ENTREVISTAS Y SILENCIOS

Al  anunciar el célebre entrevistador norteamericano Larry King que, tras un cuarto de siglo de trabajo, retira su espacio el próximo otoño, vienen a la memoria esos capítulos de palabras y silencios que se han cruzado en muchos diálogos de la historia. Edward R. Murrow, por ejemplo, le hizo una famosa entrevista al senador Mc Carthy en los tiempos de la “caza de brujas” y el periodista le fue dejando solo para que hablara a sus anchas. Mc Carthy se emborrachó de ideas, planes, fantasmas y pesadilas. Fue cavando su propia tumba. América entera se dio cuenta en las pantallas de cómo el senador, que era un gran inquisidor, sudaba, vociferaba, perdía los nervios. El periodista apenas hizo peguntas. Le contempló silencioso desde el humo de su cigarrillo.

En otras ocasiones el silencio del entrevistador también ha proporcionado impresionantes respuestas. Bárbara Walters presentó en pantalla a su invitada de la noche y señaló: “La señorita X., que una vez fue alcohólica”. Ella contestó: “No fue; es alcohólica”. Y contó detalladamente la historia de su largo calvario. La periodista no hizo ninguna pregunta más. Al fin, pronunció: “Gracias”. Y terminó la entrevista y la emisión.

En mi libro “Diálogos con la cultura” (Eiunsa) hablo de estas palabras y silencios cruzados. Los silencios de Tolkien negándose a que el periodista hurgara en su “santuario” de creador. Los célebres silencios de Azorín, monosílabos que podían crispar a quien hablara con él y que Cela resolvió en su visita gracias a la habilidad de su prosa.

Palabras y silencios. Silencios y palabras. Una sola pregunta en el aire ha bastado para que fuera la última. Al interrogarle a Fidel Castro si sabía de antemano que iban a matar a Kennedy se le escapó un , y la entrevista terminó. No hubo que preguntar nada más.

(Imagen: Larry King entrevistando a Obama  en la Casa Blanca el 3 de junio de 2010.-White House.-elmundo.es)