DICKENS : LA FELICIDAD, LA PIEDAD

 

ciudades-uj-Londres-Herbert Menzies Marshall

 

Dickens consagró su genio, en un sentido algo especializado, según recordaba Chesterton, a describir la felicidad; y ningún hombre de letras de su eminencia ha llegado a convertir este fin central de los hombres, de un modo tan especial, en su tema predilecto. La felicidad es un misterio, y generalmente un misterio momentáneo que raras veces se detiene el tiempo suficiente para someterse a una observación artística. La humanidad, mitad divina y mitad humana como es, celebra siempre un imposible, y es muy difícil describir un estado positivo de felicidad.

La leyenda dice que, al poner punto final a su “Cuento de Navidad“, Dickens tuvo que salir a dar saltos de júbilo a las calles de Londres, tan amadas. Así lo recuerda Ignacio Peyró en su evocación de Inglaterra, “Pompa y circunstancia“. Dickens se daba cuenta de haber escrito una obra maestra. Con sus personajes humorísticos, entrañables, sentimentales, y un punto bebedores, el novelista asentaba la cualidad más eminente de su literatura: un entendimiento de la vida basado en la piedad. Como añade André Maurois, “se adivinaba que el autor quería a los hombres, y los hombres se lo agradecían”.

 

ciudades.-eedee.-lluvia.- Londres.- George Davison.-1897

 

Su gran idea, y casi su única idea, seguía diciendo Maurois, era la necesidad de más confianza y más afecto entre los hombres. Le gustaba a Dickens la alegría, sin la cual no concebía la caridad. Una cena de Navidad, por ejemplo, con el muérdago, el pavo, el “pudding” y el ponche, una reunión navideña en una gran familia, eran espectáculos apropiados  a su manera de ser .Cada año, al escribir libros de Navidad, se proponía dos objetos: uno era su propio placer, el descubrir las gentes atareadas que circulaban bajo la nieve por sus queridas calles de Londres, con la nariz enrojecida, cargada de paquetes, pero con el corazón palpitante ante la idea del placer que les aguardaba. El otro era el de recordar a los ricos y a los casi ricos que Navidad no era sólo un día de pavos trufados y de “pudding” con pasas, sino que era un día de reconciliaciones, de bondad, que no podía ser festejado dignamente si no se hacía la paz con los pobres.

En el fondo, la unión de la felicidad con la piedad.

(Imágenes-1.-Herbert Menzies Marshall/ 2.- George Davison– 1897)

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