SECRETOS DEL IDIOMA (1) : VASO CON AGUA

Madrid-nnju- vaso- Isabel Quintanilla- mil novecientos sesenta y nueve- museo Tyssen

 

Un vaso de agua” y “un vaso con agua” no significan lo mismo. “Un vaso con agua” es un vaso que contiene cualquier cantidad de agua, desde una gota hasta la suficiente para llenar el vaso. En cambio, “un vaso de agua” significa estrictamente “la cantidad de agua que cabe en un vaso”. -así lo cuenta Alexis Márquez Rodríguez en su libro “Con la lengua” (1987) – Cuando pedimos “un vaso de agua” – frase perfectamente construida, según las normas de nuestra lengua -, por supuesto, no exigimos necesariamente que el vaso esté lleno, ni tampoco que el agua que nos sirven esté contenida en un vaso. El recipiente puede ser una taza o una jarra. Lo importante es, pues, el agua. Y, desde luego, que esta sea potable, o al menos bebible. La expresión “un vaso de agua”, como indicativa de una medición de cantidad, es equivalente a “una taza de agua”, o “de leche”, o de cualquier otra cosa. Cuando, en la cocina, preparamos un sabroso plato, y la receta que seguimos indica, por ejemplo, “tres tazas de leche”, no utilizamos tres recipientes distintos, sino que con la misma taza medimos la cantidad de leche indicada, es decir, la que cabe en las tres tazas prescritas.

La confusión proviene, sin duda, de creer que la preposición “de” solo puede significar “materia de que algo está hecho”. En realidad, esta preposición es una de las más ricas en significado que tenemos en el castellano. Si no fuese así, tampoco debería decirse “reloj de pared”, ni “jarra de cerveza”, ni “gancho de ropa”, ni “papel de periódicos”, ni “caja de sorpresas”, ni “guerra de las galaxias”, ni “avión de combate”, ni “academia de la lengua”, o “de la historia”, ni “estación de ferrocarril”, ni “planta de televisión”.

(Imagen: – Isabel Quintanilla)