VIAJES DESCONOCIDOS

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“¡Qué delicioso es despertarse en cualquier lugar donde nadie, nadie en el mundo, puede adivinar que uno está! – escribe Rilke en una carta desde Muzot el 3 de febrero de 1923 – Algunas veces me he detenido inesperadamente en ciudades que se encontraban en mi camino, solamente para saborear esta delicia de no poder ser imaginado estando allí por ningún ser viviente, ni alcanzado por ningún pensamiento de los demás. (…) ¡Oh los viajes!  Cuántas veces mi vida se ha encontrado enteramente concentrada en ese único sentimiento de la partida; ¡partir lejos, lejos; y ese primer despertar bajo un cielo nuevo!  Y reconocerse en él; no, aprender más aún de él. Sentir que también allí donde no se estaba nunca, se continúa algo, y que una parte de nuestro corazón, inconscientemente indígena bajo ese clima desconocido, nace y se desarrolla desde el instante de nuestra llegada y nos dota de una sangre nueva, inteligente y maravillosamente instruida sobre cosas que es imposible saber”. 

Nada más que añadir. Cruzamos el mundo atravesando muchas veces grandes viajes programados y acaso nos perdemos los diminutos rincones, el encanto de las pequeñas cosas, el asombro ante los misterios. 

(Imagen.- foto: Desiree Dolron.-Michael Hopper Contemporary)