RELATOS DE VERANO Y HUMOR (3) : LOS EGO DIEGO EN BUSCA DE APELLIDOS


“ Don Ego Diego tenia un genio muy vivo. Poseía un bastón de roble nudoso con empuñadura de plata y con él iba por Madrid a todas partes. Para cuidar su lubina — como la trataba siempre tan mal en sus viajes incesantes — solía descender paseando a ritmo pausado calle de Alcalá abajo hasta la Cibeles, paraba allí a descansar un poco y tomar aire, y luego proseguía despacio torciendo, o bien por Recoletos y Castellana hasta el final, o bien por el paseo del Prado hasta Atocha. “Lo importante es que la lubina vaya horizontal”, le habían dicho los médicos. “La trata usted tan mal que conviene que repose en Madrid. Es cuestión de que usted aprenda a convivir con su lubina.”

Los Ego Diego siempre habían tenido trastornos de salud pero jamás uno tan delicado como aquel del pescado. Procedían los Ego Diego del Bajo Imperio Romano, exactamente de los arrabales de la Urbe, no lejos de donde pasaba el Tíber. Escondidos y guarecidos durante la descomposición del Imperio, habían aguantado muy bien toda la polvareda de las invasiones godas, los gritos y saqueos salvajes de las tribus germanas y los desmanes y aullidos de los vándalos, de los ostrogodos y de los visigodos, pero en la confusión de los últimos momentos, y por golpes de mala fortuna, habían sido despojados de todo, incluso del apellido. Se encontraron de pronto, en los albores de la Edad Media, con una mano detrás y otra delante, tapándose las vergüenzas de no conocer mas que el nombre.propio. Uno a uno se reprodujeron por el imperio bizantino y por los reinos germánicos. Algunos en la Inglaterra anglosajona, otros en el Imperio de Justiniano y otros, en fin, en el reino visigodo,, tanto en Galia como en Hispania, los Ego Diego se dispersaron en busca de apellidos, y muchas veces se les vio ir, de modo famélico y ansioso, siguiendo el curso de los ríos —- como les sucedió en España, junto al Ebro y junto al Tajo —por ver si encontraban algo. Pero al llegar Europa a los siglos oscuros, los Ego Diego dieron la impresión de desaparecer y sólo se oyeron de ellos algunos rumores de capuchas en un silencio miniado de monumentos, entre copistas y lecturas.

Efectivamente, habían sido los monjes, aunque por poco tiempo, quienes les habían procturado cobijo. Y fue el Ego Diego residente en España el primero que, casi de manera casual, encontró un apellido que ponerse. Había salido una tarde aquel Ego Diego del monasterio de San Pedro de Villanueva, en Cangas de Onis, en Asturias, e iba solitario como siempre buscando con qué cubrirse el nombre, cuando un paisanín de la comarca que resultó al final ser todo un sabio y que ese día estaba sentado sobre el puente Romano de Cangas con las piernas hacia fuera y contemplando el lento fluir del río, al verle tan abatido, le dio la solución.”Necesita usted ponerse algo encima, buen hombre”, le dijo mirándole no sin cierta pena.. “Usted necesita, o un”además”, o una adición o una posdata, lo que quiera, pero algo. Necesita ponerse algo detrás del no,bre y así irá más tranquilo. Póngase un “otrosí”, por ejemplo,”, le sugirió. Al principio Ego Diego no le entendió muy bien, pero cuando el otro le dijo que era juglar de palabras y titiritero de romances y que estaba especializado en el devenir de vocablos por las rutas del tiempo, quedó tan entusiasmado por el descubrimiento que aquella misma noche lo consultó en San Pedro de Villanueva. “Esto me han dicho”, les explicó a los monjes. “¿Qué hago”. Los monjes le escucharon atentamente mientras cenaban verduras hervidas en el refectorio y al acabar le contestaron: “Nos parece bien”, le dijeron. “Lo malo es que llamándose usted Otrosí, ya desde ahora deberá ser abogado”.

Se hizo abogado. Pero no sólo él sino todos los Ego Diegos Otrosíes a partir de ese momento fueron abogados uno tras otro, pasándose los despachos de padres a hijos en una sucesión de siglos y heredándose también de unos a otros las togas, los enseres, los archivos y hasta la cartera de clientes, aunque a los clientes, puntualmente, los arrebataba la muerte y se los llevaba de este mundo. Se hicieron famosos los Otrosíes en toda España. Empezaron a ser terribles precisamente por las sorpresas que provocaban, porque en cada juicio, cuando ya parecía que éste se había concluido y el magistrado se disponía a soltar su mazazo sobre la mesa retumbando en la Sala su “ visto para sentencia”, cada Ego Diego de turno entonaba desde su estrado una palabra mágica con un acento entre tímido y envenenado, igual que si fuera un puñal:

—Otrosí… — empezaba.

Y ello quería decir que el juicio debía de continuar, que nada estaba decidido, que el reo, asombrado y ya casi incorporándose del banquillo, debía volver a sentarse, y que del vientre del asunto empezaba ahora a salir una interminable madeja de adiciones y de peticiones, de súplicas y de demandas que abrían la puerta a otros “otrosíes” seguidos y escondidos detrás de los antiguos adverbios, y tras ellos otros nuevos “otrosíes”, y luego otros y otros más, hasta que el juez y el presunto culpable se miraban en la distancia espantados por el sesgo que estaba tomando todo aquello.”

Jose Julio Perlado

(del libro “Mi familia y el sentido del humor”)

(texto inédito)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS


(Imágenes—1- fotógrafo desconocido/ 2- William Heick – 1948/ 3- Johannes Carlson)

RELATOS DE VERANO Y HUMOR (2) : DON EGO DIEGO OTROSÍ RAMÍREZ


Recuerdo al marido de mi tía Enedina, don Ego Diego Otrosí Ramírez, abogado, hombre muy asentado en el Brazo Militar y Civil de la Historia, y hombre también de estudios cuidadosos sobre antiguos legajos y que viajaba sin cesar arriba y abajo por las tierras de España enfundado en un viejo capote marrón de campaña de la época de la guerra, abotonado siempre hasta el cuello, y calzado con unas grandes botas polvorientas. Generalmente don Ego Diego solía pasar grandes temporadas en el tumbo de la catedral de Astorga hurgando en inscripciones indescifrables, recalaba numerosos veranos en el tumbo viejo del monasterio de Sobrado, en La Coruña, siempre por los mismos menesteres, y era muy asiduo igualmente de la iglesia de Calahorra donde un antepasado suyo, según decía, había sido racionero en 1228. Enfrascado durante meses ante una escritura de dotación del monasterio de Besalú, en Gerona, o absorto delante del fondo de la caja de ágata ofrecida a la iglesia de Oviedo por la esposa de Fruela II, cuando llegaba a Madrid, a su casa de la calle de Jardines, entre Alcalá y la Gran Vía, lo hacía tan agotado y rendido por tantos trajines que se desparramaba sin desvestirse encima de la colcha azul de la gran cama matrimonial, con la punta enharinada de sus botas rebozadas en todos los caminos y el olor de su cuerpo aún con aromas de matorral y de sepulcros.

–Vengo muerto –soplaba– porque he tenido que resolver unos asuntos en San Juan de la Peña, en Huesca, y después he tenido que copiar unas cosas del becerro de Santa María de Aguilar de Campoó, en Palencia, y luego he ido andando hasta el monasterio de Eslonza, en León. El domingo estuve ante el becerro viejo de la catedral de Toledo y luego tuve que subir hasta el Norte, a consultar el becerro de Santa María del Puerto, en Santoña, porque se me había olvidado apuntar una cosa. El martes me pasé por el tumbo de Celanova, en Orense, y el miércoles por la tarde le di un vistazo en Burgos al libro gótico de Cardeña.

No descansaba. Con sus botas empolvadas sobre la colcha y los dos picachos blancos de sus pies montados el uno sobre el otro, intentaba dormitar algo entrecerrando los ojos pero no lo conseguía.

—¿Y tu lubina?— le preguntaba inquieta su mujer sentada a su lado mientras hacía punto. —¿ Te ha dado la lata? — decía cariñosa.

— Se ha portado bien, la pobre — contestaba Ego Diego palmeándose la tripa — Esta temporada se está portando muy bien…

Trataba a su lubina como a una hija. Desde las primeras semanas de su matrimonio padecía de una lubina entera cruzada en el estómago, atravesada de parte a parte, con su cabeza, su cola y sus escamas, producto de una digestión voraz acuciada por las hambres y las prisas. Los médicos se lo habían advertido:

— Se ha tragado usted una lubina entera, don Ego Diego — le dijeron preocupados.

— ¿Y ahora qué hacemos? — preguntó él incorporado en su camilla.

— Pues no sabemos — meditaron los doctores.

— No, el que no lo sabe soy yo —.contestó muy enfadado — Ustedes son los que lo tienen que saber, que son los médicos.”

José Julio Perlado –

(del libro “Mi familia y el sentido del humor”)  

(relato inédito)

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(Imgenes-1-Turner- 1843/ 2-Dante Tergini)

SIN SENTIDO DEL HUMOR NO HAY MATRIMONIO


“Sin sentido del humor no hay matrimonio.

“Sin sentido del humor no hay matrimonio — decía Ray Bradbury —.El amor significa decir que lo sientes cada día por una cosa o por otra. Metes la pata, te olvidas de comprar las bombillas, y te toca admitir que se te ha olvidado y decir que lo sientes. Hay que ser capaz de aceptar la responsabilidad, pero sobre todo hay que tener sentido del humor para encontrar el lado divertido a cualquier cosa que suceda.”

(Imagen — Leonardo da Vinci — Cinevra Benci)

RELATOS DE VERANO Y HUMOR (1) : EL PRIMO AMARINO

“Recuerdo muy bien nuestras meriendas en casa de mi tía Enedina.  Quizá una de las cosas más atrayentes de mi tía Enedina Altiviz era aquel poderío para lanzar el pensamiento delante de ella, y marchar tras él por las habitaciones abriendo
puertas, cruzando estancias y atravesando umbrales. Muchos adivinábamos  su pensamiento. Era como una flecha de color azul, a veces tornasolada, flexible, transparente, posándose como una estela sobre las personas.
–Creo que viene hacia aquí la señora –decía la fiel Basilia adivinando.
–¿Oyes sus pasos?
–No. Siento sus pensamientos.
Y efectivamente así era. Encima de la cabeza de su vecina Cesária, sentada en la mesa camilla — las tres vueltas de sus collares anudados en su garganta —, el pensamiento de mi tía Enedina se posaba como una nuez aérea, como una almendra encerrada en un estuche. Se balanceaba grácil a unos veinte o veintidós centímetros de la orla del pelo aplastado de Cesária.  Mi tía Enedina venía aún muy lejos por las habitaciones,  doblando el pasillo de las cocinas  y caminaba ya hacia el comedor, pero su pensamiento se le había adelantado y ya se encontraba allí antes que ella. Como era mujer muy rápida de mente y muy decidida, con un importante dominio para el tráfico de ideas y con gran carácter, mi tía Enedina pensaba varias cosas a la vez y cada una de las flores de sus pensamientos le precedía volando como una pluma de gasa en el comedor, se espolvoreaba como libélula y quedaba colocada en péndulo flotante sobre la cabeza de Glafira, de Abundancia,  de mi primo Amarino o de quien estuviera en la habitación.

–¡Ay, que no lo voy a saber! –decía preocupado mi primo, Amarino, el hijo de Abundancia, muy nervioso, sentado en una silla, con las manos puestas sobre las rodillas, junto a la mesa camilla, esperando la entrada de Enedina.
–¡Pues claro que lo vas a saber, hijo mío! –le animaba Abundancia – ¡Naturalmente que lo vas a saber! ¡Si tú lo sabes todo, mi niño, mi Amarino!
La pregunta que traía mi tía Enedina en su mente conforme avanzaba por el pasillo podía ser de lo más inesperado: lo mismo se le ocurría preguntar qué les apetecía comer el domingo siguiente que interrogaba sobre el año de la rendición de Breda. La pregunta la había imaginado cuatro habitaciones más atrás, a la altura del cuarto de baño, arrancaba su indagación desde muy lejos, y cuando entraba Enedina en el comedor, sin decir nada, con sólo mirar a Amarino, éste respondía exultante y a toda velocidad:
–¡2 de junio de 1625, rendición de Breda! ¡Tres días después, entrega de las llaves de la ciudad por el gobernador holandés Justino de Nassau a Ambrosio de Spínola, general jefe de los Tercios de Flandes! Velázquez lo inmortaliza en su cuadro «La rendición de Breda». Medidas del lienzo: 3,07´3,67. Ese 1625 Calderón escribe «El sitio de Breda», Lope «Triunfos divinos», Quevedo «Cartas del caballero de la Tenaza», Guillén de Castro «Segunda parte de las Comedias», Mateo de Velázquez «El filósofo de aldea», San Vicente de Paul funda la Orden de las Hermanas de la Caridad.
–¡Nadie te ha preguntado nada, Amarino! –decía Enedina muy digna, con la cabeza erguida, yendo a sentarse en su sillón al lado de la ventana.
–¡Pero el niño se lo sabe! –respondía Abundancia orgullosa– ¡Anda, pregúntale lo que quieras! ¡Además, eso es lo que venías pensando por el pasillo!
–¡Yo no venía pensando precisamente en eso, Abundancia! — aseguraba Enedina con una punta de suficiencia– ¡Es muy difícil conocer mis pensamientos!
La apariencia de Enedina Altiviz variaba con su genio. Si había tenido una mañana de peleas con Eulalia, la cocinera, con una lista de pagos de recibos, y a la vez hacía mal tiempo, mi tía Enedina aparecía muy doblada hacia delante, encorvada, con tres o cuatro kilos menos, como un árbol tronchado: avanzaba por el pasillo de madera arrastrando ligeramente los pies y mirando atentamente dónde pisaba para no tropezar. Pero si la mañana había sido calma y gratificante, si hacía sol y si además se le anunciaban visitas para por la tarde, la columna vertebral de Enedina parecía una palmera, se le tensaban los pómulos y olía a esencia de aguacate con notas de perfume de verbena. Entonces dominaba con amplitud la escena y le pedía a su fiel Basilia que descorriera bien las cortinas para ver todas las caras.
–¡A ver, contadme cosas! –animaba.
Abundancia le ponía al corriente de los últimos adelantos de Amarino. Mi primo Amarino había ganado ya su quinto concurso de respuestas para un programa de radio en directo y estaba preparándose para una final nacional que podía suponerle dar el salto para una competición de altos vuelos. Estudiaba y estudiaba toda la semana en un cuarto interior y su única salida era para ir a ver a los Altiviz durante dos horas y media. Pero los Altiviz, sin embargo, no eran exactamente los Altiviz. Ella era una Altiviz, y de eso no cabía la menor duda, pero el auténtico apellido de peso en la familia lo llevaba encima su marido.”

José Julio Perlado

(del libro “Mi familia y el sentido del humor”)

(relato inédito)

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(Imágenes — 1- Henri Matisse- 1938/ Marc Chagall – homenaje a Gogol)

UNA SONRISA EN UN BLOG) (14) : DISPAROS

“Un autor, que sólo escribió una sola obra teatral — contaba el austríaco Thomas Bernard—, que sólo debía representarse una sola vez en el, en su opinión, mejor teatro del mundo e, igualmente en su opinión, sólo por el mejor escenógrafo del mundo e, igualmente en su opinión, sólo por los mejores actores del mundo, se apostó, ya antes de que se levantara el telón del estreno, en el lugar del gallinero más apropiado para ello, aunque totalmente invisible para el público, apuntando con un fusil-ametrallador, expresamente fabricado con ese fin por la casa suiza Vetterli y, después de levantarse el telón, se dedicó a disparar un tiro mortal en la cabeza a todo espectador que, en su opinión, se reía a destiempo. Al término de la representación, en el teatro no había más espectadores que los que había matado a tiros y, por lo tanto, espectadores muertos. Ni los actores ni el director del teatro se dejaron distraer por un segundo, durante toda la función, por el caprichoso autor ni por lo que hacía.”

Thomas Bernhard —“ Autor caprichoso” —“ El imitador de voces”

 

(Imágenes—1— Edouard Vuillard- el actor en su camerino /2-David Leventi- 2008- teatro de Estocolmo)

SONREÍR EN UN BLOG ( 11) : LOS ALMIRANTES ININTELIGIBLES

 

 

“Si un gobierno declara ininteligible a un almirante pasarán cosas extrañas en el país, porque nunca se ha sabido que a un almirante  le agrade ser declarado ininteligible y todavía menos que un gobierno civil haya  declarado ininteligible a un almirante.

Si a pesar de eso el gobierno lo declara, sucederá que el almirante declarado telefoneará a otros almirantes y en algún lugar del buque insignia habrá una reunión secreta donde numerosas condecoraciones y charreteras se agitarán convulsionadas, tratando de poner en claro cosas tales como el significado de la ininteligibilidad, por qué se declara ininteligible a un almirante y, en caso de que la declaración tenga algún fundamento, cómo puede ser que el almirante declarado haya procedido ininteligiblemente hasta el punto de que lo declaren, y así sucesivamente.

Lo más probable es que los almirantes ininteligibles se solidaricen con el declarado, en la medida en que la susodicha declaración afecta el buen nombre y honor de un colega que a lo largo de su digna carrera no ha dado jamás el menor motivo para que lo declaren. En consecuencia, si se acata la declaración del gobierno se navega a toda máquina hacia la anarquía y el retiro forzoso, por lo cual frente a la gravedad de los hechos sólo cabe una respuesta solidaria: concentrar la escuadra en la rada y bombardear la casa de gobierno, que un arquitecto insensato ha puesto prácticamente al borde del agua con las consiguientes ventajas balísticas.

(…)

Julio Cortázar— “ Sobre la solución de las controversias” (“La vuelta al día en ochenta mundos”)

 

 

(Imágenes—1-David Merveille/ 2-Chagall-Guerra 1916- museo tyssen)

“MI OVNI DE LA PERESTROIKA”

 

He vivido el nacimiento de la llama de este libro y la viveza de su intuición. Después — durante cuatro años — esa llama vertical que es el inicio de toda obra literaria se colocó lógicamente horizontal para extenderse sobre la mesa de trabajo, y tuvo que rodearse de viajes, escritura, indagaciones, evocaciones, remembranzas y esfuerzos. Durante esa etapa a esa llama no la vi. Los libros no se cuentan mientras está uno escribiendo, y mucho menos antes, cuando aún no han surgido. De vez en cuando su autor levantaba un poco el velo de su labor y en la distancia me confesaba  sus naturales zozobras, averiguaciones y ánimos. Al final, este amigo mío al que di clase hace años, ha llegado brillantemente al término de su viaje a la semilla. Daniel Utrilla, con “Mi ovni de la perestroika”(Libros del K.O), ha cubierto personalmente numerosos recorridos humanos e intelectuales: su amor a Rusia desde hace tantos años, la descomposición y transformación de la etapa política y social de un gran país, su recapitulación evocadora del antiguo periodismo que hoy ya casi no existe —un periodismo de rostro humano directo, sin pantallas, sembrado de conversaciones, emociones y descubrimientos: el periodismo de la morosidad y de los detalles —; a la vez, y siguiendo el hilo de sus averiguaciones en busca de los testigos de un ovni en la alejada ciudad rusa de Vorónezh, el cumplimiento también de su tenacidad y de su fe como escritor empeñado en descubrir la verdad;  y a todo eso hay que añadir las lecturas  copiosas y los autores que le han ido acompañando durante años, como él se hace ahora acompañar por sus lectores a través de una especie de Diario investigador y viajero que recorre el presente y los recuerdos.

 

 

Es un libro abierto a muchos senderos. Se camina por la investigación periodística, pero también  por el humor como piedrecillas sembradas en la prosa, también por el fluir de las experiencias y por lecciones de vida. Daniel Utrilla ha vaciado los armarios de su memoria  y, queriendo o sin querer, al introducir su mano en el tiempo,  ha encontrado la niñez. El eco de un ovni en un telediario de 1989 se une en el cielo del libro con  este ovni de Vorónezh. Dibujos, mapas, fotografías, escoltan sus recuerdos contados con algo muy valioso en un libro: la amenidad y el interés. El lector lo valorará y lo agradecerá.

José Julio Perlado

 

 

(Imágenes— 1-Alexander Rodchenko- 1926/ 2- Konstantin Smilga-2002/3- Kandinsky- Moscú- 1912)

UNA SONRISA EN UN BLOG (13) : LA BODA DE LAS HIJAS DE MONTE URBIÓN

 

“Las bodas de las hijas de don Argimiro Monte Urbión se celebraron meses después. Fueron unas bodas impredecibles e insospechadas. De las rendijas de las habitaciones de las seis hijas dormidas empezaron a fluir unos vapores gaseosos, unos hilos de arco iris que iban escapando de los amores en forma  de manzana palpitando bajo las sábanas, un olor a corazón recién nacido que fue invadiendo primero los pasillos y después el palacete del marqués. Nadie se atrevía a decir nombres. Zenaida dejó caer un papelito blanco y doblado en la vacía copa de vino de su padre, luego Oliva hizo lo mismo al día siguiente, después fue Ciria, diez minutos más tarde se atrevió Eneima, tras ella Yolencia y al fin Cancionila. Se habían enamorado a la vez y querían casarse a la vez, pero no sabían cómo. Unos pájaros de cuchicheo pusieron en la pista a Monte Urbión. Don Argimiro tomó aquella gran copa de vino rebosante de papelitos doblados, se encerró con ella ante la mesa del comedor, ordenó que no le molestara nadie, y con un esmero de cirujano comenzó a extraer  uno a uno aquellos nombres de los pretendientes. ‘Copretes’,  leyó. Luego entreabrió las alas de otro papelito: “Jasón”, decía el segundo. Después fue a por el tercero: “Optaclano”, habían escrito. En el cuarto, con letra picuda, se leía “Audaz”. El quinto papelito decía “Citino”, y el último, el emparejado con Cancionila, la hija más  pequeña, ponía sencillamente “Macrobio Orencio”.

 

A don Argimiro aquellos nombres no le entusiasmaban. Figuraban sin sus apellidos, igual que náufragos, y él, como marqués, no estaba dispuesto a ceder valor alguno en los posibles pasos de una descendencia. Sabía que los Monte Urbión iban a desaparecer pero quiso ajustar los goznes de los irremediables enlaces. Entonces convocó  a los seis novios para un sábado a la hora del aperitivo. Mandó colocar seis pequeños taburetes frente a su mesa de comedor, dispensó a los doces criados de cualquier otra ocupación que no fuera la de  estar presentes en aquella ceremonia, advirtió a sus hijas que estuvieran vestidas, peinadas y perfumadas para las dos menos veinte, anunció que él almorzaría como siempre a las dos y media en punto y se dispuso a examinar. El primer pretendiente, sentado en el primer taburete junto a la ventana y que intentaba pedir la mano de Zenaida, no le causó mala impresión. Era un joven delgado y de nariz enorme, con gafas, rápido de reflejos, nervioso y decidido a ocupar el puesto. Se llamaba Copretes González González y González González. Explicó  a la carrerilla que el antecesor de su primer tatarabuelo había sobrevivido a la epidemia de disentería en la batalla de las Navas de Tolosa, confesó que carecía de divisa histórica y heráldica, que tampoco poseía “ex- libris”, preguntó si se podía fumar, y dijo que tenía un pisito cuya ventana daba a la Plaza Mayor y desde allí había preparado y conseguido las oposiciones de judicaturas. Don Argimiro le preguntó si se daba cuenta de lo que significaba pretender a Zenaida  sin tener un “ ex- libris” y, abriendo una carpeta de tapas moradas, le mostró una serie de ilustraciones. “Joven — le dijo— , ya sé que usted no tiene divisa heráldica, pero ¿ sabrá usted francés?”. Copretes asintió. Entonces, ¿qué quiere decir en este escudo la palabra “abeille”? “Abeja”, contestó el pretendiente. “¿Y éste que pone “antiloppe” “Antílope”, respondió Copretes. “¿ Y champignon” ? “ Champiñón””, dijo el pretendiente. Quedó admitido Copretes, no tanto por su perspicacia, sino porque al marqués le había gustado aquel apellido doblado y repetidos con una “y” griega en medio, que siempre enaltecía cualquier eslabón.

 

 

 

Sin embargo, lo de la “y”enlazando apellidos pronto se vio que era una estratagema. Sabedoras de la importancia que su padre daba a la simbología de los orígenes, las seis hijas de Monte Urbión se habían precipitado a hacer confidencias a sus novios para que todos añadieran aquella vigésima séptima letra del abecedario. Cuando el novio de Oliva, el aspirante segundo, dijo que se llamaba Jasón Pérez Pérez y Pérez Pérez y empezó a contar que descendía  de un arcabucero de la batalla de Pavía, que a su vez había ayudado a llevar la silla de manos de don Antonio de Leiva el 24 de febrero de 1525 y dio toda clase de señales de la hora, del ambiente que allí había y hasta de la temperatura, don Argimiro no se dio cuenta de la inflexión con la que había pronunciado la “y” porque estaba más preocupado por el presente, y  aún más por el futuro de sus hijas. Miró despacio a aquel joven de chaqueta a cuadros y lazo de pajarita y le preguntó de sopetón : “Pero bueno, muchacho, aparte de lo de la batalla de Pavía, usted ¿a qué se dedica?” Jasón se quedó mirando a su novia y en un primer momento no supo qué contestar. Oliva, presurosa, se inclinó sobre él. “Dile lo de las matemáticas — susurró —. Enseñalé tu tarjeta.” El pretendiente buscó en el bolsillo de su chaqueta y extrajo una tarjeta de visita que entregó al marqués. “ Jasón Pérez Pérez + Pérez Pérez — se leía —: Filólogo y matemático.”

—¿Y éste signo +? — preguntó extrañado don Argimiro.

__ La “”y “, señor, es el elemento principal de la oración copulativa — dijo Jasón de carrerilla—. Viene a ser lo que la operación de sumar, es decir, el signo + en matemáticas.
Como no explicó otra cosa, y como lo poco que dijo lo pronunció con un insoportable aire de suficiencia, Monte  Urbión lo clasificó como un pedante y se compadeció de lo que iba a llevarse Oliva para toda la vida.”

 

José Julio Perlado

”Lágrimas negras”

 

(Imágenes— 1-Adolph Gottielb –  1961/ 2- León Polk Smith/ 3-Sarah Meyohas/ 4- Gunther Forg- 2008)

UNA SONRISA EN UN BLOG (12) : CABO CAÑAVERAL

 

 

“Con lo que pasa es nosotras exaltante. Rápidamente del posesionadas mundo estamos hurra. Era un inofensivo aparentemente cohete lanzado Cañaveral americanos Cabo por los desde. Razones se desconocidas por órbita de la desvió, y probablemente algo al rozar invisible la tierra devolvió a. Cresta nos cayó en la paf, y mutación golpe entramos de. Rápidamente la multiplicar aprendiendo de tabla estamos, dotadas muy literatura para la somos de historia, química menos un poco, desastre ahora hasta deportes, no importa pero: de será gallinas cosmos el, carajo qué.”

Julio Cortázar – “Por escrito gallina una”- “La vuelta al día en ochenta mundos”

(Imagen —Gabor Jonás)

DE NUEVO CAMBA

 


“El guarda inglés es inflexible, majestuoso, formidable (…) , parece uno de esos figurines alegóricos y decorativos que, en el pórtico de un palacio, nos imponen antes de entrar, una actitud de respeto y recogimiento —escribía Julio Camba en su libro “Londres” —. Alguna vez he tenido precisión después preguntarle a un guardia por una calle; me he acercado a él y he mirado hacia arriba. El guardia tenía la cabeza levantada y no me veía. Le he llamado y he formulado mi pregunta. Entonces el guardia, sin mover la cabeza para mirarme, me ha contestado minuciosamente, y cuando yo me he ido, se ha quedado en la misma actitud, inmóvil e impasible. Y es que, cuando uno le pregunta a un guardia inglés, el guardia inglés no le contesta a uno: le contesta a la sociedad.”

Ahora se reeditan una colección de crónicas y artículos de Camba bajo el título  “Ni Fuh ni Fah” y en ellos podemos volver a visitar el humor y la observación de uno de los mejores periodistas españoles. El que escribía por ejemplo: “ yo sintetizaría así la historia de Rusia: primero, clases; luego, lucha de clases y al final, todo cuarta clase.” O bien: “ hay quien cree que la distinción de los ingleses es una cosa de raza o temperamento, pero lo que pasa es, sencillamente, que son los inventores del ocio.”

 

 

(Imágenes —1-  elídeal es/2- Londres- estate colección)

AUTORRETRATO DE RAYMOND CHANDLER

 

“Sí —decía burlonamente Raymond Chandler—, soy exactamente como los personajes de mis libros. Soy muy duro y una vez me vieron romper un panecillo de Viena sólo con mis manos. Soy muy guapo, tengo un físico corpulento y me cambio de camisa regularmente todos los lunes por la mañana. Cuando descanso entre dos libros vivo en un castillo francés de estilo provenzal en Mulholland Drive. Es un lugar algo reducido de cuarenta y ocho habitaciones y cincuenta y nueve cuartos de baño. Como en vajilla de oro. Naturalmente, hay veces en que tengo que dejarme crecer la barba y vivir en una casa medio derruida de Main Street, y hay otras veces en que resido, aunque no a petición propia, en la celda de borrachos de la cárcel.

Tengo amigos de todas las clases sociales. Sobre mi mesa de trabajo hay catorce teléfonos, incluyendo líneas  directas con Nueva York, Londres, París, Roma y Santa Rosa. Cuando se abre mi archivo aparece un bar portátil muy conveniente,  y el “barman”, que vive en el cajón interior, es un enano llamado Harry Cohn. Soy un fumador empedernido y, de acuerdo con mi humor, fumo tabaco, marihuana, seda de maíz y hojas secas de té. Consigo mi material de varias maneras, pero mi procedimiento favorito consiste en registrar las mesas de otros escritores en las horas libres. Tengo treinta y ocho años desde hace veinte. No me considero un tirador infalible, pero soy un hombre bastante peligroso con una toalla húmeda. Pero bien pensado, creo que mi arma preferida  es un billete de veinte dólares.”

(Imagen —Raymond Chandler-)

SONREÍR EN UN BLOG (11) : BAÑOS DE BASTÓN

G

 

“Bioy Casares, por indicación de Borges, se puso a leer párrafos de la biografía  de don Miguel De los Santos Álvarez, poeta español del siglo XlX: “ Don Miguel tiene  motivos particulares para no creer en la riqueza. El resultado de sus meditaciones a este respecto es la convicción de que andan por ahí 25 duros y algunos diamantes que van dando la vuelta al mundo de mano en mano. Los primeros los ha tenido en la suya una vez, según asegura. A los segundos no los conoce más que de vista todavía.

Don Miguel es uno de los hombres más frioleros del Viejo Continente. Nadie puede jactarse de haberlo visto en la calle como no ser en el mes de julio, sin levita, gabán, capa, bufanda y chanclos. Toma sin embargo en el estío sus “baños de bastón”, que consisten en hacer preparar la tina con agua templada, ponerse en mangas de camisa y meter en el líquido refrigerante el tercio inferior de su palo habitual. La impresión de la frescura absorbida por el bastón dice que le basta para tiritar un momento. Enseguida se abriga convenientemente y sale del cuarto con las mayores precauciones ( A esto él lo llama hidroterapia)”

 

(Imagen —1-Ansel Adams)

EL HUMOR ESPAÑOL

 

 

“El humor —me decía Pedro Sáinz Rodríguez charlando en su casa en 1977 — es la reacción  personal ante la realidad; esa reacción —según la categoría y la cultura del personaje — tiene unos valores u otros. La reacción , por ejemplo, que tiene el español ante la riqueza — que es una reacción de desconfianza a priori —no quiere decir que los españoles sean más honrados que otros (porque ya sabemos que esta mentalidad coincide con un estar templado por un sentido religioso y con la picaresca, que son los dos polos del genio español); sin embargo, las dos cosas se unen precisamente en “Guzmán de Alfarache”, un libro transcendental, porque en él hay una especie de síntesis de la preocupación moral y de la verdadera picaresca; allí están las dos cosas más o menos unidas: la filosofía del pícaro contradice su conducta, que es, en general, la posición del pecador. El pecador es alguien que sabe la moral y no la practica, pero es creyente, porque si no, no se sentiría pecador, ya que ignoraría la norma; no, la conoce y la vulnera, que eso es el pecador.

 


El genio humorístico español tiene una característica  que pudiéramos llamar benevolencia, humanidad, ternura: lo que impregna  todo El Quijote, y el humor de Velázquez: los enanos de Velázquez, todos esos personajes un poco monstruosos, no están descritos con amargura, sino con compasión, con benevolencia ; la amargura que hay en el humorista inglés Swift, ése es un tipo de humor amargo, acre, triste;  ése no es el humor español. Pienso que el humorismo es la flor de la cultura, porque es la reacción  del hombre ante la vida y ante lo que le rodea, hecha con benevolencia y con criterio propio.”

 


 

(Imágenes –1-Anthony Gomley/ 2-Vicki Sher/ 3-Víctor Vasarely)

SONREIR EN UN BLOG (7) : EL BOLSO

 

 

“De piel de cocodrilo

por la parte de fuera;

de seda, color Nilo,

por la parte de dentro

y tiene un espejo en el centro

y junto al espejo tiene una polvera.

Un tubito que lleva encerrado

el perfume de una esencia suprema

y cuatro butacas para ir a un cinema

del tres de febrero pasado.

Junto a un lapicero muy delgado y muy fino,

rodeado de un marco de satén

una foto preciosa de Rodolfo Valentino

hecha cuando tenía el apéndice bien.

Una caja de rímmel provista de un cepillo;

rojo para los labios para un caso de apuro.

Una medalla vieja llena de cardenillo

y un bolsillo de tela que encierra un solo duro.

Una tarjeta de visita:

”Juana Menéndez. Calle de Hita,

número siete, principal”

(las señas de una sombrerera),

y una vista de Orense desde la carretera

y una muestra de lana para un chal.

Retratos. Más retratos. Un último retrato.

Un sello de Correos de la China.

Y una cajita de bicarbonato

en cuya tapa dice: “Cocaina”.

Enrique Jardiel Poncela – “El bolso”- “Nueve historias contadas por un mudo”- “Para leer mientras sube el ascensor”

(Imagen -Yayoi Kusama -1998 – cortesía  robert miller gallery)

SONREÍR EN UN BLOG (10) : UN SABIO DE LA INDIA

 

 

“Un hombre sabio de la India – contaba Woody Allen –  apostó con un mago a que éste no le encantaría, pero el mago dio unas palmaditas en la cabeza al hombre sabio y le convirtió en una paloma. La paloma salió entonces volando por la ventana hacia Madagascar e hizo que le enviasen el equipaje.

La esposa del hombre sabio, que había presenciado esto, preguntó al mago si era capaz de transformar objetos en oro, y,  en caso de que así fuera, si podía convertir a su hermano en tres dólares en efectivo, para que el día no fuese completamente perdido.

El mago respondió que para aprender tal encantamiento era necesario viajar a los cuatro confines de la tierra, pero que esto debía de hacerse fuera de temporada, porque tres de los confines suelen hallarse completos.

La mujer reflexionó por un instante y prefirió entonces realizar una peregrinación a La Meca, olvidándose de apagar el horno.

Diecisiete años después retornó, tras platicar con el Gran Lama, e inmediatamente se dedicó a obras de beneficencia.

( Este relato pertenece a una serie de mitos hindúes que explican por qué tenemos trigo.)

(Imagen -Jim Tsinganos)

VIAJES POR EL MUNDO (14) : PARÍS Y LOS AUTOBUSES

 

 

París está sin coches de alquiler – escribía el portugués Eca de Queiroz desde la capital francesa -, lo cual es, sobre todo en estos momentos, como el desierto sin camellos. Si en esta supercivilizada ciudad el servicio de ómnibus fuese fácil, exacto y rápido, la falta de carruajes no causaría disgustos, y hasta sería una saludable instigación para la economía. Mas el ómnibus, en París, es una institución rudimentaria. Es más fácil para un parisino entrar en el cielo que en un ómnibus. Para obtener el lugar de la bienaventuranza basta, según afirman todos los Santos Padres, tener caridad y humildad. Para obtener  el sitio del ómnibus, estas dos grandes virtudes son inútiles y hasta contraproducentes. Antes bien, el egoísmo y la violencia. Después de conquistar el sitio, la otra dificultad insuperable es salir de él por  aquel medio natural y lógico que consiste en apearse. Nunca se llega, sino cuando ya es necesario. Yo y un amigo partimos un día de la estación de Orleans: yo, en el tren para Portugal; él, en el ómnibus para el Arco de Triunfo. Cuando yo llegué a Madrid, supe por un telegrama que mi amigo iba aún por la plaza de la Plaza de la Concordia. Pero iba bien. El ómnibus en París es el gran refugio y el local del enamoramiento. Cuanto más larga la jornada, más duradero, por lo tanto, el encanto. Mi amigo encontró en el ómnibus la criatura de sus sueños. Era una rubia con pecas prometedoras. Cuando, por fin, llegaron al Arco de Triunfo, eran novios o algo peor. Son  esas pequeñas comodidades de la vida sentimental las que conservan la parroquia de los ómnibus”.

 

 

(Imágenes-1 wikimedia commons/ 2- topdeshnmag)