Lizana)

IONESCO Y SU “RINOCERONTE”

Ionesco-bbnn- wikipedia

 

 

“El teatro es para mí – dice Ionesco en boca de uno de sus personajes en “La improvisación del alma” – la proyección sobre la escena del mundo interior: es en mis sueños, en mis angustias profundas, en mis deseos oscuros, en mis contradicciones interiores, que, por mi parte, me reservo el derecho de tomar como materia teatral. Como yo no estoy solo en el mundo, como cada uno de nosotros, en lo más profundo de su ser, es al mismo tiempo todos los otros, mis sueños, mis deseos, mis angustias, mis obsesiones no me pertenecen a mí solo; esto forma parte de una herencia ancestral, un depósito muy antiguo, que constituye el dominio de toda la humanidad. Es, por su diversidad exterior, lo que reúne a los hombres y constituye nuestra profunda comunidad y el lenguaje universal”.

 

escritores.-yubnnm.-Ionesco en su domicilio de rue de Rivoli.-ina.fr.

 

Ahora, nuevamente, se representa en Madrid “Rinoceronte” al que me he referido aquí en varias ocasiones. En su “Teatro y antiteatro” Ionesco quiso señalar: “La angustia se transforma frecuentemente en libertad; pero nada tiene más importancia al exterior que la emergencia del ser, sorprendente consciencia de nuestra existencia en una luz de aurora, en una libertad reencontrada; nosotros estamos asombrados de ser, en este mundo que parece ilusorio, ficticio”, Y refiriéndose a ” Rinoceronte” comentó: “Un tema resalta sin duda en “Rinoceronte”, y es el de la reprobación del conformismo (…) El conformismo tiene mala prensa. Cada uno considera que “los otros” son conformistas, pero no él mismo”.

 

escritores.-0ij.-Ionesco

 

” Para mí un autor – había escrito Ionesco en sus “Diarios” – es el que piensa al escribir sus dramas o sus comedias, igual que el filósofo piensa cuando filosofa. Al mismo tiempo, la obra dramática es como una reflexión sobre la obra dramática en general. El diálogo y el movimiento del teatro son su manera propia de explorar la realidad, de explorarse a sí mismo, de comprender y comprenderse”.

 

escritores.-8gt55.-Eugene Ionesco.-Gjon Mili.-1971.-LA VIDA

 

(Imágenes.- Eugene Ionesco en 1993- wikipedia/2.-Ionesco en 1964- Norbert Perrau/ 3-Ionesco/ 4.-Ionesco en familia en 1971- Gjon Mili)

SOBRE EL MIEDO ESCÉNICO

 

cine-ggbbu-mujer-rostros- Greta Garbo- Clarence Sinclair Bull

 

Ahora que se vuelve a hablar del miedo escénico, se escuchan las palabras de Greta Garbo en 1929 que fue narrando Mordaunt Hall al entrevistarla: “Aunque nunca había hecho teatro, un amigo suyo le pidió que actuase en “Resurrección”, cuando aún estaba en Estocolmo. Ella, en un momento de irreflexión, había consentido en hacerlo.

Llegó incluso a memorizar el papel y estudiar al personaje. Tenía confianza en sí misma, pero la noche anterior al ensayo general con vestuario había empezado a ponerse nerviosa y no había logrado pegar ojo. Llamó a su amigo para pedirle que fuese a verla y le dijo que no le iba a ser posible actuar. No había conseguido dormir. Ni los ruegos ni las protestas consiguieron hacerle cambiar de opinión. Sencillamente, se sentía incapaz de ponerse delante de unas candilejas.”

 

cine-riijj--Greta Garbo- Clarence Sinclair Bull

 

“Uno de los casos más sonados de miedo escénico- se ha recordado estos días en la prensa – fue el de Barbra Streisand, que en el año 67, durante una presentación en vivo, era tal su miedo, que olvidó la letra de su canción. Tuvieron que pasar 27 años para que volviera a salir a un escenario tras superar esa fobia a cantar ante una multitud.

Otro de los grandes artistas que ha sufrido en algún momento de su carrera el miedo escénico es Robbie Williams, que en 2009 paralizó su gira por el pánico escénico que lo paralizaba. Según dijo Williams en una radio británica, el miedo le hizo decir que no a una gira mundial. “Tengo un enorme pánico escénico, horrible, horrible. Se vuelve cada vez peor a medida que envejezco”. Dos años y medio después, Williams volvió a subirse a un escenario.”

El miedo escénico prosigue. A veces es una sombra que atenaza a los actores.

 

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(Imágenes.- 1 y 2 -Greta Garbo por Clarence Sinclair Bull/ 3.-Everett Shinn- 1906)

 

MARIONETAS

 

marionetass-yffc- Alexandra Exter

 

“Cada movimiento posee su centro de gravedad – le explicaba un primer bailarín de la ópera al escritor Heinrich von Kleist hablándole del mecanismo de un teatro de marionetas -. Basta con controlar este centro dentro de la figura; los miembros, que no son otra cosa que péndulos, siguen mecánicamente el movimiento por sí mismos, sin ninguna ayuda exterior. El movimiento mismo de la marioneta es extremadamente sencillo; si el centro de la gravedad se mueve en línea recta, los miembros descubren curvas cada vez; y si el conjunto se agita con varios golpes repetidos, aunque sea de manera fortuita, todo se agita rítmicamente, con un movimiento análogo al de la danza. Los movimientos de los dedos del operador están en una relación extremadamente sutil con el movimiento de los muñecos sujetos a ellos”.

 

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Esto que parece tan fácil ha atraído y fascinado a niños y a adultos. Valle- Inclán, por ejemplo, asistió encantado a las representaciones dadas en Madrid por el famoso Teatro dei Piccoli, de Prodecca y el gran universo de las marionetas ha sido objeto de numerosos estudios en la historia del teatro, deteniéndose especialmente en Gordon Craig con su supermarioneta y en Tadeusz Kanton.  En 2006, en la revista PUCK y en el artículo “Los mitos de las marionetas”,  se quiso recordar que “la marioneta no es solamente una forma y un lenguaje teatral, un objeto de arte; ella también es algo que, en todas las culturas, ha condensado las interrogaciones sobre la vida y sobre la muerte, sobre las relaciones que se establecen entre lo visible y lo invisible, el espíritu y la materia” y Kleist en “Sobre el teatro de marionetas” (Centellas) afirma que la gracia de las marionetas reside en el hecho de que no piensan, es decir, de que ningún obstáculo de racionalización o de autoconciencia se opone a su libre y gracioso movimiento.

 

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“Pienso que mi tarea será sobre todo – decía Gordon Craig – tomar cualquier lejano efecto de este espíritu que nosotros llamamos la Muerte – reunir cosas bellas en un mundo imaginario; se dice que ellas son frías esas cosas muertas, yo no lo sé – ellas parecen con frecuencia cálidas y mas vivas que aquellas que se atribuyen a los colores de la vida”. Lo inanimado y lo

 

 

infancia-bbttd- teatro- Alfred Eisenstaedt- ante las marionetas- mil novecientos sesenta y tres

 

animado,  el muñeco y el actor, todo lo que la marioneta nos hace reír o llorar.

 

 

 

 

Imágenes.-1. Alekxandra Ekxter/ 2.-teatro de marionetas de Salzburgo-sobreaustria/ 3.-marionetas- madrid.es/ 4.-teatro Alfred Eisenstaedt- 1963)

EL DUENDE DEL BAILE

 

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“El bailarín está inclinado en un rincón , se enjuaga la boca; pero contra los ojos, el burladero de los telones le oculta; viene y se va de él una vez más, agua y sudor. Entra su aliento hasta el callejón de los decorados. Luego encuentra el respiro. Se calma. Se yergue. Borra con un pañuelo la humedad de sus manos. Llega un tono de palmas del otro lado de la escena, desde el sol de la luz. Se le cita. Un “cantaor” sigue citándole, los brazos atrayendo el aire con el que quiere atraerse al bailarín. Es el tercio de la muerte, la última parte de la danza; allí donde este hombre murmura: “Yo me parto por dentro.” Toma el sombrero, el rigor, el nervio. Antonio Gades cambia a Antonio Gades la fastuosidad de un espectáculo por el estoque de la retención. No mira a nadie. No brinda a nadie. Conforme deja atrás las tablas, los tercios, los medios para ir entrando en esas tablas del teatro, su sobriedad sólo está brindando a ese trabajo de años que ha ido realizando en sí mismo.

 

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Diez perfiles en su compañía: rostros, yemas de dedos, castañuelas transformadas en manos. El público del Teatro de las Naciones recorre el talle de su guitarra y las siluetas de lunares rojos y amarillos de bellezas morenas, el rasgueo seco de las cuerdas y los golpes del tacón, la planta, la punta de los pies marcando su ritmo al silencio. Antonio Gades aparece como uno de los más puros bailes de hombre que existen, la danza menos espectacular y más despojada, esa farruca seria y grave, tras la que surgirá luego su intentó de coreografía moderna española, seguida de la ‘Danza fantástica“, de Turina a la que Gades, con singular libertad de expresión, ha querido añadir el tema vasco tradicional del “zortzico” estilizando todos los movimientos que recortan un episodio de amor. Es la jota final la que concluye, esa jota con la que Gades ha querido hacer y deshacer cubos y rombos; juego incesante de formaciones, trenzado de brazos y parejas, excitado tintineo de ese par de piezas de madera que en salto hacen chocar los dedos hasta que de los huecos brotan al aire los estallidos de la sequedad.

 

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La segunda parte – esa continuación de flamenco sobre la que Gades me revelaba, una vez más, su sentido de la comunicación no a través de lo espectacular, sino de lo sobrio, lo contenido, el contacto directo con el público por el camino de la austeridad -, forma un recinto. Del oscuro ritmo lento de las “bulerías”, tocando palmas, ascendiendo en emotividad, entran los sentimientos casi en solemnidad en el silencio del “martinete“, donde un “cantaor” solo, “El Lebrijano”, domina la soledad de la escena.

Antonio Gades, esbelto, vertical, los ojos entornados, el chaleco y su pechera blanca dando vueltas hasta alcanzar el vértigo, la rabia de su pirueta sobre la que se mueve en torbellino el teatro –  palcos, arañas, rojos, dibujos, dorados a una velocidad increíble en torno al eje humano de Gades -,  queda parado al fin, seco, cerrándose en un movimiento circular, como una media verónica en la que se va recreando este bailarín, en cuya vida – él mismo me lo ha confesado – parece adivinarse, invisible, la presencia interior de un toro despierto.”

José  Julio  Perlado

( desde París, diario ABC, mayo 1969)

 

 

(Imágenes.-1 y 2.-valprof.fr/ 3.-spanish peopledaily.com)