UNA CONVERSACIÓN CON OLGA

 

 

“El viernes pasado nos sentamos Olga y yo en una cafetería, como hacemos siempre, para repasar toda la semana.

— El martes, a media tarde, ¿sabes? – me confió Olga de repente  mientras se bebía una naranjada  -, vi una nube. Era una nube en forma de animal, yo diría que de caballo. Había posado su grupa encima de mi ventana. Tenía una pigmentación oscura y una especie de pelos blancos. El blanco lechoso de la crin se extendía en el cielo e iba cambiando de modo muy gaseoso hasta hacerse mate, yo diría que algo leonino. La nube no se movió durante mucho tiempo de mi ventana. Ya sabes que las nubes apenas se mueven. En ésta sus articulaciones estaban quietas sobre el marco. Las patas traseras eran muy cortas y su hocico era blanco. No daba la  impresión de caminar. Ninguna nube camina. El blanco mate de la gasa se fue haciendo lentamente gris hierro y poco a poco dorado. Ten en cuenta que era el atardecer. Después, por la parte de la cola, el gris moteado pasó a ser pardo y luego acabó en un puntito negro. Más tarde se fue agrandando el pecho de aquella nube, sus riñones se fueron deshilachando, desparramándose en círculos con gran lentitud hasta irse separando en muy pequeñas nubes transparentes, cada vez más gaseosas, cada vez un poco más lejanas hasta que yo ya no las pude seguir con la mirada. Eran diminutos círculos dentro de otras nubes diminutas que giraban muy despacio, ya irreconocibles hasta desaparecer. Entonces empezó la tormenta. ¿Te acuerdas de la tormenta del martes? Pues ahí empezó la tormenta. Tuve que cerrar enseguida la ventana. ¡Pues todo eso me pasó el martes, fíjate!

—¿Y en la oficina? ¿Qué tal en la oficina? ¿Has tenido mucho jaleo? – le pregunté.

—No. Lo más importante para mí en toda la semana ha sido esa nube. Esa nube en mi ventana. Esa nube no se me va de la cabeza,”

José Julio Perlado ( del libro “Relatos”) (texto inédito)

(Imagen – foto -:  George Hurrell- 1936)

OBJETOS EN MI MESA DE TRABAJO

 

 

Una mesa limpia, una mesa cargada de objetos. Dos mundos distintos. Georges Perec en “Pensar/ clasificar” nos va contando lo que ocupa su mesa de trabajo: “una lámpara, una cigarrera, un florero, una caja de cartón que contiene pequeñas fichas multicolores, un gran secante de cartón duro con incrustaciones de carey, un portalápices de vidrio, varias piedras, tres cajas de madera torneada, un despertador, un calendario, un bloque de plomo, una gran caja de cigarros ( sin cigarros, pero llena de objetos pequeños), una espiral de acero donde se pueden deslizar las cartas en espera, un mango de puñal de piedra tallada, registros, cuadernos, volantes, múltiples  instrumentos o accesorios de escritura, una gran almohadilla, varios libros, un vaso lleno de lápices, una cajita de madera dorada, tres ceniceros, es decir, dos de más, que por otra parte están vacíos: uno es el monumento a los mártires, de reciente adquisición; el otro, que representa un encantador panorama de los tejados de la ciudad de Ingolstad, acaba de ser encolado; el que sirve tiene un cuerpo de material plástico negro y una tapa de metal blanco con agujeros.”

 

 

Una mesa limpia, una mesa cargada de objetos. Dos mundos distintos. Rudyar Kipling, en su Autobiografía – como lo recuerda Alberto Manguel en “Diario de lecturas” – enumera los objetos de su escritorio: “un largo plumero lacado, con forma de canoa, lleno de cepillos y de estilográficas difuntas; una caja de madera con clips y gomas; otra, de hojalata, con alfileres; en otra más, en un posabotellas, guardaba cosas que no necesitaba, desde papel de lija hasta pequeños destornilladores; un pisapapeles, una diminuta foca de piel con un peso en el interior y un cocodrilo de cuero que descansaban sobre algunos de los papeles; una regla de treinta centímetros manchada de tinta y un limpiaplumas decorativo que una criada a la que queríamos mucho nos regalaba todos los años, componían la guardia de honor de aquel ejército de pequeños fetiches.”

Una mesa limpia, una mesa cargada de objetos. Dos mundos distintos. Dos maneras de trabajar los escritores.

 


 

(Imágenes-1- Juan Gris – la mesa – 1914- Philadelphia museum/ 2-Aldo Calabresi/ 3-Catalina Keohe)

REFLEJO DEL DÍA CANSADO

 

 

“Reflejo del día cansado,

las ventanas han palidecido

y con un aleteo

ha llegado el crepúsculo.

Ya la calle se ha vuelto blanda y gris,

la valla está oscura como un arbusto;

pero todas las masas del cielo

sueñan un sueño verde turquesa,

y palidecen hasta convertirse en lejanías enlutadas,

rodeadas de nubes, al salir la piedra de la luna:

y las turbias farolas de gas

suavemente anuncian con su zumbido la tarde.”

Herman Broch“Reflejo del día cansado” (1936) – En mitad de la vida”- (traducción de Montserrat Armas y Rafael- José Díaz)

(Imagen –Caspar David Friedrich– 1821)

VIAJES POR EL MUNDO (17) : NÁPOLES, LOS CENTAUROS

 

“Nadie conoce cuántos millones de motos circulan por Nápoles, siendo así que la inmensa mayoría son ilegales – describía Félix de Azúa -. Pero son los ciclomotores, los “motorini”, los que imponen la ley. Suelen ir conducidos por una pareja de muchachos fundidos en un solo y sudoroso cuerpo al que los nativos llaman cariñosamente “ los centauros”. Acostumbran a ser dos rapados, o un rapado y una diosa voluminosa; o dos diosas, la una rapada y la otra voluminosa. Pero no es infrecuente el trío: padre voluminoso, madre muy voluminosa y niño o niña rapaditos. He llegado a ver hasta cinco en cómodo equilibrio sobre su ”motorini”: abuela no voluminosa con criatura abrazada, más el trío familiar habitual, a ochenta por hora en contradireccción por la muy densa Via Roma en hora punta.

 

 

Lo que en una primera impresión puede parecer insoportable, se puede convertir en el mayor atractivo de la ciudad a poco que el forastero tenga vena de antropólogo. Puede uno pasarse horas y más horas observando la indescriptible habilidad con la que los centauros y las centauras esquivan toda clase de obstáculos humanos, animales, vegetales, minerales, y de orden público, sin sufrir ni una rozadura.

Está claro que sólo puede circular por Nápoles quien ha nacido allí. Todos los demás pertenecemos al ridículo mundo de quienes dudan antes de cruzar ( lo que provoca frenazos espantosos),  o de quienes se empeñan en respetar el semáforo ( lo que colapsa el tráfico).

 

 

Los peatones napolitanos cruzan por todas partes y de cualquier manera. Mejor dicho, no cruzan: se lanzan a la piscina de hierro, humo y fragor. Pero antes de hacerlo han emitido un conjunto de señales inaprensibles para los forasteros y muy  semejantes a los ultrasonidos de algunos insectos durante el apareamiento, que cualquier motorista, conductor de autobús y de camión, cualquier triciclo o ambulancia, captan al instante. El forastero observa atónito cómo el anciano cojo va haciendo su camino por entre el tráfico monstruoso con absoluta serenidad, cómo avanza a sacudidas, semejante a un resorte mecánico de ritmo cambiante, mientras las motos y los autobuses, los coches y los camiones le sortean a ciento por hora.

Pero al cabo de los días se comprende que Nápoles no es una ciudad caótica, sino dotada con otra modalidad de orden más sofisticado y complejo que el nuestro. A los napolitanos, que son gente habilísima, despierta, fogosa y de una vitalidad volcánica por contagio, les aburre el código de la circulación europeo y aplican su propio código de señales extrasensoriales”.

 

 

(Imágenes – 1- Calle de Nápoles / 2- Nápoles – 1950- Pier Giorgio Branzi/ 3- Nápoles 1958 – Leonard Freed/ 4- Nápoles – Sílvia Sala)

LA NIÑA TEJE

 

 

 

“Los hilos verdes son maíz en los surcos.

Los hilos amarillos son las piedras doradas.

Los hilos rojos son los peces del cielo.

Los hilos blancos son las bellas cascadas.

Entrecruza los dedos,

sopla con el nido tibio de tus manos,

dile al viento de hierbas lo que soñaste.

Entrecruza los hilos, los ríos.

Teje la manta.

Viene por las montañas el abuelo con una vaca de oro.

Esas alas tan grandes en el cielo nos dicen que hay que cerrar los ojos.

Pero la niña canta para alargar el día.

La niña tiene ojos que se encienden de noche.”

William Ospina“ La niña teje

( Imagen – Briton Riviere)

MÚLTIPLES LENGUAJES

 

 

”Los enamorados – reuerda Montaigne – se enfurecen, se reconcilian, se hacen ruegos, se dan las gracias, se citan, y, en suma, se lo dicen todo con los ojos. ¿Qué decir de las manos? Requerimos, prometemos, llamamos, despedimos, amenazamos, pedimos, suplicamos, negamos, rehusamos, interrogamos, admiramos, contamos, confesamos, nos arrepentimos, tememos, nos avergonzamos, dudamos, instruimos, mandamos, incitamos, animamos, juramos, atestiguamos, acusamos, condenamos, absolvemos, injuriamos, despreciamos, desafiamos, nos irritamos, adulamos, aplaudimos, bendecimos, humillamos, nos burlamos, nos reconciliamos, recomendamos, ensalzamos, celebramos, nos alegramos, nos compadecemos, nos entristecemos, nos desconsolamos, nos desesperamos, nos asombramos, gritamos, callamos, ¿y qué no?, con una variación y multiplicación que rivaliza con la lengua.

 

 

Con la cabeza, invitamos, despedimos, reconocemos, repudiamos, desmentimos, damos la bienvenida, honramos, veneramos, desdeñamos, pedimos, rechazamos, nos alegramos, nos lamentamos, halagamos, regañamos, nos sometemos, retamos, exhortamos, amenazamos, afirmamos, preguntamos.

¿Qué decir de las cejas?, ¿y de los hombros? No hay movimiento que no hable un lenguaje que es inteligible sin enseñanza, y que es público. Por eso, viendo su variedad y su práctica diferente de la de los demás, éste debe considerarse más bien como el propio de la naturaleza humana.”

 

 

(Imágenes -1-Jean Moral – 1927/ 2-Gerhard Richter/3- Otto Steinert)

¿QUÉ PALABRA HA BROTADO JUNTO A MÍ?

 

”¿Qué palabra ha brotado junto a mí,

qué grito ha nacido de una boca ausente?

Apenas si oigo gritar a mi lado, apenas

si siento el soplo que me nombra.

Sin embargo ese grito sobre mí viene de mí,

estoy oculto en mi propio delirio.

¿Qué voz divina o qué extraña voz

ha oonsentido habitar mi silencio?”

Yves Bonnefoy

 

 

(Imágenes- 1- Alessandro Twomlbly/ 2-Dora Frost)

CRISTINO DE VERA

 

 

“El ambiente, la luz de las islas, sí que ha influido en mi pintura – recordaba Cristino de Vera -. Mi primer viaje a la Península lo hice a los diecinueve años. Ya en ese tiempo dibujaba, pintaba. La luz cambiante de las islas, la observación de tonos y cosas, el primer muerto que vi – un compañero de la escuela, su tremenda sinceridad en el rostro -, las frutas de los mercados… mis largos paseos por La Laguna (nubes bajas) mis primeras observaciones de los cambios del mar, tierra, nubes… sin duda tienen una influencia definitiva en mi trabajo.”

 

 

Ahora Cristino de Vera expone en Madrid, en Caixa Forum. Su muestra la titula “Hacia el silencio”. Una depuración de años, una búsqueda interior a través de la pintura. “Me siento vinculado – proseguía el artista – a una forma de pensamiento que creo que es una constante en la historia de la pintura : el esfuerzo o la búsqueda de cierta belleza escondida que hay en todo, una cierta nostalgia por la muerte que podría estar con un expresionismo poético muy particular, un ansia en cada cosa de intemporalidad, un amor al reposo de las formas. El primer contacto con Zurbarán, su forma mística de transfigurar la luz…cierto enfoque de ver el cosmos en Van Gogh, la serenidad de Fray Angélico…la fuerza de un Van der Weyden, Van der Goes… todos estos grandes artistas creo que me han servido bastante para ir descubriendo y desarrollando mi propio estilo.

 

 

A mí me gusta  trabajar las cosas que ya en su realidad despiden una carga de humildad y sencillez… un cestillo, una rosa seca, un cráneo, una áspera mesa, una figura irradiada de blanca luz, unas florecillas. Decía Paracelso que “a veces en la más humilde de las cosas está encerrado todo el misterio del Universo”. Cuando pinto figuras o ventanas con fondo de cementerio… o figuras muertas sobre mesas, o en campo de flores, con fondo de galaxias…lo que a veces intento es que por medio de una limpia luz de estrellas, noche, luna o crepúsculo se mitigue el fondo dramático que la muerte encierra… y es cómo si llevase dentro de mí un cúmulo de cosas con mucha carga atormentada que me hacen a veces un ser muy inestable… por eso a veces en mi pintura hay aquello de que más carezco y amo, un mundo de paz, y humildemente pretendo que este mi trabajo pueda servir a algunos seres. Ya eso de por sí sería bastante.”

 

 

(Imágenes-: Cristino de Vera: -1-Lorenart/ 2-fundación Cristino de Vera/ 3-Caixaforun/ 4- elpais)

EDUARDO ARROYO

 

Hace diez años escribí en Mi Siglo sobre él.

“El cuadro que se escapa“, lo titulé.

Hoy se ha escapado definitivamente de la vida aquel compañero mío de la Escuela Oficial de Periodismo de la calle de Zurbano de Madrid con el que compartí muchas horas. Su figura sigue en mi recuerdo.

Descanse en paz.

 

 

(Imágenes – 1- Eduardo Arroyo – tiempos modernos/ 2- Eduardo Arroyo – ctxt)

VIAJES POR ESPAÑA (25) : TOLEDO

 

“Tú vienes a Toledo con prisa. En unas horas quieres sorber su jugo emotivo. Está bien; hallarás con creces donde beber a chorro;  pero no lo busques en el arte de los mudéjares toledanos, que exige gusto de reposo, abstracción de tiempo, ganas de soñar mirando y remirando cosas insustanciales, sutilezas, recovecos sin salida tal vez, cuyo misterio tan sólo atrae y cuyo desenlace descontamos por inútil. Permíteme aventurar un cotejo – así lo sigue contando Manuel Gómez Moreno  en su visita a Toledo -; ponte en el Museo del Greco, ante su apostolado; si eres sensible, se te irán entrando aquellos tipos extraordinarios de alucinados, de locos; tus nervios se irán poniendo de punta; si encerrado allí aguantases una temporada saldrías hablando solo, de remate.

 

 

Pásate ahora por el Tránsito vecino; mira a cualquier parte; unos follajes retorcidos, una celosía; si supieses hebreo, un letrero. ¿Sabes acaso lo que las escrituras monumentales semíticas encierran de misterio? ¿Gozáste alguna vez descifrando aquellas fugas de vocales o de consonantes que traían nuestras revistas y almanaques? Pues otro tanto y más de ingenio es preciso para leer árabe o hebreo en las inscripciones; hay que no tener prisa ni hacerse ilusiones sobre el éxito final; es problema de pasar el tiempo; si miras una celosía o te sobrepones al mareo de lo entrevesado, poco a poco irás descubriendo ordenaciones, simetrías, juegos de polígonos , coronas que bailan una melodía graciosa, constelaciones rítmicas… porque es eso, un remedo de cielo, con sus soles que son estrellas, sus planetas y satélites, que llevan nombres reservados para los estudiosos, y al cabo, si estás en buena postura, te quedarías dormido, soñando cosas plácidas, gustosas… Te decides por el Greco, ¿verdad? ¡Ya lo tenía previsto! La fantasía….”

 

 

(Imágenes- 1 y 3 – Toledo- el Greco / 2- Toledo- Oskar Kokoschka)

EL RASTRO

 

 

“Grandes máquinas, relojes, maderas, los aceros más feroces, abanicos delicados y pueriles; monedas antiguas, sólo dignas de las almas sórdidas de los numismatas; cascos de botella, cada uno con su alma de cristal y de color distinto; pipas que han sido entrañablemente acariciadas; navajas que recuerdan crímenes; bastones todos jubilados; muebles requetedorados de un oro chanchullero; tristísimas lámparas de minero; braseros peripuestos; cacharros de loza con mordiscos y melladuras, con flores vivas; paraguas que recuerdan a seminaristas; cobres a los que ya el tiempo ha convertido en oro; máquinas de hacer café , con aromas del paraíso de los hombres; gafas que impondrán la visión del otro; instrumentos de cocina que entre ellos se hablan; relojes cuyo ritmo llena el aire como un inmenso enjambre;

 

 

calzado viejo con aire tragicómico; esculturas sin museo; bustos de señoras enfáticas; cabezas de peinadoras; maniquíes de sastrería, sordos y tontos; animales disecados en los que anima el alma de este paraje; libros de cuyo amontonamiento brota un olor a agua podrida; armas formidables, más allá del crimen y de la guerra; Cristos clementes, en medio de las cosas arrumbadas; costureros de color miel y espejito; tinteros muy muertos por la tinta seca de su fondo; camas trágicas las de hierro, piadosas y humanas las de madera;

 

 

sillas campesinas, de hogaza; pupitres episcopales; bargueños, que son como capillas civiles, tiernos y confidentes; espejos que han perdido su sordidez mirando al cielo en el carro que los traía; cosas de cementerio, sin sentimentalismo; dulces instrumentos de música; cuadros en los que se revela la plenitud de la pintura y la hipocresía de los museos; fotografías como miradas descoloridas, casuales, y sombreros y trajes, siempre lamentables, exangües, exangües…”.

Camón Aznar, en su estudio de la obra de RAMÓN, va desgranando este desfile de “El Rastro”, la obra que viera la luz en 1915 retratando los objetos bajo un cielo madrileño “bajo, acostado, concentrado”, donde, “las golondrinas – dice RAMÓN – juegan sobre la calle del cielo que corresponde a nuestra calle de la tierra como párvulos en vacaciones o al salir de las escuelas”.

Ahora que  AndrésTrapiello publica su Rastro personal, el viejo Rastro de Gómez de la Serna, mapa de los objetos perdidos, nos lleva siempre a la nostalgia.

 

 

(Imágenes -1- Lynne Parques/ 2- Olga Antonova/ 3-Berenice Abbott-  1958/ 4-Rodrigo Moynihan – 1948 – robrt mile

EL TERCER HOMBRE

 

 

El tercer hombre” tuvo que arrancar como relato y no como libro cinematográfico, antes de ponerme a trabajar en lo que pareció una interminable serie de transformaciones de un guión a otro – recordaba Graham Greene -. Carol Reed y yo trabajamos en estrecha colaboración sobre la continuidad y la línea argumental cuando volví a Viena con él para escribir el guion. Recorrimos kilómetros de alfombra y representamos escenas el uno para el otro. Nadie participó de aquellas reuniones , ni siquiera el propio Korda : tan válidos son los ataques mutuos  y el ímpetu de la discusión entre dos. Para el novelista, desde luego, su novela es lo mejor que él puede hacer con un determinado tema; no puede sino exasperarse ante muchos de los cambios necesarios para convertir su texto en una obra cinematográfica. A decir verdad, la película es mejor que el relato, porque en este caso es la versión final del relato.

 

 

Algunos de estos cambios responden a motivos obvios, superficiales. La elección de  una estrella norteamericana en lugar de una inglesa suponía una serie de modificaciones : la más importante era que también Harry debía ser norteamericano. Joseph Cotten hizo una objección muy razonable al nombre que yo había dado al personaje de la historia : Rollo. Una de las pocas grandes discusiones que tuvimos Carol Reed y yo giró en torno al final, y él demostró de una manera muy brillante que tenía razón. Yo sostenía que un pasatiempo de esa índole  era demasiado endeble para soportar  el peso de un final triste. Por su parte, Reed pensaba que mi final – impreciso, sin palabras, con Holly y la muchacha alejándose juntos en silencio del cementerio donde entierran a Harry – impresionaría al público que acababa de ver la muerte y el entierro de Harry como una muestra de desagradable cinismo.

 

 

(…)  Cuando Carol Reed  fue conmigo a Viena para ver las escenas que yo había descrito en el guión, quedé perplejo al comprobar que, entre el invierno y la primavera, Viena había cambiado por completo. Los restaurantes del mercado negro, donde sólo con mucha suerte podían encontrarse en febrero unos cuantos huesos que se hacían pasar por cola de buey, ahora servían frugales comidas legales. Habían retirado las ruinas fronteras al “Café Mozart”, que yo había bautizado “Vieja Viena”. Una y otra vez me oía  a mí mismo decir a Carol Reed: “Te aseguro que Viena era de veras así… hace tres meses.”

 


 

(Imágenes -1- Graham Greene/  2, 3 y 4 , escenas de la película “El tercer hombre”)

PISAR MIS SUEÑOS

 

 

“Si del cielo tuviera yo los bordados paños,

bordados de dorada y plateada luz,

los azules, los mates y los oscuros paños

de la noche y del día y de la media luz,

si los tuviera yo, los pondría a tus pies:

pero, como soy pobre, solo tengo mis sueños;

y tan solo mis sueños he puesto yo a tus pies;

pisa con tiento entonces, porque pisas mis sueños.”

W. B. Yeats – “Desea él los paños del cielo”– “El viento entre los juncos” (1899)- traducción Daniel Aguirre

(Imagen-Jean Baptiste Huynh)

EL SECRETARIO PARTICULAR DEL MINISTRO

 

 

“Verdadera ave de paso – escribe Balzac en su “Fisiología del funcionario” -, el secretario particular de cada ministro sale corriendo y reaparece a veces con él. Si el ministro pierde el favor real o las esperanzas parlamentarias, se lleva a su secretario para volverlo a traer; o lo manda a descansar a algún pastizal administrativo, a la Corte de Cuentas, por ejemplo, este albergue donde los secretarios esperan que pase la tormenta.

El secretario particular siempre es un hombre joven cuyas capacidades sólo las conoce el ministro. Conoce todos los secretos, trata de convencer a los poco entusiastas, lleva, comunica y entierra las proposiciones, dice los “no” o los “si” que el ministro no se atreve a pronunciar. Es el que recibe los primeros fuegos y los primeros momentos de desánimo o de furia. Nos lamentamos o nos reímos con él. Desempeña el papel de hombre comprometido, aplaca a los diarios, y opera con los redactores. Anillo misterioso a través del cual muchos intereses se vinculan al ministro, es discreto como un confesor: sabe y no sabe, a veces sabe todo y a veces no sabe nada; debe andar con cuidado y prestar atencion; dice de su ministro lo que el ministro no puede decir de sí mismo. Por último, con él, el ministro se atreve a decir lo que él es, se saca su dentadura postiza, deja de lado sus escrúpulos y se pone en pantuflas, desabotona sus marrullerías y descalza su conciencia.

Este hombre joven no es precisamente un hombre de Estado sino que es un hombre político, y a veces la política de un hombre. Casi siempre joven, es a las tareas ministeriales  lo que el ayuda de campo al general. Su papel es el compromiso, halaga y aconseja al ministro, obligado a halagar para aconsejar, a aconsejar mientras halaga y a disfrazar el halago bajo el consejo. También, casi todos los hombres jóvenes que hacen este trabajo tienen un rostro bastante pálido. La costumbre permanente que tienen de hacer un movimiento afirmativo con su cabeza para aprobar lo que se dice, o para darse importancia, comunica algo extraño a esa cabeza. Aprueban directamente todo lo que dicen. Tienen un lenguaje lleno de “pero; sin embargo; no obstante; por mi parte yo haría;  yo en lugar de usted”, todas estas frases que preparan la contradicción.”


 

(Imágenes-1 y 2- Daumier -1834- meisterdrucke)

DESDE LA SOLEDAD

 

“Entonces Beatriz entró mientras yo estaba leyendo el periódico en el comedor y se sentó en una silla con ánimo de contarme algo. Venía con una de esas historias de sus amigas, tan importantes para ella, con las que necesitaba desahogarse y yo doblé el periódico, lo dejé todo, y me incliné un poco para prestar atención. Se trataba de Rebeca, que cruzaba medio sonámbula por la calle con riesgo de que la pillara un coche, la cabeza atormentada de pastilllas antidepresivas para superar la convivencia con su marido, pero Beatriz no lo contaba así, tiempo después pude recuperar su voz: “¿Rebeca?, no te imaginas cómo está, iba con las bolsas de la compra como si las arrastrara, no miraba los semáforos, yo la llevé casi de la mano de una acera a otra porque un día, le dije, te mata un coche, tienes que reaccionar, hay gente en la vida peor que tú, no puedes ir casi borracha de pastillas, pero ella no escucha, sigue y sigue hablando del infierno con su marido, ahora tengo dos enfermeros, me dijo, pero aún así, no aguanto, un día se me escapa, mi hijo mayor no me ayuda, se ha puesto de parte de su padre, y yo creo, ¿sabes lo que pasa?, que ella siempre se ha ocupado de sus nietos, ellos han sido su salvación, años y años trayendo y llevando a sus nietos al colegio, pero eso se acabó, los nietos han crecido, los nietos no quieren saber nada de la abuela, vienen los domingos a darle un beso y a pedirle dinero, y eso se acabó, todo ese tiempo en que ella se refugiaba en sus nietos ya no existe, tengo que ir al psiquiatra, me decía, No, tú no tienes que ir al psiquiatra, Rebeca, le he dicho, lo que tienes que ir pensando es cómo internar a tu marido en una Residencia, hay Residencias buenas por aquí, algunas un poco caras pero encontrarás una cercana y barata, allí tienes que meter a tu marido, pero no por egoísmo, sino por él, por él y por tí, tienes que quitarte las pastillas…”, y la voz de Beatriz proseguía en una historia que yo ya conocía, la había oído muchas veces, y entonces, no sé por qué, puse algo menos de atención al escuchar y moví un poco la cabeza y pensé que cuando un día estuviera yo solo en este piso, sin Beatriz, me lamentaría de no haberla escuchado en este momento, te vas a lamentar, me dije, de no escucharla  bien ahora, de no atenderla, y me vi recorriendo las habitaciones vacías, solo en casa, a duras penas no se me cae esta casa encima gracias a que revivo estas conversaciones con Beatriz y porque me he propuesto con voluntad ser valiente, vivir lo mejor posible esta soledad, y repasar momentos como aquel en que Beatriz me contaba la historia de Rebeca  hace ya muchos años y, no sé por qué, aún no sé por qué, puse un poco menos de atención aquel día”.

José Julio Perlado -( del libro “Relámpagos ) ( texto inédito)

(Imagen -Erwin Blumenfeld- 1938)