LA ISLA, EL SILENCIO, LAS PALABRAS (1)

Después de tantas palabras, de tantas citas y reflexiones, Mi Siglo cruza hoy en silencio bajo balcones extendidos,

se detiene ante bancos solitarios,

contempla el arco de las palmeras,

se adentra por jardines como selvas,

y al fin mira el mar.

El silencio de MI Siglo recorre esta isla sin decir palabra alguna, rodeado de insólitos contrastes. Asombrado ante la espuma que huye, admirado de tanta belleza.

(Imágenes.-Isla de la Palma.-Canarias.- 1.-balcones en la Avenida Marítima de  Santa Cruz de la Palma/ 2 , 3 y 4-: ejemplares de un jardín botánico en la Palma/5.- el mar cerca de la playa de los Cancajos, en el Atlántico -segunda quincena de julio 2010.-fotos JJP)

REMEDIOS CONTRA LA VEJEZ

“Canela, pimienta común, jugo de adormidera, pétalos de rosa secos, semilla de colza, lirio de Iliria, bálsamo de Judea, mirra, azafrán, jengibre, calamita, pimienta blanca, flores de junco dulce, nardo, flores de zamarrilla, semilla de perejil, hoja de la India, genciana, anis, bálsamo, valeriana, hierba de San Juan, semilla de zanahoria, ricino, miel y vino de Palermo“, milenaria poción para retrasar la vejez. Parecería mentira, quizá una broma sofisticada o complicada, pero así se aconseja en la “Historia de la medicina del doctor Russell” y lo recoge la escritora inglesa Edith Sitwell en su libro “Ingleses excéntricos” (Tusquets) en donde añade aún otra receta más,  tomada del “Libro del Conocimiento“, de 1687, y en el que se lee la fórmula que hay que emplear para combatir el paso de la edad. “Cójanse – decían en el siglo XVll – de sus nidos pollos de golondrina en número doce, romero, hojas de laurel, lavanda y hojas de fresa, un puñado de cada clase. Córtense las plumas largas de alas y colas, pónganse en un mortero de piedra, echándoles las hierbas encima, y macháquense con plumas y huevos incluidos, mézclense entonces con tres libras de grasa de cerdo y déjense un mes al sol. A continuación hiérvanse, cuélense y consérvese en ungüento, que se aplicará a la parte afectada“.

¿Cuál es la parte afectada? ¿El rostro, el cuerpo, quizás el movimiento, acaso la memoria, tal vez la sabiduría? La singular Edith Sitwell, retratada por Roger Fry ,del grupo de Bloomsbury, y por otros grandes pintores y fotógrafos, enigmática y distante, nada añade.

Hay una experiencia profunda en la tercera edad, una visión personal de la vida, una mezcla de nostalgias y de esperanzas, que – felizmente – ninguna mágica poción consigue eliminar.

(Imágenes:-1.-retrato de Edith Sitwell por Roger Fry.-wikipedia/2.-retrato de Edith  Sitwell.-1921.- Powys  Arthur Lenthall  Evans.-(1899-1981).-Peter Nahum.-Leicestergalleries)

VIEJO MADRID (17) : CALLE DE LA MISERICORDIA

Me detengo en mis paseos madrileños en esta solitaria Plaza de las Descalzas, silenciosa, llena de recuerdos. “Ese bario de las Descalzas – escribe Baroja en una de sus novelas – era entonces, y es todavía, un islote tranquilo y desierto en medio de la animación de unas vías tan frecuentadas como la del Arenal y de la de Preciados. (…) En aquel tiempo, en la Plaza de las Descalzas, enfrente del Monte de Piedad primitivo había una fuente con una estatua de Venus, la antigua Mariblanca, trasladada allí, desde la Puerta del Sol, donde estuvo muchos años. (…) La plaza de las Descalzas era entonces más bonita que ahora, pues no tenía los edificios de ladrillos blancos y rojos del Monte de Piedad, que por su color, recuerdan los trajes de baño. Estaba también más animada. En la fuente de la Mariblanca había siempre aguadores tomando agua o sentados en sus cubas, y en el resto de la plaza se estacionaba un sinnúmero de carros, y los carreteros fornaban sus corrillos al aire libre”.

“La casa de la calle de la Misericordia, núm 2, esquina a Capellanesrecuerda a su vez Azorín en su libro “Madrid“- , era simpática. Hace años la derribaron. Vejo caserón, tenía amplio zaguán con escalera al fondo. En el piso primero vivía el capellán del convento paredaño. Desde las buhardas de la casa se veía el convento (…) Las estancias en la casa de Baroja eran amplias. La sala en que nos reuníamos los amigos del escritor estaba alhajada con sillones y sillas de guatapercha negra, un escritorio isabelino y una consola de la misma época. Formaban la familia de Baroja, don Serafín, doña Carmen, Carmencita y Ricardo. Doña Carmen, delgada, alta, limpia, silenciosa, iba y venía por la casa en trajín afanoso. Estaba atenta a todo. Don Serafín, ingeniero notable, tenía sus fugas hacia lo humorístico. Tañía también discretamente el violoncello. Se propuso una vez don Serafín estar solo, al menos un minuto, en la Puerta del Sol, y se dedicó a conseguirlo. La cosa era difícil. Porque en la animada plaza a toda hora hay gente. Aun a la madrugada transitan por ella trasnochadores rezagados, mozos de cafés que se cierran, aguardenteros y churreros que allí van a a colocar momentáneamente su tablero forrado de cinc, encima de un ligero caballete. Duró mucho tiempo la porfía de don Serafín, y al cabo pudo, por maravilla, ser el hombre único, el hombre que podía ufanarse de una cosa estupenda: haber estado solo, único transeúnte, en la Puerta del Sol”.

Simón Díaz evoca a su vez esta casa de la calle de la Misericordia a la que Baroja alude en sus “Memorias” : comenta que allí residía la tía abuela de Baroja, doña Juana Nessi, –dice Simón – que le alojó cuando en 1893 regresó a Madrid para cursar el doctorado de Medicina. Después de su experiencia profesional durante dos años en Cestona, decidió regresar de nuevo para asumir la direción de la fábrica de pan establecida en el mismo edificio por el marido de doña Juana, D. Matías Lacasa, que introdujo en la capital el tipo de pan denominado Viena, que allí mismo vendían y que por este origen motivó que los establecimientos creados posteriormente para su reparto se denominasen “Viena Capellanes“.

Salgo despacio de esta Plaza, de estos recuerdos. Delante de este convento de las Descalzas se alzaban tablado y dosel para la proclamación de los reyes y la aclamación de los príncipes de Asturias. Detrás de todas estas fachadas sigue la Historia, sus vítores y sus silencios.

(Imágenes:-1.-Plaza de las Descalzas.-foto JJP/ 2.-manos de Pío Baroja.-foto El Mundo.-elmundo.es/3.-casa de la calle de la Misericordia donde vivió Pío Baroja.-foto JJP/4.-Monasterio de las Descalzas.-foto JJP)

PLA, MATVEJEVIC, MAGRIS

Tiempo de verano, tiempo de viajes. Nubes, horizontes, espacios nuevos. Tiempo también para acompañar a tantos escritores viajeros, como entre muchos otros destacan Pla, Matvejevic o Magris. En torno a montañas y a mares quise evocar a los tres en Alenarte a través de este artículo:

“Como si quisiera seguir  a Pla de algún modo aunque con otro estilo muy distinto y muy original, el gran escritor yugoslavo Predrag Matvejevic, profesor de literaturas comparadas en la Sorbona y del que acaba de reeditarse su célebre “Breviario mediterráneo” (Destino),  cuenta los viajes de las olas, los de las nubes, los vientos, el mar, y  también esas conversaciones que el océano arroja en las costas siempre que sepamos dialogar con ellas

Siempre me ha interesado también la forma con la que Josep Pla invita al viaje. Y de su delicioso libro “Viaje a pie” he hablado ya en Mi Siglo.

¿Cuándo se viaja a pie? Pocas veces. No es estrictamente un viaje el que hacemos caminando desde el autobús hasta la boca del Metro cada mañana o cada tarde ni ese  callejear al costado de los barrios cuando vamos o venimos del trabajo, ni  tampoco lo son las pequeñas excursiones semanales, si es que las hacemos, con fines deportivos o higiénicos. El viaje a pie lento, mesurado, contemplativo, despreocupado y gozoso lo cumplimos en contadas ocasiones amparados en  la excusa de que estamos cercados por el tiempo. “Ante todo – recomienda Pla en ese libro a los jóvenes y en el fondo a todo el mundo – les propondría un corto viaje por alguna de nuestras comarcas, que pasaran de una a otra población, no por los caminos reales y las carreteras del orden que fueren, sino a través de los caminos vecinales, los atajos y las veredas. (…) . Hay dos cosas muy interesantes – continúa –  : pasear y hablar con la gente” Y aquí Pla da en el clavo de dos cuestiones que reflejan bien nuestro tiempo. Ni  paseamos suficientemente ni tampoco  hablamos.  Marchamos siempre veloces por la vida  y a la vez nos refugiamos en el mutismo, convivimos  con  nuestra  propia  soledad.

Pasear – sigue diciendo Plasupondría tener una idea del aspecto material de las cosas. Y de muchas otras cosas que no son el aspecto material (…) Y a base de hablar con la gente se llegaría a tocar, a ver, a presentir nuestra manera de ser más auténtica y real. ¿Que eso no tiene interés? Pero, entonces, ¿qué es lo que tiene interés? ¿Qué es lo que vale la pena observar?”.

“Los mediterráneos – afirma por su parte  Matvejevic siguiendo el motivo del mar– se hacen preguntas ya desde niños, y a veces contestan a ellas, como niños cuando ya son viejos. Las he escuchado sobre todo en los autodidactas, mientras exponían sus teorías sobre el mar y sus orígenes, sobre el nacimiento y la muerte de las lenguas, sobre el origen de los pueblos, sobre antepasados únicos o comunes, por ejemplo, godos y ostrogodos, vénetos…Algunas de estas tesis o hipótesis – especialmente por el modo de exponerlas o defenderlas – provocan la sonrisa, otras nos hacen pensar: las mareas, las posiciones de la luna en el continente y en las islas, las diferencias entre los lunáticos continentales e insulares; el lucero del alba y la estrella polar, sus movimientos e influencias; los signos del zodíaco y los calendarios más variados; los alfabetos más antiguos, los manuscritos que versan sobre ellos, los lugares donde fueron hallados o aún pueden ser hallados; los mares antiguos y sus vestigios; las causas y los efectos de las lluvias amarillas o rojas, los vientos que las traen de la costa africana; las catacumbas y su papel en la política, las canículas y su influencia sobre el poder; la distribución de los terremotos en la cuenca del Mediterráneo…” Es decir – como Pla –  Matvejevic se ha detenido a conversar con los hombres y las mujeres de las costas y,  sobre todo, más que hablar él,  los ha escuchado. Así ha ido acumulando esa sabiduría que el viajar por el mundo otorga.

En el fondo, es tan importante el escuchar como el viajar como persuasión  (así lo recomienda Claudio Magris), no viajar de modo apremiante y apremiado, ya que hacerlo obligados por el trabajo o los quehaceres significa la negación de la persuasión,  de la parada o del vagabundear. El viajar espaciado – con la curiosidad a flor de piel, “pegando la hebra” (como diría Delibes), hilvanando conversaciones con las gentes – es algo tan valioso que podríamos compararlo a  cursar una asignatura al aire libre en la que se nos fuera explicando – a veces al caminar, a veces ante un vaso de vino – muchos secretos de la longevidad y de la vida, la vuelta de muchos amores y desdenes, cómo se superó un desarraigo y se perdonó una traición o qué herencia se recibió y qué herencia se deja.  ”¿Adónde os dirigís?”, se pregunta en “Enrique de Ofterdingen“, la novela de Novalis. “Siempre hacia casa”, es la repuesta. “¿Por qué cabalgáis por estas tierras?’”, pregunta el alférez en la famosa balada de Rilke. “Para regresar” contesta el marqués.

En resumen, casi cada vez se nos cuenta mientras cruzamos la existencia que estamos volviendo al origen,  unos a las raíces, otros a las creencias, otros a la patria de donde salimos. Caminamos y volvemos. Caminamos y avanzamos. El recorrido lo han hecho muchas gentes y uno entre muchos fue Ortega con sus “Notas de andar y ver“. Vemos y andamos. Andamos y escribimos cuanto escuchamos antes. Anotamos (como hizo Cela en la Alcarria y en el Pirineo de Lérida, entre otros libros) y lo que anotamos fue lo que nos fueron diciendo quienes nos saludaron o nos recibieron. Pla lo hace igualmente por el Ampurdán. Castroviejo por los montes y chimeneas de Galicia. Unamuno y Azorín por muchos lugares de España.

Lo esencial es viajar por mares y montañas, pueblos y ciudades,  y saberlo hacer. Los mares le van hablando al yugoslavo Matvejevic porque notan que el escritor ama el Mediterráneo y sabe escucharlo con atención. A su vez Claudio Magris escucha a Viena, a Prusia, a Zagreb, incluso a Vietnam,  y así va poco a poco  escribiendo “El infinito viajar” (Anagrama), la síntesis de  sus recorridos por el mundo. Andar y ver es todo. Tan sencillo como pasear y como  hablar  con las gentes.

(Imágenes:-1. Oleander Drive.–Slim Aarons.-1965.-photographers gallery.-arnet/ 2, 3, 4 y 5  fotos procedentes de Alenarterevista)

SHITAO, EL PINCEL, LA MANO Y EL CORAZÓN

“Pintar es el resultado de la receptividad de la tinta; la tinta se abre al pincel; el pincel se abre a la mano; la mano se abre al corazón. Y todos ellos de la misma forma que el cielo engendra lo que la tierra produce: todo es el resultado de la receptividad”, decía Shitao, el gran paisajista chino del siglo XVll , para añadir: “El pincel sirve para salvar las cosas del caos“.

Tres siglos después, en 1999, el escritor y pintor chino Gao Xingjian, al que alguna vez me he referido en Mi Siglo, recordaba que “el estado de ánimo está en el cuadro y de él emana. El encanto y el gusto de la tinta y de las pinceladas se realizan mediante procedimientos plásticos, nada se oculta. Las imágenes que en la tinta tradicional provocan ese estado mental guardan relación con el espíritu asceta de las letras de la antigüedad china; ese estilo de existencia es proyectado en el arte con mucho encanto. Pero ese modo de vida ya no tiene validez, y debes rememorar una vida que ya no existe. (…) Lo que deseas expresar en la pintura son los sentimientos en el momento presente. Es inútil repetir las imágenes de la tinta tradicional, debes buscar tus propias imágenes mentales y con tu pincel, con tu propio medio de expresión, acceder a los sentimientos que la contemplación ha hecho nacer en un instante determinado”.



Como recuerda Palomino en su Museo Pictórico,” hay pinceles de pelo de brocha fino; otros de colillas de cabra; otros de pelo de perro; otros de ardilla; y otros de meloncillo. Otros suele haber de pelo de turón, que son admirables, briosos y suaves. Y los de meloncillo son bellísimos para golpear y definir en lo grande y son bellísimos para cosas más sutiles; y los más pequeños para cosas delicadas“, pero sin duda lo más importante ( para pintar, para escribir)  -y  nos lo repite Shitao desde hace siglos – es cómo el pincel lo va llevando la mano y cómo a la mano la va llevando el corazón.

(Imágenes:- 1.-paisaje de Shitao/ 2.-Los montes Sinting en otoño.-Shitao.-.-wikipedia/ 3.-dibujo de Shitao.-metmuseum)

VIEJO MADRID (16) : LA POSADA DEL PEINE

Subo en mis paseos por la madrileña calle de Postas, cerca ya de la Puerta del Sol, caminando hacia la Posada del Peine, y evoco allí las palabras de Gutiérrez Solana contemplando esta esquina ya célebre:

“A mí me gusta oir vocear todas las noches – decía Solana -, cuando regreso a la Posada del Peine, los periódicos con la lista de la lotería o el crimen de anoche. (…) También todas las noches, antes de ir a cenar a un café cualquiera, abro el balcón para escuchar la voz de un ciego andaluz, feo y negro, que se sienta en los adoquines de la calle, con las piernas cruzadas como un moro, con un platillo delante, que canta abriendo la boca desdentada y la tuerce dando jipidos, pegando golpes con las manos en la guitarra, y poniendo los ojos en blanco, canta, durante una hora, con gran sentimiento:

Tiene la tarara,

tiene la tarara;

la tarara sí,

la tarara no“.

Es la observación siempre minuciosa de Solana en suMadrid, escenas y costumbres“, recorriendo las calles  de la capital y hospedándose en esta Posada en 1913, el tiempo que se tardó en publicar su libroEscenas de Madrid“. La calle de Postas y todas las adyacentes, con su viejo y pequeño comercio tradicional, que según las ordenanzas de los antiguos gremios, era el de mercería, especiería y droguería, toma su nombre del siglo XVl, pues aquí se encontraba la casa de Postas y a sus maestros pertenecía la imagen que había en el portal número 32, y que mostraba a la Virgen de la Soledad, imagen a la que el vecindario tenía mucha devoción.

“Es en esta Posada, tan conocida de los isidrossigue diciendo Solana -, que bajan al comedor a tomar el cocido y la sopa a sus horas, donde se hospedan tanta gente rara y sin colocación: criadas despedidas, que por el miedo a los peligros de encontrarse una noche sola en la calle, se ha encerrado a las seis de la tarde, sin cenar, en uno de estos cuartos, se ha atrancado con llave y se ha metido en la cama, y con una voluntad de hierro ha encontrado honrada colocación a la mañana siguiente”.

Gutiérrez Solana hace decir de la Posada a uno de los que allí se hospedan: “Yo estoy conforme con esta habitación que está tan cerca de los tejados, de las casas de enfrente y del reloj de esta Posada, de esfera iluminada de noche, donde destacan negras y grandes las agujas, parecido a un reloj de bolsillo gigante, de claras y sonoras campanadas, que me despierta, invariablemente, a las nueve de la mañana, y me invita a levantarme de la cama, abrir el balcón y a oir los pregones y ruidos de la calle; me visto, y a dos pasos tengo el arco de la Plaza Mayor; me entretengo viendo las tiendas y hablo con las sirvientas que bajan de la compra, con la cesta al brazo. Al mediodía me encuentro al pie de la iglesia de San Sebastián; al lado hay una antigua relojería; su escaparate está ocupado por un enorme reloj de chinos de madera, pintados con las coletas hasta los pies y las caras y las manos amarillas; a gran altura de sus cabezas hay un boquete negro y lóbrego, con un complicado mecanismo de ruedas, campanas, poleas y cadenas. Cuando las agujas del reloj se van uniendo y acercándose  a las doce, hay un ligero estremecimiento en los brazos de los chinos, y de pronto, al sonar la primera campanada, un chirrido de muelles los pone en movimiento, y un chino pequeño sale de una caja, cuya puerta se cierra de golpe, y montándose a caballo en una campana, da un fuerte golpe en ella con un martillo muy grande, saliendo despedido al voltear la campana y quedando colgado de la trenza, entre un estruendo de hierro que arman los dos chinos gigantes, tirando de unas cadenas. Al poco rato me hallo en mi cuarto de la Posada del Peine quitándome las botas y poniéndome las zapatillas; bajo al comedor a almorzar”.

Los ojos, como siempre, de Solana lo han fotografiado todo con las pupilas: la adivinadora, el ventrílocuo, el curandero, los peluqueros, el ciego de los romances. Madrid se detiene ante estos escritores que pasan y Madrid pasa a su vez ante  estos escritores que se detienen.

(Imágenes:- 1.-fachada actual de la Posada del Peine.-foto JJP.-/ La posada del Peine.-wikipedia)

¿HACIA DÓNDE VA EL PERIODISMO?

Copio de Scriptor org estas interesantes declaraciones:

Toni Piqué dice cosas muy interesantes en una entrevista en Venezuela, de las que él mismo destaca en Paper Papers (“La actitud insular de las redacciones”) la idea que aquí resume el titular de esta anotación: que el proceso informativo o el trabajo profesional del comunicador (del periodista, en este caso) no acaba en la publicación de algo, ni mucho menos en que ésta tenga lugar en uno u otro soporte material.

Algo que, dicho así, sin más, o entendido superficialmente, puede parecer obvio. Pero es algo que implica la patología profesional de darlo interesadamente por sobrentendido, con presunta inocencia, entre quienes se dedican a la comunicación pública, al no quedar todo lo destacadas y explícitas que precisan las razones que mueven a la publicación de algo, y del modo y manera en que se hace.

Coincido con él en que el busilis de la comunicación pública, y por tanto del periodismo, está más bien en el diálogo cívico o –como dice Toni– en el debate social que se genera a partir de la oferta en los medios de asuntos que merecen ser tomados como relevantes y hacer ver del mejor modo posible qué razones y juicios hay para otorgar el tipo y la relevancia que se les da, y no otros.

Esta es la pregunta y respuesta que hace al caso:

  • -¿Cuáles son las grandes resistencias que ha identificado en los procesos de integración de redacciones?
  • Lo más difícil es el estado mental, esa actitud de resistencia; pensar que la decadencia del papel implica la decadencia del periodismo, y que ajustar su proceso significa matar al propio periodismo.
  • Lo peor es ese ambiente insular que hay en muchas redacciones; y de éste, lo más perjudicial es considerar despreciable al público, a los ciudadanos. Se desprecia su colaboración y se mingonea [ningunea] la posibilidad de que participe en el proceso informativo. Hay maneras de superar esa actitud insular. Yo no conozco ninguna redacción que no quiera hacer buen periodismo; y en cuanto comprenden el proceso, se lanzan como tigres, porque a los periodistas les gusta el periodismo.
  • Hay una frase de Von Clausewitz, un maestro de la estrategia militar, que dice: “En tiempo de guerra, la tradición es el peor enemigo del comandante”. Es decir, no se puede hacer esta guerra con las mismas armas con las que hicimos la anterior. No nos estamos jugando el papel o no el papel. Nos jugamos el periodismo.
  • En las redacciones de los diarios, en general, hay muchas rutinas establecidas que a los propios periodistas nos parece que son parte del periodismo. Pues no. Son simplemente rutinas que ahora tenemos que cambiar.
  • La publicación ya no es el final del proceso informativo; probablemente no es más que el principio. Uno publica y a partir de allí se genera un debate social. Aquí lo importante es el periodismo como debía haberse definido desde siempre: la capacidad de editar y valorar lo que es relevante y darle una expresión adecuada para el público al que el medio se dirige”.

A veces en un blog no es necesario añadir nada más.

(Imagen: “El sillón”.-1960- Bernard Fleetwood Walker.-Dudley Museo y Galería de Arte

IMÁGENES Y PALABRAS (y 5) : SOBRE LA FOTOGRAFÍA Y OTRAS COSAS

Si hemos sostenido que estamos inmersos en una cultura de la imagen – me pregunta finalmente el Dr. Alberto Sánchez León para concluir la entrevista que estoy recogiendo estos días en Mi Siglo -, ¿es entonces el artista el que tiene la última palabra?

Respuesta :-Indudablemente es el artista el que tiene la última palabra. Él tiene que entregar a los demás la imagen como si fuera una palabra (por darle la vuelta un poco a esta frase), y  a la vez él es el que tiene que mostrar la imagen estética que a su vez es reflejo proyectado desde el centro y desde lo alto, desde lo profundo, por la gran Imagen. Hablando de poesía e inspiración, Pieper recuerda en “Entusiasmo y delirio divino” que la poesía procede de un estado del alma que es antes bien un estar-fuera-de-sí, que un estar-en-sí, y este estar-fuera–de-sí no ha sido provocado por vino, veneno o drogas, sino por un poder superior. La verdadera poesía, dice Pieper, tiene, pues, su origen en la inspiración divina.

Sin adentrarme ahora en esto, que nos llevaría muy lejos, lo que inspira o transpira el centro de la Imagen o de la Palabra es el descubrimiento por parte del artista de la imagen creadora o la palabra creadora. En “El ojo y la palabra” comento que, Van Gogh, por ejemplo, no ha creado el azul, tampoco Picasso, tampoco Miró. Son todos “subcreadores“-en frase de Tolkien – y lo que descubren son las formas o los reflejos de la gran Creación en donde sí está ya creado el Azul desde el principio de los tiempos. (…) Todo esto significa para mí que el artista sí tiene la última palabra en muchos sentidos: está dotado gratuitamente de una capacidad de observación, contemplación y arrebato ante la Belleza que seguramente otros muchos no poseen y que, sin embargo, sí están dotados para otras cosas. El artista, pues, se siente impelido a recoger esa Belleza que descubre y que contempla y a transmitirla a su modo y manera, con sus técnicas propias. En ese aspecto sí tiene la última palabra, porque, aunque él no lo quiera, en cierta medida se siente obligado interiormente a reflejar esa belleza. Aunque no quiera, nota que no tiene más remedio que hacerlo. Se diría que no sirve para otra cosa. En ese caso, no sería fiel a su vocación de artista si no lo cumpliera.

Por tanto, el artista sí tiene la última palabra en esta cultura de la imagen. ¿Quién, si no, la va a tener? Él es responsable de saber contemplar la Imagen con mayúscula ( o las imágenes que transmite el mundo), y él es el responsable de transmitir la imagen o imágenes a los demás. Maritain tiene un libro pequeño y muy valioso, “La responsabilidad del artista“, que analiza muy bien estos temas. (…) De lo deseable de la Belleza que contemplamos nace el deseo del artista por copiarlo, interpretarlo, entregarlo y, por parte de quienes no son específicamente artistas, el deseo, podríamos decir, de apropiárselo, el deseo de convivir con ello largo tiempo, el tiempo mayor posible. Aunque a nuestro rápido entender no nos quepa en principio en la cabeza que no nos pueda cansar una puesta de sol, la verdad es que la belleza de una puesta de sol con sus infinitos matices contemplados podría llegar a no cansarnos nunca. Siempre, como he dicho con anterioridad, que mantuvieramos viva la capacidad de asombro. Esto no llegamos a admitirlo porque en este mundo nos obliga el sentido de la utilidad, de la concreción por la utilidad inmediata, y nos preguntaríamos entonces, ¿para qué me es útil una puesta de sol? Y el siguiente paso es decir entonces, ¿para qué me es útil la belleza?

Volviendo al tema de la imagen, el artista tiene también la última palabra al seleccionarla, escogerla y transmitirla. De lo que líbremente escoja en sus imágenes para incorporarse al mundo de la imagen, a la cultura de la imagen, él es el responsable. También cuando selecciona imágenes que no son esencialmente bellas sino que son denuncias, cuando muestra imágenes del lado oscuro del mundo, de sus deficiencias. En cualquier caso, no es, creo, el espectador de imágenes el responsable. El artista se adelanta con su ojo al ojo del espectador y le muestra una sección, un encuadre específico del mundo. Siempre que veo una fotografía pienso lo mismo. El fotógrafo ha seleccionado líbremente un aspecto concreto del mundo, de un rostro o de un paisaje. Incluso ha seleccionado el tiempo, haciendo, podríamos decir, un corte en el tiempo: lo que vemos en ese gesto de esa fotografía es un instante, ya pasó y no volverá a pasar nunca así exactamente, no se repetirán jamás los matices de ese gesto, por tanto el fotógrafo recorta un segundo del tiempo, con sus gestos y con cuanto ello conlleva, y nos lo entrega. Roba un trozo de tiempo de una vida, aunque sea minúsculo. Y eso es lo que nos muestra. Él es el responsable, él es el que tiene la última palabra en esa elección. Nosotros vemos lo que él ha elegido.  Esto no solo en la fotografía sino en el cine, video, televisión, arte en imagen en general. Además de cuanto podemos elegir nosotros constantemente con nuestra pupila, el artista nos entrega su elección, aquello que él cree que nos debe transmitir. De ahí también su libre responsabilidad. Millares o millones de ojos ven esa elección del artista que – a su manera, al elegir – en esa cultura de la imagen, está diciendo, de algún modo, su última palabra.

(Imágenes:-1.-Rain Song.-Moscou 1963.-Marie Sechtlová.-Sechlt y Museo de la fotografía Vosecek.-luminous-lint/2.-retrato de uno mismo.-Marie Sechtlová.-Sechlt y Museo de la fotografía Vosecek.-luminous-lint/3.-Nueva York 1964-Marie Sechtlová.-Sechlt y Museo de la fotografía Vosecek.-luminous.lint/4. El canal.-1996.-Franco Donaggio.-Joel Soroka Gallery.-artnet)

GABRIELA MISTRAL Y LOS RECUERDOS

La aparición del libro “Gabriela Mistral. La niña errante(Lumen) con el análisis de la correspondencia privada entre la poetisa chilena  y la estadounidense Doris Dana, poeta también y traductora, vuelve a evocarme la figura de aquella mujer sobre la que he escrito no hace mucho en la Revista Alenarte el siguiente artículo:

Lucía Godoy Alcayaga, nacida en Vicuña, provincia de Coquimbo, en 1889 y fallecida en Nueva York en 1957 – conocida mundialmente como Gabriela Mistral -, maestra en las escuelas rurales de su país, madre vocacional sin hijos, convocada por el ministro José Vasconcelos en 1922 en México para colaborar en la reforma de la enseñanza, fue galardonada con el Premio Nobel en1945.

El suicidio de un joven con quien compartió un breve idilio, el suicidio también, en 1942, de Stefan Zweig – con quien mantenía una profunda amistad –  y  asimismo el suicidio en 1943 de un sobrino de la poetisa parece que quisieran rondar de alguna forma los versos de este poema, “Interrogaciones”, obra de esta gran escritora chilena.

“¿Cómo quedan, Señor, durmiendo los suicidas?

¿Un cuajo entre la boca, las dos sienes vaciadas,

las lunas de los ojos albas y engrandecidas,

hacia un ancla invisible las manos orientadas?

¿O Tú llegas, después que los hombres se han ido

y les bajas el párpado sobre el ojo cegado

acomodas las vísceras sin dolor y sin  ruido

y entrecruzas las manos sobre el pecho callado?”

El poema sigue. La fuerza de la poesía y de la vida continúan. Esos versos y otros muchos dejan las interrogaciones abiertas y las preguntas asomadas a cuestiones vitales, hondas cuestiones del vivir:

“Padre Nuestro que estás en los cielos,

¿por qué te has olvidado de mí?”

Te acordaste del fruto en Febrero,

al llagarse su pulpa rubí.

¡Llevo abierto también mi costado,

y no quieres mirar hacia mí!

(…)

Ahora suelto la mártir sandalia

y las trenzas pidiendo dormir.

Y, perdida en la noche, levanto

el clamor aprendido de Ti:

“Padre Nuestro que estás en los cielos,

¿por qué te  has olvidado de mí?”.

Desolación” (1922), “Ternura” (1925), “Tala” (1938), “Lagar” (1954) son algunos de sus grandes títulos. Unos preferirán la primera etapa de “Desolación”, otros se inclinarán por las composiciones más abstractas de “Tala”, pero en cualquier caso su poesía será  elogiada por Vicente Huidobro, Paul Valéry, Pedro Salinas, Miguel Ángel Asturias y Pablo Neruda. A lo largo de sus incontables viajes como diplomática y conferenciante conocerá a Romain Rolland, Giovanni Papini,  Henri Bergson, Unamuno o Madame Curie. Pero sobre todo se acercará a los niños, a las arenas, a las aguas, a la gruta y al árbol, a la menuda materia que le rodea en la vida y a la sombra de tantas criaturas que encuentra a su paso para elevarlas luego al paso del Creador.

Su ansia de maternidad le empujará a exclamar:

“¡Un hijo, un hijo, un hijo! Yo quise un hijo tuyo

y mío, allá en los días del éxtasis ardiente,

en los que que hasta mis huesos temblaron de tu arrullo

y un ancho resplandor creció sobre mi frente.

Decía: ¡Un hijo!, como el árbol conmovido

de primavera alarga sus yemas hacia el cielo…”

Se acercará también hasta el crepúsculo y  sobre él, y mirándolo fijamente, lanzará una visión audaz:

“Yo no le amo. Yo le odio su traición de pulpo blando que babea el noble poniente y se come la vida. Yo le odio el ojo sesgado de ladrona doméstica, cuando se va con mi día, que me era fiel y quería quedarse en mi cara: la maña callada con que me hace resbalar la luz que estaba tendida de mi rodilla a mi rodilla, como una gran mazorca luminosa”.

Es la potencia, la audacia, la ternura de una composición poética original,  voz a la orilla de la maternidad, voz en el quicio de la Naturaleza, voz contemplando cuanto admira e interrogando a la vez a toda extrañeza”.

( Para una cronología de la autora puede visitarse la sección de la Biblioteca del Cervantes Virtual, en especial el artículo de Inmaculada García Guadalupe)

(Imágenes:Salvo la primera foto -perteneciente a Alenarterevistael resto son propiedad del Instituto Cervantes.)

IMÁGENES Y PALABRAS (4) : LO QUE JUZGAN LOS OJOS

Otra de las preguntas que me formula el Dr. Alberto Sánchez León en esta entrevista publicada en la Universidad de Montevideo y que estoy resumiendo estos días en Mi Siglo es la siguiente:

Pregunta :-He de reconocer que me ha gustado el títuloEl Ojo y la palabra“, pues, a mi juicio, lo más relevante es el y. Tal vez la historia de las imágenes ha olvidado este y e interpreta la cuestión como la elección de una disyuntiva. Desde este punto de vista, y de acuerdo con su obra, ¿cómo ayudar a expandir esta maravillosa utopía?

Respuesta: -No creo que haya pensado demasiado a la hora de poner ese y en el titulo de “El ojo y la palabra“. Salió así porque creo que las dos cosas van unidas y no se puede elegir una u otra.

En cualquier caso, es un convencimiento. El ojo es, creo, lo último que queda del ser humano, el color de la pupila, el ojo entreabierto antes de partir, especialmente ese color, como digo, que encierra cada ojo. Se empobrecen los miembros, los músculos, los movimientos, también las palabras, al fin esas palabras van quedando en monosílabos e incluso reemplazadas por gestos. En el caso del ojo, cuando uno está a punto de abandonar la vida, y mucho antes también, en los meses o semanas anteriores, el ojo va quedándose quizá estático, perdido, sin fuerza de fijeza, pero, aunque palidezca algo, nunca abandonará su primitivo color. Pueden estar satisfechos los ( o las) que tengan un color de pupilas bonito, porque ese azul o ese color – el que sea- será lo ultimo que se cierre. Además, cuando se emplea la expresión ante el momento de la muerte, “Vamos a cerrarle los ojos“, se dice así, y no “vamos a cerrarle las palabras“, porque las palabras seguramente enmudecieron ya mucho antes.

Por otro lado, la palabra y el ojo van siempre de la mano. A través del ojo vemos el ejemplo que se nos da, y lo que le queda a un ser humano cuando permanece ya solo en la vida, con sus padres ya fallecidos, es el ejemplo de ellos, lo que VIO en la familia y en la vida, no tanto lo que le dijeron. Pocas personas guardan palabras muy numerosas y aleccionadoras de sus padres y educadores, pero en cambio sí se ha quedado en su retina aquello que vio con sus propios ojos, actitudes y ejemplos, buenos y malos, que indicaban coherencia o no coherencia respecto a las palabras que se pronunciaban a lo largo de su educación. Por tanto, el ojo que nos ve en los hijos o en los alumnos recoge más lecciones aún que las palabras. Ese ojo además es el que paseamos a través de la vida en general: viajes, acontecimientos, fluir incesante de palabras cotidianas, etc. Pienso a veces que las palabras se desgastan porque se usan mal y se abusa de sus contenidos, y el ejemplo de la política y los políticos en general en el mundo – con ese desfile de sucesos, líderes, elecciones, promesas, etc – hacen que uno devalúe la palabra escuchada. El ojo también juzga todo eso, pero, como siempre, es el ejemplo el que va viendo el ser humano, y aunque le llegue también el escepticismo ante lo que ve, es distinto al escepticismo o a la incredulidad ante tantas promesas de palabras.

(…) Por otro lado, en las familias, todas las casas están llenas de palabras desde el inicio del día a la noche, las madres especialmente se vuelcan en palabras hacia sus hijos y su formación, sencillamente porque, en principio, están más tiempo con ellos que sus padres. Pero creo que ese fluir de palabras tan necesario, incluso un hijo lo puede esquivar, harto ,en determinadas edades, de escuchar lo mismo: lo que es mucho más difícil que esquive es el ejemplo, a veces sin palabras: un ejemplo coherente y firme, en el que se pueden mirar los hijos como en un espejo. Después, naturalmente, ejerciendo su libertad, harán lo que quieran. Pero insisto en esta pequeña valoración porque creo que el mundo actual está sobrecargado o saturado de palabras, – además de las imágenes – y, como he dicho antes, hay un empobrecimiento de las palabras, muchas palabras se manipulan como mentiras, y el excelso valor de la palabra – hasta que uno “dé su palabra” a otro – se ha vaciado muchas veces de contenido.

La palabra, pues, tiene un cometido excepcional en el mundo de hoy. Gracias a las palabras pueden nacer los diálogos ( ahora, en este mundo globalizado) y no sólo con el ojo.
Pero se ve que hay muchos matices que considerar  Por tanto, el ojo y la palabra van unidos. Ese “y” que enlaza las dos cosas es importante para que vayan hermanadas, y con ambas cosas se configura la vida, aunque ahora parezca que sólo destaca el ojo, entregado a veces obsesivamente al mundo de la imagen.

(Imágenes:-1.-Georgia O ´Keeffe.-1922.-Whitney Museum.-artdaily.org/2.-Cosmos.-Takashi Murakami.-Wada Gagouu-co Gallery.-artnet/3.- Jasmina Danowski.-artnet/4.-Georgia O `Keeffe.-1927.-Whitney Museum.-artdaily.org)

VERANO 2010 (2) : JOSEPH BRODSKY

“No es que me esté volviendo loco, es el verano que me agota.

Buscas en el cajón una camisa, y el día entero echado por la borda.

Que llegue cuanto antes el invierno y cubra todo con su manto:

ciudades, hombres, pero primero el verde de las hojas.

Me echaré a dormir sin desnudarme, o leeré si quiero

un libro ajeno, y entretanto los retales del año,

como un perro que ha huido de su ciego,

atraviesan la calle por el paso indicado. La libertad es

no recordar entero el nombre del tirano,

y que sea la saliva más dulce que el almibar,

y, aunque estrujen tu cerebro cual cuerno de carnero,

no mane nada ya del ojo azul”.

Joseph Brodsky:.-Poema XV.- “No vendrá el diluvio tras nosotros“.-Antología poética (1966-1996).-Galaxia Gutenberg.-Círculo de lectores.-2000


(Imaágenes:-1.-“Therapy on the beach” .-Halim Karabibene.-Galerie El Marsa.-Tunez.-atnet/2.-Alex Katz.-1987.-artdaily.org)

IMÁGENES Y PALABRAS (3) : LA BELLEZA SALVARÁ AL MUNDO

En torno a la importancia de la belleza es otra de las preguntas que se me formulan en esta entrevista publicada por la Universidad de Montevideo y que estos días estoy resumiendo en Mi Siglo.

Pregunta:  Si, como usted afirma en El ojo y la palabra -me dice el Dr. Alberto Sánchez León -, la imagen de por sí es insuficiente, pero por otro lado parece que es hoy lo que predomina, entonces ¿es posible que sólo desde ella podamos recuperar el logos, esa racionalidad perdida? ¿No es esto, en definitiva, lo que afirma Dostoievski cuando afirma que la belleza salvará el mundo?

Respuesta: Empiezo por la alusión final sobre Dostoievski y su frase: “la belleza salvará al mundo“.

Indudablemente, eso ocurrirá siempre que se sepa contemplar la belleza y siempre que el ojo humano no se distorsione atraído por la fealdad. En estos momentos hay una invasión de fealdad en muchas partes, desde la ocupación “vanguardista” de ciertos museos intentando imponer muchas veces lo detestable como “arte”, hasta el descenso escalonado del gusto en imágenes chabacanas de cine o de televisión. Es tan obvio que no hacen falta demasiados comentarios.

Entonces, creo que algo importante es educar al ojo en la belleza, no inclinarlo a  la fealdad. No es bello todo lo que el hombre hace durante el día y durante su vida. No es bella – hablando claramente – una defecación, aunque sea necesaria para la vida. Y sin embargo, defecaciones se han expuesto en los museos… Por tanto, hay que educar al ojo en la belleza. En mi artículo “Necesidad del asombro” hablo de recuperar ese asombro y esa sorpresa que tantos han perdido creyendo que ya lo han visto todo.

En mi caso particular, he de decir que hay imágenes sin palabras – sin necesidad de las palabras, imágenes solas, puras imágenes- que siempre me han asombrado y me han remontado a cuestiones profundas. Por ejemplo, las del mundo submarino. Siempre que veo las extensiones del fondo del mar (en fotografías, pero sobre todo en videos, películas, documentales, etc) me asombra” esa creación. Precisamente porque está oculta y tan sólo pueden bajar a ella de vez en cuando aquellos seres humanos con escafandras que nos lo filman. Siempre pienso : ¿por qué Dios ha hecho esto que casi nadie ve? ¿Estas gamas de colores casi infinitos en las aletas de los peces, los movimientos rítmicos de las colas con su belleza inaudita, el encanto de las grutas por las que se cuelan toda clase de animales submarinos, el colorido de las hierbas flotantes, ese mundo inacabable?¿Quién ve esa belleza de modo continuo? Nadie. Los peces mismos no la contemplan sino que únicamente la viven, y el hombre en su superficie está ajeno a ella, excepto cuando se la presentan. Si pensamos la cantidad de kilómetros de belleza oculta al ojo del hombre que se extiende bajo los océanos inmensos, entonces nos podemos preguntar por la razón de todo ello, que no es una razón de utilidad (que lo es ), sino que hay algo más: la utilidad de los peces y cuanto ellos generan podría haber sido creada en una sola tonalidad y con una sola forma, ausente de variantes, y la utilidad hubiera permanecido lo mismo. Sin belleza habría permanecido esa  misma utilidad. Entonces, ¿para qué se ha añadido a la utilidad toda esta deslumbrante belleza?

Por tanto, ¿para qué la belleza del mundo submarino?  Confieso que cada vez que la veo – y recalco que sin palabras, aquí no me hacen falta las explicaciones de Cousteau,que, por otro lado, agradezco -, todo ese mundo me lleva a Dios, no me lleva al azar. Habrá gentes que les lleve al azar, y lo respeto. A mí no me lleva al azar. No me imagino al azar como causa de todo ello. (…) Si esto ocurre debajo de nosotros, sin que nadie lo esté viendo en estos momentos, mientras estoy contestando a esta pregunta, ha de haber alguna explicación a tanta belleza. Insisto en que aquí es pura imagen; no hay palabras. No se necesitan palabras. Por tanto, el ojo humano se sumerge en esa belleza casi irrepetible y naturalmente tiende a ella como ante un imán. No creo que ningún ojo humano pueda ver fealdad en ese espectáculo incesante del mundo submarino. (Lo mismo ante la gama de colores de los pájaros, ante las tonalidades del atardecer, etc).

La imagen, pues, sin palabras, también reina en el mundo. La Creación nos presenta diariamente su imagen nunca repetitiva y esa imagen nos ofrece como en un espejo la Creación. Por tanto, cuando digo en “El ojo y la palabra” que la imagen ha de ser completada por la palabra, creo que es cierto. Pero también hay imágenes sin palabras que nos remontan hacia arriba. Se me pregunta si sólo desde la imagen se puede recuperar el logos, la racionalidad perdida. Creo que sí. Siempre que ante la imagen mantenga uno el asombro y, a través de esa imagen, al otro lado de esa imagen, se plantee uno preguntas y busque cada cual su respuesta. Acabo de hacerlo ante la imagen del mundo submarino y podría hacerse con el mundo de la astronomía, por citar alguno más ¿Qué hay detrás de esas bellezas? (…)

Siempre que nos “asombremos” de las maravillas que nos rodean, esa imagen no se quedará encerrada en sí misma sino que nos hará atravesarla para llegar a una pregunta que está detrás. A través de la imagen llegaremos sin duda a esa nueva era de la palabra, a  que nos explique, en la medida en que se puede, el misterio del mundo. ¿Quién ha creado la Belleza? ¿Se ha creado a sí misma y por sí misma? También en “El ojo y la palabra“, incluí la referencia a Rilke: “Entonces, aproxímese a la Naturaleza” y este texto de San Agustín que puede ir unido a la frase de Dostoievski:
Interroga a la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar (acabo de hablar del mundo submarino), interroga a la belleza del aire que se dilata y se difunde, interroga a la belleza del cielo…interroga a todas estas realidades. Todas te responden: Ve, nosotras somos bellas. Su belleza es una profesión (“confessio”). Estas bellezas sujetas a cambio, ¿quién la ha hecho sino la Suma Belleza (“Pulcher”), no sujeto a cambio?”.

(Imágenes:- 1.-Georgia O `Keeffe.-1963.-Georgia O `Keeffe Museum.-New York.-artdaily.org/2. Flower.-número 86.- 1997 -foto Amanda Means. -Gallery 339.-Philadelphia.-artnet/3.-Liu Wei.-2007.-ArtChina Gallery.- Hamburg.-artnet/4.-foto Michael Benson.-Telescopio espacial Hubble- The New York Times/5.- Colore e luce Danzante 01.-Mia Delcasino.-photographers gallery.-artnet)

LOS SUEÑOS, EL TIEMPO

“Soñé que estaba de pie en lo alto de una torre elevadísima, solo, contemplando desde arriba miríadas de aves que volaban en una direccción. Estaban allí todas las especies de aves, todas las aves del mundo. Era un noble espectáculo aquel vasto y aéreo río de aves. Pero, de pronto y de manera misteriosa, cambió el engranaje y el tiempo se aceleró, de modo que vi generaciones de aves, las vi romper los cascarones, nacer a la vida, debilitarse, vacilar y morir. Las alas solo crecían para arruinarse; los cuerpos eran lisos y lustrosos, y luego en un abrir y cerrar de ojos, sangraban y se consumían, y la muerte hería por doquier a cada segundo. (…) Pero el engranaje volvió a sufrir un cambio y el tiempo corrió aún más deprisa, y con tal velocidad lo hacía, que no se percibía en las aves el menor movimiento, asemejándose a una enorme llanura sembrada de plumas. Sin embargo, por aquella llanura, oscilando entre los cuerpos, pasaba ahora una especie de llama blanca, temblando, danzando, apresurándose luego. Y, tan pronto como la vi, comprendí que aquella llama era la vida misma, la quintaesencia del ser…”.

J.B. Priestley: “El hombre y el tiempo“.

(Imágenes:- 1 .-Henry Peach Robinson.-1857.-The Metropolitan Museum of Art.-scholars resource/ 2.-Lady of Schalott.-Atkinson Grimshaw.-victorianweb)

IMÁGENES Y PALABRAS (2) : EL CENTRO Y LOS VAIVENES

Como continuación de la entrevista que ha publicado la Universidad de Montevideo y cuya selección estoy recogiendo estos días en Mi Siglo,  una de las respuestas a otra de las preguntas que me formuló el Dr. Alberto Sánchez León fue la siguiente:

Pregunta: Si la palabra parece estar devaluada – como lo hace sugerir el propio Steiner -, pero a la vez parece que ella misma es necesaria para una nueva era, entonces, ¿en qué consiste esa nueva palabra, ese nuevo logos de la próxima era? ¿No podría referirse a una recuperación del logos a través de la imagen?

Y esta fue en síntesis mi respuesta:

Respuesta:-  (…) Hace ya tiempo que pienso que los vaivenes de la Historia ( ahora que estamos sufriendo uno más, con el tema económico y financiero mundial), suponen sólo eso, “vaivenes” – a veces esenciales y muy importantes y de grandes repercusiones -, pero que no pueden ocultar de ningún modo el centro ni la profundidad de las cosas, las esencias. Si se pierde el centro, los vaivenes son los que reinan y hay que preguntarse si el mundo, desde hace años, no va detrás de los impulsos de esos vaivenes, arrastrado por las modas y modos que ellos comportan, viajando a merced de las corrientes imperantes y haciendo que esas modas y esas corrientes sustituyan a lo capital, es decir, haciéndolo capital.

El centro es el centro, y si uno no tiene un centro vital sobre el que haga girar su vida tendrá que buscarlo y agarrarse a él  (Pienso de pasada en el título del libro de Sedlmayr, “El arte descentrado“). ¿El “centro” de una vida intelectual  puede ser, por ejemplo, el “postmodernismo“? Eso causaría risa.  No habría más que ver, en ese caso concreto, el resumen de los “ismos” que hace Guillermo de Torre para saber que todos pasan y con ellos se llevan épocas y actitudes que son sustituidas inmediatamente por otras. Eso son los “vaivenes“, muchas veces deslumbrantes, que, naturalmente deben ser motivo de estudio y de trabajo, pero que no pueden consituirse como “el centro”  o eje de una vida.

Se me pide mi opinión sobre en qué puede consistir esa nueva palabra en la próxima era. La palabra es la palabra y la Palabra con mayúscula es la que ha engendrado a las otras palabras. “En el principio fue la Palabra“, dice San Juan. No dice “En el principio fue la imagen”, aunque ahora, en nuestra época, la imagen parece que lo ocupara todo. Ya en mi contestación a la pregunta anterior dije que la palabra en ningún caso puede ser apartada ni olvidada. Lo más que puede hacer es completar a la imagen, explicarla. Pero hay que pensar que quienes han escrito sobre “la lectura de imágenes” ( “Cómo se lee una obra de arte“, de Omar Calabrese, por ejemplo, o “Leer imágenes” de Alberto Manguel, por citar dos obras )  no tienen más remedio que emplear palabras  para glosar tales imágenes, y no pueden glosarlas con otras imágenes. Por tanto, como ya dije en mi contestación precedente, para crear una historia en imágenes hay que, después de “verla”, edificarla y construirla  mentalmente con palabras, que son las que harán en su momento el guión, y luego, para glosar y comentar esas imágenes, también habrá necesidad de emplear palabras. Es decir, siempre – y felízmente – la palabra del hombre.

¿Qué significaría una recuperación del logos a través de una imagen? No alcanzo a comprenderlo. Algo he intentado ilustrar anteriormente. No puede olvidarse que la palabra no es sólo la palabra leída o escrita sino, antes de ello, la palabra hablada, el diálogo, ya en la infancia, enseñado por los padres en el bautismo de cada objeto que mira el niño – mira la imagen del objeto y los padres lo definen con palabras – y lógicamente en la escuela primaria y en los primeros diálogos. La palabra fluye incesantemente por todo ese mundo, y no las imágenes. El diálogo, esencial en la convivencia humana, es un eslabón de palabras y lenguas y no puede ser sustituido por imágenes.  Por mucho que se hable de la devaluación de la palabra, la palabra está ahí, y no se la puede ignorar, despreciar o manipular. El gran problema está en saber si una videoteca, por ejemplo, por sí sola y sin palabras, llena intelectualmente  lo que una biblioteca y su lectura pueden llenar. El reto estará en saber cómo se compagina la enseñanza de la sabiduría con el mundo de las imágenes.

“Diálogo con José Julio Perlado: un intelectual entre la imagen y la palabra“.- por Dr. D. Alberto Sánchez León.-“Humanidades”.-Año Vlll.-lX-Nº 1.-Diciembre 2008-2009. -págs 199-210.-Universidad de Montevideo

(Imágenes:-1.-Jasmina Danowski.-2008.-Spanierman Modern.-New York.-artnet/2.-Dora Frost.-1998.-artnet/3.-Chen Jian Guo.-2008.-Art Beatus- Vancouver-Canadá.-Honkong.-artner)

MAHLER, 150 AÑOS

Gustav Mahler confesó una vez a Bruno Walter que tenía miedo de que alguien se suicidara tras escuchar el finale de La canción de la tierra. Su viuda recordaba también que el compositor y director de orquesta se lamentaba así: ” soy un desarraigado por triplicado; por ser bohemio, en Austria; por ser austriaco, en Alemania; por ser judío, en el mundo entero. Intruso en todas partes: en ninguna bienvenido“. Fue Mahler el primer director, en un siglo de existencia del Teatro de la Ópera, que permanecía en pie en vez de sentarse mientras dirigía. Usaba las dos manos para separar cada frase. Como director musical de ópera -lo recuerda William Johnston al analizar “El genio austrohúngaro” (Krk) -, Mahler aterrorizaba a los intérpretes con su perfeccionismo y sus ansias de reforma, que llevaba a cabo guiado por el lema que se le atribuye: “la tradición es desidia“.

De Mahler dijo igualmente Thomas Mann que este músico era “el hombre en el que se encarna la voluntad artística más profunda y sentida de nuestro tiempo“. En mayo de 1911 Mann leía impresionado los comunicados que informaban hora a hora sobre la agonía del compositor. Pasión y técnica en Mahler, como evoca Bruno Walter en sus Memorias. Concretamente del  “golpe de tambor” ocurrido en 1907 en el Hotel Majestic de Nueva York hablé ya en Mi Siglo: fue aquel tremendo golpe de tambor escuchado en la calle, desde lo alto de un balcón, el que él usaría en la Décima Sinfonía. Mahler puso extremada atención con su oído ante ese golpe de tambor; lo mismo ante el canto de los pájaros y el estremecimiento de las hojas; lo mismo para escuchar a Freud el 26 de agosto de 1910, cuando acudió a su consulta con ocasión de un viaje a Leiden. Mahler no  tenía tiempo de componer mas que en las épocas del verano que siempre pasaba en Austria. Y durante esos meses, lejos de las manifestaciones públicas de la vida musical, se refugiaba en su universo espiritual.

Jamás, en ningún momento se detenía el motor gigante  que era su espíritu – decía Alma Mahler en sus Memorias -. De nada se aprovechaba, no reposaba nunca. Por el poder absoluto que ejerció durante años, y a causa de cuanto alrededor le sometía en cuerpo y alma, acabó por acceder, solitario, a un camino que le aisló completamente de sus contemporáneos“.

Y quizá deberían existir por alguna parte unos apuntes puntualmente anotados por Stefan Zweig si hubiera contemplado uno de aquellos “pequeños momentos estelares de la humanidad“, cuando en el verano de 1896 Brahms y Mahler salen a dar un paseo cerca de Ischl. Llegan a un puente y permanecen silenciosos contemplando una espumosa corriente de montaña. Un momento antes han estado discutiendo acaloradamente sobre el futuro de la música y Brahms ha dicho cosas verdaderamente duras sobre la joven generación de músicos. Pero ahora están fascinados ante la vista de los remolinos golpeando las piedras y haciendo espuma. Mahler mira corriente arriba y señala la interminable procesión de remolinos. ¿Cuál es el último?”, le pregunta a Brahms con una sonrisa. Más que en el futuro de la música piensa en el futuro del agua.

Pequeña evocación de Gustav Mahler a los ciento cincuenta años de su nacimiento: Bohemia, 7 de julio de 1860- 7 de julio 2010

(Imagen.-Gustav Mahler.-wikipedia)

IMÁGENES Y PALABRAS (1) : LOS PORQUÉS DE LA VIDA

La Universidad de Montevideo, en su Facultad de Hiumanidades, ha tenido la deferencia de publicar una larga entrevista que me ha hecho el Dr. Alberto Sánchez León sobre temas de arte, comunicación y literatura. Una selección de esas preguntas y respuestas la recojo estos días en Mi Siglo:

– Pregunta: Hoy es obvio aceptar que estamos insertos en una cultura de la imagen, ¿podría decirnos qué connotaciones estima positivas y cuáles negativas acerca de este hecho?

Respuesta: Es indudable que estamos inmersos en la cultura de la imagen. La gente joven, los adolescentes, y los que pronto abandonarán la niñez, han visto desde siempre el televisor como un elemento más de su casa y de su vida. Como el automóvil o como el frigorífico. Edward Albee, entre otros, ha hecho ver este dato. También Foster Wallace, fallecido recientemente. Los ejemplos de autores serían múltiples. Con la imagen se vive,  y también se come y se cena ante ella, y la imagen le persigue a uno a lo largo del día. Pero querría ya citar aquí unas palabras de George Steiner en “Presencias reales” que dicen así: “Si el niño queda vacío de textos, en el sentido más cabal del término, sufrirá una muerte prematura del corazón y de la imaginación y subrayo “en el sentido más cabal del término” (Yo subrayaría a mi vez, la “muerte prematura de la imaginación“, porque se cree que la imagen la suscita o la amplía más, la enriquece, y no es así; no digamos nada del corazón o del pensamiento). Y continúa Steiner: “El despertar de la libertad humana puede darse también en presencia de cuadros, de música. Es, en esencia, un despertar por medio del pulso de lo narrativo a medida que golpea en la forma estética. Pero parece que son las palabras las que golpean con mayor seguridad la puerta“.
Creo que esta última frase es reveladora. La palabra es la que golpea con mayor seguridad y no la imagen. La imagen golpea instantaneamente, puede estremecer en un segundo, pero golpea la conciencia quizá con menos profundidad. Es decir, su sonoridad queda más pronto amortiguada (…)
Ante el paralelismo de las palabras y la imagen hay que preguntarse quíén pronuncia las palabras. ¿Las madres, como yo digo en “El ojo y la palabra al hablar de los padres y madres de los escritores?. ¿Quién pronuncia esas palabras que marcan ? ¿El libro?
¿El profesor? También he dicho al principio de “El ojo y la palabra que la imagen repetida, aunque conmocione dramáticamente, tiene que ser explicada por la palabra, por el libro, por la cultura, por la sabiduría escrita y, por tanto, leída. Ponía alli el ejemplo de la imagen de las Torres Gemelas y el 11 de septiembre. Me sigue conmocionando cada vez que la veo pero todo el mundo ha tenido que ir a la Historia y a los libros para comprender el “por qué” (si hay algún por qué profundo) de ese acto del mal. La imagen del mal como mera imagen (como cualquier otro tema) no tiene más remedio que completarse en las páginas de la sabiduría que el pensamiento del hombre ha ido escribiendo durante siglos. La imagen no”explicael mal, como tampoco el bien. Lo presenta, y ahí se acaba todo. Pero los por qués de las cosas, de la vida, del bien y del mal, no lo revelan las imágenes. Por ejemplo, en el tema del dolor. Si tomamos el caso de un dolor repetidamente visto en todos los televisores del planeta como fue la imagen de Juan Pablo ll enfermo cuando se presentó en sus útimos días ante el mundo con su dolor: para un no creyente, ¿qué significa que este hombre de blanco exponga su dolor? ¿Por qué lo hace? La imagen no lo dice. Y para un creyente, lo mismo. El por qué hace eso un hombre cargado de dolor y por qué asume el dolor, no puede ser más que investigado, en la medida en que puede uno acercarse al misterio, a través del pensamiento, que no está en la imagen sino en la historia de los libros, es decir, en la palabra.
Por tanto, estamos indudablemente imersos en la cultura de la imagen, eso es claro. Habrá que aprender a educar con imágenes, y las nuevas generaciones piden que se les explique así el mundo. Pero eso no basta. Consumir sólo imágenes no hace que penetremos en los secretos del pensamiento. Además, la velocidad instrumental de la imagen es rapidísima. Me refiero a que ya sabemos que tendremos – tenemos ya – imágenes en el reloj de pulsera o en la minúscula agenda portátil. Paralelamente, las palabras en los mensajes telefónicos se reducen a píldoras de comunicación brevísima. Entonces, ¿cuándo recibimos las palabras reales, las profundas, las de los “por qués“? ¿En la escuela? ¿Y cuando dejamos el colegio o la Universidad? ¿Y cuando ya no tenemos las palabras familiares de nuestros padres educándonos en la medida en que les deja su tiempo libre? Se diría que el hombre, arrojado al vértigo social de la vida corriente, se alimentará de imágenes (¿ pero quién decide y quién manipula esas imágenes?), pero es muy difícil que ese hombre se alimente con la lectura. Entonces, ¿cuándo va a enlazar de mayor con la corriente de la sabiduría ? ¿Quién va a explicarle a ese hombre los por qués?  Aparte de esto, todos cuantos exponen imágenes en películas o televisión, sobre todo si construyen un guión, y por tanto quieren dar un mensaje a través de la sucesión de imágenes, tienen que profundizar antes en las ideas, y esas ideas suyas las captarán y elaborarán estudiando y comparando testimonios y lecturas, es decir, palabras; las imágenes, en principio, no generan únicamente imágenes. Tienen que tener un sentido, y esa construcción de un pensamiento y de un sentido de la vida es la que tendrá que ir adquirendo también – a través del estudio, por tanto de la palabra escrita – quien se dedique a contar una historia vital en imágenes.

“Diálogo con José Julio Perlado: un intelectual entre la imagen y la palabra”.-por Alberto Sánchez León.- “Humanidades Vlll-lX-nº 1- Diciembre 2008-2009.-págs 199-210.- Universidad de Montevideo.

(Imágenes.-1.- White n`Blue.-Tiffany Chung.-100 Tonson Gallery.-artnet/2.-Alice in Wonderland.-Fleurs.-nº 3.- 2008.- Marie-Jo LafontaineSamuelis Baumgarte Galerie.-artnet/3.-Monet.-1897.-Galleria Nazionale d`arte moderna)