ÁRBOL DE ANA FRANK

“El día de Pentecostés, cuando hacía tanto calor, me esforcé en permanecer despierta hasta las once y media, para contemplar a solas, por una vez, la luna, a través de la ventana abierta…Por primera vez desde hacía un año, frente a frente con la noche, estaba bajo el imperio de su encanto. Después de esto, mi deseo de  volver a vivir un momento semejante podía más que el miedo a los ladrones, a las ratas y a la oscuridad… A muchos les parece hermosa la naturaleza, muchos pasan a veces la noche al raso; los que están en las cárceles y en los hospitales aguardan el día en que podrán volver a gozar del aire libre; pero hay pocos que estén, como nosotros, recluidos y aislados, con su nostalgia, de lo que es accesible a los pobres igual que a los ricos.

Contemplar el cielo, las nubes, la luna y las estrellas me tranquiliza y me devuelve la esperanza, y esto no es, ciertamente,  imaginación. Es un remedio mucho mejor que la valeriana y el bromuro. La naturaleza me hace humilde y me prepara a soportar con valor todos los golpes.

(…)

Mientras la humanidad, sin excepción, no haya experimentado una gran metamorfosis, la guerra seguirá haciendo estragos; las reconstrucciones, las tierras cultivadas, serán destruidas de nuevo, y a la humanidad no le quedará más remedio que volver a comenzar”.

Ana Frank: “Diario

(pequeña evocación el día en que se ha derrumbado el árbol que ella veía desde su escondite. “No hacer ruido: es la consigna” – escribió en su “Diario” -: prohibido toser, prohibido moverse. Sentada durante horas permanecía envuelta en una manta para no ser descubierta.

Hoy es el ruido el que ha acompañado al temporal en Ámsterdan)

(Imagen: elpais)

VIEJO MADRID (19) : BODAS DEL PRADO Y DE LA CALLE MAYOR

“Entre las casas y este Monasterio –  dice del paseo del Prado Diego Pérez de Mesa, en suLibro de las grandezas”, en 1595 – hay, a la mano izquierda en saliendo del pueblo, una grande y hermosísima alameda, en tres órdenes que hacen dos calles, muy anchas y muy largas, con cuatro fuentes hermosísimas y de lindísima agua a trechos puestas, por la una calle y por la otra muchos rosales entretejidos a los pies de los árboles por toda la carrera. A la mano derecha del mismo monasterio saliendo de las casas, hay otra alameda también muy apacible, con dos órdenes de árboles que hacen una calle muy larga hasta salir al camino que llaman de Atocha. (…) Llaman a estas alamedas el Prado de San Jerónimo donde en invierno al sol, y en verano a gozar de la frescura, es cosa muy de ver y de mucha recreación, la multitud de gente que sale, de bizarrísimas damas, de bien dispuestos caballeros y muchas señoras y señores principales en coches y en carrozas”.

Lo había dicho también Pedro de Medina enGrandezas y cosas memorables de España”, en 1543.

Pero mientras camino por este Paseo del Prado nadie podría imaginar que – por artes del teatro – tuvo lugar una boda entre calles y paseos madrileños, la que evocó en su entremés cantado Luis Quiñones de Benavente en “El casamiento de la calle Mayor con el Prado Viejo“.

“Casó la calle Mayor

con el señor Prado Viejo

trocando la vecindad

en amable parentesco.

Convidadas a la boda

todas las calles vinieron,

que a la Mayor se le debe

la obediencia y el respeto.

De gala vienen vestidas

sin ponerse nada ajeno,

que cada calle sacó

de sí misma el lucimiento”.


Asistieron a esta boda muchas calles madrileñas y varios sitios castizos de la Villa: la calle de la Comadre, la calle de Postas, la Puerta del Sol, el Juego de la Pelota, las Tabernillas, el ManzanaresAparecía Salinasque representaba al paseo del Pradocon un justillo verde, un álamo en la muleta y una fuente en la cabeza, y Jerónima que era la calle Mayor – con tocados de cintas en el vestido.

El Prado Viejo era el paseo que se extendía desde la actual plaza de Cibeles hasta la actual glorieta de Atocha. Se le llamaba también Prado de San Jerónimo, por el monasterio de frailes jerónimos que se levantaba en un vecino altozano y se le decía igualmente Prado Viejo para distinguirlo de los otros dos Prados: el de Recoletos y el Prado Alto.

El Pradoasí lo han recordado varios comentaristas – simbolizaba lo verde, con sus fuentes, su arroyo marginal y sus frondosos álamos. Por su parte, la calle Mayor representaba lo seco, con todo su montaje industrial y comercial. En el fondo de esta pieza teatral – considerada como obra maestra dentro de los entremeses madrileños – latía el transcendental problema español de la lucha entre la sequía y el agua. Desgraciadamente la boda de las dos calles fracasa, y el Prado querrá conservarse en su jaula verde, aunque coartado por las zonas secas”.

Vuelvo paseando por este Prado, hoy silencioso, pero en cuyas avenidas reinaron hace siglos intrigas amorosas y amables cortesías, se cruzaron  variedad de trajes, hubo rumor de coches de caballos, polvo, figuras escondidas, voces vendiendo agua. Vuelven también conmigo en la memoria los versos de Lope:

“Campos de Madrid dichosos,

si sois de sus pies pisados;

fuentes, que por ver la huerta

del Duque subís tan alto

el cristal de vuestros ojos,

que asomáis los blancos rayos

por las verdes celosías,

muros de sus verdes cuadros;

hermosa alfombra de flores,

donde tejiendo y pintando

está la naturaleza

mas ha de cinco mil años;

arroyuelos cristalinos,

ruido sonoro y manso,

que parece que corréis

tonos de Juan Blas cantando,

porque ya corriendo aprisa,

y ya en las guijas despacio,

parece que entráis, con fugas,

y que sois tiples y bajos;

recordad a mi niña,

no duerma tanto”.

(Imágenes:- 1.-paseo del Prado.-julio 2010.-foto JJP/ 2.-calle Mayor.-wikipedia/ 3.-calle Mayor.-wikipedia/ 4.-Palacio Real de Madrid.-syscrapercit com)