BACH EN EL JARDÍN

bach-8-wikimedia-commonsCuenta J. M. Coetzee en una conferencia pronunciada en 1991 que, cuando él tenía quince años, mientras paseaba por el jardín de su casa en los suburbios de Ciudad del Cabo, oyó música en la casa de al lado. “Mientras duró la música – confiesa Coetzee -, me quedé helado, sin atreverme ni a respirar. La música me hablaba como nunca antes me había hablado. Lo que estaba escuchando era una grabación de “El clave bien temperado” de Bach para clavicémbalo.(…) Llegó aquella tarde en el jardín, y la música de Bach, después de la cual todo cambió. Fue un momento de revelación que tuvo una gran transcendencia en mi vida porque, por primera vez, recibía el impacto de lo clásico“.

Coetzee profundiza en qué es lo clásico. Horacio – recuerda el Premio Nobeldice, de hecho, que si una obra pervive cien años después de ser escrita debe de ser un clásico. Pero Coetzee llega a algo más. Treinta y seis años después de aquella tarde en el jardín parece como si el profesor y el novelista se asomaran a la ventana del tiempo para verse a sí mismo recibiendo a Bach, pero tampoco a Bach, sino recibiendo a la música, pero tampoco a la música, sino recibiendo al fin la potencia y la supervivencia de lo clásico en su vida y en muchas otras más.jardin-botanico-kistenbosch-ciudad-del-cabo-mundoenred

“¿Ha pasado desde 1955 suficiente tiempo, y he cambiado lo bastante, para empezar a comprender mi primera relación con el clásico – que es una relación con Bach – de un modo histórico?, se pregunta Coetzee. (…) En un primer sentido, el clásico es aquel que supera los límites del tiempo, que retiene un significado para las épocas venideras, que “vive”. En un segundo sentido, una buena parte de la música de Bach pertenece a lo que vagamente se denomina “los clásicos”, la parte del canon de la música europea que aún se interpreta con relativa frecuencia en todo el mundo, aunque no demasiado a menudo ni ante auditorios particularmente masivos”.

Pero quizá lo más interesante de la conferencia de Coetzee (“¿Qué es un clásico?.-Costas extrañas” (Debate), sea el final, cuando se refiere a “nuestro gran poeta contemporáneo de los clásicos”, al  polaco Zbigniew Herbert. “Para Herbert – escribe Coetzee -, lo opuesto de lo clásico no es lo romántico, sino lo bárbaro; aún más, lo clásico frente a lo bárbaro no es tanto una oposición como una confrontación. Herbert escribe desde la perspectiva histórica de Polonia, un país con una cultura occidental asediada intermitentemente por vecinos bárbaros. No es la posesión de alguna cualidad esencial la que, según el punto de vista de Herbert, permite a un clásico soportar el asalto de los bárbaros. Más bien, lo clásico es aquello que sobrevive a la peor barbarie, aquello que sobrevive porque hay generaciones de personas que no se pueden permitir ignorarlo y, por tanto, se agarran a ello a cualquier precio”.

Cada uno tiene su clásico (o clásicos)  a los que acudir. En música, en literatura, en teatro, en cine, en arte. Cada uno habrá vivido quizá una tarde en un especial jardín, a cualquier edad – un jardín natural o íntimo -, en donde lo clásico se le habrá revelado de repente, con esa profundidad pasmosa que transmite la serenidad de la supervivencia por encima de los siglos, dominando a cualquier asedio de los bárbaros. Cada uno conocerá la barbarie que llega, con la polvareda que lo circunstancial levanta en el horizonte. Cada uno sabrá cómo se llaman los bárbaros y  en cuántos clásicos deberá refugiarse cada vez para no sucumbir a las inclemencias del tiempo.

(Imágenes: Juan Sebastián Bach.-wikimedia. Commons/ jardín botánico Kistenbosch.-Ciudad del Cabo.-mundoenred)

LA VIDA EN MADRID

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Madrid se nos aparece en la Historia, asoma entre los textos de literatos y periodistas, muestra de pronto las capas de su pasado, todos los sótanos ocultos bajo plazas y calles, y la mirada y la pluma de los que escribieron nos cuentan otra vez los cotidianos paseos de los que observaban, anotaban, iban contando a todas las gentes – a todos los lectores – cuanto ocurría. 

Así Larra, el gran periodista – tan vigente hoy con su ojo en observación -, querrá narrarnos el Madrid del XlX :

“La mirada de este gran escritor de costumbres se fijará, por ejemplo, en la actividad periodística descendiendo a situaciones que él retrata con gran visión cómica: “¿Quién me responde ‑se pregunta‑ de que algún maldito yerro de imprenta no me hará decir disparate sobre disparate? ¿Quién me dice que no se pondrá Camellos donde yo puse Comellas, Torner donde escribí yo Forner, ritómico donde rítmico y otros de la misma familia? ¿Será preciso imprimir yo mismo mis artículos? ¡Oh qué placer el de ser redactor! ¡Santo cielo! ¿Y yo deseaba ser periodista? Confieso como hombre débil, lector mío, que nunca supe lo que quise: juzga tú por el largo cuento de mis infortunios periodísticos, que mucho procuré abreviarte, si puedo y debo con sobrada razón exclamar ahora que ya lo soy: ¡Oh, qué placer el de ser redactor!” madrid-calle-de-toledo-1890 

 “Como a aquellas horas ‑escribe Larra el 12 de diciembre de 1834 en su artículo “La vida en Madrid“‑ no tengo ganas de volverme a dormir, dejo los periódicos; me rodeo al cuello una echarpe, me introduzco en un sobretodo, y a la calle. Doy una vuelta a la Carrera de San Jerónimo, a la calle de Carretas, del Príncipe y de la Montera, encuentro en un palmo de terreno a todos mis amigos que hacen otro tanto; me paro con todos ellos, compro cigarros en un café, saludo a alguna asomada y me vuelvo a casa a vestir.

¿Está malo el día? El capote de barragán; a casa de la marquesa hasta las dos, a casa de la condesa hasta las tres, a la tal otra casa hasta las cuatro; en todas partes voy dejando la misma conversación; en donde entro oigo hablar mal de la casa de donde vengo y de la otra adonde voy; ésta es toda la conversación de Madrid.

¿Está el día regular? A la calle de la Montera. A ver La Gallarde o a Tomás. Dos horas, tres horas, según. (…)

¿Está muy bueno el día? A caballo. De la puerta de Atocha a la de Recoletos, de la de Recoletos a la de Atocha. Andado y desandado este camino muchas veces, una vuelta a pie. A comer a Genieys o al Comercio; alguna vez en mi casa; las más fuera de ella.

¿Acabé de comer? A Solito. Allí dos horas, dos cigarros y dos amigos. Se hace una segunda edición de la conversación de la calle de la Montera. ¡Oh! y felizmente esta semana no ha faltado materia. Un poco se ha ponderado, otro poco se ha… Pero, en fin, en un país donde no se hace nada, sea lícito al menos hablar.

(…)

Acabado el teatro, si no es noche de sociedad, al café otra vez a disputar un poco de tiempo al dueño. Luego, a ninguna parte. Si es noche de sociedad, a vestirme; gran toilette. A casa de E… Bonita sociedad, muy bonita. Ello sí, las mismas de la sociedad de la víspera, y del lunes, y de…, y las mismas de las visitas de la mañana, del Prado, y del teatro, y…; pero lo bueno, nunca se cansa uno de verlo.

‑¿Y qué hace usted en la sociedad?

‑Nada; entro en la sala; paso al gabinete; vuelvo a la sala; vuelvo a salir al gabinete…

‑¿Y luego?

‑Luego, a casa, y ¡buenas noches!madrid-vista-desde-san-ididro-1875

Esta es la vida ‑termina Larra su artículo‑ que de sí me contó mi amigo. Después de leerla y de releerla, figurándome que no he ofendido a nadie y que a nadie retrato en ella, e inclinándome casi a creer que por ésta no tendré ningún desafío, aunque necios conozco yo para todo, trasládola a la consideración de los que tienen apego a la vida.” (“El artículo literario y periodístico“, págs 44-45)

(Imágenes: 1.-Madrid.-Puerta del Sol, en 1877/-2.-Madrid- calle de Toledo, en 1890/- 3.-Madrid visto desde la Pradera de San Isidro, en 1875)

EL LIBRO EN PANTALLA

The Latin Quarter, Paris, France

Releo estos días la muy interesante conversación que sobre el futuro del libro y el libro del futuro mantuvieron Roger Chartier y Antonio Rodríguez de las Heras. (Revista “Litterae”.-Cuadernos sobre cultura escrita”, 2001)

“Antes de la imprenta – recordaba Rodríguez de las Heras -, y también en sus primeros tiempos, los libros recogían una obra definitiva, que se entregaba al final de un trabajo de pensamiento y de creación, no durante ese proceso. Pero a medida que las técnicas de imprenta se desarrollaron e hicieron más fácil la producción material de libros y que, a la vez, el mercado se intensificaba, el libro ya no sale como obra definitiva sino provisional, libro de corta vida que dejará paso a otro del mismo autor en donde se recoge parte del anterior, se corrigen otras partes y se añaden novedades. Los libros hoy nacen con muy poca ambición de pervivencia y mucha más de hacerse notar durante un espacio corto de tiempo. Pues bien, con la edición electrónica se entra en una tercera ertapa, en la que el libro es abierto y el autor cuida de su mantenimiento como se puede cuidar un jardín, arrancando, plantando, cortando. La idea procedente de las dos etapas anteriores por la que el autor entrega su obra, realizada con esfuerzo y amor, y se le va irremediablemente de sus manos y de su control no tiene por qué mantenerse en el libro digital, ya que el autor no se ve obligado a desprenderse, si lo desea, de su obra, que puede seguir perfeccionando”.

A lo que Roger Chartier contestó:

“Usted siempre se ha referido al libro único del autor; es decir, desde el punto de vista de la creación, de la escritura. Sin embargo, las observaciones sobre el texto electrónico a menudo han tomado otra posición, la del lector-coautor, introduciendo su escritura dentro de una escritura ya presente: la del autor. El lector tiene así, capacidad de mover, borrar, transformar el texto. En este caso, la pregunta sería: ¿ qué papel atribuye usted a estos lectores múltiples que pueden intervenir?libros-7795-dibujo-max-opinion-the-new-york-times

A lo que replicó Rodríguez de las Heras:

“Cierto que la tecnología actual ha abierto la posibilidad de intervenir al receptor sobre la emisión del mensaje, un bucle que ahora comienza a utilizarse más en producciones televisivas en las que los espectadores pueden, a través de la red, influir de  alguna manera en la marcha de lo que está sucediendo al otro lado de la pantalla. Y desde luego que esta interacción va a producir cambios significativos en la producción audiovisual y en las actitudes, hasta ahora pasivas, de las personas ante el aparato de televisión. Sin embargo creo que fuera de escenarios de entretenimiento, propios de la televisión y de la radio, y quizá, más tarde, de la política en esta tribuna audiovisual (encuestas, entrevistas, discursos…) la posibilidad de este bucle no se desarrollará tanto. En concreto, la creación de un libro, a excepción de libros-foro, se sustentará sobre la creatividad y esfuerzo de un autor. Lo que sucederá, sin embargo, es que el libro se podrá convertir en el núcleo de encuentros y debates de los lectores, y entonces, la lectura pasará del texto del autor al cruce de ideas y comentarios de sus lectores, y todo ello integrado en lo que sería un libro digital. Y también el autor, al escuchar a sus lectores, volverá a su texto para retocarlo, para seguir su desarrollo por otro camino abierto quizá por el contacto del autor con los lectores. Con un texto blando, que no abandona al autor y en el que, si se quiere, puede influir el lector, hay un campo muy amplio de experimentación, pero creo que la escritura nos da capacidad de  diferenciación, de individualizarnos de entornos anónimos, y esto significa una razón de peso para que siga habiendo autor. Se desarrollarán experiencias de participación colectiva en la creación, pero la escritura seguirá siendo un vehículo imprescindible para la individualización, aunque, eso sí, se dará mucha mayor relación entre el autor y sus lectores”.

Creo que en situaciones de mudanza – en la prensa, en los libros – acaso sea  de gran interés reflexionar sobre estas palabras.

(Imágenes: Librería Shakespeare and Company.-París.-FreeFoto.com/ dibujo de Max.-The New York Times)

 

DALÍ, VEINTE AÑOS DESPUÉS

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“Mi primera imagen natural era la de la tela, que era también mi última imagen antes de acostarme. Intentaba dormirme pensando en ella (…) Durante todo el día, sentado delante del caballete, mi mirada se fijaba intensamente en la tela, como si fuera un médium, para ver surgir de ella los elementos de mi propia imaginación (…) Pero a veces tenía que esperar horas y horas, ociosamente, con el pincel inmóvil, antes de que imaginación alguna apareciera”, escribe Dalí.dali-c-morphologicalecho-1936-museumsyndicatedali-i-the-little-theater-1934-museum-of-modern-art-musseumsyindicate

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“Al entrar en la sala de exposiciones, Dalí acariciaba a un gran pájaro multicolor que reposaba sobre su hombro izquierdo.

– ¿Surrealismo?

– No, no.

– ¿Cubismo?

– No, tampoco: pintura, pintura, por favor”.

J.V.Foix: “Salvador Dalí”, 1932dalia-apparition-of-the-town-of-delft-1936-mussey

A los veinte años de la muerte de Salvador Dalí)

(Imágenes: Dalí,. 1.–“The Eye” (1945)/.- 2.-“Morphological Echo” (1936)/ 3.-“The Little Theater” (1934) Museum of Modern Art/ 4.- “Retrato de Mrs Isabel Styler-Tas” (1945)/ 5.-“Dalí a la edad de seis años” (1950)/ 6.-“The Phantom Cart” (1933)/ 7.-“Apparition of the Town of Delft” (1936).-musseumsyindicate.com)

¿ QUÉ LEEN LAS LECTORAS DE HOPPER ?

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Varias veces me he referido a Edward Hopper en Mi Siglo. Ahora, en un muy interesante blog,  El Documentalista Enredado, María Elena Mateo se fija en esas lectoras de Hopper a las que yo acudo también atraído por sus historias. Sin duda no puedo ver bien lo que está leyendo en ese programa de mano Hettie Lunt, esta mujer a la que acabo de ponerle un nombre y que, sentada en este  palco, en 1927,  aguarda a que se llene el teatro. No atiende demasiado a cuantos movimientos está haciendo la pareja del patio de butacas, colocando ella el abrigo en el respaldo mientras el hombre espera. Hettie, mientras tanto, hojea el programa de  lo que verá esta noche. Se ha vestido con este traje de tirantes e intuimos por su curiosidad que siempre le apasionó la escena.hopper-58-the-barber-shop-1931-museum-syndicate

Tres años después, en 1931, en este establecimiento de las afueras de Kansas que yo también me he inventado, Michael Palmer se ocupa de su trabajo y Amy, sentada, repasa un folleto que recoge la historia de la comarca.  Ella siempre se sienta en esta mesa al pie de la escalera dejando que el blanco sol de Hopper ilumine la pared. La sombra se desliza en la chaqueta de su marido y marca un rectángulo bajo la mesa, el blanco destaca en el cuello del vestido de Amy y el blanco también abre  las páginas ante las que ella está absorta.hopper-59-hotel-room-1931-museum-syindicate También en ese año de 1931 Edward Hopper entra de pronto en esta habitación de hotel, observa las maletas aún sin deshacer, y pinta muy despacio cómo se inclina la espalda de Joanne Davis que consulta la guía de la ciudad, esa guía con la que ella cree huir de la soledad que la acompaña.  Esta mujer a la que yo también acabo de darle un nombre, Joanne Davis, ha colocado su sombrero sobre el mueble, se ha desprendido de sus zapatos, abandonó en el sillón parte del vestido y lee, lee como leen siempre muchas de las mujeres de Hopper, el pintor que las mira siempre leer.hopper-57-compartment-c-car-1938-museum-syindicate

Si unos años después, en 1938, tomamos el tren y abrimos de golpe la puerta de este compartimento, ya se nos habrá adelantado como siempre Hopper para pintar, pero a Hopper también se le ha adelantado esta lectora solitaria del sombrero, a la que podemos llamar perfectamente  Zena Tracy. El tren pasa sobre la pintura, al otro lado de la ventanilla el río y el puente parecen inmóviles, pero lo que realmente quisiéramos saber es lo que lee esta mujer solitaria, la mujer de la leve sonrisa en los labios que se deja pintar mientras lee,  que aparenta leer mientras se deja pintar.hopper-54-hotel-lobby-1943-indianapolis-museum-of-art1 Las historias prosiguen. Se lee en los trenes, en los teatros, en los vestíbulos de los despachos, esperando la cita concertada.hopper-55-hotel-by-the-railroad-1952-museum-syndicate1

Se lee aprovechando el tiempo, mientras el marido fuma ante la ventana abierta y el sol de Hopper hace amarilla la tarde, la cortina, el resplandor difuminado del espejo, el calor que se adivina en el ambiente.hopper-56-interior-1925-art-insitute-of-chicago

Se lee ante otro espejo, el libro sobre las rodillas, una maleta -como en tantas ocasiones – en un rincón. Nunca se sabe si se va o se viene de esta habitación, si se va o se viene de la vida.hopper-61-chair-chair-1965 Se lee, siempre se lee. Hopper se detiene en la lectura y las lectoras del pintor viajan inmersas en los libros, absorta su atención y abierta su imaginación a otros mundos.

Alegra esta referencia a las lecturas, alegra esta referencia de la pintura mostrándonos lecturas.

¿Hoy encontraría Hopper a muchas mujeres leyendo, se detendría intrigado en esta imagen?

(Imágenes: 1.-“Twoo on the Aisle” (1927)/ 2.-“The Barber Shop” (1931)/ 3.-“Hotel Room” (1931)/ 4.-“Compartment C, Car 193” (1938)/ 5.-“Hotel Lobby” (1943)/ 6.-“Hotel by the Raillroad” (1952)/ 7.-“Interior” Model Reading (1925)/ 8.-“Chair Car” (1965).-musseumsyindicate.com)

LAS PALABRAS Y LAS COSAS

obama-1-foto-win-mcnamee-getty-images-the-new-york-times“La fragua del hombre está en el cerebro – dijo Ganivet -, y el fuelle es la palabra. El cerebro es un antro desconocido; pero la palabra depende de nuestra voluntad, y por medio de la palabra podemos influir en nuestro cerebro. La transformación de la humanidad se opera mediante invenciones intelectuales, que más tarde se convierten en hechos reales. Se inicia una nueva idea, y esta idea, que al principio pugna con la realidad, comienza a florecer y a fructificar y a crear un nuevo concepto de la vida. Y al cabo de algún tiempo la idea está humanizada, triunfa, impera y destruye de rechazo la que le precedió. También el hombre se transforma a sí mismo expresando en alta voz ideas, que al principio son conceptos puramente intelectuales, y luego, por reflexión, se convierten en pauta de la vida; porque la realización material de una idea exige la previa realización ideal. Cuando no se tienen ideas la palabra es inútil y aun nociva. (…) La palabra que anuncia una idea es utilísima, porque es el primer paso para realizarla.obama-3-fotos-callie-shell-aurora-for-time-time Al principio nos parece la idea imposible o absurda; después de anunciada nos va pareciendo posible y natural, aunque superior a nuestras fuerzas; por último, nuestras fuerzas se excitan, se ponen a la altura del propósito, y a veces lo superan. Una arenga impetuosa decide el triunfo de una batalla. Una palabra empeñada lleva a un hombre a acometer empresas superiores a sus propios intentos. Un hombre tenaz, animado por una idea claramente concebida y expresada, triunfa siempre, aunque luche contra él la sociedad entera”.

Luego están las cosas. En este momento las cosas se esconden, esperando el efecto de la palabra, en las largas colas del paroobama-2-foto-callie-shell-aurora-for-time-time, en los  escalofríos de las Bolsas, en la avidez especuladora, en la humareda de Irak, de Gaza o de Afganistán. La palabra sale a la conquista del cambio de las cosas y las cosas aguardan en las trincheras de todos los días, inmóviles ante cualquier palabra que intente dominarlas. Las cosas esperan a ver cómo se mueve la palabra y la palabra se cree segura de poder remover todas las cosas.

(Imágenes:  ceremonia de toma de posesión.-foto Win McNamee/Getty Images.-The New York Times/ Obama preparando su discurso: foto Callie Shell/Aurora for Time.-TIME/ Obama ante el espejo: foto Callie Shell/Aurora for Time.-TIME)

UN NEGRO EN LA CASA BLANCA

negritud-2-renacimiento-de-harlem-portada-de-la-revista-crisis-abril-1923-sobre-el-registro-de-ls-razas-publicacion-de-la-naacp-ocwmitedu

 

Cuando pasado mañana  Barack Obama tome posesión como nuevo Presidente de los Estados Unidos parecerá cnegrittud-disturbios-raciales-en-tulsa-oklahoma-el-2-de-junio-de-1921-foto-alvin-ckrupnick-visual-de-materiales-de-la-naacp-docymentos-ocwmiteduomo si la historia de esa nación quisiera abrir sus páginas documentales- y también sus páginas de ficción – con muchas de las cosas que a lo largo del tiempo han ido firmando en aquel país los escritores negros.

“Muy posiblemente – escribí hace poco en Alenarterevista  – Ralph Ellison fue uno de los escritores negros más importantes que ha dado Estados Unidos. “El hombre invisible” está escrito con el deliberado propósito de denunciar la situación del negro evolucionado y consciente en un mundo de hombres blancos, y esta gran novela simboliza el problema de la discriminación racial a través del mito de la invisibilidad.

newnegro Pero el gran Renacimiento negro había comenzado después de la guerra de 1914. La revista “The Crisis” constituyó un elemento capital, puesto que todos los escritores negros que tuvieron deseos de expresarse encontraron en ella por vez primera un órgano propio en la que todo el que quiso pudo probar suerte. En 1925 se publica “The New Negro, An Interpretation” en la que se mantiene la teoría de que un nuevo negro ha nacido, y en la que éste se libera de su complejo de inferioridad y busca su propio camino en una sociedad de mayornegritu-9993-hermanas-foto-eudora-welty-llc-the-new-york-timesía blanca.

 La fascinación ejercida por el mundo de los blancos sobre los escritores negros se revelaría igualmente en muchas obras. James Weldon Johnson muestra, por ejemplo, en uno de sus libros, a un artista mestizo eligiendo por desesperación su asimilación a la sociedad blanca, antes que reivindicar su pertenencia étnica. También otro autor, Jean Toomer (1894- 1967), de tez bronceada, dos veces casado con mujeres blancas y que pretende no saber si es blanco o negro, aunque su origen afro-americano sea seguro, interviene en la literatura. Otro autor, Walter White, con “Flight“, presenta una ciudad en la que los negros quieren ante todo “hacerse aceptar”. Pero los escritores negros más importantes de Norteamérica – aparte del citado Ellison – han sido James Baldwin y Le Roi Jones.  Baldwin es el novelista negro más discutido, ya que que muchos críticos no han querido ver en él más que a un ensayista. Nacido en 1924, hijo de un pastor negro, ejerció barios oficios en Nueva York y en París y entre sus obras destacan “Otro país“,Nada personal” y “Blues para Mr. Charlie“. “¡Hombre blanco, escúchame! – señaló Baldwin en una declaración de principios – Un hombre es un hombre, una mujer es una mujer, un niño es un  niño. Negar estas evidencias es abrir las puertas al caos más profundo y más mortal y, dentro de la vida del hombre, más infinito y negritudd-7-madre-e-hijo-1930-foto-eudora-welty-missisipi-department-of-archives-and-history-the-new-york-timesmás eterno que las visiones medievales del Infierno”.

 

La negritud como tema se había mantenido en obras muy importantes, algunas de ellas escritas por William Faulkner, como su gran novela “Luz de agosto“. “El negro – dirá  Faulkner en febrero de 1958 – no es todavía capaz de ser más que un ciudadano de segunda categoría. Su tragedia consiste en que todavía no está calificado para la igualdad más que en la medida en que tiene sangre blanca. No le bastará pensar y obrar como un blanco. Deberá pensar y obrar como el mejor de los blancos, porque si el blanco, a causa de su raza y de su color, puede poner en práctica la moral tan sólo el domingo, es decir un día por semana, el negro no puede fallar ni apartarse del recto camino”.

  Cincuenta y un años después de estas palabras y cuarenta y dos años más tarde deEl hombre invisible“,  Barack Obama  se hace hombre visible y comienza otra época.

(Imágenes: 1.-Portada de la revista “The Crisis”·, abril de 1923.-renacimiento de Harlem.-sobre el registro de razas/2.-portada del libro “The New Negro”.-foto extraída de Alenarterevista/ 3.-disturbios raciales en Tulsa, Oklahoma, en 1921.-foto Alvin C.  Krupnick.- visual de materiales de la NAA.-Documents oc. W. mit. edu/ 4.-hermanos- foto Eudora Welty, LLC.-The New York Times/ 5.-madre e hijo.-foto Eudora Welty.- Misssisipi Department of Archives and History.-The New York Times)