MANOS, OJOS Y BOCA DE VENECIA

ciudades.-114,.Venecia.-2003.-por Arno Rafael Minkitten.-artnet

El último número en español de National Geographic está dedicado a Venecia y yo recuerdo que cuando la mano se posa sobre el lomo de aquellos canales podemos notar, como dice en su delicioso y pequeño libro Tiziano Scarpa, que «Venecia es un pez» (Minúscula), una ciudad de agua,  silencio escurrido sobre ese «lenguado colosal tendido al fondo». Venecia igualmente es tortuga, los pies de Venecia levantan escalones al costado de alcantarillas y canales, Venecia es mano sobre piedras y parapetos, Venecia son olores, «como en el arsenal de los venecianos  (dice Dante en «El Infierno«)  hierve en invierno el pegajoso alquitrán para embrear los barcos averiados que no pueden navegar«. «Los más hediondos canales – recuerda Scarpa  ( y él ha nacido en Venecia )- son el río delle Muneghéte, en la frontera entre los barrios de Santa Croce y San Polo, y el recodo apestoso entre la Fondamenta del Remedio y el Sotopòrtego de la Stua«; Venecia es también oído, oído del acordeón y de la góndola, escucha de la cadencia del agua, cabeceo de los vaivenes sobre  los que en alguna ocasión hablé ya en Mi Siglo.

Venecia.-656.-John Singer .-siesta de los gondoleros.-1904.-Fundacón Beyeler.-

Venecia es ojo. «La belleza te asalta a fachadas – dice Scarpa -, te abofetea, te golpea. (…) Las ventanas de las casas están exageradamente cerca de las esquinas, asoman al máximo por la proa angular de los edificios para captar la mayor cantidad de luz posible, reflejarla de inmediato sobre la pared adyacente y proyectarla dentro de la habitación».

Venecia es boca también. Se muerden los bocados de su alfabeto y se disfruta a la vez con los «bìgoli in salsa«, los espaguetis agujereados con salsa de sofrito de cebolla y anchoas en salmuera.

venecia.-999.-anders Zorn 1894.-Fundacion Beyeler

Y por fin – entre muchas cosas más – Venecia son libros, autores, obras. Musset y George Sand, Chateaubriand, D ´Anunnzio, Balzac, Dickens, Proust, Mann, Henry James, Mark Twain, Saul Bellow, Ruskin, Dino Buzzati, Kafka, Walter Benjamín…, la lista sería interminable. Hotel San Marco, Hotel Sandwirth, Hotel Gritti Palace, Hotel de Europa, Hotel Danieli, Hotel Bellevue et de Russie…; por allí estuvieron las mentes y las plumas creando anotaciones, llenando cuadernos… El pez de la ciudad bajaba mientras tanto entre canales, manso,  pasaba despacio bajo el puente de Rialto y, para no distraer a quienes escribían, apenas hacía ruido.

(Imágenes. 1.-Venecia.-foto de Arno Rafael Minkitten.-2005.-arnet/ 2 .-siesta de los gondoleros-por John Singer Sargent-.10904.-Fundación Beyeler/ 3.-gondolero-por Anders Zorn.-1894.-Fundación Beyeler)

VERANO 2009 (15) : FEDERICO GARCíA LORCA

mar.-98f4w.-foto por David Doubilet.-Sud Africa 2002.-National Geographic photo

«Me he perdido muchas veces por el mar

con el oído lleno de flores recién cortadas,

con la lengua llena de amor y de agonía.

Muchas veces me he perdido por el mar,

como me pierdo en el corazón de algunos niños.

 

No hay noche que, al dar un beso,

no sienta la sonrisa de las gentes sin rostro,

ni hay nadie que, al tocar un recién nacido,

olvide las inmóviles calaveras de caballo.

 

Porque las rosas buscan en la frente

un duro paisaje de hueso

y las manos del hombre no tienen más sentido

que imitar a las raíces bajo tierra.

 

Como me pierdo en el corazón de algunos niños,

me he perdido muchas veces por el mar.

Ignorante del agua voy buscando

una muerte de luz que me consuma».

Federico García Lorca: » Gacela de la huida» («Diván del Tamarit«) (1936)

(Imagen.-foto de David Doubilet.-Sudáfrica.-2002.-National Geographic Photo)

OBSESIÓN POR LAS AUDIENCIAS

 

Tomado de la televisión italiana – pero pudiendo pertenecer a cualquier otra televisión -, he aquí el interminable  ¿»telediario»? de las audiencias, la obsesión por haber captado espectadores, la retahila de índices y de números recitados por la presentadora  sustituyendo al verdadero periodismo, ese periodismo que, por calidad, no necesitaría nunca autopromocionarse…

PERIODISMO ¿ Y FUTURO ?

 

periódicos.-por André Derain.-1914.-Museum Syindicate

Copio de unas declaraciones del periodista Bru Rovira:

» El periodista debe analizar el tiempo en el que le toca vivir: primero definir, luego discutir”.» En esta “fiesta de fin de curso del pasado“, el periodismo y la democracia deben ir de la mano. “Si no molestamos, nos convertiremos en una sociedad totalitaria. No somos inocentes, vivimos en el conflicto permanente y tenemos que tomar posición”.

 “Hemos querido hacer periodismo, ir a los sitios, explicar las cosas, privilegiar la información… pero la empresa nos ha ahogado, nos ha convertido en funcionarios.”

 “Se ha acabado esto, esto se ha acabado, los medios están comprados. El periodismo ha ido perdiendo el contexto, el discurso de la palabra, se ha redirigido hacia las emociones y el espectáculo: es una mercancía.”

Selecciono entre más declaraciones suyas:

             Los medios de comunicación se han enamorado de la opinión y han dejado al lado la información.

El freelance se enfrenta a un problema: que en los medios no compran periodismo sino espectáculo.

Si como periodistas en el mundo global no nos interesa la gente quedaremos en manos de la propaganda. Es más creíble una persona que está un mes en Congo que otra que escribe desde la redacción. Después está la credibilidad de cada uno.

El periodismo de calidad tiene un mercado. Al final aparecen las cosas bien hechas.

En las empresas no hay debate, no hay democracia, no se discute.

El cambio, el futuro, son los periodistas que se independizan y crean un producto periodístico.

Estamos en el final de fiesta de algo, en el Titanic. La información volverá. Las sociedades necesitan el debate.

No creo que mueran los medios debido a Internet, habrá en todo caso transformación. Me gustaría que los periodistas recuperaran el control».

He ido subrayando algunas de las frases.

 No hace falta añadir mucho más.

 

(Imagen: – André Derain.-1914.-Museum Syndicate)

 

 

VIEJO MADRID, 2009 (4)

 

Botin.-escaparate.-3.-11 agosto-2009Cuando me acerco al escaparate de Botín parece que viniera Galdós por esta acera y con él toda la novela española del XlX. «La novela está en las calles y en las casas de Madrid, en cada  calle, en cada casa. Allí hay que verla», dijo uno de sus mejores estudiosos. Efectivamente estoy aquí, delante de Botín, pero sobre todo en medio de «Fortunata y Jacinta«, asomado al capítulo lV de la Primera Parte, y oigo decir a Galdós  hablando de Barbarita, que «como supiera la dama que su hijo frecuentaba los barrios de Puerta Cerrada, calle de Cuchilleros y Cava de San Miguel, encargó a Estupiñá que vigilase, y éste lo hizo con muy buena voluntad llevándole cuentos, dichos en voz baja y melodramática:

Anoche cenó en la pastelería del sobrino de Botín, en la calle de Cuchilleros…¿sabe la señora? Tambien estaba el señor de Villalonga y otro que no conozco, un tipo así…¿cómo diré? de esos de sombrero redondo y capa con esclavina ribeteada. Lo mismo puede pasar por un randa que por un señorito disfrazado«.

Botín.-2.-11-agosto.-2009

Entonces doy unos pasos hacia atrás para ver el establecimiento desde más lejos. Esta «Antigua Casa Sobrino de Botín» se encuentra en la calle de Cuchilleros y Pedro Ortíz Armengol, el máximo especialista en «Fortunata«, recuerda que la tal Casa alega su antigüedad de 1590, si bien el actual edificio y el horno de asar datan de 1725. Hacia 1860 (Galdós escribe «Fortunata y Jacinta» desde diciembre de 1855 hasta junio de 1887) se instaló en la planta baja pastelería, subsistiendo el horno de asados. Una y otra la menciona Galdós en muchas ocasiones, puesto que el novelista conoce al detalle todos estos sitios. ·En «Fortunata y Jacinta» ,  novela que se desarrolla en 1869-76, la Plaza Mayor es una plaza venida a menos – dice Armengol -, es la recién destronada, pero todavía con un bien vivo prestigio centenario. En ella y en sus aledaños ocurren cien cosas: junto a la Casa de la Panadería, en Cuchilleros, Arco de 7 de Julio, calle de Felipe lll, la de Toledo, el propio monumento al rey Felipe…Pero ,sobre todo, los balcones de Estupiñá y, encima, la barandilla de la terraza de la casa número 11 de la Cava, con trasera – que es delantera – a la Plaza…».

Plaza Mayor.-agosto.-2009

Antes de que vengan los turistas cruzo la Plaza Mayor, es decir,  cruzo del siglo XlX al XXl. Dejo a un lado la historia de los tres grandes incendios que sufrió esta Plaza: el de 1631, el de 1672 y el de 179o. El humo de tantos acontecimientos cambió aquellas casas primeras de madera y de 75 pies de altura, aquellos sótanos abovevados y las fachadas de ladrillo rojo visto a las que se abrían los balcones. Desde tales balcones se contemplaron toros, cañas y autos de fe. La servidumbre de los inquilinos de aquellos balcones obligaba a cederlos para su distribución por riguroso turno de jerarquía  y etiqueta o bien para ser vendidos como localidades. Balcones como ojos, ojos de cristal, ojos que miran el rostro del tiempo.

Paso, pasa mi tiempo ante esos balcones. Voy hacia el Mercado de San Miguel.

Mercado de S. Miguel.-1 Al entrar enseguida en este Mercado de San Miguel, el único mercado de hierro que ha llegado hasta nuestros días, el siglo XXl es ya plena gastronomía. Galdós hubiera escrito páginas memorables sobre este recinto de planta baja con estructura metálica de soportes de hierro fundido que ahora se ha remozado y desde cuyo interior se mezclan colores y olores  inusitados. Los turistas que se han asomado al XlX en Botín y que han cruzado platos y mesas del XX vienen ahora a ver qué se come aquí, en el siglo XXl. Madrid siempre ha brillado en gastronomía. Por la mañana -según el tiempo – la ciudad se ha desayunado con aguardiente y churros, con chocolate y buñuelos; las comidas Madrid las ha hecho muchas veces con sopa de pan, cocido madrileño, requesón de Miraflores con azúcar, rosquillas de Fuenlabrada, vino de Arganda. Otros madrileños han preferido la tortilla de escabeche de bonito con ensalada de huevos, tomate y pimientos; al fin, si era también su tiempo, una sandía. Otros, en la mesa de al lado, escogieron callos a la Madrileña, ensalada, bartolillos de crema, melón de Villaconejos. Y aún hubo quien se decidió por la ensalada de berros del Lozoya, el besugo a la Madrileña y acabó con el requesón de Miraflores con fresas de Aranjuez y unas almendras de Alcalá, de las monjas de San Diego.

Al fin  se retiraron los platos y yo me retiré también hacia la Cava de San Miguel dando un paseo, para ver más cosas.

(Imágenes: Madrid, agosto 2009 : 1.-detalle del escaparate de «Botín»/ 2.-fachada del restaurante «Sobrinos de Botín»/ 3.-Plaza Mayor/ 4.-Mercado de San Miguel en la actualidad.- fotos JJP)

VERANO 2009 (14) : MIGUEL HERNÁNDEZ

mar.-887g.-foto por Arno Rafael Minkkinen,.2002.-artnet

«Tengo estos huesos hechos a las penas

y a las cavilaciones estas sienes:

pena que vas, cavilación que vienes

como el mar de la playa a las arenas.

 

Como el mar de la playa a las arenas,

voy en este naufragio de vaivenes,

por una noche oscura de sartenes

redondas, pobres, tristes y morenas.

 

Nadie me salvará de este naufragio

si no es tu amor, la tabla que procuro,

si no es tu voz, el norte que pretendo.

 

Eludiendo por eso el mal presagio

del que ni en ti siquiera habré seguro,

voy entre pena y pena sonriendo».

Miguel Hernández: «El silbo vulnerado» (1934)

(Imagen.- foto de Arno Rafael Minkkinen.-2002.-artnet)

APRENDER A ESCRIBIR

escribir.-22887.-por Karen Hesse Flatow.-foto Chris Ramirez for The New york Times

«Aprender a escribir es un arte impregnado de humildad. Todas las profundas virtudes del hombre – la laboriosidad, la tenacidad, el ánimo estable, la superación de dificultades – marchan junto a la humildad que se coloca junto a nosotros en la mesa y se adelanta a escribir antes de que nosotros lo hagamos, mostrándonos su sabiduría.  Humildad para no creernos Cervantes pero tampoco para temer o desdeñar al autor de El Quijote. Él nos enseña que desde la cárcel observó la vida y que después prosiguió página a página, soslayando penurias y contratiempos entre el humor y el sentido común del escudero y del caballero. Aprender a escribir es recomenzar lo andado, dar rodeos de estilo y de formas para decir de otro modo lo que muchos han dicho ya. Aprender a escribir es conocer que cada libro arranca desde cero y la experiencia anterior no nos quita ese pánico de la página en blanco ni ese temor al qué dirán los ojos lectores. Aprender a escribir, como todos los aprendizajes de aquellos palotes mostrados por los maestros primeros o como en las dulzuras empeñadas de las madres, supone siempre esfuerzo y sacrificio. Hay que sacrificar los ocios, olvidarse del paso de las horas, creer en sí mismo. Trabajar. Trabajar el lenguaje, trabajar la composición, trabajar los retoques últimos».

Esto publiqué no hace mucho en un artículo aparecido en Alenarterevista y aquí deseo recordarlo hoy cuando leo a Juanjo García Noblejas reflexionando en Scriptor.org  ante unas interesantes opiniones sobre la lectura y la escritura, con enlaces a lo comentado en Corriere della Sera y en The New Yorker  abordando pros y contras de los talleres de escritura.

escribir.-996GY.- por Maria Gato.-2002.-Art Space.-Viriginia Miller Galleries.-Coral Gables, Miami, USA.-artnet

En Mi Siglo recogí en su momento las certeras palabras de Péguy sobre la lectura:

     “Lectores; lectores puros, que leen por leer, no para instruirse, no para trabajar; puros lectores, como para la comedia y para la tragedia hacen falta puros espectadores, como para la escultura hacen falta puros espectadores, que de una parte sepan leer y de otra parte quieran leer, que, en fin, únicamente lean, y lean todo únicamente; hombres que miren una obra unánimemente para verla y para recibirla, (…) para alimentarse, para nutrirse como de un alimento precioso, para hacerse creer, para hacerse valer interiormente, orgánicamente, no para trabajar con ni para hacerse valer socialmente, en este siglo; hombres en fin que sepan leer, ¿y qué es leer?, es entrar dentro; entrar en la lectura de una obra, entrar en una vida, en la contemplación de una vida, con amistad, con fidelidad, incluso con una especie de complacencia indispensable, no solamente con simpatía sino con amor; es lo que hace falta para entrar como en la fuente de la obra; y literalmente colaborar con el autor; no hay que recibir la obra pasivamente; la lectura es el acto común, la operación común del que lee y de lo leído, de la obra y del lector, del libro y del lector, del autor y del lector; como el espectáculo es el acto común, la operación común de la obra dramática y del espectador, del autor dramático y del espectador.” (”Dialogue de l´histoire et de l´âme païenne“.-(La Pléiade,1961)

Viejos y apasionantes temas los de la lectura y la escritura ( es muy difícil escribir bien si no se lee sabiamente), que se debaten hoy y seguirán debatiéndose en el futuro. 

(Imágenes: 1.-foto Chris Ramírez para The New York Times/ 2.-«Bastet».-por Maria Gato.-2002.-ArtSpace/Virginia Miller Galleries.- Coral Glabes.-Miami.-USA.-artnet)

VIEJO MADRID, 2009 (3)

calle del Codo.-A

Calle del Codo del viejo Madrid por donde ahora entramos. Va la sombra y la luz desde la Plaza de la Villa a la del Conde de Miranda, y Pedro de Répide recuerda que toma su nombre de la configuración especial de esta calle, que rodea la famosa casa de los Lujanes. El codo hace que la luz se doble y que la sombra estire el brazo para alcanzar la soledad. Vamos sobre la soledad misma, el silencio camina tras nosotros, el silencio nos precede.

calle del Codo.-2

El silencio se llena ahora de sombras. Este es el Madrid de agosto,  fachadas y verjas recogen la luz. Baroja escribió de Madrid: «La Corte es ciudad de contrastes: presenta luz fuerte al lado de sombra oscura; la vida refinada, casi europea, en el centro; vida africana, de aduar, en los suburbios«. Esto, sin embargo, no es suburbio; en torno a estas calles nació la ciudad. El gran cronista de Madrid que fue Répide, en su «Madrid a vista de pájaro el año 1873«, dobla con su prosa esta esquina de la calle del Codo y nos cuenta de la Torre de los Lujanes que «en el siglo XVll esta casa pertenecía al regidor don Gonzalo de Ocaña y a su esposa doña Teresa de Alarcón, parienta muy próxima de don Hernando de Alarcón, que fue quien trajo a esta villa al prisionero rey de Francia, Francisco l. Pero no tiene realidad ninguna – sigue diciendo Répidela tradición de que este monarca padeciese prisión en la torre de los Lujanes. Su venida a Madrid fue una continua sucesión de fiestas con que se le obsequiaba en el tránsto, y en la Casa de los Lujanes lo que hizo fue detenerse para recibir el agasajo que allí se le tenía dispuesto por ser la mansión donde en esta villa podía hacer los honores don Hernando de Alarcón a su custodiado, quien desde la vivienda de don Gonzalo de Ocaña pasó al alcázar que se le había señalado como cárcel, harto benigna, como harto suave fue el cautiverio a que se le sometió con una caballerosidad no muy bien correspondida por aquel rey que por tan caballero se tenía«.

Doblamos el codo de la Historia y procuramos caminar hacia la luz.

(Imágenes.- Madrid, agosto 2009.- 1 y 2:  calle del Codo.-fotos JJP)

VERANO 2009 (13) : RAFAEL ALBERTI

mar.-3710.-por Chip Hooper.-Weston Gllery.-photografie.-artnet

«Tal vez, oh mar, mi voz ya esté cansada

y le empiece a faltar aquella transparencia,

aquel arranque igual al tuyo, aquello

que era tan parecido a tu oleaje.

 

Han pasado los años por mí, sus duras olas

han mordido la piedra de mi vida,

y al viento de este ocaso playero ya la miro

doblándose en las húmedas arenas.

 

Tú, no; tú sigues joven, con esa voz de siempre

y esos ojos azules renovados

que ven hundirse, insomnes, las edades».

Rafael Alberti: «Tal vez, oh mar…»Poemas de Punta del Este«) (1956)

(Imagen.-foto de Chip Hooper.-Weston Gallery Inc- Carmel.-USA.-artnet)

VIEJO MADRID, 2009 (2)

Caaballo de Plaza de Oriente

Cuando avanzo en mis paseos por la Plaza de Oriente unos pajarillos penetran volando en el vientre del gran caballo montado por Felipe lV y encuentran rápidamente la muerte. Se ahogan en las dieciocho mil libras de bronce que pesa la estatua. No sé si eso es así, pero debiera serlo si se cree lo que cuenta Hartzenbusch en una de  sus Fábulas.

«Niños que, de seis a once,

jugáis en torno a la fuente

del gran caballo de bronce

que hay en la Plaza de Oriente»

Doy y doy vueltas al caballo. O el caballo me da vueltas a mí. Estuvo este caballo cerca de dos siglos entre los árboles del Buen Retiro. Copiado de un lienzo de Velázquez, el escultor italiano Pedro Tacca resolvió el problema del equilibro – cuenta Emilio Carrere – de acuerdo con Galileo Galilei. Quedó expuesta esta estatua en el estudio del artista y toda Florencia acudió a admirarla. Pero los pajarillos ahora me distraen. Siguen sobrevolando la muerte y la vida y en esta mañana de agosto vienen y van entre el suelo y el cielo, acuden a las llamadas del aire límpido y picotean migas invisibles.

Café de Oriente.-1

Entonces me siento en el Café de Oriente, en la realidad de esta mañana. Contemplo frente a mí el Palacio Real y veo en mi memoria los movimientos de aquel gran Baile de Palacio que describí en mi novela Lágrimas negras, páginas de surrealismo evocador:

Palacio Real.-A

«Abrió el Baile doña Trigidia, la flamante esposa del flamante nuevo ministro de Asuntos Exteriores, vestida con un traje largo de color granate y collar de brillantes, que evolucionó en los brazos de su marido en un vals a tres tiempos, con dos compases para seis pasos y un tiempo para cada paso. Salió del Comedor de gala, entró bailando en la Sala Amarilla, pasó a la Sala de Porcelana y se perdió en el Salón de Carlos lll. Inmediatamente después, doña Venecia, esposa del titular de Defensa, arrancó con su pie derecho hacia adelante y alzando su talón izquierdo, con la punta del pie derecho tocando el piso y trazando un cuarto de vuelta con su pie izquierdo, con su traje largo de terciopelo negro y conducida admirablemente por su marido, llegó con el vals hasta el Salón de Carlos lll, evolucionó lo que pudo en la estrecha estancia llamada Tranvía, se desplazó hasta el Salón de Gasparini, entró en la Antecámara de Gasparini, cruzó la Saleta de Gasparini y alcanzó brillantemente el Salón de Columnas. Le siguió con un traje verde de encaje doña Erasma, en brazos del nuevo titular del Aire, vestido de uniforme de gala, y los dos juntos dieron tres pasos de vals, luego una media vuelta, otros tres pasos más y una vuelta completa, cruzándose con doña Pomposa, llevada por el ministro de Marina, ella vestida con un traje negro estampado de flores, que pasó rozando a doña Acibella, de traje amarillo bordado, guiada por su marido, el nuevo titular de Educación, que cambió un saludo con doña Redenta, esposa del minstro de Obras Públicas, vestida de rosa estampado ella y él de frac con condecoraciones y que ya venían de vuelta de la Sala de Alabarderos, del Salón de Columnas y de la Sala de Gasparini. Todas las parejas se entremezclaron, destacando dos hermanas, Melchora y Gaspara, una en brazos del titular de Comercio y otra bailando con el titular de Industria – una con traje largo de terciopelo verde y otra de gasa marrón – que pasaron al lado de doña Eutropía, de gasa negro y conducida por el ministro de Agricultura, en el momento en que doña Centola, consorte del de Vivienda, se deslizaba junto a doña Raída, de beige grisáceo, alejándose hacia la Sala de Porcelana guiada por el ministro de Economía y viniendo desde la Sala Amarilla doña Domitila, con un traje marrón de terciopelo, llevada en flexibles arabescos po el titular de Información».

Palacio Real.-2

Así contemplo desde el Café de Oriente el Palacio Real. La realidad de la mañana me lleva hasta aquel baile irreal.

(Imágenes.- Madrid, agosto 2009.-: 1-Plaza de Oriente.- 2.-Café de Oriente.-/3.- Palacio Real.-fotos JJP)

VERANO 2009 (12) : DÁMASO ALONSO

azul.-verde.-1.-por Nagesh Sharma.-India 2008.-Aicon Gallery.-New York.-Palo Alto.-London.-artnet

VERDE

«Consérvame los verdes

con que el agua se expresa en tanto amor (follaje)

sobre la tierra (pradizales, choperillas,

en giro, desde el tren). Consérvales sus verdes,

su antiguo halago a este planeta en que yo vivo,

tan calcinado y triste».

azul.-798O.-por Patricija Brekte.-Antonija .-Riga.-Latria,.Russistler. Kunstleler.-artnet

AZUL

«Azules que te velen, en el mar, en el cielo,

tu inocencia, extendida entre el aire y las aguas,

la siesta de ese sueño con que soñaste el mundo.

Prolónganos el lento azul de tu soñar»

Dámaso Alonso: «Oración por los colores» («Gozos de la vista«) (1981)

(Imágenes.-1.-Nagesh Sharma.-2008.-India.-Aicon Gallery.-New York.-Palo Alto.-Londres.-artnet/ 2.-Patricija Brekte.- Galerie Antonija.-Riga.-artnet)

VIEJO MADRID, 2009 (1)

Plaza de Guardias de Corps.-2

La cámara va conmigo. Los ojos de la cámara son mis ojos. Aquí me detengo un momento, en la Plaza de Guardias de Corps, la plaza que va de la calle del Limón a la del Conde Duque. Pedro de Répide, en sus «Calles de Madrid«, cuenta cómo antes se llamó Travesía de Guardias de Corps, «por estar junto al cuartel donde se hospedaba aquella escolta de las reales personas, y era una corta y estrecha vía, continuación de la calle del Cristo«.

Travesía del Conde Duque

Agosto deja en Madrid estos descubrimientos solitarios, plagados de leyendas, cantados por cronistas. Cuando llego – un poco más abajo – a la Travesía del Conde-Duque, evoco con Répide que aquí estaba la plazuela del Gato. «En esta plazuela vivía una famosa aleluyera, a donde los días del Corpus y de la Minerva, iban los chicos y los grandes a proveerse de los pliegos de aleluyas, que, recortadas, habían de caer revoloteando sobre la procesión. Y el nombre del Gato nacía de que en el bosque de Amaniel, que ahí llegaba, había sido cazado un gran gato montés, de cuya piel fueron hechas unas botas que el cardenal Cisneros regaló al Gran Capitán, y que, según decían los bien enterados, eran exactamente iguales a las que llevaba Carlomagno en sus expediciones guerreras. Pero tales botas tenían un inconveniente gravísimo, como era el que todos los gatos que las olían acudían muy luego a hacer aguas en ellas, con notorio menosprecio de la alta calidad de don Gonzalo de Córdoba, quien, justamente molesto, se deshizo de botas tan especiales y se apresuró a vendérselas a un mercader francés, que, acaso las contemplara satisfecho«.

Casa de Alejandro Sawa.-Conde Duque 7

La cámara desciende Conde Duque abajo y yo con ella. En el número 7 de esta calle, sobre un pequeño portal, aparece la blanca placa del recuerdo de Alejandro Sawa, que aquí vivió. Aquel Sawa del que tomó Valle- Inclán inspiración para su Max Estrellahiperbólico andaluz, poeta de odas y madrigales«, dijo Valle – en «Luces de bohemia«.  De «Alejandro Sawa, muerto, ciego y loco, en 1909«, Zamora Vicente dice que es la contrafigura de Max Estrella.  También añade: «Yo quiero ver en Don Latino al propio Sawa. Es un desdoblamiento de la personalidad. Lo que Sawa habría hecho en el envés de su cara noble y avasalladora. El otro Sawa. El que, lejos de la sabiduría verlainiana, engaña a quien puede y vive del sablazo ocasional». «Pero Valle-Inclánagregó igualmente Gonzalo Sobejano -, puso algo, bastante de sí mismo en Max Estrella, porque también él vivió una bohemia heroica y hubo de sufrir – o eludir a tiempo – ciertas experiencias de su personaje». 

caminobreve en Plaza de España

Luego cruza mi cámara la Gran Vía a la altura de la Plaza de España. Agosto, a estas primeras horas de la mañana, me lleva en soledad al sendero de árboles que camina hacia la calle de Bailén. Este agosto ha sido cantado por los grandes cronistas. «El Madrid estival, pobretón – escribía Emiliano Ramírez -Ángel en su «Madrid sentimental» en 1907 -, que ama los claveles y las polkas, y los pinares de la Moncloa, y las mañanitas del Retiro, y se estremece con «el crimen de esta tarde», y se interesa por el «se continuará» del folletín, y sueña ya con el bulevar novísimo proyectado por Aguilera, y no ha visto nunca el mar, y colecciona postales, y llora cuando el novio falta dos noches, y reza cuando truena, y alguna vez va a los toros, y nunca se mete entre sábanas sin dedicar una plegaria de amor y súplica a su «San Antonio«, y se envuelve en mantones de Manila para bullir en las verbenas, y ríe por nada, y se hermosea con poco, y es sencillo, y es humilde, y es crédulo y es inofensivo…ese Madrid femenino, risueño, grácil, lastre de muchas almas hombrunas y perversión de muchas almas yertas, rebulle ya por las calles, en busca de los bulevares, de las glorietas, de los paseos donde haya reposo y frescura«.

Por estos paseos ando yo. Paseos de hace un siglo y de hoy mismo, Madrid de 2009, de 1909, de 1907. Los árboles me llevan hacia la calle de Bailén y yo voy con ellos pensando ya en el paseo que daré otro día.

(Imágenes: Madrid:agosto 2009.-1.-Plaza de los Guardias de Corps./2.-Travesía del Conde Duque/3.-calle del Conde Duque, número 7/ 4.-pequeña avenida de árboles en la Plaza de España, camino de la calle de Bailén.-fotos JJP)

VERANO 2009 (11) : EMILIO PRADOS

agua.-KKJ.-por Bety Weis.-2005.-artnet

   l

«¿Es toda el agua del mar,

el reflejo que, hoy, la luna

en ella clavando está?

 

(Salta un pez…

…se arruga el agua…)

 

¿Es toda el agua del mar

la blanca flor de la espuma?

 

(Todo el mar es soledad)

 

ll

Negro está el cielo y el mar

en cada esquina un lucero

y, en medio, un ancho puñal

clavado sobre su pecho.

 

(¿Clavado?…

      ¿Pero en qué cuerpo?

¡En el que nunca tendrá!»

Emilio Prados: «El misterio del agua» (1926-1927)

(Imagen:-Betsy Weiss.-2005.-artnet)

CABALLOS AL ATARDECER

Pirineo.-2.-Vall Fosca.-caballos salvajes.-valledeayoracofrentes

«Fue en uno de esos atardeceres cuando Daniel subió hasta la altura del valle. Pacían entre la arboleda jóvenes caballos: estiraban las cabezas, y sus figuras empezaban y acababan en dos flecos colgantes: era un pelo que lo rozaba todo pausadamente y que acompañaba al movimiento elástico de las patas blancas en los animales marrones, de las patas negras en los potros oscuros.

Pasaron por la carretera camiones cargados de madera; su ronquido agonizaba en cada cuesta, cesaba un segundo, tornaba luego a aparecer. Ahora, desde la altura, Daniel veía «El Cabañal» al fondo, con su techo de zinc, y más alla aún podía distinguir el pueblo echado sobre un verde que las nubes de lluvia parecían cubrir de una densa humareda. «Sí, ciertamente han pasado muchas cosas en poco tiempo», se dijo de repente casi febril. Abarcaba con la mirada las laderas violáceas y seguía el cruzarse de unas rayas rápidas y negras: pájaros que volaban hacia la laguna. Era aquel un horizonte de inmensidad y a Daniel casi no se le veía entre los árboles: así era de diminuto. Pero le agradaba ser testigo de aquel gran orden, el orden del campo, con sus leyes y con la maravillosa exactitud de la relojería de la naturaleza. Empezaba poco a poco a oscurecer. Como en un cuerpo humano, todos sus gestos -en las hojas, en la humedad, en los primeros hielos -, se iban marcando quisiera o no la tierra, señalándose por encima de todas las cosas. Era el ciclo del año, como en cada jornada esa tierra misma era obligada a aceptar otro ciclo pequeño: el cerrarse bajo esta noche que caía, para abrirse de nuevo en la mañana.

Fue Daniel descendiendo lentamente. Venía ahora un suave viento que lo atravesaba todo, un viento que no podía notarse. Bajando de aquellas cumbres, envuelto en sombras, se iban acercando a él las luces de «El Cabañal» y sentía que algo grande, sobre el valle, estaba escrito. Una escritura marcada de un solo trazo.

Entró luego en la finca. Estaba el fuego encendido en el vacío comedor. La chimenea iluminaba el hogar en circunferencia.

Fue entonces, sentándose ante el fuego y tomando el papel, cuando llevó a cabo aquella idea de contarlo todo que acababa de tener entre los árboles».

José Julio Perlado: «El viento que atraviesa«.-(Richard Grandío.-Oviedo, 1968)

6 DE AGOSTO DE 1945

llorar.-446k.-por Nuri Iyem.-Lebriz.com.-Estambul.-Vorderer Orient.-artnet

«La hora era temprana; la mañana tibia, apacible y hermosa. Por los ventanales abiertos que dan al sur contemplé distraido el agradable contraste que ofrecían las sombras de mi jardín con el brillo del follaje, tocado por el sol desde un cielo sin nubes.

Yo estaba en paños menores, tendido cuan largo era en el piso de la sala, exhausto después de pasar la noche en vela en el hospital, cumpliendo mis funciones de guardian antiaéreo.

De pronto un resplandor intenso me volvió a la realidad. Las sombras del jardín se desvanecieron. A través de los remolinos de polvo pude apenas distinguir el pilar de madera que sostenía una esquina de mi casa: se estaba inclinando y el techo oscilaba peligrosamente.

Me miré. Tenía todo el lado derecho del cuerpo cubierto de cortes pequeños y lastimaduras, de los que manaba sangre en abundancia. En el cuello se me había incrustado un trozo grande de vidrio que retiré y con la indiferencia de quien sigue bajo los efectos de una impresión desusadamente fuerte concentré toda mi atención en esa herida y en mi mano ensangrentada.

¿Dónde estaría mi mujer?

(…)

Nada quedaba en la ciudad, excepto un puñado de edificios de hormigón armado. En una extensión de muchas hectáreas la ciudad muy bien habría pasado por desierto de no ser por los montones dispersos de ladrillos y tejas..»

Doctor Michihiko Hachiya: «Diario de Hiroshima» (Emecé editores)

(Evocación desde otro 6 de agosto de aquella barbarie)

(Imagen: Nuri Iyem.-Lebriz.com.-Estambul.-artnet)