CAFÉ, TÉ, CHOCOLATE

 

 

“Si el té es novecentista y el chocolate tradicional, el pobre café  es, característicamente, ochocentista – el café es romántico, es democrático, es oratorio y banal – decía Eugenio D’ Ors – . Representa un poco – como los cromos, como los calcetines de colores, como los armarios de luna, como los dramas de tesis – aquella falsa polarización de las elegancias que constituyó una de las peores enfermedades del siglo XlX. El café nos habla de manera quieta y misteriosa, con su vapor caliente, de trabajos de poetas de buhardilla – capaces, como Zorrilla, de hacer un drama con doce tazas y en veinticuatro horas – , de reuniones de artistas bohemios, de clubs revolucionarios, de casinos  políticos, de casinos que no lo son tanto ,de juegos de dominó. De juegos de naipes, de sufragio universal, de parlamentos, de perezas vestidas de retórica, de “discusiones”sobre ideas, de planos estratégicos dibujados sobre el mármol, de “peñas”, de filosofía de ateneo, de malgastadas horas dominicales.”

(Imagen – Boyko Kolev )

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