NIEBLA

 

 

“Niebla por todas artes. Niebla río arriba, donde mana entre verdes islotes y praderas; — escribe Dickens en “Casa desolada” — ; niebla río abajo, donde ondula viciada entre las hileras de embarcaciones y por la contaminada ciudad, grande y sucia, que se extiende al borde del agua. Niebla entre los marjales de Essex, niebla en los cerros de Kent. Niebla reptando por las chimeneas de los barcos carboneros, niebla densa en los muelles, flotando entre los aparejos de los grandes navíos; niebla que cae sobre las barcazas y botes. Niebla en los ojos y gargantas de los viejos pensionistas de Greenwich, que resuellan junto  al hogar de sus guardianes; niebla  en la pipa que por la tarde fuma el colérico patrón; niebla que pellizca con crueldad los dedos de los pies y las manos del tembloroso grumete que está en cubierta. La gente vaga por los puentes, asomándose desde  las barandillas a los cielos desplomados en la niebla, mientras esta los envuelve  a todos, como si colgasen de un globo y pendieran de las brumosas nubes+.

(Imagen— Alfred Cohn- 1920)

VIAJES POR EL MUNDO (41) : UN TÉ INGLÉS

 

En casa de la señora Wyndham — recordaba Isadora Duncan —asistí por primera vez a un té inglés. Estas reuniones en torno a la chimenea tienen un encanto inimitable, con el té negro en las tazas, las rebanadas de pan con mantequilla, la niebla amarillenta al otro lado de las ventanas y la civilizada parsimonia de las voces inglesas.  Una atmósfera mágica de seguridad, de cultura, de bienestar impregna la casa inglesa. Fue igualmente en casa de los Wyndham donde pude observar por primera vez el singular comportamiento de los criados ingleses, que se mueven con una especie de aristocrática seguridad, no desprecian su condición ni tratan como en América de ascender en la escala social, sino que se sienten orgullosos de servir a las “grandes familias”, como hicieron sus padres y como harán sus hijos. Éste es uno de los elementos que infunden calma y seguridad a la vida.”

 

 

(Imágenes-: — 1–Raoul Dufy- 1919/ 2- Albert Goodwin)

DE NUEVO CAMBA

 


“El guarda inglés es inflexible, majestuoso, formidable (…) , parece uno de esos figurines alegóricos y decorativos que, en el pórtico de un palacio, nos imponen antes de entrar, una actitud de respeto y recogimiento —escribía Julio Camba en su libro “Londres” —. Alguna vez he tenido precisión después preguntarle a un guardia por una calle; me he acercado a él y he mirado hacia arriba. El guardia tenía la cabeza levantada y no me veía. Le he llamado y he formulado mi pregunta. Entonces el guardia, sin mover la cabeza para mirarme, me ha contestado minuciosamente, y cuando yo me he ido, se ha quedado en la misma actitud, inmóvil e impasible. Y es que, cuando uno le pregunta a un guardia inglés, el guardia inglés no le contesta a uno: le contesta a la sociedad.”

Ahora se reeditan una colección de crónicas y artículos de Camba bajo el título  “Ni Fuh ni Fah” y en ellos podemos volver a visitar el humor y la observación de uno de los mejores periodistas españoles. El que escribía por ejemplo: “ yo sintetizaría así la historia de Rusia: primero, clases; luego, lucha de clases y al final, todo cuarta clase.” O bien: “ hay quien cree que la distinción de los ingleses es una cosa de raza o temperamento, pero lo que pasa es, sencillamente, que son los inventores del ocio.”

 

 

(Imágenes —1-  elídeal es/2- Londres- estate colección)

CERVEZAS Y PALABRAS

 

La antología que publica Visor, “La cerveza, los bares, la poesía”, nos lleva a muchas vivencias y lecturas entremezcladas.  Sesenta  mil pubs tiene Gran Bretaña y sirven cada día catorce millones de pintas, dando la razón, según recuerda Ignacio Peyró en su libro sobre Inglaterra, a la frase de Samuel Pepys señalando que esos establecimientos son “el corazón de Inglaterra”  y a los carteles de innumerables pubs indicando que “ no hay nada que el hombre haya inventado todavía que le dé tanta felicidad como una buena taberna”.  Prosigue Peyró evocando cómo “Orwell dijo que nunca había visto un pub que cumpliera con todos los requisitos de su imaginación. Más tarde, en los años sesenta, denunció un bebedor de tanto hígado como Kingsley Amis el hecho de que el pub rápidamente “ se volviera inhabitable”. Los emporios cerveceros desplazaron a los pequeños elaboradores y comenzaron las quejas: “la cerveza ya no es cerveza”, porque está diseñada “para que sepa a lo mismo en todas partes”.

El francés Jean-Francois Revel cuenta en “Un festín en palabras” — su  historia literaria de la sensibilidad gastronómica —-que los mismos egipcios eran grandes bebedores de cerveza y sus esculturas nos muestran escenas de vendimia y vinificación. El hombre, recuerda Revel, ha utilizado todo tipo de frutas, bayas y jugos fermentados para la confección de bebidas alcohólicas. Peras silvestres, manzanas, frambuesas, moras, fresas igualmente silvestres, uvas de viñas silvestres han sido aplastadas y dejadas el tiempo necesario para su fermentación. Apicio, añade, ya se hace eco de un vino de dátiles, higos o granadas.

Brillat-Savarin a su vez, en su “Fisiología del gusto” , recuerda que se ha bebido y cantado el vino durante muchas centurias, antes de sospechar que fuera posible extraer de él la parte espirituosa que constituye su fuerza; pero cuando los árabes nos enseñaron el arte de la destilación , que habían inventado para extraer el perfume de las flores, especialmente el de la rosa, tan celebrada en sus escritos, se empezó a creer que era posible descubrir en el vino la causa de la exaltación de sabor que da al gusto una excitación tan particular.

Y es en esa satisfacción que tantas veces produce el vino y la cerveza donde se alzan las palabras.

 

 

(Imágenes—1-naturaleza muerta con vaso de cerveza y panecillos/ 2- Francisco Ayala en el café Gijón -1930)

LONDRES VACÍO EN 1665

 

“Leo en el “Diario “ de Samuel Pepys, miembro del Parlamento, Londres 1665:

8 de agosto de 1665:

”Trabajé un poco en mi oficina y luego a casa del Duque de Albemarle, por ciertos negocios. Las calles, vacías durante todo el trayecto, ahora hasta en Londres, lo que constituye un penoso cuadro.

10 de agosto:

A la oficina, donde nos quedamos toda la mañana, impresionadísimos  por la forma en que aumenta el boletín de mortalidad: más de tres mil defunciones esta semana.

12 de agosto :

En adelante, la oficina no estará abierta  más que el jueves, de modo que permanecí en casa toda.la mañana, poniendo mis documentos en orden. El Lord Mayor ordena al pueblo que no salga después de las nueve, a fin de que los enfermos puedan ir a tomar aire. Se produjo un deceso en Deptford, a bordo de uno de nuestros navíos, el Providence, que acababa de equiparse para zarpar. El acontecimiento nos inquieta mucho.

16 de agosto:

A la oficina, para escribir cartas. Luego estuve en la Bolsa, donde no concurría últimamente. Señor, ¡ qué triste escena la de las calles vacías y la Bolsa casi desierta! Toda casa cerrada parece sospechosa, siempre se recela que sea a causa de la epidemia. De cada tres negocios, hay dos cerrados, si no más.

 

28 de agosto:

No iba a la ciudad desde hace algunos días. En la Bolsa conté apenas  cincuenta personas. En consecuencia,  pienso decir adiós  a las calles londinenses.

 

30 agosto :

Me levanté temprano, salí y encontré a Hadly, nuestro empleado. Me dijo que la epidemia  aumenta aceleradamente, sobre todo en nuestra parroquia. “Han muerto nueve personas, pero no he inscrito  más que seis”. Muy mal proceder, a mi juicio. Esto me induce a creer que lo mismo ocurre en todas partes y que la epidemia, así pues, es más grave de lo que se calcula. Los transeúntes son tan raros que uno cree habitar una ciudad abandonada.

 

 

 

(Imágenes — 1- Londres : Albert Goodwin/ 2- Londres: Giuseppe de Nitis)

VIAJES POR EL MUNDO (32) : EN LA CITY DE LONDRES

 

 

“Quién me mandó ir a Londres en auto? ¿Dónde comienza la ciudad? — cuenta Saúl Yurkievich en suRimbomba” —. Supongo que en medio de la maraña de calles, y que por alguno de estos vericuetos llegaré. Una flecha señala la City: la sigo zigzagueando entre paredones y fábricas, entre fachadas oprimentes. Inacabable dédalo. Circulo por la izquierda, concienzudamente trato de reprimir mis reflejos que me empujan por la derecha. Busco nombres conocidos; tomo una avenida que desemboca en una inmensa rotonda y veo un cartel que indica Westminster Bridge; es un poco tarde para doblar, pero lo intento, intercepto el paso a conductores impasibles y a camioneros que me insultan y me lanzo en dirección al puente. Por la derecha, por supuesto. Choco de frente con un sólido auto británico; siento la estruendosa sacudida; me bajo atontado, desubicado.”

(Imagen – Londres- 1951 -foto Robert Frank)

LONDRES, INGLATERRA

 

 

El día en que se va el Reino Unido  de la Unión  Europea, repaso visiones de Londres reflejadas en el interesante libro de Ignacio Peyró, “Pompa y circunstancia”:  “A una ciudad de tanto teatro , de Shakespeare a Scaramouche, le va bien la imaginación dickensiana, que equipara su historia a “una espectacular obra de teatro en la que los actores son los grandes y los humildes; los felices y los desdichados; los sabios y los ignorantes; hombres y mujeres que de verdad vivieron y  murieron.” Dickens no vio en plenitud el altiplano gozoso del Londres victoriano e imperial, el burbujeo de gozo y lujo del Londres eduardiano; echamos de menos su pluma para narrar el Londres acosado por el “Blitz”, el despertar de la posguerra, la crisis de los sesenta. Destino perpetuo “para turistas ricos”, el Londres de hoy, sufriente con bombas y atentados, exitoso en sus Juegos, se apega con pasmosa fidelidad a su mudanza. Morand entronca su camino con el de los propios ingleses : salvarán el genio de su capital en la medida en que ellos sepan conservar sus propias virtudes.

 

 

Londres creció porque supo engullir y atraerse lo mejor de Inglaterra —ya Defoe dijo que todo el reino manda a Londres sus provisiones y sus gentes —, pero también porque supo ofrecerse como patria de todos los exilios: ha sido nido sucesivo de hugonotes, judíos, pakistaníes, resistentes y expatriados de mil causas, de anticomunistas del Este a liberales españoles o nacionalistas griegos.

Algunos de estos recién llegados fueron egregios, como el Rimbaud que se acogía en el Museo Británico porque tenía calefacción y papel gratis. Todavía  hoy es difícil encontrar londinenses en Londres: todo el mundo ha sido acogido y rebautizado en una ciudad que, si ofreció licencia, es porque también fue siempre un lugar de libertad para los propios y los ajenos. Fueron muchos los profetas que encontraron en Londres un lugar para madurar sus utopías, pero no un lugar para llevarlas a cabo.

Estos son sabidurías de la vieja ciudad liberal, donde Boswell podía permitirse correrías inauditas  y — según Melville—uno lograba desaparecer como si se hallara en los mares del sur.

 

 

(Imágenes—1- Robert Frank – 1951/ 2- Grace Gollen/ 3-Giuseppe de Nitis)

ATARDECER EN LONDRES

 

“Un atardecer gris, seco y polvoriento en la City de Londres tiene un aspecto poco prometedor. Las tiendas y las oficinas cerradas parecen muertas, y el terror nacional por los colores les da un aire de luto. Las torres y los campanarios de las numerosas iglesias asediadas por las casas, oscuras y ahumadas como el cielo que parece caerles encima, no disminuyen la desolación general; un reloj de sol en la pared de una iglesia, con su sombra negra ahora inútil, parece una empresa que hubiera quebrado y suspendido los pagos para siempre. Melancólicos deshechos de guardianes  y porteros barren melancólicos deshechos de papeles en las cunetas donde otros melancólicos deshechos se agachan a hurgar, buscar y revolver esperando descubrir algo para vender.”

Charles Dickens– “Nuestro común amigo”

(Imagen- John Atkinson Grimshaw)

NIEBLA

 

ciudades.-7juuj.- Londres.-21 enero 1939-foto Kurt Hutton.-Images Picture Post.-Getty

 

“La niebla es cómoda. Transforma la ciudad en una enorme bombonería. La niebla une e invita a la vida doméstica. El amor queda también favorecido por la niebla, encerrado y tibiamente humano (…) En la niebla pasan mujeres y jovencitas bajo sus capuchas. Un aliento ligero flota en torno a sus narices y a su boca apenas cerrada. Los ojos brillan bajo los sombreros. ¿Ha llegado el tiempo de las noches danzantes? ¡ Yo te conozco bonita máscara! Seguir a esas máscaras hasta las habitaciones, encontrarse con ellas ante los prolongados espejos de un salón, entre los muebles “graves” que hacen familia, mientras que la niebla fuera presiona contra la ventana y, discreta, silenciosa, protege el espacio.

Se comprende por qué en el Norte la voluntad de vivir es tan fuerte. La muerte también es menos brutal en las ciudades con niebla, ella que suele ser tan cruel en las ciudades con sol”.

Alberto Savinio.-Ciudad, escucho tu corazón” (1944)

 

ciudades.-ttynn.-Nueva York en la niebla.-Mike Dillingham

 

(Imágenes.- 1.- Kurt Hutton– Londres, enero 1939- images. picture-post. getty/ 2.-Mike Dillingham. Nueva York

INTIMIDAD DE DICKENS

 

 

ciudades.-9y55g.-Londres.-Piccadilly.-1875.-Giuseppe de Nittis

 

” A Dickens le horrorizaba estar solo – cuenta André Maurois en su biografía -; hasta en pleno trabajo tenía necesidad de sentir alrededor de él a su familia, deseaba encontrarla en las comidas, le gustaba ser consultado por ella sobre los menores detalles. Todo le interesaba en la casa, hasta lo que de ordinario es trabajo de las mujeres. No se clavaba un clavo sin su consentimiento. Mostraba interés por los juegos de los niños, sus representaciones teatrales, la organización de una comida, un partido de crickter en el pueblo : él era el centro y el alma de todo. Si sus hijos o un criado estaban enfermos, era él el mejor doctor; daba tal

 

ciudades-yh-Londres-Walter Riddle-mil ochocientos setenta y uno

 

impresión de fuerza, que bastaba que entrase en la habitación del enfermo para que éste se sintiese reconfortado. Era el recinto de su intimidad. Ahora el cine aborda alguna otra intimidad de Dickens y si se repasan las interesantes páginas que a Dickens dedica el gran crítico italiano Pietro Citati en “El mal absoluto” veremos también cómo esa intimidad se abre y se vierte en Londres, esa “inmensa linterna mágica” de la ciudad de la que surgen todos sus personajes. Una vez dijo Dickensy lo recuerda Citati – “que quien escribe novelas es un enfermo encerrado en casa en una de las pequeñas calles de Londres, obligado a escuchar por las noches todos los ruidos de los viandantes, su continuo pasar de un lado a

 

 

ciudades-vfv- Londres- William Logsdail- mil ochocientos ochenta y cuatro

 

otro, aquella incesante agitación, aquel ininterrumpido roce de pies que dejaba lustrosas y pulidas las piedras…” Londres fue uno de  los amores de Dickens  y Citati recoge lo que algunos han dicho del escritor: que jamás quiso de verdad a ningún ser humano y que su relación con el público fue ” la más importante historia de amor de su vida”. Los lectores norteamericanos leían los capítulos de sus novelas con algunas semanas de retraso y, en cierta ocasión, cuando un barco inglés atracó en el puerto de Nueva York se encontró rodeado por un gentío que preguntaba ansiosamente a los pasajeros por un personaje: “¿Ha muerto Nell?”, interrogaban.

 

ciudades.-8yynnm-Londres.-ilustración de David Copperfield de Dickens.-por Frank Reynolds.-Mussson Book Co.

 

Al final de su vida se quejaba incomprensiblemente de la soledad. Se ha recordado que nadie tuvo más éxito que él con los amigos, entre los cuales figuraban Carlyle, Bulwer Lytton, Tennyson o Thackeray, y el público de todas las clases sociales le adoraba. En Dublín, por ejemplo, en una de sus lecturas públicas, se pagaron las butacas a cinco libras esterlinas en aquella época, y en la primera semana de Boston, en 1867, percibió 9000 dólares.

 

ciudades-bbfr-Londres- John Thomson-mil ochocientos setenta y siete

 

 Dickens dio corporeidad imaginativa a la niebla londinense, a los coches de posta,  y al río “rápido y opaco” en el que “se asienta pensativa la noche de invierno.”

 

ciudades.-5990.-Londres.-William A. Fraser.-1898.-Columbus Circle

 

“En mis publicaciones – quiso añadir en su testamento – están mis títulos de opción al recuerdo de mi patria.” Y Anthony Trollope dijo de él:  Dickens profesaba “una profunda devoción por la literatura en todas sus variedades, y su fe en ella encerraba una verdadera convicción.”

 

 

estaciones.-44h.- primavera.-Londres.-Camille Pisarro.-1890

 

(Imágenes.-1.-Giuseppe de Nittis– Picadilly- 1875/ 2.-Walter Riddle– 1871/ 3.-William Logsdail-St Paul – 1884/ 4.-Frank Reynolds- ilustración para David Copperfield- musson books/ 5.-John Tomson- 1877/ 6.-William Fraser– 1898/ 7.-Londres- Camille Pisarro– 1890)

 

 

 

 

 

EN LONDRES

jardines.-4ded.-Hans Wild- ciudades.-Londres 1946

“Nadie puede decir que se me ausenta

tu recuerdo.

Nadie. Ni todo Londres. Ni las voces

del viento.

He andado casi alegre en estos días,

por criptas y museos

y verdísimos parques, contemplando

callados monumentos.

Y entre las multitudes

cuando menos

evocaba tu imagen, te veía

viniéndote

a mi lado, y marchando

en silencio.

Siempre igual, oh implacable

repetición de ayeres en los hoy de mi tiempo”.

Hugo Rodríguez- Alcalá.” En Londres”

ciudades.-58hhu.-Londres.-Herbert Menzies Marshall.-1841- 1913

(Imágenes.-1.-.-Hans Wild.-.Londres 1946/2.-Herbert Menzies Marshall)

EN MI FIN ESTÁ MI PRINCIPIO

Aunque hace dos días cité en Mi Siglo a Eliot, hoy vuelvo a tomar el recorrido que va haciendo Cees Nooteboom a lo largo del mundo en sus “Tumbas de poetas y pensadores” y acompañándole en sus minuciosas y enamoradas visitas, me detengo, admirado como siempre, ante estos versos del gran poeta inglés:

“En mi principio está mi fin. Las casas

se suceden: se levantan y caen,

se derrumban, se amplían y trasladan,

se destruyen, se restauran, ocupa

su lugar el campo abierto, una fábrica,

el camino. Vieja piedra al edificio

nuevo, leña vieja a los nuevos fuegos,

fuegos de antaño a la ceniza

y las cenizas a la tierra, carne ya,

pelo y excremento, hueso de hombre

y bestia, hoja y tallo de maíz.

Las casas viven, mueren: hay un tiempo

para edificar y para la vida

y la generación y un tiempo

para que el viento rompa el vidrio suelto,

sacuda el zócalo por donde trota

el ratón y el andrajoso tapiz

donde tejieron callada leyenda

(…)

El hogar es el punto del que partimos. Vuélvese

más extraño el mundo a medida que envejecemos,

más complicada la trama de muertos y vivos.

No el vívido instante aislado sin después ni antes,

sino el arder constante de una vida,

y no la sola vida de un hombre, sino de viejas

piedras que nadie sabe descifrar. Hay un tiempo

para la noche bajo la luz de las estrellas

y un tiempo para la noche a la luz de la lámpara

(noche del álbum de fotografías).

Es más él mismo el amor cuando aquí

y ahora deja de importar.

Los viejos deberían ser

exploradores, aquí y allí

no importa, debemos quedarnos quietos

y movernos hacia otra intensidad

para lograr mayor unión, una comunión

más profunda en la fría desolación oscura,

entre los gritos del viento y la ola,

en las aguas inmensas del petrel

y la marsopa. En mi fin está mi principio”.

T. S. Eliot.- “East Coker” (traducción de Esteban Pujals Gesalí)

Después de la muerte de Eliot en enero de 1965 – como así lo cuenta su biógrafo Peter Ackroyd – su viuda, Valerie Eliot, declaró que “creía que había pagado un precio demasiado alto para ser poeta, que había sufrido demasiado”. Y dos años antes de su muerte ella le dijo al excelente crítico literario y artístico Herbert Read que la mejor parte de su poesía le había costado mucho en términos de experiencia.

Una experiencia que tocó muchas veces las fibras del alma.

(Imágenes.-1.-T-S Eliot- answers .com -Getty Images. Inc/ 2.-Londres-.foto-Keystone.- Hulton Archive.-Getty images.-diciembre 1952/ 3.-Londres .enero 1947 –Hans Wild/ 4.-.-Abelardo Morell.-Camera obscura imagen del Támesis en el interior de la oficina.-2001.-Bonni Benrubi Gallery-bonnibenrubi.com)

PALABRAS AMARILLLAS, PALABRAS BLANCAS

“Son palabras blancas“, dijo Susan, “como los cantos rodados que se encuentran en la playa”.– escribe Virginia Woolf en “Las olas“.

“Mueven la cola a derecha e izquierda cuando les habla”, dijo Bernard  (y así se expresa en esa misma novela). “Menean las cola, agitan la cola, se mueven por el aire en rebaño, ahora aquí, ahora hacia allá, avanzan juntas, ahora se separan, ahora se reúnen”.

“Son palabras amarillas, son palabras flamígeras”, dijo Jinny. “Me gustaría tener un vestido llameante, un vestido amarillo, un vestido leonado, para ponérmelo, para ponérmelo por la noche”.

El color destaca en esta novelista inglesa de modo indudable.”Ahora se han ido todos, dijo Louis. “Estoy solo. Todos han entrado en la casa para desayunar, y he quedado en pie junto al muro entre las flores. Es muy temprano, antes de las clases. Flor tras flor puntean la profundidad verde. Los pétalos son arlequines. Los tallos surgen de los negros hoyos. Las flores nadan como peces de luz, en la superficie de las oscuras aguas verdes. Sostengo un tallo en la mano. Soy el tallo. Mis raíces descienden hasta las profundidades del mundo, a través de tierras secas, de roca, a través de húmedas tierras, de vetas de plomo y de plata. Soy todo fibra. Todos los temblores me estremecen, y el peso de la tierra oprime mis costillares. Aquí, mis ojos son hojas verdes que no ven. Soy un chico vestido de franela gris, con un  cinturón de hebilla en forma de serpiente, aquí. Allá, abajo, mis ojos son los ojos sin párpados de una estatua de piedra en un desierto junto al Nilo. Veo mujeres que pasan, con cántaros rojos, camino del río”.

Son los colores los que que dan un tono especial a esta novela  de Virginia Woolf, como serán los sonidos en otros paisajes y en diversos novelistas  (se ha hablado, por ejemplo, de “la gran oreja” de la francesa Nathalie Sarraute, – del  rumor que retiene su prosa – o de lo visual en Robbe-Grillet). Paisajes y ciudades quedan apresados por distintos estilos y en el caso de “Las olas”– como recordó el crítico Ralph Freedman – “los poemas en prosa describen simultáneamente un ciclo del alba al anochecer, de la primavera al invierno, del amanecer de la historia a su declinamiento e inminente perdición. (…) El sol pasa por todas las fases en las que, por ejemplo, el calor de la cosecha de verano se identifica con el intenso calor de las primeras horas de la tarde”.

Son los sentidos en la literatura: son el ojo, el oído y la voz.

(Imágenes.1.-Norman Bluhm/ 2.-Isaac Layman.-2011.-Frye Art Museum/ 3.-Grace Gollen.-Hampstead Road.-1934.-petipoulailler/4- Giuseppe de Nittis.-/5.--Pete Turner.-Time Square 1958/ VirginiaWoolf en Monk.-Sussex)

ESCENAS DE LONDRES

“El encanto del Londres moderno consiste – decía Virginia Woolf – en que no ha sido construido para durar, ha sido construido para pasar. Su vidriosa calidad, su transparencia, sus altas olas de yeso coloreado dan un placer y alcanzan unos resultados que son diferentes de aquel placer y aquellos resultados que deseaban y perseguían los antiguos constructores y sus clientes, la nobleza de Inglaterra. Su orgullo les exigía la permanencia. Nuestro orgullo, al contrario, parece complacerse en demostrar que somos capaces de lograr que las piedras y los ladrillos sean tan transitorios como nuestros deseos”.

“No construimos para nuestro descendientes, que quizá vivan en las nubes o bajo tierra, sino para nosotros y para nuestras necesidades. Derribamos y construimos de nuevo tal como esperamos ser derribados y ser de nuevo construidos. Este es un impulso que favorece la creación y la fertilidad. Se incita al descubrimiento y se pone la invención alerta”.

Todos los tipos de Londres, sus calles, sus casas, sus discursos y sus nieblas, son retratados en las páginas de los escritores y a a su vez se dejan retratar por las cámaras de los fotógrafos. No se sabe quién llega antes, si el fotógrafo o el escritor, y sobre todo quién llega más profundo, quién puede llegar más lejos, si las palabras o las imágenes.

Escenas de Londres narradas por el ojo de  Virginia Woolf,

Escenas de Londres recogidas por el ojo de E. O. Hoppé..

(Imágenes.-1.- E O Hoppé,.estación del metro.-Hoppé Estate Collection/ 2,.Hoppé.-Fundación Mafre/ 3.-Hoppé.-Londres,.1934/ 4.-EO Hoppé.-Londres.-.Estate Collection/ 5.-Hoppé.-camareros del Savoy dando de comer a las aves.- Londres.-1937.-Hoppé Estate Collection)

EL PUENTE DE WESTMINSTER

“Nada puede mostrar la tierra más hermoso:

seca estaría el alma de todo el que pasara

sin caer en la cuenta de visión tan excelsa.

Esta Ciudad viste ahora el traje

de la hermosa mañana; silenciosa, desnuda,

barcos, torres, cúpulas, teatros y templos

yacen abiertos a los campos y al cielo.

Todo brilla y fulgura en el aire limpio.

Nunca bañó el sol con más belleza

en su esplendor primero colinas, rocas, valles.

¡Y yo nunca vi ni sentí calma tan profunda!

El río se desliza dulcemente a su antojo;

¡Dios mío!, las casas parecen dormir;

¡y todo este poderoso corazón duerme apacible!”.

William Wordsworth: “Escrito en el puente de Westminster“, 3 de septiembre de 1803

(Imágenes:- 1.- Canaletto.-El primer puente de Westminster.-1746.-wikipedia/ 2.-Samuel Scott.-1750.-arco del viejo puente de Westminster.-TATE.-Londres)

OLORES INFANTILES, OLORES FAMILIARES

“A las albas de mi niñez – cuenta Eugenio D`Ors en sus Confesiones y recuerdos“-, van ligados dos olores. El primero es el olor de zanahorias descompuestas. Yo nací en lo más céntrico de la ciudad, cuyo urbanismo iba, poco después, a transformarse tanto, en la casa número 3 de la calle Condal, en la inmediatez de la Puerta del Ángel, cuyas murallas desaparecieron.(…) Los bajos de aquella casa, cuyo primer piso ocupaba el consultorio médico de mi padre y en cuyo entresuelo vivía mi abuelo igualmente, han conservado, hasta fecha muy cercana al día de hoy, (este texto de D`Ors es de 1950, publicado enCorreo Literario”), dos tiendas, además de un cuchitril de portero. En la portería actuaba, hacia la época de mi venida al mundo, un zapatero remendón; años transcurridos, el ocupante pasó a ser un relojero. Una de las tiendas se dedicaba al comercio de libros rayados. Pero la otra tienda siguió intacta. Era una vaquería. (…) El olor del pienso vacuno no había manera de suprimirlo. Para perderlo de olfato dio ocasión un cambio de domicilio, que se transportó, hacia los dos años de mi vida, a la calle de San Pablo, señoril y hasta entonada aún. Allí, el olor que se respiró fue muy otro. Frente al número 15 se abrían los almacenes del papel de fumar Valadia. Una esencia picante y característica llegaba hasta nuestros balcones, cuando estaban abiertos, y acompañaba nuestros primeros pasos por la calle. Entrambos olores, el del pienso de zanahorias y el del papel de fumar, dan un fondo común de paisaje olfativo a los recuerdos de mi primera infancia”.

Son los olores muchas veces compañeros de las visiones, y éstas de las audiciones y del gusto, y todas ellas también del tacto, y así los primeros pasos de los sentidos en muchos niños que un día quizá lleguen a ser escritores quedan impresos en sus mentes y al fin no tendrán más remedio que volcar todo ello sobre un papel. Si se considera memorable la secuencia de Proust cuando escribe “en cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado de tila que mi tía me daba (…), la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres…”, este sabor nos está abriendo las puertas de las reminiscencias y nos empuja a grandes tiempos de espacio y de novela. Pero el olfato siempre estará presente también. Olor proustiano de habitaciones cerradas – de dormitorios, de pabellones de caza, de recintos en los Campos Elíseos-, olores igualmente de espinos,”, retenidos en sus elementos untuosos y densos”, dirá Proust, olores en la avenida de las Acacias ” cuyos perfumes, que irradiaban en derredor, hacían sentir de lejos la proximidad de una potente y suave individualidad vegetal“: blandura, unción, densidad, pesantez de tantos olores diversos y mezclados, modalidades sustanciales de aromas volátiles que se expanden en un espacio aéreo.


Siempre pues hay olores en las vidas, también en las literaturas.

Gil de Biedma, en “Retrato del artista en 1956“, desgrana los olores que le acompañaron:

“El olor a cuerpo y a prendas miserables. Los vagones del metro. Madrid: carne recalentada y ropa de difunto y un deje de grasa de chorizo, para fijar el aroma igual que el barniz una pintura. Londres: lana húmeda, chocolatinas baratas, cocina de manteca rancia, fish and chips, verduras tristes. París: sé que tiene un olor, pero se escapa.

(…)

Olor a escarcha y fuego de leña verde, pavesas en el aire. La Nava, años de la guerra civil, camino de la escuela en las mañanas.

Cocido y cuero recién curtido: Salamanca“.

 Olores retenidos. Olores conservados. Olores siempre.

(Imágenes:- 1.- John Singer Sargent.- 1885-1886.-Tate Gallery.-Londres/ 2.-Valentín Aleksándrovich Seróv.-Mika Mo Morozov.-1901.-State Treytakov Gallery.-Rusia/ 3.-Brassaï -Quai des Orfévres.- 1930-1932)