PARÍS EN EL SILENCIO Y EN LA MÚSICA

“Se dice que cada vez que llega un corresponsal a Parísescribí en el Diario ABC el 4 de abril de 1968 – el periodista descubre nuevamente París a sus lectores. Nada más cierto ni que sea más necesario en una época en que tantas ciudades del mundo permanecen “cubiertas” bajo la constante variedad de sus cambios. La misma expresión periodística – “cubrir París” – tiene algo estratégico en el despliegue de comentaristas de actualidad, pero tiene también un acento investigador, más de curiosidad perpetua que de dominio. Se viene, pues, a “cubrir París” precisamente para “descubrirlo“. Lo que sucede es que han variado los objetivos. Ya no se descubre a nadie la geografía brillante de los Campos Elíseos, porque quienes la conocen la recuerdan, y quienes sólo la sueñan, anhelan cada día conocerla. Lo que hay que desvelar es otra cosa: cuanto vive oculto por la epidermis. Andando por esta luminosa palma de la mano de París uno se pregunta qué significación tienen sus rayas cruzadas – en la política y en la cultura -, y si el presente que París y Francia nos muestran podrá revelarnos también su porvenir. Será un análisis en el que habremos de pedir ayuda al tiempo. Sólo el tiempo posee la llave de las ciudades, únicamente el conocimiento en el tiempo nos enseñará a separar lo profundo de lo superficial, y precisamente en esta capital que tanto ha hecho vibrar al mundo, conocer cuáles son sus personales vibraciones”.

Así escribía mi primera crónica de corresponsal desde París en 1968.  Serían luego tiempos de mayo y de banderas. Hoy vuelve París en el silencio y en la música.

(Imagen: París-día lluvioso.-1877– Gustave Caillebotte.-Art Institute of Chicago)