EL TACTO, LOS OJOS DE LA PIEL

Al entrar en esta sala — dijo el guía— seguramente ustedes han ido a buscar la mirada del personaje, estoy seguro. Pero esa mirada no existe. No la han encontrado porque no existe. Este hombre no tiene mirada. O mejor dicho, su mirada es ciega. Se pierde en esa oscuridad que le infundió el valenciano José de Ribera. Entonces nuestra mirada de visitantes y espectadores va inmediatamente hacia sus manos. Con la mano derecha este hombre ciego está palpando el mundo, es decir, lo que le muestra un trozo del mundo, el busto de una estatua que es para él la puerta del mundo, la escultura que sus dedos acarician y que a él le reconcilian con el mundo porque puede tocarlo, porque no está aislado; hay un sentido suyo, que es el del tacto, que le permite captar dimensiones, descubrir firmezas y suavidades, saber que el mundo exterior está ahí, en la piedra, en la escultura de esa cabeza masculina, en su entorno, y por tanto esa mano y esos dedos reconocen toda la riqueza del mundo. Se diría que este ciego está salvado de la soledad y del aislamiento gracias al tacto.

Ribera pintó probablemente este cuadro en Roma, entre 1613 y 1616, cuando abordó su serie sobre “los Cinco sentidos”. Aparece este cuadro en un inventario de 1764 de El Escorial. De allí pasó al Prado en 1837. Hay en este lienzo un fondo neutro en contraste con la brillante iluminación que entra por la izquierda. Se ha estudiado mucho la naturalidad en la expresión de este hombre ciego y la concentración en el acto que realiza, es decir, que con la mano izquierda sostiene la escultura y con la derecha la palpa y la siente. Se ha recordado también que a través del tacto recibimos nosotros tres tipos de sensaciones: las de contacto y presión nos permiten captar los objetos de manera muy precisa y a la vez discriminar diferentes texturas, superficies, pesos, tamaños y formas; las sensaciones térmicas, que nos proporcionan mucha información sobre las variaciones térmicas del ambiente en que nos encontramos, y las sensaciones dolorosas que son las encargadas de avisarnos del riesgo de sufrir un daño o enfermedad.

La crítica considera este cuadro — dijo el guía— como uno de los más significativos de la primera madurez de Ribera. Pero sin duda ustedes han venido hoy hasta aquí buscando una mirada y su mirada en cambio de espectadores ha tenido que desplazarse inmediatamente a la fuerza de unas manos que para este ciego son en realidad la salvación del mundo.

José Julio Perlado

(del libro “La mirada”) (relato inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

(Imagen- José de Ribera- El tacto- Museo del Prado)

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