SI TE LLAMO AZUCENA

«Si te llamo azucena, si te llamo,

¿a qué jardín del mundo no le obligo?

Si te digo romero, si te digo,

¿a qué monte del mundo no reclamo

que tenga tu color y olor? Te amo

por el romero en ti, porque te sigo

como a jardín del alma que te digo,

como monte del alma que te llamo.

Y con tanto nombrarte y renombrarte

sin variar de nombre, a cada cosa

bella, la voy llamando con mi acento;

y las dejo morir al silenciarte,

y si digo azucena y digo rosa,

las nombro a ellas, pero a ti te siento».

José Antonio Muñoz Rojas

(Imágenes:-1.- Eva Watson- Schütze.-1903/ 2.-Georgia O´Keeffe.-amapola roja.-1927.-arthistoryarchive)

LA PERSONA QUE ESCRIBE

«Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escritor. (…) La soledad no se encuentra, se hace. La soledad se hace sola. Yo la hice. Porque decidí que era allí donde debía estar sola, donde estaría sola para escribir libros. Sucedió asi. Estaba sola en casa. Me encerré en ella, también tenía miedo, claro. Y luego la amé. La casa, esta casa, se convirtió en la casa de la escritura. Mis libros salen de esta casa. También de esta luz, del jardín. De esta luz reflejada en el estanque. He necesitado veinte años para escribir lo que acabo de decir».

Marguerite Duras: «Escribir» (Tusquets)

(Imagen: Alfred StieglitzAlfred Stieglitz, USA.-wn. com)

EL HÉROE QUE SURGIÓ DEL FRÍO

«No es nuestro héroe James Bond. Tampoco lo es el astronauta. Yo diría que esa precisamente debería ser nuestra gran dicha: mirar la pasión sin muerte de James Bond, mirar la ascensión al espacio del astronauta, y saber que ninguna de las dos nos representa. Convencernos de que en nuestro tiempo los héroes, en vez de urdir hazañas extraordinarias, batallan en la extraordinaria hazaña de lo ordinario. Los verdaderos héroes ‑esto no puede suscitarnos vanidad, sino meditación‑ somos nosotros mismos.

Observemos al héroe. Viene del horizonte de le épica, vive en tierras de grave inmensidad, nace en vastas extensiones de tiempo. Lo que arrastra mientras cabalga hacia nosotros es ese resto del decorado antiguo, su aire de fábula, el carácter sagrado que va perdiendo por el camino. Cuando llegue a nuestro siglo XII, el héroe conservará casi intacta su grandeza. Gesto, vestido, movimiento, energía, serenidad, solemnidad en el rito, dimensión exaltada, maravilla: todo esto nos llevará al Cid. Nuestro Rodrigo lleva a cabo proezas increíbles, se recorta entre la tierra y el mito, pone un pie en la realidad y da un paso hacia la fantasía. Sobre todo, ha adquirido humanismo: este héroe español, que puede fascinarnos por su impulso, nos subyuga principalmente por la sobriedad; sus victorias nos dejan más vencidos porque poseen ternura.

Pero pasemos a otro siglo. Estamos en un suburbio; sea en 1599 o en 1540, con Lazarillo de Tormes o con Guzmán de Alfarache, lo cierto es que el aire huele a campo y a arrabal. Al menos es lo primero que se advierte; y en seguida, la insignificancia de una sombra que va trepando como protagonista. ¿Qué es lo que aporta? Nadie lo sospecha, va a ser una sorpresa: para la sociedad, constituirá la rebelión; para las letras, la novela moderna. Se ha derrumbado la épica de la caballería, y el pícaro” va a suplantarla. A pesar de los triunfos del amor, en contra de los valores de la fama, de la hidalguía y del señorío, el “pícaro” desnuda sus vergüenzas, sabe que son sus glorias y las muestra, con cinismo mordaz se vale de sus hambres para escribir la propia biografía. Naturalmente no llegará a héroe: será su antípoda. Pero esta figura humilde, nacida como reacción del siervo más que del servidor, no carece de peculiar dignidad; su fuerza es el sarcasmo, y su móvil el reverso de la proeza.

Tracemos ahora un arco, ganemos tiempo. Este arco desciende hasta los lindes de nuestra época. Nuestra época no oculta a ningún Lazarillo ni esconde a ningún Cid; el héroe que ella descubre es un personaje normal y banal, enterrado en un vulgar paisaje. Dos ejemplos: el héroe puede llamarse Bloom y ser un pequeño agente de publicidad extraído de la vida de Dublín; el héroe puede llamarse Maigret y ser un sencillo policía destinado en París. Entre los dos se abren las diferencias de un tono y de una calidad literarias; pero a los dos les une un relevante detalle: son simples individuos, cuyas vidas alcanzan lo epopéyico precisamente a través de lo insignificante.

Lo insignificante, ese es el secreto. Este siglo ha tenido que transformar la rutina en hazaña, la nimiedad en leyenda. No hay más que contemplar al héroe de Joyce: un ciudadano despojado de su gloria. Ofendido y humillado, llevando en andas su destierro, Bloom atraviesa Dublín, mientras la gran ciudad, entreabriendo sus calles, lo absorbe y se lo traga. Lo banal le rodea; ese día en Dublín, nada ha pasado: buen tiempo en la mañana, tarde calurosa y lluvia nocturna; se han anunciado rebajas de verano, y en el teatro se presenta una ópera: tal puede ser una jornada anónima de una ciudad cualquiera. Ante Maigret, la impresión será idéntica. Si alguien pregunta dónde encontrar lo insólito, el policía habrá de contestarle: soy la simplicidad; un empleado en medio de empleados, una pipa, la manía de atizar la estufa, horario de oficina, zapatos pesados, un abrigo con el cuello de piel. Es la epopeya de la monotonía. Maigret sueña con el retiro, Bloom con una casa en las afueras; Maigret tiene como escudero a su esposa, Bloom es el escudero de su mujer.

Sobre todo, los dos personajes son reales. La épica moderna ha prescindido de lo grandioso para dar paso a lo verdadero: un realismo tremendo en París o Dublín. Nos hemos alejado de lo sobrehumano, de lo sagrado, de lo increíble; nos hemos alejado de lo invencible. Ese hombre que pasa puede ser oprimido o engañado, sentirse insatisfecho o caer en el ridículo. No importa. Todo eso no le impide ser héroe. Se encuentra solo; burlón o taciturno, aspira a conseguir el heroísmo en la trivialidad.

Se ha reducido lo excepcional, ha variado el sentido de la aventura. Hoy la aventura no es tanto modificar una circunstancia como procurar defenderse de ella. El río de las circunstancias nos empuja, nos envuelve, nos lleva; las circunstancias forman remolino, el río nos precipita y nos despeña. Sobre ese cauce, dos perfiles: el hombre que lucha o que resiste agarrado a las rocas, y el que se aleja inmerso en la corriente. Ambos han sido aceptados como protagonistas. La literatura de nuestro tiempo nos ofrece la efigie del primero en esas obras viriles y violentas que alguien ha bautizado de la condición humana: en ellas se yergue un heroísmo pleno, el heroísmo retratado en los gestos y en esos actos tan secos muchas veces, pero que justifican impecablemente el ardor del hombre frente a la vida. En este caso, el héroe es heroico por cumplir ese esfuerzo de voluntad y abnegación que le anima a realizar un hecho extraordinario; su hazaña está nutrida de resistencia y de exigencia, y su misión es sacudir a cuantos incapaces no logran ser conscientes de su destino.

Pero la literatura de nuestra época refleja también a la figura anónima, al hombre-masa, al solitario en sociedad, al hombre-número, al héroe, nuestro hermano de todos los días. Si este individuo pudiera gozar de auténtica comunicabilidad con sus semejantes, si no tuviera que vivir aislado al propio tiempo que arrojado en la aglomeración, o bien si disfrutara menos de la cortesía impersonal y más del amor verdadero, podría decirse simplemente que en nuestra tierra existe un hombre sin nombre, casi feliz, que por ser tan vulgar o tan corriente es difícil que alcance el heroísmo. Pero este héroe de tantos libros contemporáneos es heroico por más de un motivo. Su andar errante atravesando calles con una mezcla de rebeldía y tedio, su sombra sin relieve, incluso sus gestiones sin éxito, hacen que se levante sobre el mundo un nuevo héroe, antes desconocido, cuya aventura es continuar anónimo y vivir lo ordinario en silencio.

Poco. Acaso valga poco. Tal vez sea mediocre, o áspero y salvaje, o triste o ingenuo. Pero ese mudo charlar que se le escapa, monólogo interior y extraño soplo, es su sonoro pensamiento. Quizá no llegue el héroe a poeta, ni a rector de asambleas, ni a líder político. Su fatiga, sin embargo, le delata: marcha sin brújula, como si hubiera olvidado el esqueleto.

Bien. Mirémosle de cerca ya que avanza dormido. Sonámbulo, sueña con superhombres, esos brillantes caballeros del mito. Ahora se sienta en la butaca, se transforma y se evade: James Bond le atrae en la pantalla; el astronauta, en los cielos vacíos.

Pero más tarde sale: entra en su mundo. Sigue posada el ala de la duda sobre su vida, quietas las garras de la costumbre: dos ojos de rutina le miran fijamente retando a su heroísmo. El hombre da unos pasos: se estremece. Ese temblor que siente es el frío del siglo».

(«El artículo literario y periodístico» .-«Paisajes y personajes».-pág 305-308)

(Imágenes.-1.-Amir Shingray,.2008.-Craig Scott Gallery/2. Balcomb Greene .-1962.-Champs de Mars.-Spanierman Modern/ 3.-pintura de Sir Henry Raeburn.- patinaje sobre Duddingston Loch.–Reverendo Robert Wallker.-1795.-National Gallery of Scotland/ 4.-Yarg Noremac.- sin límites.-2008.-Robert Berman Gallery/ 5.-Jack Spencer – vigía del mundo.-2000)

INVIERNO 2011 (3) : YO DIGO RÍO

«Yo digo río, corrosivo

beso de entrañas,

río, cortadura, enorme abrazo

en los más pequeños pantanos,

agua forzada forcejeando con las compuertas,

pues con las nuevas lágrimas

te he transformado en río

venenoso

rítmico

triunfante

que hacia las orillas floridas del mar

arroja como cicatriz mi senda de manzanillos.

Yo digo río

como quien diría paciente cocodrilo real

dispuesto a salir del sueño,

río

como anaconda real,

inventor del sobresalto,

río,

chorro único como desde el fondo de la pesadilla

las montañas más Peladas.

Río

a quien todo le está permitido,

aleja ya mis orillas,

ensánchame

para auscultar el nuevo corazón coralino de las mareas,

y que todo el horizonte, cada vez más ancho

ante mí,

a partir de tu hocico se aventure

desde ahora

remolino

y líquido».

Aimé Césaire: » Tu retrato»

(Imágenes.-1.-Damme.-Bélgica 1995.-Lynn Geesaman.-Thomasbarry.com/ 2.-Damme.-Bélgica 2004-.- Lynn Geesaman-Thomasbarry.com/3.–Bélgica 1995.-Lynn Geesaman.-galería Robert Koch)

INVIERNO 2011 (2) : EL SUEÑO

«La vida es doble. El sueño tiene un mundo propio,

límite de las cosas que no están definidas.

La vida y muerte… El sueño tiene un mundo propio

y un extenso dominio salvaje y realista.

El sueño revelado respira con su aliento

lágrimas y torturas tocadas de alegría

que aligeran su peso cuando nos despertamos

quitándonos el peso de luchas y fatigas.

Dividen nuestro ser, aunque luego se vuelvan

parte de nuestro tiempo, de nuestra propia vida;

heraldos de lo eterno que pasan como sombras

sobre nuestro pasado y hablan como sibilas

que predican futuros. Su fuerza y poderío

son el gozo o la angustia, constante tiranía

que nos vuelve hacia aquello que no hemos sido nunca.

Visiones esfumadas nos despiertan y agitan.

¿Es acaso el temor de fantasmas errantes?

¿No es el pasado espectro? ¿Sombra desvanecida,

creación de la mente que puede hacer substancia

poblando las estrellas de refulgente vida

y dando aliento a formas impalpables, etéreas,

que a la materia anulen y que la sobrevivan?

Una visión soñada quiero recordar siempre…

Tal vez durante el sueño una idea en sí misma

-pensamiento dormido capaz de eternizarse –

remansa en una hora toda una larga vida».

Lord Byron: «El sueño» .-escrito en julio de 1816 en la villa Diodati, cerca de Ginebra -(traducción de María Alfaro).-Poemas líricos.-Adonais, 1950

(Imágenes:- 1.- Julia Margaret Cameron.- 1864.- Imagery Our World/ 2.- Jerry N.  Uelsmann.-all-art.org)

MONEDAS DE TIEMPO

Pasan las monedas de tiempo en el último día del año, resbalan de mano en mano las hojas de los meses, horas circulares, redondas penas y alegrías, esferas, agujas, mecanismos, las cajas de madera de raíces plantadas en nuestra sobremesa de siempre, sonerías, agujas del reloj que un día nos hirieron, silenciador de voces, calendario de fechas, segundero de nimios pensamientos, alarmas que nos conmovieron, muelles que nos levantaron en caídas, decoración grabada en platino de tantos días iguales, pasos de cebra de aquellos días iguales, autobuses, aviones, teléfonos, péndulos de inestable corazón, placas de nacimientos y rupturas, despertadores de sueños, acristaladas cúpulas de deseos, aceros forjados de voluntad, cuartos y medias de tantas citas memorables, hendiduras de dolores, llaves poniendo en marcha la vida, cajas de música, pesas, alambres, ruedas de infortunios y sorpresas, decisiones torneadas a punta de buril, visualidad, claridad, la vida, el día es claro y siempre rodeado de misterio, se desmontan, se retocan los recuerdos, la numeración de latón que marcan alegrías se hace de bronce dorada a fuego, es el mecanismo de la repetición, repetición, repetición, relojes de agua, de arena, de sombra y sol, astrolabios contemplando estrellas, estrellas, estrellas que en el último día del año nos pasan monedas de tiempo.

(Imágenes: 1 y 2:  Terminal Grand Central de Nueva York-1941.- foto John Collier.-shorpy.com)

LA NEVADA DE EMERSON

«Anunciada por todas las trompetas del cielo,

llega la nieve, y revoloteando sobre los campos,

parece que no se posa: el aire blanco

oculta colinas y bosques, el río, el firmamento,

y vela la granja más allá del jardín.

Trineo y viajero detenidos, los pies del correo

demorados, todos los amigos lejos,

los de la casa se sientan en torno al hogar

en la tumultuosa intimidad de la tormenta.

Ven a ver cómo construye el viento del norte.

De cantera invisible siempre provista

de piedra, el feroz artífice curva

sus blancos bastiones con tejado en voladizo

en torno a cada estaca, árbol o puerta que queda a barlovento.

Veloz con mil manos, su labor descomedida

es tan caprichosa, tan desatada, que poco se le da

el número o la proporción. Burlón,

donde vive la gallina o el perro cuelga guirnaldas de Paros;

al espino oculto le da la forma del cisne;

llena la vereda del labrador de parte a parte,

inmune a sus suspiros; y en la verja

una torreta ahusada remata su labor.

Y cuando sus horas están contadas y el mundo

es todo suyo, se retira y sólo deja,

cuando el sol aparece, un Arte asombroso

que imita en lentas estructuras, piedra a piedra,

la labor del loco viento de la noche anterior,

la retozona arquitectura de la nieve».

Ralph Waldo Emerson: «La nevada»

(Imágenes:- 1-arte sella /2.-foto Michele Harvey.-2002.-Katharina Rich Perlow Gallery.- New York.-artnet)

EL FUTURO DE LA COMUNICACIÓN

Copio de eCuaderno estas muy interesantes declaraciones de José Luis Orihuela en una entrevista concedida al Centro de Investigación de Medios y Sociedad Andes (CIMAS), de la Universidad de los Andes, con motivo de su reciente visita a Chile.

«La evolución de las tecnologías de la información, los soportes móviles y la digitalización han producido un cambio radical en los modos de gestión de la información pública. Queda fracturada buena parte de los paradigmas con los que hasta ahora hemos entendido la comunicación pública, el sentido de los medios, la propiedad intelectual, los derechos de autor, etc.

En el antiguo entorno, la figura del gatekeeper o editor, administraba de manera exclusiva en todas las industrias (música, cine, editorial y artística) la posibilidad de que los generadores de contenidos publicaran o comunicaran. En el nuevo escenario existe la posibilidad para todas las personas que generan contenido de comunicarlo públicamente sin mediación. Con lo cual todo ha cambiado en este escenario de la comunicación pública. No tiene sentido mantener, prolongar o proyectar los modelos de negocio o las formas de gestión de derechos basadas en la reproducción física de copias en un entorno en el cual podemos distribuir los contenidos independientemente de los soportes. Tampoco tiene sentido mantener un sistema de pago en un escenario en que existen productos gratuitos de calidad alternativa.

El gran desafío para los creadores es mostrar de una manera eficaz su talento, hacerse escuchar o ver en un espacio en el que todo el mundo tiene voz y así descubrir y generar modelos de negocio que hagan sostenible su actividad como artistas, escritores, productores, guionistas. Y todo esto no necesariamente proyectado desde los modelos de negocio anteriores.

A veces para un músico es mucho más eficaz que sus obras circulen libremente por la red y generar suficiente volumen de atracción y de visibilidad como para que sus conciertos resulten multitudinarios. Pueden vender entradas que a veces duplican o triplican el precio de la distribución física de su obra.

Las personas que se quieren dedicar profesionalmente a la generación de contenidos tienen una oportunidad que no ha existido nunca en la historia de hacer público su arte y talento sin ningún tipo de intermediación: ni instrumental, ni funcional, ni personal, ni mediática.

Ese escenario ha debilitado la estructura y funciones y los modos de financiación de las industrias tradicionales. Afecta a la industria de la música, del cine, la industria periodística, pero no tiene vuelta atrás. No hay ninguna posibilidad de volver a la situación anterior en la que existían instituciones, personas y empresas que administraban la comunicación pública y los contenidos generados por los artistas.

¿Cómo harán los medios tradicionales para no desaparecer como intermediarios? ¿Cuál es su futuro frente a la falta de mediación?

Creo que este tema no debería preocuparnos. Por ejemplo, ante el desarrollo del ferrocarril, la pregunta ¿qué debemos hacer para mantener la diligencia a caballo? no es la correcta, sino que ¿cómo transformamos nuestro negocio, nuestra identidad para aprovechar la aparición del ferrocarril?

Estamos frente a un tipo de innovación que deja fuera de la historia a algunas industrias. Es un proceso progresivo, no desaparecerán esas industrias en los próximos 50 años. Lo que no va a desaparecer y es importante que no desaparezca son los perfiles profesionales asociados a la gestión profesional de formación de contenidos. Tal vez los periódicos – tal cual los conocemos- o las revistas de papel y los programas de televisión y de radio dentro de 25 años hayan desaparecido o sean diferentes. Más que esto interesa ver cómo los profesionales hemos sido capaces de transformar nuestros talento, arte y oficio para desarrollarlos eficazmente utilizando las nuevas plataformas y llegando de nuevas maneras al público y a los usuarios.

Creo que esa desaparición de medios tradicionales no es un proceso inminente, es a medio o largo plazo. Se trata de un proceso más o menos inevitable, no será una desaparición absoluta porque tradicionalmente no ha habido una sustitución de medios viejos por medios nuevos, sino que ha habido una mutación. Dentro de 15 ó 20 años probablemente le llamaremos revista, libro o diario a una cosa que, físicamente no se parecen a los objetos que ahora llamamos así. Quedará sólo el nombre o sólo el nombre paulatinamente transformado. Es menos importante la pervivencia de los medios –cómo vamos a hacer para que estos medios no desaparezcan- que el cómo haremos para que siga habiendo un espacio social y cultural para la gente que se quiere dedicar de manera profesional a la comunicación, al arte o a la creación. Esto es lo crucial.


¿Habrá espacio para los periodistas?

Ese espacio ya existe. En el viejo entorno, uno se podía topar con un estudiante que se quejaba por su escasez de oportunidades para demostrar su talento en crónicas deportivas porque no conseguía publicarlas en el periódico de su ciudad. Ahora esa limitación no es real. Cómo hacerlo rentable es un problema diferente sobre el que no hay respuestas definitivas porque es un proceso que estamos viviendo ahora. Lo que es evidente es que no se podrán proyectar los viejos modelos de funcionamiento de negocios. Me parece que no hay vuelta atrás y que la necesidad de la sociedad de consumir información, cultura y ficción seguirá existiendo, sólo que será resuelta mediante otro tipo de productos, en otras plataformas y por más gente.

Con las nuevas redes se genera un problema de derechos de autor, vida privada, derecho a la propia imagen, etc.. que están sin resolver…

En este tema hay cuatro puntos importantes:

Primero, a veces el discurso de la privacidad va directamente en las plataformas, cuando debería ir primero en las personas. La gente está haciendo pública su vida privada porque quiere. Publica fotos de su boda, de sus vacaciones, de sus hijos, etc. sin que nadie le obligue a hacerlo. Estamos compartiendo nuestra vida públicamente.

Segundo, en el ámbito específico de las redes sociales hay algunas limitaciones o condicionamientos. El usuario puede determinar qué tipo de público puede tener acceso y qué contenidos publica.

Tercero, el uso por parte de los medios de comunicación tiene que ver con las condiciones de uso de las plataformas. Por ejemplo, las condiciones de uso de facebook impiden que cualquier cosa publicada salga a los medios de comunicación. En la práctica eso no se hace. Creo que no se puede hacer un uso público de lo publicado en facebook. Eso está especificado en las normas de uso de la plataforma.

Cuarto, en procesos más complicados deberíamos empezar a acostumbrarnos a especificar a los usuarios de buena voluntad con qué tipo de licencias publicamos ciertos contenidos. Esto es especialmente grave en el caso de profesionales. Cuando se publican fotos, videos o textos, hay que indicar qué se puede hacer con esos contenidos. Algunos de esos contenidos interesa que sean reproducidos en medios de comunicación, siempre citando la fuente. Esta conciencia de indicar un tipo de licencia específica para cada contenido ayuda a proteger el trabajo.

Es importante entender que lo nuevo en el ámbito de las comunicaciones y de los medios no es un problema, sino una oportunidad. El análisis de lo nuevo como un problema se suele realizar cuando se mira lo nuevo con los paradigmas de lo viejo. Si queremos entender y participar en la cultura que están generando estas nuevas herramientas y nuevas formas de la tecnología tenemos que pensarlas en términos de oportunidad, de la maravillosa oportunidad que supone para una institución universitaria tener acceso a contenidos de investigaciones publicadas en universidades de todo el mundo, a publicar los trabajos de nuestros estudiantes, y muchísimas otras ventajas».

(La negrita es mía)

( A veces en un blog no hay nada más que añadir)

(Imágenes:-1.-Arman.- La acumulación informativa.-1969.-artnet/2.-Larry Fink -artnet)

PLA, MATVEJEVIC, MAGRIS

Tiempo de verano, tiempo de viajes. Nubes, horizontes, espacios nuevos. Tiempo también para acompañar a tantos escritores viajeros, como entre muchos otros destacan Pla, Matvejevic o Magris. En torno a montañas y a mares quise evocar a los tres en Alenarte a través de este artículo:

«Como si quisiera seguir  a Pla de algún modo aunque con otro estilo muy distinto y muy original, el gran escritor yugoslavo Predrag Matvejevic, profesor de literaturas comparadas en la Sorbona y del que acaba de reeditarse su célebre “Breviario mediterráneo” (Destino),  cuenta los viajes de las olas, los de las nubes, los vientos, el mar, y  también esas conversaciones que el océano arroja en las costas siempre que sepamos dialogar con ellas

Siempre me ha interesado también la forma con la que Josep Pla invita al viaje. Y de su delicioso libro “Viaje a pie” he hablado ya en Mi Siglo.

¿Cuándo se viaja a pie? Pocas veces. No es estrictamente un viaje el que hacemos caminando desde el autobús hasta la boca del Metro cada mañana o cada tarde ni ese  callejear al costado de los barrios cuando vamos o venimos del trabajo, ni  tampoco lo son las pequeñas excursiones semanales, si es que las hacemos, con fines deportivos o higiénicos. El viaje a pie lento, mesurado, contemplativo, despreocupado y gozoso lo cumplimos en contadas ocasiones amparados en  la excusa de que estamos cercados por el tiempo. “Ante todo – recomienda Pla en ese libro a los jóvenes y en el fondo a todo el mundo – les propondría un corto viaje por alguna de nuestras comarcas, que pasaran de una a otra población, no por los caminos reales y las carreteras del orden que fueren, sino a través de los caminos vecinales, los atajos y las veredas. (…) . Hay dos cosas muy interesantes – continúa –  : pasear y hablar con la gente” Y aquí Pla da en el clavo de dos cuestiones que reflejan bien nuestro tiempo. Ni  paseamos suficientemente ni tampoco  hablamos.  Marchamos siempre veloces por la vida  y a la vez nos refugiamos en el mutismo, convivimos  con  nuestra  propia  soledad.

Pasear – sigue diciendo Plasupondría tener una idea del aspecto material de las cosas. Y de muchas otras cosas que no son el aspecto material (…) Y a base de hablar con la gente se llegaría a tocar, a ver, a presentir nuestra manera de ser más auténtica y real. ¿Que eso no tiene interés? Pero, entonces, ¿qué es lo que tiene interés? ¿Qué es lo que vale la pena observar?”.

“Los mediterráneos – afirma por su parte  Matvejevic siguiendo el motivo del mar– se hacen preguntas ya desde niños, y a veces contestan a ellas, como niños cuando ya son viejos. Las he escuchado sobre todo en los autodidactas, mientras exponían sus teorías sobre el mar y sus orígenes, sobre el nacimiento y la muerte de las lenguas, sobre el origen de los pueblos, sobre antepasados únicos o comunes, por ejemplo, godos y ostrogodos, vénetos…Algunas de estas tesis o hipótesis – especialmente por el modo de exponerlas o defenderlas – provocan la sonrisa, otras nos hacen pensar: las mareas, las posiciones de la luna en el continente y en las islas, las diferencias entre los lunáticos continentales e insulares; el lucero del alba y la estrella polar, sus movimientos e influencias; los signos del zodíaco y los calendarios más variados; los alfabetos más antiguos, los manuscritos que versan sobre ellos, los lugares donde fueron hallados o aún pueden ser hallados; los mares antiguos y sus vestigios; las causas y los efectos de las lluvias amarillas o rojas, los vientos que las traen de la costa africana; las catacumbas y su papel en la política, las canículas y su influencia sobre el poder; la distribución de los terremotos en la cuenca del Mediterráneo…” Es decir – como Pla –  Matvejevic se ha detenido a conversar con los hombres y las mujeres de las costas y,  sobre todo, más que hablar él,  los ha escuchado. Así ha ido acumulando esa sabiduría que el viajar por el mundo otorga.

En el fondo, es tan importante el escuchar como el viajar como persuasión  (así lo recomienda Claudio Magris), no viajar de modo apremiante y apremiado, ya que hacerlo obligados por el trabajo o los quehaceres significa la negación de la persuasión,  de la parada o del vagabundear. El viajar espaciado – con la curiosidad a flor de piel, “pegando la hebra” (como diría Delibes), hilvanando conversaciones con las gentes – es algo tan valioso que podríamos compararlo a  cursar una asignatura al aire libre en la que se nos fuera explicando – a veces al caminar, a veces ante un vaso de vino – muchos secretos de la longevidad y de la vida, la vuelta de muchos amores y desdenes, cómo se superó un desarraigo y se perdonó una traición o qué herencia se recibió y qué herencia se deja.  ”¿Adónde os dirigís?”, se pregunta en “Enrique de Ofterdingen“, la novela de Novalis. “Siempre hacia casa”, es la repuesta. “¿Por qué cabalgáis por estas tierras?’”, pregunta el alférez en la famosa balada de Rilke. “Para regresar” contesta el marqués.

En resumen, casi cada vez se nos cuenta mientras cruzamos la existencia que estamos volviendo al origen,  unos a las raíces, otros a las creencias, otros a la patria de donde salimos. Caminamos y volvemos. Caminamos y avanzamos. El recorrido lo han hecho muchas gentes y uno entre muchos fue Ortega con sus “Notas de andar y ver“. Vemos y andamos. Andamos y escribimos cuanto escuchamos antes. Anotamos (como hizo Cela en la Alcarria y en el Pirineo de Lérida, entre otros libros) y lo que anotamos fue lo que nos fueron diciendo quienes nos saludaron o nos recibieron. Pla lo hace igualmente por el Ampurdán. Castroviejo por los montes y chimeneas de Galicia. Unamuno y Azorín por muchos lugares de España.

Lo esencial es viajar por mares y montañas, pueblos y ciudades,  y saberlo hacer. Los mares le van hablando al yugoslavo Matvejevic porque notan que el escritor ama el Mediterráneo y sabe escucharlo con atención. A su vez Claudio Magris escucha a Viena, a Prusia, a Zagreb, incluso a Vietnam,  y así va poco a poco  escribiendo “El infinito viajar” (Anagrama), la síntesis de  sus recorridos por el mundo. Andar y ver es todo. Tan sencillo como pasear y como  hablar  con las gentes.

(Imágenes:-1. Oleander Drive.–Slim Aarons.-1965.-photographers gallery.-arnet/ 2, 3, 4 y 5  fotos procedentes de Alenarterevista)

MELANCOLÍA Y CREATIVIDAD

«¿Por qué todo ser excepcional es melancólico?», se pregunta más o menos con estas mismas palabras Aristóteles. Se nos recuerda que Empédocles, Sócrates y Platón eran melancólicos. Se nos añade que Heracles conoció la locura y las ulceraciones, que Lisandro las úlceras, que Áyax la locura, que Belerofonte recorrió los desiertos. Se nos dice igualmente que el melancólico es un ser agitado, que el silencioso es muy a menudo extático. El color de la melancolía tiene un invisible tono violáceo, dormido en valles de largos horizontes, acostado en sinuosos matices. ¿Qué se ve desde la cumbre de la melancolía? ¿El paso de los años? ¿Aquel sueño que no logramos conquistar? ¿El anhelo de un paraíso perdido? La melancolía se nos escapa a la vuelta del camino de los días, al girar la cabeza hacia un pasado que no vemos, una risa que se esfumó, una mirada disuelta. Erguidos sobre la melancolía aquellos arboles que vemos al fondo se alejan cada vez más y sus ramas acaban en un punto.Pero la melancolía, al parecer, está también aliada con la creatividad, como así lo comenta Jackie Pigeaud en «»El hombre de genio y la melancolía» (Acantilado).

A la melancolía me he referido de una otra forma varias veces en Mi Siglo. Música y melancolía, entre otros motivos Ahora, en este pequeño libro, se repasa la lista de algunos melancólicos: Caton, Tasso, Pascal, Rousseau, Alfieri entre ellos. Otros andan olvidados en pasillos y no se atreven a aparecer, salen por la puerta del recuerdo y caminan algo por su jardín. Asomados a la blanca hoja de la escritura o ante la desnudez del lienzo viene la melancolía a dictarles y a la vez les lleva de la mano suavemente con el pincel. Como decía Rufo de Efeso, médico griego contemporáneo de Trajano, «los melancólicos se entretienen en los lugares solitarios y huyen de los hombres sin razón; lo mismo les ocurre a los hombres con buena salud cuando quieren dedicarse a investigar algo, que toman precauciones respecto a cosas que valen la pena».

Luego la melancolía se va. Deja siempre el perfume de que va a volver.

(Imágenes.-1.-Gary Oldmand, Hollywood.-1992.-Herb Ritt.-artnet/ 2.-Gerhard Richter)

OTOÑO

hoja.-77.-foto por Amanda Means.-1988.-Gallery 339.-Philadephia.-artnet«Por el aire vuela el cardo, aunque el viento esté sereno,

ahora yace en la hierba, y ahora sube raudo el otero,

borbotea como puchero el agua de la fuente

por incontables piedras resbala candente.

 

Reseca y agrietada está la tierra como pan recocido,

de la pradera nada queda, y los juncos han todos perecido.

Los campos en barbecho refulgen como agua,

tiemblan las telarañas, y vuelan de mata en mata.

 

Las cumbres brillan al sol como hierro al rojo,

y los ríos a su paso se funden en oro;

llama ardiente es la tierra, oro líquido lo aéreo,

allí donde miro Eternidad sólo veo».

John Clare: «Otoño«.

(Imagen: Leaf 14.-1988.-por Amanda Means.-Gallery 339.-Philadelphia.-USA.-artnet)

VERANO 2009 (14) : MIGUEL HERNÁNDEZ

mar.-887g.-foto por Arno Rafael Minkkinen,.2002.-artnet

«Tengo estos huesos hechos a las penas

y a las cavilaciones estas sienes:

pena que vas, cavilación que vienes

como el mar de la playa a las arenas.

 

Como el mar de la playa a las arenas,

voy en este naufragio de vaivenes,

por una noche oscura de sartenes

redondas, pobres, tristes y morenas.

 

Nadie me salvará de este naufragio

si no es tu amor, la tabla que procuro,

si no es tu voz, el norte que pretendo.

 

Eludiendo por eso el mal presagio

del que ni en ti siquiera habré seguro,

voy entre pena y pena sonriendo».

Miguel Hernández: «El silbo vulnerado» (1934)

(Imagen.- foto de Arno Rafael Minkkinen.-2002.-artnet)

VERANO 2009 (13) : RAFAEL ALBERTI

mar.-3710.-por Chip Hooper.-Weston Gllery.-photografie.-artnet

«Tal vez, oh mar, mi voz ya esté cansada

y le empiece a faltar aquella transparencia,

aquel arranque igual al tuyo, aquello

que era tan parecido a tu oleaje.

 

Han pasado los años por mí, sus duras olas

han mordido la piedra de mi vida,

y al viento de este ocaso playero ya la miro

doblándose en las húmedas arenas.

 

Tú, no; tú sigues joven, con esa voz de siempre

y esos ojos azules renovados

que ven hundirse, insomnes, las edades».

Rafael Alberti: «Tal vez, oh mar…»Poemas de Punta del Este«) (1956)

(Imagen.-foto de Chip Hooper.-Weston Gallery Inc- Carmel.-USA.-artnet)

VERANO 2009 (8) : LUIS CERNUDA

mar.-foto por Simon Schaffer-Goldman.-Kunstewr bei.-artnet«Sombras frágiles, blancas, dormidas en la playa,

dormidas en su amor, en su flor de universo,

el ardiente color de la vida ignorando

sobre un lecho de arena y de azar abolido.

 

Libremente los besos desde sus labios caen

en el mar indomable como perlas inútiles;

perlas grises o acaso cenicientas estrellas

ascendiendo hacia el cielo con luz desvanecida.

 

Bajo la noche el mundo silencioso naufraga;

bajo la noche rostros fijos, muertos, se pierden.

Sólo esas sombras blancas, oh, blancas, sí, tan blancas.

La luz también da sombras,  pero sombras azules.

Luis Cernuda: «Sombras blancas» («Un río, un amor«)  (1929)

(Imagen: «Beach Stream».- foto de Simon Schaffer-Goldman.-Simon Schaffer-Goldman photography.-artnet)