LA HABITACIÓN DEL SUEÑO

 

figuras-nbgr- W Strempler

 

“Mi mujer – me confiesa L. V. al sentarse por la tarde en mi consulta  -, siempre suele hacer su peculiar y rápida preparación antes de dormirse. Me da las buenas noches deseándome cariñosamente que descanse bien, para después ella, en un instante, volverse boca abajo en la cama dejando que su espalda roce la sábana superior, aplasta con una suave palmada su almohada para hacerse un hueco mullido y abandona su mejilla en ese hueco, rodea con su brazo derecho la almohada abrazándola por completo y a la vez deja como muerto su brazo izquierdo casi rozando la mesilla de noche : es un brazo el suyo ya como olvidado y desprendido, con la mano abierta en el aire.

Esto, que parece muy difícil, lo hace ella rápidamente todas las noches – prosigue L. V. – y en muy pocos segundos. Pretende así adentrarse en las sendas del sueño y muy pronto lo consigue. A su lado yo suelo distinguir aún bajo la sábana ciertos diminutos estertores de algunos de sus miembros, estremecimientos esporádicos de una rodilla suya o de un pie, apenas nada antes de que ella quede definitivamente dormida. Entonces toma enseguida lo que ella llama la carretera del sueño. Con frecuencia me ha hablado de esa carretera y muchas veces me ha confesado sus sueños. Pocas personas he visto tan unidas al mundo de los sueños y tan habitadas por él. Aunque al principio yo no la creía, mi mujer – agrega L. V. –  tiene sueños muy propios y personales que visita con enorme frecuencia. Al dormirse, suele subir, me dice ella, unas escaleras interiores de su imaginación que la llevan desde nuestro dormitorio hasta una pequeña habitación y allí pasa varias horas de la noche entretenida con objetos que ella no recuerda exactamente si ha comprado o restaurado.

 

cielos- byyt- René Magritte- mil novecientos sesenta y dos

 

Ella me habló un día sobre todo de lo mucho que le agradaba reencontrarse en aquel cuarto con un reloj sin manecillas, parecido, me dijo, al que podía verse en un sueño de Bergman, al principio de “Fresas salvajes”, una película que a ella le gustaba mucho. Era un reloj enorme de pared, según me dijo, que ocupaba gran parte de aquella “habitación del sueño” y cuya esfera blanca se reflejaba en el cuarto inundándolo de luz. El resto de la habitación lo formaban pequeños enseres, un diminuto sofá en el que ella se sentaba a soñar, una mesita con revistas y un armario lleno de cuadernos blancos donde mi mujer apuntaba sus pesadillas. Pero nada más apuntarlas, así me lo confesó, aquellas palabras se evaporaban como polvillo ceniciento y gris y los cuadernos volvían a quedarse completamente blancos. Por eso al despertarse junto a mí a la mañana siguiente era incapaz de contarme las negras pesadillas que había tenido, pero sí, en cambio, me relataba las felices horas que había pasado en aquel cuarto.

 

espejos-oi-Lee Miller- Egipto- mil novecientos treinta y siete

 

Un día, sin embargo, se despertó muy alterada, enormemente sobresaltada – me añade L. V. en la consulta.

– Alguien ha entrado en ese cuarto mientras yo no estaba – me dijo incorporada en la cama- Ha entrado a una hora distinta.

Creí que era simplemente un sueño más de los que ella me contaba pero mi mujer intentaba convencerme de que era realidad. ” Alguien ha entrado en mi sueño”, repetía incansable, como si no lo creyera, “estaban varios cuadernos tirados por el suelo y han rebuscado en mi armario”. Jamás hubiera podido imaginar que unas personas pudieran entrar en el sueño de otras, pero al parecer y según sus  palabras había ocurrido así. ” Alguien ha entrado en mi sueño”, volvía a repetir como una cantinela. Estaba completamente desasosegada y no salía de ahí. Era como si hubieran violado su intimidad. Intenté calmarla como pude y aquel día lo pasó con enorme inquietud. Esa noche le costó mucho dormirse y la vi dar vueltas y vueltas muy inquieta. A la mañana siguiente se despertó sudorosa y ante mi sorpresa me dijo con angustia : ” Me ha sido imposible volver a soñar ese sueño, imposible volver a entrar en él”.

José Julio Perlado – ( del libro inédito “Relámpagos”)

 

interiores-nbbfr-Maxime Van de Woestyne- mil novecientos setenta y dos

 

(Imágenes.- 1-Strempler/ 2.-René Magritte.- 1972/ 3- Lee Miller- 1937/ 4.-Maxime van de Woestyme 1972)

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