Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Virginia Woolf’

 

 

”Todo lo había dicho y hecho una y otra vez en sus libros. Pero habia una diferencia. – así describía Virginia Woolf al crítico de arte inglés Roger Fry mientras pronunciaba una de sus conferencias -. Cada vez que una diapositiva aparecía en la pantalla, se producía una pausa. Él observaba el cuadro de nuevo. Y luego, en un instante, encontraba la palabra que quería: añadía de improviso lo que acababa de ver como si fuese la primera vez. Tal vez ese fuera el secreto de su influencia sobre el público. La gente podía ver cómo la sensación surgía y tomaba forma; él conseguía poner al descubierto el momento mismo de la percepción. Así, con pausas y a borbotones, fue emergiendo el mundo de la realidad espiritual, diapositiva tras diapositiva – en Poussin, en Chardin, en Rembrandt, en Cézanne -, con sus elevaciones y sus valles, todo relacionado, todo dotado de algún modo de integridad y plenitud, sobre la gran pantalla.

 

 

Y, al final, tras mirar largamente al público a través de sus gafas, el conferenciante hizo una pausa. Señaló una de las últimas obras de Cézanne con aspecto de estar desconcertado. Sacudió su cabeza; dejó el puntero en el suelo. Dijo que aquella obra estaba mucho más allá de su capacidad de análisis, así que en vez de decir “siguiente diapositiva”, hizo una reverencia y el público comenzó a salir.”

 

 

Es el silencio obligado del comentarista, el silencio del crítico. La obra tiene tal  calidad que está imponiendo su rotundidad y su belleza, que deja sin habla a la reflexión. Tiene más valor siempre, y así lo señala Steiner, la creación que el comentario. “Habían estado dos horas  – prosigue Virginia Woolf – mirando imágenes, pero también habían visto una de la que el conferenciante no tenía conciencia: el contorno del hombre contra la pantalla, una  figura ascética en traje de noche que se detenía y reflexionaba y después levantaba el puntero para señalar. Esa imagen permanecía en la memoria junto a las demás, un tosco boceto que serviría a muchos de los asistentes, durante los años venideros, como retrato de un gran crítico, un hombre de una sensibilidad profunda y de una rigurosa honestidad que, cuando la razón no podía seguir avanzando, ponía punto final; y que estaba convencido, y era capaz de convencer a los demás, de que lo que él veía realmente estaba ahí”.

 

 

(Imágenes-1- Rembrandt- autorretrato/ 2- Cezanne- autorretrato. -1885- museumsyindicate/ 3- Chardin- cesta de fresas salvajes-1750/  4- Chardin-1740- Museo del Louvre)

Read Full Post »

 

 

“Tengo fotografías reveladoras en este despacho donde trabajo. Las he colocado hace tiempo entre libros porque son para mí  estimulantes. Tengo, por ejemplo, esta fotografía de Italo Calvino, que creo le hizo Sebastiao Salgado. Está Calvino aquí acodado sobre su mesa de trabajo, sentado al aire libre, concentrado; el brazo izquierdo lo tiene muy cerca de su cabeza y la mano izquierda como envolviendo toda su cabeza, como sujetándola y sujetando su cráneo, como si no quisiera que se le escapasen las ideas; el codo de su camisa aparece apoyado en el manuscrito que escribe y que va corrigiendo con un pequeño bolígrafo. Es toda una imagen de concentración.

De Calvino admiro su rompimiento con todo lo que escribió anteriormente, con el realismo, y cómo se lanza a crear su trilogía “Nuestros antepasados”, que es un prodigio de audacia y de fantasía. Y también de humor. Y me atraen también sus “Seis propuestas para el próximo milenio”. Todo lo que sea creación audaz, nuevos caminos, me ha interesado siempre.

 

 

Me detengo igualmente ante esta otra fotografía colocada en otro  ángulo de la habitación. Se trata de Virginia Woolf sentada en la butaca de su cuarto, escribiendo. Se la hizo su marido, Leonard Woolf, en 1932, cuando ella tenía cincuenta años. Está aquí, en esta habitación de madera en su casa de campo, en Monk ‘s House; sentada en esta butaca tapizada en estampado a cuadros, con un almohadón para apoyar los hombros, cerca de una ventana que da al jardín. Son los meses en que empieza a concebir “Los años” y los meses también en que está escribiendo su novela sobre un perrito, “Flush”.

He admirado siempre a Virginia Woolf. He admirado su audacia como escritora, su constancia, su lucha por concentrarse en la creación a pesar de todos sus problemas.

Un año antes de esta foto había publicado “Las olas”, que había sido muy elogiada. Pero en ese año de 1932, en julio, había sufrido un desvanecimiento y su corazón, como ella decía mientras escribía con rapidez, se le desbocaba como un caballo.

Dos fotografías que suelen acompañarme. Dos recordatorios de concentración”.

José Julio Perlado – ( del libro “Relámpagos”) (texto inédito)

(Imágenes- 1- Italo Calvino – Sebastiao Salgado/ 2- Virginia Woolf – por Leonard Woolf)

Read Full Post »

 

 

“Me gustaba leer aquí. Una acercaba  la mecedora maltrecha a la ventana, para que la luz cayera sobre la pågina – escribe Virginia Woolf  en uno de sus Ensayos – A veces, la ensombrecía la silueta del jardinero que cruzaba el prado (…) Había damas altas que entraban y salían de la casa (…) Pero nada me distraía del libro (…)  De una u otra manera el libro se sostenía como si se apoyara en los setos, y el azul lejano; me parecía, en lugar de un libro, algo que no estaba impreso, ni encuadernado, ni cosido sino que era producto de los árboles, de las colinas, del caliente día de verano, como el aire que flota, en las mañanas claras, alrededor de las cosas (…) Los grandes escritores son crueles, como la naturaleza lo es. En cuanto a que Cervantes supiese qué estaba haciendo, quizá los grandes escritores nunca lo saben. Quizá por eso los que vienen después encuentran allí lo que buscan.”

“¿Te dije que estoy volviendo a leer toda la literatura inglesa? – le  escribe a Ethel Smyth en febrero de 1941 – Para cuando llegue a Shakespeare estarán cayendo bombas. De modo que he arreglado una última escena perfecta: leyendo a Shakespeare y habiendo olvidado mi máscara de gas (..) Ayer abatieron a un bombardero del otro lado de Lewes. Yo iba en bicicleta a conseguir nuestra mantequilla, pero sólo escuché un zumbido en las nubes. Como tú dirías, ¡ gracias a Dios que nuestros padres nos legaron el gusto por la lectura! En lugar de pensar: para mayo estaremos…como sea, pienso: !sólo tres meses  para leer a Ben Jonson, Milton, Donne y el resto (…) Ya no puedo controlar mi cerebro. Leo y leo como un asno describiendo círculos en torno a un pozo.”

 

 

(Imágenes -1- Virginia Wool – foto Gisele Freund/2-James C Christensen)

Read Full Post »

 

 

“Estoy muy confusa mientras escribo mi libro, y creo que sería mejor si fuera representado. Debería convertir el final en una obra de teatro para que actúes en ella – le escribe Wirginia Woolf a Angelica Bell en 1935 -. Una parte es buena. La mayoría es mala. Es demasiado larga. Y además tengo que ponerme a escribir sobre Roger Fry. Por lo menos eso es lo que quiere Nessa.  Y Margery Fry me ha dado montones de cartas; y todos sus diarios; cómo cenaba fuera o iba a París. ¿Crees que es posible escribir la vida de alguien? Lo dudo. Porque las personas no se están quietas. Aquí estás tú, por ejemplo, paseando por las Tullerias; comprando collares; mirando el atardecer; y escribiéndome; dime, ¿cuál de ellas eres tú?”.

(Imagen – Virginia Woolf a los 18 años)

Read Full Post »

 

 

Jane Austen tenía la figura alta y esbelta, su paso era ligero y firme y toda su apariencia rebosaba de salud y animación – así la evoca Somerset Maugham recordando a su biógrafo-. Poseía una piel de tono moreno claro de rico color; tenía las mejillas redondas, nariz y boca pequeñas y bien formadas, brillantes ojos castaños y cabello del mismo color, que formaban naturales rizos en torno a su rostro”. Virginia Woolf  la dedicó varios textos, entre ellos un ensayo publicado en “Nation and Atheneum” en diciembre de 1923 en el que escribe : ” el equilibrio de sus dotes era singularmente perfecto. Entre sus novelas terminadas no se encuentran fracasos , y, entre los capítulos de cada una de estas novelas, pocos hay que sean notablemente inferiores a la calidad de los restantes. Pero, a fin de cuentas, Jane Austen murió a los cuarenta y dos años de edad. Murió en el momento culminante de su capacidad de escritora, y cuando aún no había experimentado estos cambios que, a menudo, determinan que el último período de la carrera de un escritor sea el más interesante. Vital, incoercible, dotada de una inventiva de gran fuerza, no cabe la menor duda de que, si hubiera vivido unos años más, hubiera escrito más, y es tentador pensar  si acaso no hubiera escrito de manera diferente”.

 

 

Naturalmente todos los que se acercan a la vida de Jane Austen tienen que acercarse también a la de su hermana Cassandra a la que dirigió tantas cartas. Jane Austen escribía sus cartas en una primera hoja normal y luego la ponía apaisada y escribía de nuevo de través, aprovechando los huecos, método que ahorraba papel pero agotaba el ojo, como ha señalado algún comentarista. “Creo que Austen escribió cartas mejores que las que otras personas como ella habrían sido capaces de escribir”, declaró el profesor John Mullan dedicado desde hace años a estudiar la figura de Jane. Sobre las cartas de la novelista ha habido opiniones para todos los gustos: desde quienes las encuentran aburridas hasta quienes, como Maugham, opinan que están llenas de naturalidad. ” Las mujeres solteras – decía en una de ellas – tienen una terrible propensión a ser pobres, lo cual representa un muy fuerte argumento en favor del matrimonio”.Mr. W. tiene veinticinco años, no es mal parecido y nada agradable. No tiene nada más.  Unos modales fríos y caballerosos, pero es muy silencioso. Dicen que su nombre es Henry, una prueba de la desigualdad con que los dones de la fortuna son repartidos. He visto a muchos que se llamaban John o Thomas que son mucho más agradables”.

Maugham recuerda que los Austen no eran ni pobres ni ricos. La señora Austen y sus hijas se hacían casi todos sus vestidos, y las muchachas confeccionaban las camisas de sus hermanos. ” Los planes eran sencillos y representaba un gran acontecimiento el baile dado por alguno de sus encumbrados vecinos. En Inglaterra, en aquella lejana época, había centenares de familias que vivían aquella vida apacible, casera y decente. ¿No es extraño que en el seno de una de ellas, sin ritmo ni razón, naciera una novelista soberbiamente dotada?”.

 

(en recuerdo de Jane Austen, cuando en estos días se cumplen dos siglos de su muerte)

(Imágenes-1- residencia donde vivió Jane Austen sus últimos ocho años- hoy museo- wikipedia/ 2- imagen de una sociedad de la época. wikipedia/ 3- Jane Austen- Wikipedia)

Read Full Post »

 

vestidos-mmuy-espacio-madrid

 

Virginia Woolf, además de sus Diarios y novelas, proyectó su interés a muy diversos temas de costumbres, como por ejemplo el de la moda y los modales en el siglo XlX. “La vestimenta de una mujer –escribe – es tan sensible que, lejos de buscar una determinada influencia explique sus transformaciones, hemos de buscar millares. La inauguración de una línea férrea, la boda de una princesa, el prendimiento de un canalla, son acontecimientos externos que dicen mucho de la ropa femenina (…) Despertamos una mañana y encontramos las tiendas llenas de lo que está de moda; pronto inunda las calles. Al pasar las páginas ilustradas de las revistas se vé cómo interviene el espíritu. Viaja sin cesar sobre el cuerpo. Comienzan a crecer las faldas, hasta formar una cola de más de un metro y medio, que se arrastra por el suelo; de pronto el espíritu salta al cuello y crea una gorguera gigantesca, al tiempo que la falda se acorta hasta las rodillas; entra en el cabello, que de inmediato se alza como los pináculos de la catedral de Salisbury; aparece una cierta hinchazón a la altura de la falda; crece de un modo alarmante; al final es preciso insertar un bastidor para que soporte tantos volantes; acto seguido son los brazos, que imitan pagodas chinas; los aros de acero hacen lo posible por darles alivio. El cabello, entretanto, ha vuelto a su ser. A la dama se le han quedado pequeñas todas las capas y capellinas y solo un echarpe de gran tamaño valdrá para abrigarla. Sin previo aviso, todo el tejido se arruga; el espíritu impregna a la emperatriz Eugenia una noche, en enero de 1859, y le aconseja que prescinda del miriñaque. En un visto y no visto, las faldas de toda Europa desaparecen, y con un fruncimiento en los labios, con modales cáusticos, las damas pasan por las calles con faldas bien ceñidas a la altura de las rodillas, en vez de nadar como antes.

 

vestidos-nhu-imagen-de-la-pelicula-ana-karenina-wall-street-international

 

La moda trató  con más discrección a los hombres, y sobre todo se fijó en sus piernas. No obstante, existía una gran empatía entre ambos sexos. Cuando las faldas se parecían a los globos, los pantalones se henchían; cuando menguaban, él usó corsé; cuando el cabello femenino era gótico, el masculino era romántico; cuando ella llevaba vestido de cola, él arrastraba la capa por el suelo. Hacia 1820, el chaleco era más ingobernable que ninguna de las prendas femeninas; en cinco ocasiones a lo largo de ocho meses cambió de forma; durante mucho tiempo la corbata preservó un lugar para las joyas cuando hubo que rivalizar con las gargantillas..”

Y así proseguía evocando la moda Virginia Woolf para The Times Literary Supplement en 1910, sentada en su butaca cerca de la pequeña ventana donde  ella solía ponerse a escribir.

 

vestidos-in-wikimedia

 

(Imágenes .- 1-espacio Madrid/ 2.-imagen de la película “Ana Karenina”-Wall Street international/ 3.-trajes- wikimedia)

Read Full Post »

cartier-iun-truman-capote-1stdibs-com

 

El silencio interior de una víctima que consiente”. Esto es lo quería captar Henri – Cartier Bresson cuando retrataba a un escritor – así lo recuerda el periodista francés Pierre Assouline -. A pesar de sus descripciones limitadas, Bresson nunca fue anecdótico. Había conocido a Truman Capote en Nueva York a finales de los años cuarenta. Capote en aquel tiempo no había publicado más que cuentos. El escritor tenía admiración por el fotógrafo. Y fue un Capote vegetal el que Bresson quiso  ver.

 

cartier-tyb-jung-mientras-59-rssing

 

Por otro lado, Cartier- Bresson nunca ametralló con su fotografía, no agredía, no bombardeaba. Apenas veinte minutos con cada escritor, una simple visita de cortesía, el tiempo de una conversación para conseguir mejor lo insólito.

 

cartier-nyu-ezra-pound-oscarenfotos-com

 

A Ezra Pound lo encontró Bresson en un palacio veneciano, en 1971, donde un aristócrata le estaba dando a Pound asilo poético. El fotógrafo se arrodilló casi una hora a los pies del poeta alucinado, sin que ni uno ni otro pronunciaran palabra. Una hora de silencio absoluto, cara a cara, mientras Pound se retorcía las manos y cerraba los ojos.

 

fotografia-yybber-cartier-bresson

 

Cartier-Bresson fue igualmente un gran lector. Amaba a los escritores y éstos le apreciaban puesto que el fotógrafo hablaba siempre bien de sus libros. Nunca había dejado de leer y sobre todo de releer. El gran fotógrafo llevaba siempre un libro de 10 francos en el bolsillo dispuesto a releerlo o a ofrecerlo a quienes visitaba.

 

freund-nij-henri-matisse-intercepted-by-gravitation

 

Como también una gran lectora y extraordinaria fotógrafa de escritores fue Gisèle Freund, que afirmaba: “el ojo no es nada si no hay alguien detrás“. Cada uno de sus rostros – así lo sigue recordando Assouline– cuenta una historia. Había planeado sus retratos una tarde de 1939 en la librería de Adrienne Monnier, en la rue Odeón. No usaba estudio, ni aplicaba retoques, solamente una cierta mirada. Su ambición era realizar una galería de retratos en colores de los escritores que se mostrara hoy como cuadros: el escritor destacando sobre el aspecto técnico de la fotografía.

Se ha dicho que la historia literaria del siglo XX tiene una deuda con estos retratos ya que lo que Freund  ha captado y restituido ningún otro lo ha sabido hacer, ni siquiera los ensayistas, los periodistas o los críticos. Ella leía a los escritores y los escritores lo sabían, siempre lo notaban cuando ella hablaba inteligentemente de sus libros. Victoria Ocampo, Henri Matisse, Marguerite Yourcenar, Eliot, Malraux, Virginia Woolf, Joyce… son algunos de sus ejemplos.

 

freund-nhy-virginia-woolf-garuyo-com

 

(Imágenes- 1- Truman Capote- Cartier Bresson/ 2.- Carl Jung- mientras 59 rssing/ 3.- Ezra Pound- Cartier Bresson/ 4.- Henri Cartier-Bresson/ 5.- Henri Matisse- Gisèle Freund- intercepted by gravitation/ 6.- Virginia Woolf- Gisêle Freund.-garuy com)

Read Full Post »

Older Posts »