ESCRIBIR SIN LECTORES

“La lectura de un libro pide perseverancia. La lectura en la pantalla internética mezcla impaciencia e indolencia, dos cosas poco amigas de la perseverancia”- Así lo afirma el escritor Justo Navarro evocando a su vez a Erle Stanley Gardner cuando dice: “cada página empuja al lector a la siguiente: a eso le llamo yo talento”.  Y el escritor granadino añade: “El talento en una página web consiste en lo contrario: en retenerte en la página, en quitarte el apremio de saltar a otra”.

Viejo tema el de la pantalla y el papel, el de las distintas lecturas, el de las diversas escrituras. En un texto muy interesante de Umberto Eco, “¿Cómo escribo?”, incluido enSobre literatura” (Debolsillo), el autor italiano afirma que “lo bueno del ordenador es que estimula la espontaneidad: escribes de un tirón, deprisa, lo que se te ocurre. Luego, mientras tanto, sabes que puedes corregir y variar”, pero hablando de la creación literaria anota enseguida: “no entiendo a los que escriben una novela al año (pueden ser grandísimos, los admiro, pero no los envidio) Lo bueno de escribir una novela no es lo bueno de la transmisión en directo, sino lo bueno de la transmisión en diferido”.

Y al final de esos comentarios – hablando del escritor y del lector – se pregunta: “¿escribiría todavía, hoy, si me dijeran que mañana una catástrofe cósmica destruirá el universo, de suerte que nadie podrá leer mañana lo que escribo hoy? En primera instancia la respuesta es no. ¿Por qué escribir si nadie me puede leer? En segunda instancia, la respuesta es si, pero sólo porque abrigo la desesperada esperanza de que, en la catastrofe de las galaxias, pueda sobrevivir alguna estrella, y mañana alguien pueda descifrar mis signos”.

Julien Green en “L´homme et son ombre(Seuil) – como ya he recordado enEl ojo y la palabra” – se interrogaba igualmente: “¿ Escribiría usted si estuviera solo, por ejemplo, en una isla desierta con mucho papel y toda la tinta del mundo de que tuviera necesidad? O bien: ¿escribiría usted si sus escritos fueran invariablenente puestos en ridículo? O la última y más insidiosa pregunta: ¿escribiría usted si supiera que jamás podría publicar?”.

Internet parece que resolvería con instantaneidad esta opción útima. ¿ Habría algún lector al otro lado de las teclas? En todo caso, los consejos de Rilke siempre iluminan: “Reconozca – dice enTrabajo y paciencia – si usted tendría que morirse si se le privara de escribir. Esto, sobre todo : pregúntese en la hora más silenciosa de su noche, ¿debo escribir? Excave en sí mismo en busca de una respuesta profunda. Y si ésta ha de ser de asentimiento, si usted ha de enfrentarse a esta grave pregunta con un debo enérgico y sencillo, entonces construya su vida según esa necesidad”.

(Imágenes:-1.-Cig Harvey.-Real.-2008.-Joel Soroka Gallery.-artnet/2.-la creación.-2000.-Brigitte Scenczi.- f feminine)