VERANO 2019 (1) : OLOR DE JAZMÍN

 

 

“¡ Qué tristeza de olor de jazmín ! El verano

torna a encender las calles y a oscurecer las casas,

y, en las noches, regueros infinitos de estrellas

tiemblan sobre los ojos cargados de nostalgia.

En los balcones, a las altas horas, hay

blancas mujeres mudas, que parecen fantasmas…

… El río manda, a veces, una cansada brisa,

el ocaso una música imposible y romántica…

La penumbra se llena de suspiros; el mundo

se viene, en un olvido lánguido, a flor de alma,

y se cogen libélulas con las manos caídas,

y, entre constelaciones, la alta luna se estanca…

¡Qué tristeza de olor de jazmín! Los pianos

están abiertos…, hay en todas partes miradas

ardientes…, por el fondo de cada sombra azul

se esfuma una visión apasionada y pálida…”

Juan Ramón Jiménez -“Olor de jazmín” – “Laberinto” (1910- 1911)

 

 

(Imágenes- 1- Richard Miller – 1910/ 2- Peter Ilsted)

PAISAJES DE HEMINGWAY

 

 

“Mirar la nieve, la lluvia, la hierba, tiendas de campaña, vientos, cambios de estación… charlar – decía Hemingway -, volver a ver a tus hijos, una mujer, otra mujer, varias mujeres, pero sólo una mujer de verdad,  algunos amigos, la velocidad, animales, cobardía, valentía, orgullo, co- ordinación, la migración de los peces, muchos ríos, la pesca, bosques, campos, todos los pájaros que vuelan, perros, caminos, toda la buena escritura, toda la buena pintura, las variaciones estacionales de la Corriente del Golfo, sus variaciones mensuales, los vientos alisios, corrientes alternas, la plaza de toros española, bares, vinos, el Prado, Pamplona, Navarra, Santiago de Compostela, Casper, Wyoming, Michigan, Florida, Arkansas, Montana.”

(Imagen – foto de Yousuf Karsh)

VIAJES POR EL MUNDO (19) : SAN PETERSBURGO

 

 

“En última instancia – comentaba Joseph Brodsky al hablar de San Petersburgo – , se debe atribuir el rápido crecimiento de la ciudad y de su esplendor en primer lugar a la ubicua presencia del agua. El Neva, que se extiende a lo largo de veinte kilómetros y se bifurca justo en el centro de la ciudad, con sus veinticinco tortuosos canales, grandes y pequeños, brinda a esta ciudad tal cantidad de espejos, que el narcisismo resulta inevitable. Es como si la ciudad, reflejada a cada segundo por miles de metros cuadrados de una continua amalgama plateada, fuera filmada constantemente por su río, que descarga sus secuencias en el golfo de Finlandia, el cual, en un día soleado, parece un depósito de esas deslumbrantes imágenes. No es de extrañar que a veces esta ciudad dé la impresión de una egoísta redomada, exclusivamente preocupada por su aspecto. Es cierto que en semejantes lugares prestamos más atención a las fachadas que a las caras, pero la piedra no puede procrear. La inagotable y enloquecedora multiplicación de todas esas pilastras, columnatas y pórticos insinúa la posibilidad de que al menos en el mundo inanimado se pueda considerar el agua una forma condensada del tiempo.

 

 

Prro tal vez más que por sus canales y ríos esta “ciudad extremadamente premeditada”, como la llamó Dostoievski, se ha reflejado en la literatura de Rusia, porque el agua sólo puede hablar de superficies  y, además, expuestas. La descripción del interior mental y real de la ciudad, de sus repercusiones en la población y su mundo interior, pasó a ser el tema principal de la literatura rusa casi desde el día mismo de su fundación. Técnicamente hablando, la literatura rusa nació aquí, en las riberas del Neva. Si, como se suele decir, todos los escritores rusos “salieron del “abrigo” de Gógol”, conviene  recordar que éste fue arrebatado de los hombros de ese pobre funcionario precisamente en San Petersburgo, al comienzo mismo del siglo XlX.  Sin embargo, quien fijó el tono fue Pushkin en su “Caballero de Bronce”.

En el marco de la vida rusa de aquella época, la aparición de San Petersburgo fue similar al descubrimiento del Nuevo Mundo: brindó a los meditabundos hombres de la época la posibilidad de observarse a sí mismos y a la nación desde fuera. Dicho de otro modo, esta ciudad les brindó la  posibilidad  de objetivar el pais. Si es cierto que todos los escritores deben distanciarse  de su experiencia para poder hacer observaciones sobre ella, en ese caso la ciudad, al prestar ese servicio distanciador, les ahorró un viaje.”

 

 

(Imágenes-1- San Petersburgo – Julian Barrow/ – 1939/ 2- San Petersburgo –  Nikolai Dubovsky- 1898/ 3- San Petersburgo- Sadovnikov-1862)

LECTURA, DISIPACIÓN, OLVIDO

 

“Es indudable que hoy se lee más que antes. ¿Se lee mejor? – se preguntaba Octavio Paz -. Lo dudo. La distracción es nuestro estado habitual. No la distracción del que se aleja del mundo para internarse en el secreto y movedizo país de su fantasía, sino la de aquella que está siempre fuera de sí, perdido en la mediocre e insensata agitación cotidiana. Mil cosas solicitan a la vez nuestra atención y ninguna de ellas logra retenernos; así la vida se nos vuelve arena entre los dedos y las horas humo en el cerebro. Si tuviéramos el valor de hacer un diario examen de nuestros actos y pensamientos, confesaríamos que somos culpables no de crímenes sin expiación sino de incontables y momentáneos deseos y apetitos, seguidos de mínimas abjuraciones y traiciones a nosotros mismos y a los otros. Pero, ¿somos capaces de recordar siquiera lo que hicimos ayer? Si nuestro pecado se llama disipación, nuestro castigo se llama olvido. Leer es lo contrario de esa dispersión; leer es un ejercicio mental y moral de concentración que nos lleva a internarnos en mundos desconocidos que poco a poco se revelan como una patria más antigua y verdadera: de allá venimos. Leer es descubrir insospechados caminos hacia nosotros mismos. Es un reconocimiento. En la era de la publicidad y la comunicación instantánea, ¿cuántos pueden leer así? Muy pocos. Pero en ellos, no en las cifras de las estadísticas, está la continuidad de nuestra civilización.”
(Imágenes -1-Christian Krogh / 2-Edith Cusack -1896- art gallery of new south walles)

VIAJES POR EL MUNDO ( 18) : EN LOS MARES DEL SUR

 

 

 

“Y si pones en duda lo que cuento, timonea tu barco por las ondas de los mares del Sur; cruza en tu ruta entre inmensas colmenas de corales en las que bulle de incontables vidas el esfuerzo constante; donde en torno del atónito barco, las medusas flotan como hinchazones irisadas; y camina la asteria en cinco dedos, rítmicamente, por las aguas mansas; y bajo mil espinas hacinadas vibra el huevo de mar entre las rocas, y un prodigio naranja se vislumbra donde la jibia entre timieblas duerme, anclada sobre abismos más profundos donde mora la ciega sierpe macho del mar, que con su novia besuquea los barcos que hace tiempo naufragaron, y descendiendo a la tiniebla eterna fueron en busca de sus fríos labios.”

(citado por Ruydard Kipling enUna realidad”)

(Imagen – Ralph Fleck)

LA HABITACIÓN SORDA DE JUAN RAMÓN

 

 

“En la calle del Conde de Aranda donde vivía antes Juan Ramón – contaba Alfonso Reyes en suTertulia de Madrid” -, él se compuso un cuarto sordo, acolchado, que le costó mucho dinero y paciencia. Los obreros no le entendían, y él mismo se equivocaba al principio en la elección de los medios.

Comenzó por forrar los muros de corcho. Pero yo, que tenía mis dudas – continuaba Reyes -, consulté a un mecánico belga, vecino mío. Y mi vecino me explicó que el corcho interrumpe las vibraciones motrices, pero no las acústicas, que contra los ruidos, lo mejor era el fieltro.

Juan Ramón rehizo la obra, apuró un poco, y al fin dió con una sustancia ensordecedora especial que le trajeron de los Estados Unidos, donde las cosechan para sanatorios de hombres fatigados. El resultado fue fantástico.

– Parece – decía el poeta Moreno Villa – que le arrancan a uno los tímpanos al entrar aquí.

Pero lo peor no era esto, sino que se apagaba del todo la atmósfera sonora, ese ambiente o baño de rumores indefinibles en que vivimos como sumergidos; se borraba, en fin, el fondo del paisaje – ! pero en cambio, resaltaban, únicos, individuales y más discernibles que antes, los ruidos más fuertes, los ruidos esporádicos, acaso los más turbadores de todos! Así, el fotógrafo de al lado, el loro del piso bajo, el pavoroso ruido que lanzan los muebles de tiempo en tiempo, y, sobre todo, la pianola de los cubanos de arriba, que todo el día bailaban tangos argentinos con unos tacones matadores…

– Estoy seguro – decía en su exasperación el poeta – estoy seguro  de que usan tacones metálicos.

 

 

Al fin, derrotado, Juan Ramón decidió mudarse. Y en la nueva morada – una pequeña terraza de una de las calles más amplias y señoriales de Madrid – se oía de tiempo en tiempo el chirrido del tranvía en la curva y, al anochecer, el grito de la castañera.

Juan Ramón se ha acostumbrado a levantar la pluma y suspender la labor unos segundos, mientras acaba su quejido el tranvía. Y en cuanto a la castañera, afortunadamente, ha desaparecido con el buen tiempo.

(…) Azorín, curioseando un día en unas ediciones escogidas, le descubrió un antecedente a Juan Ramón Jiménez: resulta que Lamartine padecía del mismo mal y también había caído en el error del cuarto acolchado. Sólo que Lamartine tenía un cuarto al parecer espacioso, y el de Juan Ramón era diminuto, aunque daba la ilusión del espacio, y aún del aire libre, un espejo que duplicaba la longitud y reproducía la ventana de la calle.”

 

 

(Imágenes -1- Juan Ramón Jiménez – Daniel Vázquez Díaz/ 2- Carl Holsoe/ 3- Raoul Dufy)