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Archive for 29 septiembre 2018

 

 

“La mano que firmó el papel derribó una ciudad;

cinco dedos soberanos el aliento tasaron,

doblaron el globo de muertos, seccionaron un país;

estos cinco reyes la muerte a un rey causaron.

 

manos-nnbbio-Bill Eppridge- mil novecientos sesenta y seis

 

La poderosa mano lleva a un hombre caído,

el yeso agarrota sus articulaciones;

una pluma de ganso puso fin a la muerte

que había puesto fin a las conversaciones.

 

manos-kkjmn- Paul Caponigo- mil novecientos sesenta y cinco

 

La mano que firmó el tratado engendró fiebre,

y creció el hambre, y vino la langosta;

grande es la mano que domina al hombre tan solo por haber garabeteado un nombre.

 

manos.-48dc.-maria melini Katsilaki

 

Los cinco reyes cuentan los muertos mas no calman

la herida encostrada ni acarician la frente;

una mano gobierna la piedad como otra el cielo;

lágrimas por derramar, ninguna mano tiene.”

Dylan Thomas.-“La mano que firmó el papel”

 

(Imágenes.-1.-Maurice Tabard/ 2- Bill Eppridge– 1966/ 3- Paul Caponigro– 1965/ 4- Maria Melini Katsilaki)

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“No hay príncipe que viva como el rey de España Felipe lV,  todas sus acciones  y todas sus ocupaciones son siempre las mismas y marcha a paso tan igual que día a día sabe lo que hará durante toda su vida. Se podría imaginar que se rige por una ley que le obliga a no dejar jamás de hacer lo que tiene por costumbre.”

 

 

Lo cuenta el viajero Antoine de Brunel en 1655.

”Así pasan las semanas los meses, los años y todas las partes del día, no traen cambio alguno a su régimen de vida ni le hacen ver nada nuevo, pues al levantarse, según el día que es, sabe qué asuntos debe tratar y qué procede estar. Tiene sus horas para audiencia extranjera  y otras para la del país, y para firmar lo que concierne al despacho de sus asuntos y de su dinero, para oír misa y para tomar sus comidas, y me han asegurado que ocurra lo que ocurra permanece fijo en este modo de obrar. Todos  los sábados va a una iglesia que está al final del Prado Viejo, llamada Virgen de Atocha, a la que tiene particular devoción. Todos los años acude por el mismo tiempo a sus casas de recreo y se dice que sólo una enfermedad grave  puede impedirle retirarse a Aranjuez, a El Pardo o a El Escorial, en los que acostumbra a gozar del aire del campo. En fin, los que me han hablado de su humor dicen que corresponde a su rostro y a su porte. Usa de tanta gravedad  que anda y se conduce  con el aire de una estatua. Los que se acercan, aseguran que cuando le han hablado, no le han visto jamás cambiar de asiento ni de postura: los recibe , los escucha y los responde con el mismo semblante, no habiendo en su cuerpo nada movible sino los labios y la lengua.”

 

 

(Imágenes-1- Palacio Real de Madrid – museo de historia de Madrid / 2-  palacio Real – siglo XVll – Biblioteca virtual Miguel de Cervantes /3.- Felipe lV- casa real de España)

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“Cosas sin necesidad, sin precio, sin poder.

Flores que, sin embargo, nunca había visto más cercanas, más reales, quizás a causa de la nube inminente del fin, como se ve intensificarse la luz a veces antes de la noche.

Flores cercanas, que nos hacen olvidar el final del recorrido, cuando el caminante comprende finalmente que, incluso si el camino lo conduce siempre de regreso a casa, también lo conduce, ineluctablemennte, lo más lejos posible de toda casa”.

Philippe Jaccottet – “ A las enredaderas de los campos” – “Prosas y poesías”- ( traducción de Rafael – José Díaz)

(Imagen -Cornelia Fitzroy)

 

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“Sobre el agua verde, azul o gris

de los canales y del Canal,

hemos recorrido Venecia

de San Marcos al Arsenale.

Al fuerte viento de la laguna,

que la orienta a su gusto,

he visto girar tu Fortuna,

!oh Dogana di Mare!

Sopla del Adriático,

débil brisa o siroco,

!mala suerte, si tu dedo me indica

Fusina o Malamocco!

La góndola nos balancea

bajo el felze y, con su mano

el  ferro golpea el silencio

que dormía en el aire marino.

El sol calienta las losas

en la Riva degli Schiavoni;

¡tus recodos y tus dédalos,

Venecia, los conocemos!

El agua riela; el mármol se mella;

los remos se hacen eco,

cuando se pasa por la sombra fresca

del Palacio Rezzonico.”

Henri de Régnier – “Venecia’ (traducción de Juan José Delgado Gelabert)

 

 

(Imágenes – 1-Edouard Manet – 1874/ 2-Anders Zorn -1874)

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“Sentado en la misma piedra, inmerso en el mismo olvido y sonriente a la misma desilusión, he vuelto un instante a sorprender el otoño.  Ha venido este día de agosto al jardín a preparar su temporada, menos ligero ya de ropa, rodeado de brisas frescas y con una hoja verde-amarillenta en la boca.

Aún no están las cosas que son pero ya piensan aquí. Y su pensamiento hecho hoja y agua, pájaro y sol, nos cerca la frente y entra un poquito, y luego, voluble, se va en el mediodía que tiene ya algo de tarde.

Algo de tarde. Como una tarde es el día todo del otoño. Sobre su luz está siempre, inminente, lo sombrío y lo frío sobre su calor. Ya el corazón lleno de amor lo siente. Y no se ve en él un saludo infantil del invierno sino un adiós romántico a la primavera.”

Juan Ramón Jiménez – “El otoño”- “Colina del alto chopo”

 

 

(Imágenes -1-Lynn Geesman- 1997/ 2-Michael Yamashita – National Geographic)

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“Yo vivía entonces en el número 13 de la calle Ravignan – contaba Fernande Olivier en “Picasso y sus amigos”  al evocar los primeros años del siglo en Paris -. ¿Quién habría imaginado entonces lo que llegaría a ser Picasso, un hombre de mundo, cuando se le encontraba en la Colina, en alpargatas, con los cabellos revueltos o con una vieja boina, y vestido igual que los obreros metalúrgicos? Pantalón, blusa de tela azul, cuyos lavados sucesivos  habían acabado por darle unos tonos encantadores de pastel, y aquella inolvidable camisa de algodón rojo con pelos blancos, comprada por un franco noventa y cinco en la plaza de Saint- Pierre. Picasso era quien barría el estudio, quien iba a comprar provisiones. Yo era, lo confieso, muy perezosa. Éramos jóvenes: apenas cuarenta años entre los đos. En épocas de prosperidad, por veinte céntimos la hora, venía todas las mañanas, mientras dormíamos, una mujer a hacer la limpieza. Pero, en vez de limpiar, prefería leer un periódico sentada confortablemente en el único sillón que teníamos, bebiéndose el café que había preparado para nosotros. Nos despertaba el ruido del plumero, del que apenas si le quedaba algo más que el mango, y con el que daba pequeños golpes secos y molestos sobre los muebles y objetos cuando estaba ya cansada de leer. En casa de Picasso he pasado los mejores años de mi vida. En esa época fui totalmente feliz. También, ¡ay!, dejé allí una parte de mi juventud y todas mis ilusiones.”

 

 

Son voces, voces en el azul cuando Picasso está pintando ese período o época suya, que ahora  se celebra con una magna exposición en el museo D’ Orsay. Voces también de Gertrude Stein sobre aquellos años en su monografía sobre Picasso. “Picasso parecía un torero a quien escolta su cuadrilla – se lee en la “Autobiografía de Alicia Toklas” de Stein -, o mejor, semejaba Napoleón, seguido de cuatro enormes granaderos. Derain y Braque eran muy altos, Apollinaire era alto, grueso y robusto, y Salmon no era pequeño. Pero Picasso era un jefe de pies a cabeza.” “La casa de la calle Ravignac 13 – quiso recordar Gertrude Stein – es donde se han desarrollado tantos sucesos importantes para la historia de arte del siglo XX.’

 

 

Las porteras de las casas de los pintores  tuvieron igualmente una importancia singular. También ellas de alguna forma son voces en el azul. Como cuenta Jean- Paul Crespelle hablando del Montmartre de entonces, Madame Coudray vivía en el número 13 y ayudaba a los artistas. Al hablar de ella, Max Jacob decía: “ encorvada, jioven y vieja, áspera, alegre, inteligente, nos quería. Tenía siempre a disposición de los más hambrientos un caldo de verduras. Tomó a Picasso bajo su protección y, en ocasiones, por las mañanas iba a llamar a la puerta de su estudio para anunciarle la llegada de un posible comprador.  “ Monsieur Picasso, despiértese, ¡la cosa va en serio!.. Le obligaba a levantarse y vestirse para recibir al comprador matutino.”

 

 

Voces en el azul …”muchachas, lisiados, parejas famélicas o agarradas al vaso de ajenjo, ciegos, maternidades doloridas, jóvenes angulosos, caras mortecinas, cuerpos deformes – así  iba enumerando las voces y los cuerpos del azul  Christian Zervos en su “Picasso’ – , testigos de una humanidad excluida del gozo. A veces, algún rostro parece reflejar sutilezas meditativas; pero en general son figuras ambiguas, señaladas por una profunda morbosidad, sumergidas en una sombría privación.”

Voces de aquellos tiempos, voces en el azul.

 


 

(Imágenes -1- el guitarrista ciego – Art Institute/ 2- mujer de tocado alto – Chicago -Art Institute/ 3-  mendigos a orillas del mar – Washington -Nationnal Gallery/ 4- la ofrenda – Toronto – propiedad Crang / 5 – mujer sentada con toquilla a los hombros)

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”Una vez me dijiste – le escribe Kafka a Felice Bauer en enero de 1913 – que te gustaría estar sentada a mi lado mientras escribo; pero date cuenta de que en tal caso no sería capaz de escribir ( tampoco es que lo sea mucho en general), pero en ese caso es que no podría trabajar en absoluto. Escribir significa abrirse  desmesuradamente; la más extrema franqueza y la más extrema entrega, en las que todo ser ya de por sí cree perderse, en su trato coh los demás (…) Por eso nunca puede estar uno lo bastante solo cuando escribe, por eso nunca puede uno rodearse de bastante silencio cuando escribe, la noche resulta poco nocturna, incluso. Por eso no dispone uno nunca de bastante tiempo, pues los caminos son largos, y es fácil extraviarse (…)

 

Con frecuencia he pensado que la mejor forma de vida para mí consistiría en encerrarme en lo más hondo de una vasta cueva con una lámpara y todo lo necesario para escribir. Me traerían la comida y me la dejarían siempre lejos de donde yo estuviera instalado, detrás de la puerta más exterior de la cueva. Acto seguido regresaría a mi mesa, comería lenta y concienzudamente, y enseguida me pondría de nuevo a escribir. ¡ Lo que sería capaz de escribir entonces! ¡De qué profundidades lo sacaría! ¡Sin esfuerzo! Pues la concentración extrema no sabe lo que es el esfuerzo!”.

Estas palabras volverán a aparecer en la Corrrespondencia  completa de Kafka, al cuidado de Jordi Llovet, anunciada para noviembre próximo. Estas palabras fascinaron a Ricardo Piglia en “El último lector”.

 


 

(Imágenes -1- Praga – Stanco Abadzic/ 2- Richard Prince – 1986/ 3 – Alberto Durero-  1506)

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