UNAMUNO ÍNTIMO

Hace pocos días hablé aquí del Unamuno articulista comentando sus temas y motivos, pero hoy, cuando uno se aleja un momento de sus obras y letras y camina por los recuerdos de la ciudad de Salamanca, entre sus cafés y sus calles, aparece sin duda el Unamuno íntimo, aquel glosado, entre tantos otros, por Manuel Gómez – Moreno en sus “Retazos” (Consejo Superior de Investigaciones Científicas:

“Unamuno evocaba el historiador en 1951 – tenía un círculo de amigos limitadísimos, con quienes vagaba por carreteras y por la plaza de Salamanca a la caída de la tarde: eran don Luis Maldonado, catedrático de gran prestigio y trato encantador, dado a publicar cuentos charros y hurdanos, preciosísimos, que es lamentable no alcancen difusión, y eran también los hermanos Rodríguez Pinilla, ciego uno de ellos, el Cándido, modelo de bondadoso carácter y poeta muy estimado (…)”.

“El porte de Unamuno era muy modesto, y acrecía sus ingresos pecuniarios mediante artículos en Revistas, sobre crítica literaria americana, burlando él mismo de sus habilidades para sortearla sin ofensa personal. Se entretenía, aparte de amasar bolitas de pan con los dedos, haciendo dibujillos del natural, con gracia y sentido observador agudo, pero rehuyendo la disciplina académica; también, haciendo pajaricas de papel, arte sobre que escribió, riéndose, aquella Cocotología adjunta a la susodicha novela, y las tenía de invención propia. Le vi excitarse en grande mirando las pizarras escritas de Lerilla, entusiasmado con lo de no adivinarse su contenido, y me costó trabajo negarle alguna, puesto que le sería fácil lograr otras; y, en efecto, sacó conversación en el café sobre ellas”.

Ramón Gómez de la Serna, por su parteen las páginas que a Unamuno le dedicó, describe su caserón barroco salmantino y cómo en una de aquellas habitaciones el escritor se envolvía las piernas en una manta y en medio del frío ambiente recitaba durante muchas tardes invernales, viendo a través del balcón una ventana barroca de las Úrsulas, las poesías que había escrito en el destierro de Fuenterrabía. Y RAMÓN cuenta la anécdota – conocida – que, entre tantas otras, tuvo resonancia: “En la moda de ir contra el Reydice Gómez de la Serna – figura Unamuno algunas veces, pero el Rey condescendiente y moderador, le otorgó la Cruz de Alfonso Xll. Para dar las gracias a Su Majestad pidió audiencia; se la concedieron y cuando estuvo en la cámara regia dijo con voz huraña y sincera: “Vengo a presentarme ante Su Majestad porque me ha dado la Cruz de Alfonso Xll, que me merezco”. “Es extraño – repuso el Rey -, los demás a quienes he dado la Cruz me han asegurado que no se la merecían”. “Y tenían razón” – contestó  don Miguel.

Al  otro lado del Unamuno íntimo, seguía siempre Salamanca en la noche, aquella ciudad tan querida sobre la que él escribió:

“¡Oh Salamanca, entre tus piedras de oro

aprendieron a amar los estudiantes

mientras los campos que te ciñen daban

jugosos frutos!

Del corazón en las honduras, guardo

tu alma robusta; cuando yo me muera

guarda, adorada Salamanca mía,

tú mi recuerdo.

Y cuando el sol, al recostarse, encienda,

el oro secular que te recama,

con tu lenguaje, de lo eterno heraldo,

dí tú que he sido”.

(Imágenes:- 1.- Unamuno.-dibujo de Ramón Casas.-1904/ 2.-dibujo de Unamuno: “Campos de Castilla”.-Universidad de Salamanca.-suite 101/3.-dibujos de Unamuno/ 4.-plaza de Salamanca por la noche.-pais liones)