MIRADAS SURREALISTAS

A veces nos miran y a veces no nos miran estos ojos tras los guantes de Eli Lotar o desde los perfiles de Man Ray . Es el sobresalto de los sueños o el umbral de las alucinaciones, donde la mente aún consciente da un paso definitivo antes de entrar en el sopor. Es la subversión de las imágenes, tal y como ahora se nos ofrece en una exposición en Madrid. Contaba el americano Matthew Josephson al relatar “Mi vida entre los surrealistas” que Man Ray le invitó a la primera exposicion de sus pinturas y fotografías en la parisina La Librairie Six en diciembre de 1921, en donde se presentaban objetos-máquinas y los llamados “rayogramas” que ocupaban todas las paredes. Estaban construidos esos “rayogramas” gracias al contacto de diversos objetos simples, muchos de ellos domésticos, tales como peines y otras cosas parecidas, colocados sobre una hoja de papel sensible a la luz. Un óleo titulado “Cadeau” representaba una plancha cuya superficie inferior, ordinariamente lisa, tenía una hilera de clavos de acero con los que destrozaba todo lo que tocaba. Para aquella ocasión, el techo de La Librairie Six estaba tan adornado con globos de juguete de brillantes colores que era necesario apartarlos para poder ver las fotografías y los cuadros. En un determinado momento, varios de los jóvenes asistentes al acto aplicaron sus cigarrillos encendidos al extremo de los hilos que colgaban de los globos y todos estallaron sobre las cabezas del público.

Era la explosión del surrealismo entre aquellas fotografías y también el surrealismo en las actitudes. Phillippe Soupault en el Catálogo de dicha exposición había escrito: “la luz se parece a la pintura de Man Ray como un sombrero a una golondrina, como una taza de café a un vendedor de encaje, como una carta a un buzón“.

Aquel afán de reto y de asombro había llegado desde los llamados espectáculos -provocación iniciados ya en Zurich. “Sobre el escenario cuenta la crónica que describía uno de ellos se golpean llaves, cajas, haciendo música hasta que el público enloquecido protesta. Sener, en lugar de recitar poemas, deposita un ramo de flores a los pies de un maniquí. Una voz, debajo de un inmenso sombrero en forma de pan de azucar, dice poemas de Arp, gritándoles cada vez más alto, mientras Tzara golpea una gran caja sigiuiendo el mismo ritmo y el mismo crescendo…“.

Era el mundo de los surrealistas, tantas veces subversivo, que, como después recordaría Eliot, “separó el comocimiento poético de la belleza y de todo lo trascendente. (…) La delectación en la belleza queda reemplazada por el deleite de la experiencia de una libertad suprema en la noche de la subjetividad (…) los surrealistas menospreciaron la belleza en función del conocimiento mágico, en tanto que el mundo moderno, con un éxito mucho mayor, desprecia la bellleza por algo que no es sino el duro trabajo. El despreciar la belleza es verdaderamente peligroso… si no ya para el arte, que en rigor de verdad no puede divorciarse de de la belleza, sí, a lo menos, para el hombre“.

Imágenes.-1.-Sin título.-Eli Lotar.-Centre Pompidou.-elpais.es/2.-Lee Miller.-Man Ray.-Lee Miller Archives.- The Rolland Penrose.-Collection Chiddingly,.Reino Unido.-elpais.es/3.-Fiat.-nº 1.-Man Ray.-octubre 1934.-foto Philippe Migeat.-Centre Pompiou.-París)