CAFÉ, TÉ, CHOCOLATE

 

 

“Si el té es novecentista y el chocolate tradicional, el pobre café  es, característicamente, ochocentista – el café es romántico, es democrático, es oratorio y banal – decía Eugenio D’ Ors – . Representa un poco – como los cromos, como los calcetines de colores, como los armarios de luna, como los dramas de tesis – aquella falsa polarización de las elegancias que constituyó una de las peores enfermedades del siglo XlX. El café nos habla de manera quieta y misteriosa, con su vapor caliente, de trabajos de poetas de buhardilla – capaces, como Zorrilla, de hacer un drama con doce tazas y en veinticuatro horas – , de reuniones de artistas bohemios, de clubs revolucionarios, de casinos  políticos, de casinos que no lo son tanto ,de juegos de dominó. De juegos de naipes, de sufragio universal, de parlamentos, de perezas vestidas de retórica, de “discusiones”sobre ideas, de planos estratégicos dibujados sobre el mármol, de “peñas”, de filosofía de ateneo, de malgastadas horas dominicales.”

(Imagen – Boyko Kolev )

ESPRESSO

 

 

“El café negro en la terraza

con sillas y mesas pequeñas como insectos.

Son costosas gotas atrapadas,

llenas de la misma energía del Sí y del No.

Son servidas en oscuras cafeterías

y miran al sol sin pestañear.

A la luz del día, un punto de benigno negro

que fluye rápidamente en un pálido parroquiano.

Parecen las gotas de negra profundidad

que a veces es captada por el alma,

que dan un benigno empujón: ¡anda!

La inspiración de abrir los ojos”.

Tomas Tranströmer – “Expreso” – “El cielo a medio hacer” (1962) -“Deshielo a mediodía” ( traducción Roberto Mascaró)

(Imagen- Boyko Kolev – boykokolevart com)

EXPRESSO

 

café-nngt-typicalhope

 

“El café negro en la terraza

con sillas y mesas pequeñas como insectos.

Son costosas gotas atrapadas,

llenas de la misma energía del Sí y del No.

Son servidas en oscuras cafeterías

y miran al sol sin pestañear.

A la luz del día, un punto de benigno negro

que fluye rápidamente en un pálido parroquiano.

Parecen las gotas de negra profundidad

que a veces es captada por el alma,

que dan un benigno empujón: ¡anda!

La inspiración de abrir los ojos”.

Tomas Tranströmer.- “Expresso”.- “El cielo a medio hacer” (1962)

 

café-nnhh-Bruno Vekemans- luckyblognotes

 

(Imágenes.- 1.-typicalhope gif/ 2.- Bruno Vekemans– luckyblognotes)

EL DESAYUNO DE JACQUES PRÉVERT

“Echó el café

En la taza

Echó la leche

En la taza de café

Echó el azúcar

En el café con leche

Con la cucharilla

Lo movió

Bebió el café con leche

Y dejó la taza

Sin hablarme

Encendió

Un cigarrillo

Hizo volutas

Con el humo

Echó la ceniza

En el cenicero

Sin hablarme

Sin mirarme

Se levantó

Se puso

Su sombrero

Se puso su impermeable

Porque llovía

Y se fue

Bajo la lluvia

Sin una palabra

Sin mirarme

Y yo apoyé

Mi cabeza en la mano

Y me puse a llorar”.

Jacques Prévert: “El desayuno”.

(Imágenes:-1-Boyko Kolev.-2006/2.-Gerhard Richter.-Brigid Polk.- 1971.-National Gallery of Scotland)

EN UNA TAZA DE CAFÉ

Antesdeayer, que Claudio Magris presentó en Barcelona su nuevo libro, “Así que usted comprenderá”, me acordaba del Café San Marcos de Trieste, ese café que aparece en “Microcosmos”, la pequeña mesa de mármol con el pie de hierro colado, y encima de ella, entre Magris y yo, esa presión de la cerveza, o bien la taza de café, el aroma que asciende de la conversación. Tabucchi va a un viejo café de Forte dei Marmi, una ciudad costera cercana a Pisa, y allí escribe, como escribe Magris en Trieste, como escribían y corregían los franceses en el parisino “Les Deux-Magots”. En todos los sitios, como en el de Lisboa que visitaba Pessoa o como en los de la Viena imperial de entreguerras, el café parece que está esperando el azúcar y la cucharilla pero únicamente espera que revuelvan un poco a las palabras, que las palabras se escriban en el cuaderno y que el cuaderno se lea o bien que las palabras dialoguen en voz alta con otras palabras que están en la mesa de al lado, y éstas a su vez dialoguen con otras y salgan todas paseando a la calle y a veces se exciten en la esquina, en alguna ocasión choquen sus nudillos y presenten las palmas de sus manos como si se retaran. El café llama a la conversación y a la confidencia y la taza es el pretexto para consumir el tiempo y arreglar el mundo, para vaciar la vida de uno en ese platillo que hay a veces con un cigarrillo y otras veces sólo sostiene al aire.
Pero de pronto viene el camarero a quitarnos todos esos pensamientos. No hay más remedio que levantarse.
-Así que usted comprenderá.-me dice Magris ya en la puerta.