Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 30 agosto 2018

 

 

“Estoy perdido en los miles de palabras y de actos frustrados que son “mi vida”, que desarticulan, que destruyen mi alma – escribe Ionesco en suDiario” -. Esa vida está entre mí y mí mismo, me la reconozco como mía, y, sin embargo, es a ella a quien pido ser revelado. ¿Cómo hacer para que todas las máscaras se vuelvan transparentes, cómo remontar el río de las casualidades, del error, de la desorientación, hasta la fuente pura? ¿Cómo corregir todo lo que me ha falseado? , ¿y cómo, con ayuda de la palabra, expresar todo lo que oculta la palabra? ¿Cómo dar una expresión a lo que no es expresable?

Aspiro a lo imposible, a que mis palabras sean transparentes. Miles y miles de palabras, de máscaras y de mentiras y de yerros, deberán decir lo que la palabra oculta. No me queda más que desmentir cualquier palabra desarticulándola, haciéndola estallar, transfigurándola. No se puede decir que lo que me propongo sea fácil. No se puede decir, tampoco, que sea inteligible, pero eso ya no tiene sentido desde el momento en que eso ya no es imposible. En realidad, yo ya no me comprendo muy bien a mí mismo, porque soy presa de las palabras, soy arrastrado, llevado, por las olas de palabras.”

 


 

(Imágenes-1- Nikolai Gorski/ 2- Maya Kapouski)

Read Full Post »

 

 

”Pasa un día así, largo y pesado. Un día que retrata mi cuaderno, y como éste, cientos de días iguales  y extendidos que nadie encuentra. Al atardecer, camino de Soria, el Joven acaba confesándome que desde meses es casado; se le avivan las miradas al hablar; desde hace dos meses es casado y es la primera vez que se separa… Camino de Soria está Numancia, soledad, historia que nos contempla. Ya se ven más gentes, arrapiezos, ancianos, mujeres; algun buey, un último reflejo que quita el frío, calienta y no quema. Y después, la noche.

Una vuelta en el día. La madrugada cambia nuestro paisaje. Es lomo sobre lomo, por las calles de Soria, como llegamos a la estación: se ha muerto el campo. En la placita situada detrás de Correos hacen parada olores, ruido de pasos. Ya se van los pastores  a la Extremadura, y un silencioso encierro, un entierro, penetra en el corral. Se está quedando la tierra triste, oscura, y alguien grita “¡Eska, eska, eska la Vieja!”, azuzando las varas. Ya se van los pastores, ya se van marchando…; más de cuatro zagalas quedan llorando, y unos bobalicones  miran boquiabiertos sobre las vallas, por entre las rendijas.

 

 

Es la hora en que el ganado presiente que todo va a ocurrir.  Están agazapadas, revueltas, defendidas; son como enorme alfombra de orejas y pupilas, de patas, corazones, blanco color, pezuñas escondidas. Caras juntas y ojos abiertos. Poco a poco van entrando al fin. Es un callejón que lleva a los vagones. “¡Eska, eska, eska la Vieja!”, gritan los hombres del cayado. Con las dos manos, el Niño, el Joven, el Encarnado, colocan bien alguna cabeza torcida. Se las anima en el lomo con el palo. Pero no entran. Tienen que hacerlo los pastores en el callejón, pequeña plaza de toros de estación soriana, donde el público son los barrotes de vagones que esperan. El Joven entra el primero; ha de ponerse en cuclillas, ha de estirar su brazo y, alcanzando una oveja, atraerla hacia sí, abrazarla, él, casado de meses, la ilusión, el empuje, y la gracia. Y tras esa oveja otra y otra, hasta ochenta y cuatro. Hasta que, sofocado, enfebrecido, aplastado casi entre patas, oculto entre balidos, con un rasguño en la frente, con los ojos empañados de vapor, él, el casado de meses, el Joven, sale a rastras del vagón y cierra con candados. “¡Jalí, jalí “, dicen empujándolas. Y otro piso de vagón, y otro, y otro. Y más tarde otro vagón, y un segundo que aguarda, y un tercero que mira allí, en la estación, inerme.

 

 

Los ruidos no son campo ahora. Son bastonazos que resuenan mejor, son gemidos más claros; el sabor es pólvora. Pero este rebaño ha de ir en el ferrocarril como sea, amparado por el mayoral o no amparado, guardado por pastores, por el mansero, por los zagales, por los perros. A este rebaño le habrá de recibir el invierno en Extremadura. Por ello, porque ellas lo saben, entran despacio, asustadas, temblonas. Algunas se escapan de las manos, algunas se atrasan, algunas ya no balan. Media sombra de corral y medio sol en los tendidos de este encierro. “¡Eh, fíjate! “, dicen los bobalicones. “¡Hasta mayo no vuelven; menuda vida se pegan!” Y no saben ellos, los bobalicones, que el vagón cerrado con hierros las rodea de soledad y miedo. Ellos no saben que algunas, ya colocadas, aún se revuelven, cambian de postura, intentan escapar. En el piso bajo, en el entresuelo de barrotes y candados, caben más, entran mejor, pueden andar y moverse mientras los pensamientos del viaje rozan entre ellas. Pero en los áticos y en las azoteas, como enclaustrada su blandura, gimen y se lamentan en letanía, en animal oración. Cuando alguna no quiere entrar y se hace la fuerte, se busca un manso de cencerro grave que camina y camina anestesiándolas, adormeciéndolas, encantándolas, quitándolas la fuerza.

 

 

Suena un patear de ganado en la madera del vagón. Es como la explosión de la libertad ahogada, ese mirar férvido y caliente de las protestas. No se las logra dominar porque son criaturas, y ni con boinas al aire ni con varas se consigue esparcirlas. Cuando la última no se rinde, el Joven la coge en brazos y la mete entre gritos.  Existe hecha por Dios una lana en el lomo donde la mano aprieta. Existe un pie que empuja, un perro que las muerde y una voz extraña, rara, que las desconcierta. La recién nacida de la mañana es mezclada entre las sombras del vagón. Es su primer embarque. “Navegamos”, dicen los pastores clavando travesaños y cerrando las puertas. Navegamos con los ojos pardos, con los olores fuertes, con las piernas esbeltas. Son las doce en punto en mi cuaderno. La cámara se va retirando de los vagones y recorre en primer plano a los hombres, a los caballos, a las mantas. Película de Soria. Esta es la trashumancia de las ovejas”.

José Julio Perlado “Esto es trashumancia”  – (publicado en el Diario “YA” el 29 de noviembre de 1959, con imágenes del gran fotógrafo español Ramón Masats– Juntos hicimos el viaje y el reportaje- Masats tenía entonces 28 años; yo 23)

 

 

(Imágenes -1- trashumancia – voxpopuli/ 2- Ramón Masats -ara cat/ 3-trashumancia- 20 minutos/ 4-trashumancia- origen/ 5-Soria- el Semanal)

Read Full Post »

 

 

Ramón Masats tenía entonces 28 años y yo tenía 23. El gran fotógrafo español y yo recorrimos juntos durante varios días los campos de Soria y de allí surgió este texto que hoy incluyo aquí , rememorando un reportaje y una experiencia realmente inolvidables:

 

”Amanece al mismo color con que soñamos despertarnos. Los ruidos son llamadas: una campana y una esquila. El paso de las ovejas, pequeños golpes que tientan al sol hasta que el sol asoma. “Y ahora navegamos’, dicen los pastores. Es verdad que este vocablo de la sierra soriana es palabra de mar, no de esta tierra. No de la tierra rugosa, que es fría a mi contacto y es vieja. Retrasan las ovejas los gemidos, husmean los arbustos; una piedra que hondea entreabre  un matorral y espanta una cabeza. Pegada a la madre, la recién nacida de la mañana trota su blanda caminata y embiste al aire. Este viento es la cola de octubre. Hacia el valle de Alcudia, hasta la región mariánica, hasta  esa Mancha, o Andalucía, o Extremadura de España, el olor del rebaño cuelga de las pupilas humedecidas, de las lanas musgosas, de las vértebras. La recién nacida de la mañana torea al matorral y los perros la rodean. Su bautizo será  esta laguna verde, fango desde los bordes, donde las blancas patas chapotean. He aquí el bautizo de Dios sobre una niña oveja. Se para ante el agua, duda, está indecisa; la apretujan los perros y cae de bruces; se baña, llora; luego, paso a paso, se endereza. Tiran los pastores unas piedras. “Tiren de nuevo – he de decirles  -. Es para hacerles una foto tirando piedras.” Luego se ríen de nosotros; me contestan: “¿Quiénes? “. Los que nos conozcan. “¿Por qué?” “Porque somos mucho feos”, me grita el Joven; y sin embargo tira una piedra. La recién nacida ya va delante, va entre dos madres, una adoptiva, otra verdadera. Ocho mulas y un perro se separan aparte. Suenan más voces: “¡Jaco, Jaco! ¡Ven por la manta!”. Luego, un silencio. “¡Hay que echarla en las yeguas!” “¿Lo qué?” “¡La manta!” Y se alejan.

 

 

Esto es trashumancia. Un rebaño de de seiscientas cincuenta cabezas que avanza entre “Leona”, “Violeta” y “Gento”, el “Lanas” y “Aparicio”, la jauría de perros guardianes que escoltan su presa. Cordel de trashumancia, sombras nómadas, orilla de pastores, caballerías, sol, balidos y tierra. El ejército de las ovejas asoma su frente de ojos doloridos, de húmedas lenguas. Miro mi reloj: diez y media; diviso un puente. Gallinas que de repente callan y cencerros que de pronto no suenan. Hemos parado. Se come de pie; se pican menudillos, jamón;  se bebe vino; las navajas se pinchan en tarteras. Después se lían los cigarros y se charla. Pregunto po un hombre apartado, un extremeño.”¿No es pastor?” Estaba esta primavera en la carretera. “Es viudo”, me dicen. Y se avergüenzan. Vuelve el camino al orden, ladran los perros, los caballos se yerguen, rompe a soñar el rumor de campana que cuelga de una oveja. Todas derrás del manso, silenciosas y estrechas. Todas por el itinerario de la cañada, como procesión de monte, paciente andar de sacrificio del que no se conoce la ofrenda. España, y pisándola, balando sobre ella, Soria, Guadalajara, Madrid, Toledo, Ciudad Real, la Mancha entera. España, y pisándola, bailando sobre ella, pestañeos, latidos, soplos, sudor, silbo, tierra. Toda nuestra jornada. Anual descubrimiento del Joven, del Callado, del Niño, el Encarnado, el perro, el matorral, el arbolado, la lana, los cencerros, el aire, la comida, la bota y la chaqueta. Esto es trashumancia. Albarcas, los zahones, el cayado y la pana, la boina y la pelliza, el alma entre la manta, la manta entre la lana y la lana en la oveja.”

José Julio Perlado – “Esto es trashumancia” – ( publicado en el periódico YA el 29 de noviembre de 1959)

 

 

(Imágenes -1- Ramón Masats -tendencias del mercado del arte/ 2- trashumancia – asociación forestal de Soria/ 3- trashumancia – destino Castilla y León)

Read Full Post »

 

 

Ramón Masats tenía enonces 28 años y yo tenía 23. El gran fotógrafo español y yo recorrimos  juntos durante varios días los campos de Soria y de allí surgió este texto que hoy incluyo aquí, rememorando un reportaje y una experiencia realmente inolvidables:

”El Joven, el Callado, el Niño, el Encarnado… Con un dedo aprietan la carne en el pan y cortan, comiendo. Es noche cerrada en los montes de Soria. El Joven, el Callado, el Niño, el Encarnado… se envuelven en mantas. Doblan el cuello para beber, y a los ojos del cielo se les ve de qué forma desaparece el vino en el gaznate. Después pasan la bota. Me la pasan a mí, que no me conocen. Pinchos de palos tuestan la fogata. Más tarde nos rozan lomos de caballerías. Estamos apretados; son pastores; estoy yo: somos sombras de oscuridad, tristeza de vísperas. Pienso : “ Esto es trashumancia”. Esto es callada, silenciosa procesión sin  “cámaras”. Aquí no “se rueda”;  a esta montaña no llega nunca el cine; aquí estoy yo y mi cuaderno, las cazuelas, los cayados, las capas. Siguen comiendo. Cenamos entre ovejas, con pan, sentados sobre sacos, dormimos contra tapias. Pienso : “Esto es trashumancia”. Camino, balido, senda; la ganadería soriana que anda por el cordel de la tradición, el censo de los cencerros, de los mansos; las merinas que muerden la hierba. Esto es trashumancia que, desde el pico a la capital, en un mar de cabezas, baja y baja, orillando Arquijo y La Poveda, dejando atrás Los Santos y Vizmanos, perdiendo rastros  de El Collado, de Ledrado y de Oncala, de toda la sierra. Esto es trashumancia. Casi enseguida el Joven me mira.. ¿Qué habla? Nada hablo. Pienso. Me  arrebujo en la manta y miro a todo el círculo. Es como si reconociera mi aldehuela.

 

 

He venido subiendo con linterna. Luego he saludado, he ofrecido mi mano y me he sentado. Es casi medianoche. Pan y aceite regala el cielo a los que, como yo, buscan cena improvisada. Pregunto : “¿Cómo se llaman?” “García nos llamamos”. Y José. Y este, el Extremeño. Y ésa, la “Rubia”, y la “Bretona”, y la “Torda”, y la “Romera”. Y ésta, la “Potra”. Son las caballerías. Después me invitan a fumar. Las merinas y las churras duermen: aún no las conozco. Les digo: “ ¿Van todos en familia?” Pero en este momento, de noche, suenan pocas respuestas. Reposan cabizbajos; me cuentan tras silencios que son hombres cansados, muy lentos. Boinas sobre los ojos les van tapando las ideas. Pinchan con navaja; no miran a la carne; comen poco, con desgana, con pereza. Muy caliente, un perro escapa de las brasas y se tumba sobre las chaquetas. “¿Son de aquí?”, les insisto. “Somos de Vizmanos”, es lo que me contestan. Y en en el suelo, de rodillas, sentados, dibujan algo mientras el silencio va rodando y rodando, y algo mágico como lo que dibujan les va dejando dormidas todas las piernas.”

José Julio Perlado“Esto es trashumancia” – (publicado en el periódico YA el 29 de noviembre de 1959)

 

 

(Imágenes -1- Ramón Masats- 38ymas com/ 2- trashumancia – el Mundo/ 3- trashumancia – desdeSoria es)

Read Full Post »

 

 

“Hay muchas Asturias, no sólo las de Oviedo y las de Santillana. Hay muchísimas más: sería trabajoso contarlas.- recordaba Ortega en sus “Notas de andar y ver”.

Un estrecho valle de blando suelo, verde y húmedo; colinas redondas, apretadas unas contra otras, que lo cierran a los cuatro vientos ; aquí, allá, caseríos con los muros color sangre de toro y la galería pintada de añil; al lado, el  hórreo, menudo templo, tosco, arcaico, de una religión muy vieja, donde lo fuera todo el Dios que asegura las cosechas. Unas vacas rubias. Castaños, castaños cubriendo con su pompa densa todas las laderas. Robles, sauces, laureles, pinedas, pomares, hayedos, un boscaje sin fin, en que se abren senderos recatados donde al fondo camina una moza, que desde el fondo vuelve dulcemente el rostro para mirarnos. Sobre las altas mieses, unas guadañas que avanzan y siegan la luz en reflejos. Y como si el breve valle fuera una copa, se viene en él la bruma suave, azulada, plomiza, que ocupa todo el ámbito. Porque en este paisaje el vacío no existe; de un extremo a otro todo forma una unidad compacta y tangible. Sobre la sólida tierra está la vegetación magnífica; sobre ésta, la niebla, y ya en la niebla tiemblan prendidas las estrellas lacrimosas. Todo está a la mano, todo está cerca de todo, en fraterna proximidad y como en paz; junto a la pupila de la vaca se abre el lucero de la tarde.

 

 

Ese angosto recinto unánime es Asturias. Si salimos de él habremos de entrar en otro parejo. Cada uno de estos valles es toda Asturias, y Asturias es la suma de todos estos valles”.

 

 

(Imágenes – Asturias- turismo de Asturias)

Read Full Post »

 

 

“Dio un vistazo último a su librería a la luz de aquellas lámparas iluminadas aun siendo primera hora de la tarde. Las estanterías ya no las vería más. Sentado o paseando don  Bernardo Cortés había visto cómo la ciudad se había ido extendiendo hacia uno de sus lados, hacia el norte: la moda estaba ahora en vivir cara al futuro, cara a la imagen. Pocos habían leído en la comarca y los más viejos habían muerto. Los jóvenes  leían sólo por obligación en las escuelas, leían sobre todo en el móvil, en la pantalla : cosas útiles, avisos, mensajes, anuncios; escuchaban y no leían, miraban y no leían, viajaban y no leían: leer profundamente siempre suponía tiempo y reflexión; se tiraba el tiempo, el ocio de la ausencia del trabajo lo dedicaban a mirar aburridamente la naturaleza, a mirar aquel pájaro que cruzaba, aquel avión… Pero la naturaleza no era un libro : se contemplaba – cuando eso se hacía – sin reflexión, sin pensamiento alguno.

Miró el librero aquella estancia suya en donde ya nadie entraría a comprar y vio cómo se llevaban las cajas  llenas de libros, cómo las subían a un camión….. Guardó algunos de ellos y se dispuso a hacer lo que había decidido hace tiempo: ir de casa en casa, leer a los demás en voz alta, igual que se hacía hace siglos. “Aquí viene, señor, el lector”, dirían los criados a los  millonarios . Y el librero, tan amante de los textos, comenzó una de aquellas tardes su nueva vida: leía  a domicilio, de calle en calle y de familia en familia, pero sólo cuando le llamaban y quienes lo pedían. ¡ Un lujo para entonces! Ancianos aburridos le permitían leer un rato junto a la ventana. Y no se sabía a quién compadecer más: si permitir a aquel librero que  aprovechara su tiempo y leyera, o  que el otro ser anónimo escuchara, adormilado en un sillón, cómo le iban contando y leyendo historias en voz alta, cosas que a él ya  le parecían pura arqueología, cosas para muy iniciados, cosas muy de minorías…”

José Julio Perlado – ( del libro “Relatos”) (texto inédito)

(Imagen –Naoko Matsubara– oakville galleries)

Read Full Post »

 

 

“Existen tres elementos sin los cuales resulta imposible pretender que una ciudad sea literaria. Las farolas, los adoquines y las sombras deben darse conjuntamente en este orden –  así lo cuenta Nuria Amat en su interesante libroViajar es muy difícil”- . Las sombras a las que me refiero – comenta – pueden ser de personas o bien de apariciones fantásticas (…) Según Bioy, el puente Alsina de la ciudad de Buenos Aires aparece, por su aspecto, el más insignificante de todos los puentes de la ciudad fantasma. La visita cotidiana que Borges y Bioy solían hacer a este puente lo transforma en maravilloso. Más conocido para el lector corriente deben de ser el barrio de Palermo, el cementerio de la Recoleta, el parque Lezama, la Boca, Adrogué, o aquella esquina de las calles Belgramo y Pichincha (…) Nunca estuve en la calle Maipú pero me basta con escribir ahora esta palabra para ver el mundo, la puerta, la escalera y el apartamento del número 994 donde vivía Borges.

 

 

A diferencia de las sombras, las farolas son unas cajas de vidrio dentro de las cuales se pone una luz (…)  El colmo de las farolas de las ciudades literarias es el Faro o Pharo de Alejandría, situado en la isla del mismo nombre que linda con el puerto de la ciudad. El fuego del Faro de Alejandría ilumina día y noche la Biblioteca. Da luz al conocimiento. Los primeros escritores de Occidente disponían entonces de este instrumento imprescindible para acompañar sus noches.

 

 

Por lo que respecta a Tánger, cuando el que pasea por sus calles cree haber tropezado con un bulto móvil, se lleva la sorpresa de encontrarse con una  farola, y viceversa. Las farolas se confunden con las chilabas oscuras y blancas del hombre encapuchado. Pero las farolas tangerinas tienen fama de dar una luz muy escasa, al contrario de las petersburguesas. En San Petersburgo las farolas son exuberantes y están preparadas para engañar tanto a escritores adultos, como a adolescentes aprendices del estilo literario.

 

 

Si las farolas constituyen la parte blanca de la noche de los escritores, los adoquines conforman la parte negra. El suelo adoquinado de las calles concede al escritor, o a su sombra, particularidades interesantes. Gracias a ese variado crucigrama del suelo que cada paseante literato pisa una y otra vez se consigue por fin una mejor o peor literatura. Depende del adoquinado. James Joyce, por ejemplo, las noches en que no estaba ebrio, salía a caminar por las calles de la ciudad vieja de Trieste en busca de sus mejores frases. Se sabe por testimonios dignos de crédito que Joyce repetía una frase previamente concebida a la espera de que sus pasos la perfeccionaran o bien la condujeran al siguiente párrafo. Por su parte Pessoa bajaba en Lisboa por la rua dos Douradores hasta el café Brasileira, en el Chiado. Pessoa vivía prácticamente en este barrio donde las calles se distinguían por sus adoquines bicolores, ajedrezados y minúsculos, muy semejantes a mosaicos bizantinos”.

 


 

(Imágenes- 1-Brassai/ 2- André Kertész/3-San Petersburgo- 1869- Wikipedia/ 4-calle Mayor- Madrid- 1954/ 5-Niels Fisher)

Read Full Post »

Older Posts »