CONFIDENCIAS DE MIGUEL ÁNGEL

Miguel Angel.-56gg.-retrato de Miguel Ángel.-por Daniele da Volterra.-wikipedia

“Maestro Giovan Francesco le escribe Miguel Ángel a Francesco Fattucci en diciembre de 1523 -: me preguntas en una de tus cartas cómo van mis asuntos con el Papa Julio. Puedo asegurarte que si me fuese dado el reclamar daños e intereses sería más probable que tuviese que recibir algo que no darlo (….)  Cuando me encontraba en Roma con dicho Papa Julio y me encargó hacer su mausoleo, gasté en mármol para él los mil ducados que me había dado, enviándome después a Carrara para transportar el mármol. Allí permanecí ocho meses dedicado a labrar en bruto el mármol. Transporté casi todo a la Plaza de San Pedro, quedándose parte de él en Ripa. Cuando terminé de pagar los gastos del

Miguel Angel.-5frr.-retrato de Miguel Ángel Buonarroti por Marcelllo Venusti.-1535.-wikipedia

transporte del dicho mármol, a pesar de haber gastado todo el dinero que se me había entregado por este trabajo, amueblé la casa que tenía en la plaza de San Pedro con camas y muebles por mi cuenta, con la esperanza de la construcción de la tumba. Igualmente, hice venir a algunos aprendices de Florencia para trabajar, dándoles dinero por adelantado de mi pertenencia. En el tiempo, el papa Julio cambió de parecer y no quiso que ese trabajo se llevara a cabo. Entonces sucedió que, al no saber yo ese cambio de parecer, fui a pedirle dinero y fui arrojado de su habitación y, por motivo de esa desconsideración, abandoné Roma rápidamente, estropeándose cuanto tenía en la casa.”

Miguel Angel- eccnns- retrato de Julio ll por Rafael Sanzio- wikimedia

Por encima de todas estas vicisitudes y tantas otras que cuenta en sus Cartas Miguel Ángel, su genio artístico resplandece a través de los siglos e Italia ha decidido dedicarle un año entero de homenajes. Vasari, en su Vidas de los pintores, desmenuza los entresijos del trabajo en la Capilla Sixtina: “Miguel Ángel – escribe -iba a encargarse por sí solo de toda la obra, y la condujo a la perfección a través de su esfuerzo y su estudio. No se dejaba ver por nadie, para no tener que mostrar la obra, lo que aumentaba día a día en todos el deseo de verla. El papa Julio estaba deseando ver los progresos que hacía, y el hecho de que se mantuviera oculta aumentaba su deseo; un día quiso ir a verla y no se le abrió, ya que Miguel Ángel no quería mostrarla. El Papa, impaciente, intentaba verla por todos los medios, por lo que Miguel Ángel estaba receloso, y sospechaba

Miguel Angel- 44ff- Capilla Sixtina- wikimedia

que los obreros o sus ayudantes lo traicionarían a cambio de una propina, como de hecho hicieron. Para asegurarse, les ordenó y les hizo prometer que no abrirían a nadie, aunque se tratara del propio Papa; fingió que quería estar algunos días fuera de Roma, repitiendo sus órdenes, y les dejó la llave. Cuando nadie le veía, se encerró en la capilla a trabajar, e inmediatamente se advirtió al Papa que, estando fuera Miguel Ángel, era el momento apropiado para que fuera a ver la capilla, de lo cual esperaban una buena propina. Al ir a entrar en la capilla, el Papa fue el primero que asomó la cabeza y, apenas dio un paso, desde el último andamio Miguel Ángel empezó a lanzar tablas. Al verlo, y conociendo su temperamento, con no menos cólera que miedo, el Papa se dio a la fuga. Miguel Ángel huyó por una ventana de la capilla, se encontró con Bramante da Urbino, le dejó la llave de la obra, y volvió a Florencia en una posta, pensando que Bramante apaciguaría al Papa y convencido de que realmente había obrado mal.”

Las anécdotas en su vida son numerosas pero sobre todas ellas pervive siempre la genialidad de Miguel Ángel celebrada una vez más en los próximos meses en Florencia, Génova, Arezzo y Roma.

(Imágenes-1-Miguel Ángel- Daniele da Volterra.-wikipedia/2.-Miguel Ángel.- Marcello Venusti.-1525-wikipedia/ 3.-papa Julio ll- Rafael Sanzio.-wikipedia/ 4.-Capilla Sixtina.-wikipedia)

CABEZA DE GIACOMETTI

Cuenta Joan Miró queCocteau se encontró un día sentado por casualidad al lado de Giacometti en un café de Montparnasse. A Cocteau le fascinó la cabeza de Giacometti, esa cabeza extraordinaria que tenía. Inició la conversación y Giacometti le dijo que era escultor. Al día siguiente, Cocteau corrió a ver al galerista Pierre Loeb y le dijo que había descubierto un escultor y que debía ponerse inmediatamente en relación con él: que no había visto sus obras y que ignoraba por completo lo que hacía, pero que había visto su cabeza y que esa cabeza no podía engañarle. Para Giacometti así empezó todo: ¡con su cabeza descubierta por Cocteau!“.

Luego esta cabeza afiló y estilizó las cabezas de los demás hombres hasta hacerlas casi un punto sobre el alambre, y el alambre, con sus dos piernas finísimas, echó a andar esbelto – y siempre solitario – por las calles y plazas, tal y como he recordado varias veces en Mi Siglo siguiendo los pasos de este único escultor. “Las célebres plazas de Giacometti –  comentó a su vez Raoul- Jean Moulin son lugares limitados por un zócalo, donde unos hombres se cruzan y se ignoran, con su paso largo e igual, habitados solo por su soledad, prisioneros de su situación. Pero, más aún que su disposición, decidida sin ser calculada, su naturaleza les obliga a no encontrarse jamás.”.

“Desde hace años – confesó Giacometti – creo que mañana seré más avanzado que hoy, que veré más lejos. Todas las esculturas de nuestra época, como las del pasado, un día terminarán hechas pedazos. Entonces es cuando se verá que un fragmento de Rodin nos dice tanto, más acaso, que la estatua entera. Así, importar trabajar la obra en los menores repliegues, cargar de vida cada parcela de materia”.

(Imágenes:- 1.-Alberto Giacometti.-vincentstrauss wordpres com/ 2.-Giacometti y su madre en su casa.-1960.-foto Ernst Scheidegger/ 3.-Giacometti.-plaza de la ciudad.-1948/ 4.- estudio de Giacometti.- foto Ernst Scheidegger.-Craig Krull Gallery)

MOMENTOS CLAVES EN LA CREACIÓN

“Al volver al trabajo -le escribe Dostoievski a su sobrina Sofia Ivánova -, de repente entendí cuál era el problema y dónde había cometido un error en Los Demonios“. Asi que, de forma espontánea y como si fuera producto de la inspiración, apareció un nuevo plan en todas sus dimensiones. Había que cambiarlo todo de forma radical. Sin dudarlo un instante, taché todo lo que había escrito y empecé de nuevo por la primera página. El trabajo de un año entero a la basura”.

Muchos comentaristas aclaran que Dostoievski sólo tuvo que revisar cuarenta páginas de las doscientas cuarenta que había escrito el año anterior, pero esa revisión era necesaria para trazar esenuevo plancomo señala el novelista  -, es decir, dar un giro total a su libro, que  sin duda supuso un momento clave en su creación.

Estas apariciones de relevantes momentos creadores en los artistas se han sucedido a lo largo de la historia. Es muy conocido el recorrido que hace Gabriel García Márquez en su pequeño Opel blanco por la carretera de Acapulco con la intención  de disfrutar de unas vacaciones con su familia. “No llevaba mucho tiempo conduciendo aquel día – relata su biógrafo Gerald Martincuando “de la nada“, la primera frase de una novela se le presentó en su cerebro. (…) La fórmula secreta de la frase se hallaba en el punto de vista y, por encima de todo, en el tono: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento..“. García Márquez, como sumido en un trance, se hizo a un lado de la carretera, dio media vuelta con el Opel, y tomó rumbo de nuevo a Ciudad de México“. Hay una versión del propio novelista que señala que nunca llegó a Acapulco y otra, en cambio, en la que confirma que sí llegó, pero que ya” no tuvo un momento de sosiego en la playa” y que volvió a Ciudad de México “el martes“: en cualquier caso, el momento clave en la carretera sucedió.

Hace ya tiempo, en MI SIGLO, recordaba la experiencia de Wagner con su “Lohengrin“:

“Apenas había entrado en mi baño hacia el mediodía – escribe el músico en sus “Memorias” – cuando el deseo de anotar Lohengrin se apoderó violentamente de mí. Incapaz de pasar una hora entera en el agua, salté fuera de mi bañera al cabo de pocos minutos; y tomándome a duras penas el tiempo de vestirme, corrí como un loco a mi cuarto para arrojar sobre el papel lo que me oprimía”.

Son instantes insólitos, únicos, repetidos a lo largo del tiempo.

El escritor francés Georges Duhamel confesaba: “El relato que quiero escribir lo tengo atravesado en mi garganta desde hace un año y me pesa enormemente sobre el pecho. Es tiempo ya de que me libre de él“.

Son impulsos decisivos. Sea para enderezar una obra o para iluminarla definitivamente, son momentos claves en la creación.

(Imágenes:- clickfordetails/ 2.-Jason Taylor.-2007/ 3.-Arman Fernández.-1975)

GUIJARROS DE HENRY MOORE

Todas las maternidades del mundo parece que estuvieran concentradas en las curvas envolventes de Henry Moore. El niño en bronce es amparado por el bronce de la madre recostada y todas las inseguridades de la vida quedan diluidas al amparo de la maternidad.

Pero hasta llegar a esto el gran escultor británico puso toda su atención – desde niño – en los guijarros perdidos en el suelo, desperdigados por los caminos. “Los guijarros y las piedras – decía Henry Moore en 1934 al hablar de “las características de la escultura” – nos muestran cómo trabaja la piedra la naturaleza. Los guijarros pulidos por el mar nos muestran cómo puede alisarse o frotarse la piedra y los principios de la asimetría. Las secciones y hendiduras de las rocas, por otra parte, nos muestran el vigor de un bloque irregular. Los huesos tienen una fuerza estructural maravillosa y un gran interés formal; los troncos de los árboles nos muestran principios como el desarrollo y la fuerza de las articulaciones, que permiten pasar ágilmente de una parte a otra; las conchas muestran las formas duras pero huecas de la naturaleza (la escultura en metal) y poseen una plenitud formal absolutamente única”.

Todo era por tanto observación en Henry Moore, todo era atención. Paul Klee, al que recientemente me he referido en Mi Siglo, hablaba de las dos clases de atención en el artista, una atención normal y una atención con esfuerzo, las dos aplicadas – decía Klee – a la pintura o a la música. Pero naturalmente esta atención era permanente en Moore, le acompañaba en todos sus paseos.

En “La voz del escultor“, en 1937, confesaba: “durante muchos años he pasado temporadas en la misma parte de la costa, pero cada año la forma nueva de algún guijarro captaba mi atención, una forma que el año anterior no había visto aunque hubiera cientos de guijarros. De los miles de guijarros con que me topaba al pasear por la orilla, había uno cuya forma me entusiasmaba pues se adecuaba al interés formal que me ocupaba en aquella época“. También en 1937, al hablar de “la ceguera para las formas” en “The Listener“, se refería a las limitaciones de la atención. “Laceguera para las formas” – decía – es más común que la ceguera para los colores. Cuando los niños aprenden a mirar, al principio sólo distinguen formas en dos dimensiones (…) Más tarde (…)  terminan desarrollando ( en parte mediante el tacto) la capacidad de juzgar rudimentariamente las distancias tridimensionales. Pero una vez satisfechas las exigencias de las necesidades prácticas, la mayoría de personas no va más lejos. Aunque pueden llegar a desarrollar una considerable agudeza en la percepción de las formas planas, no llegan a realizar jamás los esfuerzos intelectuales y emocionales necesarios para captar la forma en toda su realidad espacial”.

Era Moore el hombre de la atención como artista, el hombre de la observación.”La observación de la naturaleza forma parte de la vida del artista – decía -, enriquece su conocimiento de la forma, le ayuda a mantener cierta pureza, evita que su trabajo se limite a meras fórmulas, y le proporciona inspiración“. Pero cuando en 1941 la naturaleza es violentada por la guerra y la serenidad del paisaje se agrieta en refugios, la atención de Moore se hace lúcida y dolorida y su mano dibuja las imágenes de los subterráneos, vidas dormidas en los miedos del metro.

Nace así otro tipo de atención al tremendo silencio de los cuerpos, al sopor de las bocas entreabiertas,

Nace así la atención a los pliegues, a los sueños apenas esbozados,

Nace así la atención a la hilera de túneles, esperas interminables bajo los bombardeos.

Se ha dicho de Moore que más que enseñar a dibujar enseñaba a mirar. Mirar huesos y conchas, mirar el nacimiento de bóvedas y gargantas, mirar agujeros y  huecos en maderas y en piedras, mirar guijarros en el dolor.

(Imágenes- 1.- madre y niño reclinados.-bronce – 1983.- foto Anita Feldman.- Fundación Henry Moore/ 2.-grupo familiar.- 1946.-fundido en bronce.- Fundación Henry Moore/ 3.- rosa y verde de Henry Moore.- Sleepers.-1941.- dormir en el metro de Londres durante los bombardeos.- Fundación Henry Moore.-Tate/ 4.- refugio/ 5.- la perspectiva del tubo refugio.- la extensión de Liverpool Street.- 1941.- foto Tate.-Fundación Henry Moore/ 6.-Henry Moore.- foto Jane Bown.- guardian. co. uk)

MODIGLIANI ENTRE CIRIOS

Rrecordaba Epstein que cuando visitó a Modigliani en 1912 el artista, en la noche, rodeaba a sus cabezas de cirios encendidos resaltando el contenido simbólico de sus hieráticas figuras. En Venecia, en 1902, ya había manifestado su “ardiente deseo de llegar a ser escultor“. “La única manera de salvar la escultura – había dicho – es empezar a tallar de nuevo“.

Por esta “Tête” se han pagado ayer 43 millones de euros en una subasta. Sesenta y cinco centímetros de altura, figura oval, ojos en forma de almendra, labios finos, cuello alargado. Hay una contemplación en ella, una espiritualidad que emana de la piedra. Se ha dicho que las cabezas de Modigliani son ídolos mudos, fascinadora solemnidad que enlaza con sus enigmas de estructura. Se ha recordado también que parecen pedazos arrancados a una arquitectura viva.

Escultura silenciosa la de ayer frente a los focos. Baja los ojos ante admiraciones y aplausos.

Y guarda para sí misma una misteriosa melancolía.

(Imagen.-“Tete” de Modigliani en la subasta de Christie`s, el 14 de junio.-foto AFP)

“PIEDAD” DE MIGUEL ÁNGEL

“Aquí está él, en la última capilla cerca de la salida, apresado porLa Piedad“, bajo la pesantez de la piedra de toda la gran iglesia. Con el cuerpo pesado y el alma pétrea, mira por primera vez esa escultura que es la única que aparenta derramarse sin ningún peso. Aquí está, paralizado, sintiéndose atado a la piedra de su vida, petrificado en una caída que vive ya en él y que él aún no siente, y arrastrado a lo largo de toda la nave hasta esta piedra de piedad que se le ofrece con la serenidad del reposo. Aquí está Daniel. Sin saber que su vida se encuentra en plena oscilación, perezosa e inmóvil, como atada a algo invisible de lo que no podrá desprenderse. Aquí está, ante lo que nunca había visto, siguiendo con sus ojos ese cuerpo doblado del Hijo que resbala, muerto y flexible, ese Hijo cuyo rostro tiene más edad que el de la Madre, y que abandona en las rodillas del dolor una vida extenuada en misterioso cumplimiento”.

José Julio Perlado: “El viento que atraviesa”.-(Richard Grandío, Oviedo, 1968.-página 322)

(Imagen:- “La Piedad” de Miguel Ángel.-wikipedia)

GIACOMETTI Y “EL HOMBRE QUE CAMINA”

Celebro con alegría que “El hombre que camina” de Giacomettidel cual he hablado varias veces en Mi Siglo – sea hoy noticia en todos los periódicos del mundo.

Hombre que avanza, hombre que zozobra.

Talleres de artistas.

“La escultura ‘El hombre que camina’ (‘L’Homme qui marche’) de Alberto Giacometti fue subastada el miércoles en Londres por 65 millones de libras (74,2 millones de euros, 104,3 millones de dólares), superando así el récord mundial de una obra de arte vendida en una subasta, dijo un portavoz de la casa de subastas Sotheby’s.

“Se trata de la obra de arte vendida en una venta pública por el precio más elevado”, ha dicho un portavoz de la casa de subastas.

El récord anterior lo ostentaba un lienzo de Picasso, ‘Chico con pipa’, vendido por 104,2 millones de dólares (58 millones de libras) en mayo de 2004 en la sucursal de Sotheby’s en Nueva York”.

(Imagen: EFE.-elmundo.es)

MIRADAS DE MIGUEL ÁNGEL

Cuando el Moisés de Miguel Ángel ve acercarse esa mirada de 91 años que le dirige Miguel Ángel Antonioni, las dos miradas se cruzan en el tiempo, de pupila a pupila: fija e impertérrita la piedra al recibir el homenaje, fijo y asombrado el ojo del cine al redescubrir el arte.

La mirada de Antonioni es una mirada cansada, al borde del final de la vida; la mirada del Moisés es una mirada incansable: constata cómo las épocas le seguirán mirando. El llamado cineasta de la incomunicación se comunica directamente con Buonarroti en el año 2004 cuando, entrando despacio en la iglesia romana de San Pietro in Vincoli, toca con sus manos la piedra, admirado ante su misterio. Es “Lo sguardo di Michelangelo“, una de sus películas finales, un documental.

“He aquí una tarea que nunca me cansa: mirar” –repetirá Antonioni cuando hable de sus films -. Un director no hace otra cosa que buscarse a sí mismo en sus películas. Son documentos no de un pensamiento ya formado sino de un pensamiento en formación”. Como todo artista ( y varias veces lo he comentado en Mi Siglo al hablar de escritores o pintores), el director de cine aguarda también pacientemente ante sus temas: “Por muy fascinante que pueda parecerme, no soy capaz de aceptar rápidamente una idea. A veces pasan meses, años. Tiene que quedar flotando a la deriva en el mar de cosas que se acumulan al vivir: es entonces cuando se convierte en una buena idea”. Estas pacientes esperas ante la cristalización de una forma nada tienen que ver con otras esperas fastidiosas, a veces necesarias e irrenunciables para todo artista: “He perdido un largo y penoso tiempo en las antesalas de los despachos – dirá Antonioni en 1964 -, contando historias o escribiendo páginas y más páginas inútiles. A veces nos decimos para consolarnos que tal vez la experiencia nos haya servido de algo, pero mi generación se ve obligada a sumar esta experiencia a la de la guerra, y la combinación es terrorífica”. Ocho años después, en 1972, tras haber dedicado Antonioni largo tiempo a preparar la realización de un nuevo film, “Tecnicamente dulce“, Carlo Ponti le dice de improviso e inexplicablemente que ha cambiado de idea y que no piensa producir la película. “El mundo que tan trabajosamente había logrado construir en mi mente, fantástico y verdadero, hermosísimo y misterioso – confesó luego el director italiano -, se derrumbó de golpe. Las ruinas están todavía aquí. En alguna parte dentro de mí”.

“Pero una película – dirá también – no existe hasta que no se filma. Los guiones presuponen la película, no tienen autonomía, son páginas muertas”. Estas páginas muertas son las que se publicaron enLas películas del cajón” (Abada). Al abrir ese cajón los párpados de los films que no han visto la luz permanecen cerrados. Uno mete la mano en el cajón buscando secuencias y palpa sólo papeles. Papeles bien escritos, apuntes, relatos cuyas hojas son removidas por el olvido. Felizmente la mirada no está oculta entre esos papeles. La mirada se ha elevado, ha huído de ese cajón. Ha logrado colarse en la cámara, se ha proyectado luego en la pantalla. Es esa mirada penetrante y única, como la que le dirigió Antonioni a Buenarroti. Mirada desde el ojo al Moisés. De Miguel Ángel a Miguel Ángel.

(Imágenes: 1 -“Moisés” de Miguel Ángel/ 2.- Miguel Ángel Antonioni.-foto AMPAS/ 3.-detalle de la película “Lo sguardo di Michelangelo”)

RILKE Y RODIN

“Se percibe lo que inspiró a  Rodin al modelar esta cabeza, la cabeza de un hombre envejecido y feo, cuya nariz quebrada contribuía a intensificar aún más la torturada expresión del rostro (…) – dijo Rilke en una conferencia sobre el escultor escrita en 1903 -: no hay en esa cabeza una línea, un contorno, una intersección, que Rodin no haya previsto y querido. Uno cree sentir, cómo algunos de estos surcos aparecieron antes y otros después; cómo entre esta y aquella grieta que recorre los rasgos, yacen años, años de miedo; uno sabe que de las marcas de ese rostro, algunas fueron grabadas lentamente, como dudando; otras, dibujadas primero con suavidad, e intensificadas por una costumbre o un pensamiento que siempre volvía. Y se reconocen esas profundas mellas que tenían que haber surgido en una noche, como cavadas por el pico de un pájaro en la frente despierta de un insomne”.

Se publica ahora esta conferencia, acompañada de la que pronunciara en 1907, también sobre el escultor, en Auguste Rodinde Rainer María Rilke (Montesur). “Estoy en París… – le escribe Rilke a su mujer en agosto de 1902 – Soy una sola Espera”. Dos meses antes Rilke anuncia a Rodin que desea consagrarle una monografía. Para el poeta es “una vocación interior, una fiesta, una alegría, un grande y noble saber“. Con una asignación de 200 francos al mes, Rilke  vive como secretario particular del escultor desde septiembre de 1905 a mayo de de 1906. ¿Qué aprende de él? Entre otras cosas, algo fundamental: trabajo y paciencia: “vivir, tener paciencia, trabajar”, dice Rilke en una carta. Describe la mirada de Rodin, cuando éste trabaja, como si atravesara el aire como un hilo; es capaz de una inmovilidad de piedra cuando sus ojos se detienen en las cosas; sus manos dice- están hechas para tomar con fuerza, para hacer gestos que creen cosas y les den su forma; entraba en su taller con una regularidad invariable y, durante años, no se acostó sin antes haber realizado lo que había imaginado durante la jornada; nunca dejó de rehacer sus obras y, a veces, como en el caso de La Puerta del Infierno, las destruía para rehacerlas de manera más conforme con su visión; en los conciertos, Rodin – cuenta Rilke – se mantiene sentado “con el busto erguido, algo inclinado hacia adelante, las manos reposando apenas sobre las rodillas, como hecho de una pieza, sin miradas para el mundo exterior y semejante en todo a una cosa bajo la lluvia”.

Rilke, al conocer a Rodin, descubrirá también el aspirar perpetuamente a “lo abierto” y  la alegría. “Este sabio y este grande – dice en otra carta – sabe encontrarla, una alegría inefable como esas alegrías de niño que uno recuerda (…) Las cosas más pequeñas vienen a él y se le muestran; una castaña que encontramos, una piedra, una concha en la arena, todo habla como si hubiera estado en el desierto y hubiera ayunado y meditado”. Pero sobre todo, la paciencia y el trabajo: “permanecer en mi trabajo, poner toda mi confianza en él y solamente en él, esto es lo que aprendo en su grande ejemplo, dado con grandeza, – confiesa en otra nueva carta – como aprendo de él la paciencia; mi experiencia, es verdad, me repite sin cesar que no debo contar con muchas fuerzas; quiero, en consecuencia, tanto tiempo como sea posible, no hacer dos cosas, no separar provecho y trabajo, sino, por el contrario, tratar de hallar el uno en el otro mediante un solo esfuerzo concentrado”.

Hace ahora cuarenta años, en París, paseando por el Museo Rodin, evoqué al escultor. Tiempo después, leyendo el gran estudio de  Angelloz sobre Rilke (Sur), logré avanzar más en el conocimiento del poeta.

(Imágenes:- 1.- Rodin: “El hombre de la nariz quebrada”/ 2.-Rainer María Rilke.-wikipedia/ 3.-“Los burgueses de Calais”.-wikipedia)

EL POETA Y EL CINE

szymborska .-1.-umbc.edu

El poeta está sentado a la mesa o tendido en un sofá, con la vista clavada en la pared o en el techo – contó Wislawa Szymborska en su discurso al recibir el Premio Nobel -, de vez en cuando escribe siete versos, uno de los cuales tacha al cabo de un cuarto de hora, y pasa una hora más en la que no ocurre nada…¿Qué espectador aguantaría semejante cosa?”.

Es cierto. La cámara no puede reflejar en este caso la batalla de la inspiración y el trabajo, la aventura de la creación y el quehacer. Recuerdo el taller madrileño del escultor Pablo Serrano y cómo me iba él mostrando las piezas inacabadas y aún deformes, pero masas tangibles, nacimientos que ya se podían tocar. Recuerdo también el taller a las afueras de Madrid de Juan Barjola y cómo los espejos se ondulaban sobre caballos y toros reventados en plazas retorcidas de colores y cómo enanos distorsionaban la tela, pero aquello era ya pintura y la mano del artista no tenía más que terminar y perfilar. Pero el taller donde se concibe la poesía es otra cosa. La cámara avanza en el silencio del aire y el aire de la creación vive en el misterioso hueco de la imaginación o la memoria:  las manos del poeta esperan a que ese aire descienda suavemente, y ese descendimiento desde la inspiración hasta el trabajo se hace de forma tan silenciosa que no hay cámara cinematográfica que lo pueda recoger.

La cámara, pues, no puede entretener al espectador como logra hacerlo ante un artista plástico.Estudio de pintor.-Matisse.-1903.-Fizwilliam Museum- Cambridge.-Olfga`s Galllery

Al entrar la cámara en el taller de Wislawa Szymborska no sabe cómo reflejar los movimientos de la poesía. Al entrar la cámara en el taller de Octavio Paz sólo le ve inclinado y pensativo:

“Cuando sobre el papel la pluma escribe,

a cualquier hora solitaria,

¿quién la guía?

¿A quién escribe el que escribe por mí,

orilla hecha de labios y de sueño,

quieta colina, golfo,

hombro para olvidar al mundo para siempre?

 

Alguien escribe en mí, mueve mi mano,

escoge una palabra, se detiene,

duda entre el mar azul y el monte verde.

Con un ardor helado

contempla lo que escribo.

Todo lo quema, fuego justiciero.

Pero este juez también es víctima

y al condenarme, se condena:

no escribe a nadie, a nadie llama,

a sí mismo se escribe, en sí se olvida,

y se rescata, y vuelve a ser yo mismo”.

Mientras escribo” (“Calamidades y milagos”) (Libertad bajo palabra)

Por eso, ante estos talleres de la poesía, la cámara cinematográfica siempre se retira. No sabe bien qué hacer.

(Imágenes:1.- foto de Wislawa Szymborska- umbc.edu/2.-Matisse.- Estudio bajo el tejado.-1903.-Cambridge.-Fitzwilliam Museum)

TALLERES DE ARTISTAS

giacometti-zz-le-chariot“¿Sabe usted? – le dijo la periodista Alice Bellony a Alberto Giacometti  -, la primera escultura suya que yo he visto fue en Nueva York: Le Chariot. Me quedé muy impresionada. Aún lo estoy.

– Sí – contestó Giacometti -, ahora me parece que esta escultura ha quedado bien;  yo quería hacer algo muy ligero. Es curioso, pero eso me ha llevado mucho tiempo.

– ¿Quiere usted decir que trabajó de modo especial y durante largo tiempo esta escultura?

-No, únicamente que pasaron muchos años entre el momento en que tuve la visión y el momento en el que la realicé…Casi tres años, creo.

– ¿Esto es excepcional, o bien le sucede con frecuencia?

– Para esta escultura, me parece que era algo particular.

– Es extraña esta idea de una carretilla casi romana. Y esta mujer sobre la carretilla que hace pensar en una  diosa antigua, ¿es un retrato de Annette?

– No, no precisamente Annette – respondió Giacometti-, es un retrato de todas las mujeres”.

Todo esto lo va contando  Alice Bellony en una de las tardes que estuvo con el célebre escultor, visitando su taller en París, rue Hippolyte- Maindron, en noviembre de 1962. (“Une soirée avec Giacometti”)( L´Échoppe). Ella había realizado entrevistas para La Voz de América y había sido corresponsal para la página literaria de la Gazette de Lausanne y admiraba y le tenía intrigada este artista.giacometti-rr-1951

“La indigencia del taller de Giacomettiescribe la periodista evocando aquella tarde -es absolutamente impresionante: el suelo de cemento, los muros severamente castigados por el tiempo, nunca embellecidos por un toque de pintura,  aparecían constelados aquí y allá por algunos esbozos, números de teléfono, direcciones vivamente anotadas, graffitis o simples manchas. Un polvoriento diván situado todo a lo largo del muro, mirando a la ventana, bajo una especie de galería, una silla sin edad y el indestructible taburete de madera frecuentemente destinado para que se siente el modelo, componen todo el mobiliario. Para Alberto sólo cuenta esto que es indispensable para la obra: aunque el taller, estrecha y larga pieza, sienta encima toda la polvareda, algo hay aquí de inquietante. Sin embargo, la reputación de Giacometti traspasa largamente las fronteras de Francia y de Europa (…) Pero Alberto Giacometti, célebre y sin duda rico, ha conservado, contrariamente a la mayor parte de los artistas reconocidos, el taller de un pobre debutante”.

Hace pocos días hablé aquí de este escultor de finuras y de alados alambres, y hoy vuelvo a él, a su taller parisino de la calle Hippolyte-Maindron. Impresiona siempre el silencio donde tiene lugar el acto creador. Pocos muebles, una concentración, una visión, las manos que lentamente moldean el vacío. El vacío se deja moldear y los dedos del escultor obedecen a lo que le dicta el cerebro. Y la figura de la mujer sin espesor, viajando en el tiempo sobre las ruedas de la carretilla, tiene algo de misterioso y antiguo, el secreto que sólo Giacometti conoce.

(Imágenes: “Le Chariot”, de Giacometti/ Giacometti en su taller, trabajando ante Annette) 

HOMBRE QUE AVANZA, HOMBRE QUE ZOZOBRA

giacometti-a-hombre-que-avanza-1958-museumsyndicate

“En la calle, en el café – decía Giacometti -, las gentes me asombran y me atraen más que cualquier pintura o escultura. Un día huí del Louvre por no poder soportar más, no las obras, sino la verdad de los rostros. En todo momento, los hombres se juntan y se separan, y luego se aproximan para intentar reunirse de nuevo. Así, forman y transforman sin cesar vivas composiciones de increíble complejidad. La totalidad de esta vida es lo que quiero captar”.

giacometti-b-plaza-1948-museumsyindicate

Hombres que avanzan, hombres que zozobran. Las plazas llenas de soledad afilada, cada sombra con sus pensamientos. Los alambres de las espaldas y de los torsos, la escueta línea de las piernas sin músculos, los pasos casi aéreos. Y sin embargo caen las preocupaciones sobre el bronce, la carga de la existencia en los hombros.  “Antes creía ver a los personajes de tamaño natural- decía Giacometti -. Cuanto más retrocedía para conservarlos enteros, más disminuían. Sólo desde 1946 comencé a percibir esa distancia que hace a los hombres reales y no el tamaño natural. Mi visión se hizo más amplia”.giacometti-z-hombre-que-zozobra-1950-1951

Cuenta la leyenda que Giacometti, durante los cuarenta años que vivió en el mismo estudio no cambió o movió prácticamente nada. Y durante sus últimos veinte años retomó una y otra vez los mismos cinco o seis temas.cartier-bresson-giacometti-paris-1932-fondation-cartier-breson

Hombre que avanza, hombre que zozobra. Hombre que atraviesa el estudio con otro hombre en brazos.  Hombre que cree avanzar y ve que la zozobra le invade. Hombre que se yergue de nuevo ante la zozobra y que sigue avanzando.

 En el fondo, siempre cinco o seis temas.

(Imágenes:1.-Giacometti.-“Hombre que avanza”·, 1958.-museumsyindicate/ 2.-Giacometti.-“Plaza”, 1948.-museumsyindicate/ 3.-Giacometti.-“Hombre que zozobra” 1950.51/ 4.-Giacometti.-por Cartier-Bresson, 1932.-Fondation Cartier-Bresson)

CABALLOS DE DEGAS

degas-3-foto-frank-horvat“Entre 1866 y 189o – cuenta John Berger -, Degas realizó una serie de pequeños caballos en bronce. Todos ellos revelan una observación intensa y lúcida. Nadie antes que él – ni siquiera Géricault – había representado los caballos con un naturalismo y una expresividad tan magistrales. Pero hacia 1888 tiene lugar un cambio cualitativo. El estilo sigue siendo exactamente el mismo, pero la energía es distinta. Y la diferencia es flagrante (…) Los primeros bronces son de caballos vistos, maravillosamente vistos, ahí fuera, en el mundo que pasa a nuestro lado, el mundo observable. En los últimos, los caballos no son sólo observados, sino degas-2-foto-frank-horvattambién temblorosamente percibidos desde dentro. El artista no sólo ha percibido su energía, sino que se ha sometido a ella, la ha sufrido, soportado, como si las manos del escultor hubieran sentido la terrible energía nerviosa del caballo en la arcilla que estaba manipulando”.

Estamos lejos del ballet de medusas, de las bailarinas, de las catedrales de seda flotante de las que hablaba Válery. Estamos lejos de las largas cintas envueltas en ondulaciones, etéreas en sus movimientos, danzando entre la luz y la sombra de los escenarios de Degas. Ahora es el caballo, el trote y el ritmo del galope y también la quietud.degas-4-foto-horvatland

“La fecha de este cambio – sigue diciendo Berger en “El tamaño de una bolsa” (Taurus) -, coincide con su descubrimiento de las fotografías de Muybridge, que mostraban por primera vez en la historia cómo se mueven realmente las patas de un caballo al trote o al galope. Y su uso de estas fotos concuerda perfectamente con el espíritu positivista de la época (…) La naturaleza pasa de objeto a sujeto de la investigación. Las obras tardías parecen acatar todos los requisitos del modelo más que la voluntad del artista. degas-6-1860-metropolitan-museum

Pero tal vez, podríamos equivocarnos con respecto a la voluntad del artista. Por ejemplo, nunca esperó que sus esculturas se exhibieran: no estaban hechas para ser acabadas y presentadas al público. No era eso lo que le interesaba.

Cuando Ambroise Vollard, el marchante de los impresionistas, le preguntó que por qué no fundía en bronce algunas de sus pequeñas esculturas, él contestó que se sabía que esa aleación de cobre y estaño conocida como bronce era eterna y que nada odiaba más que lo que quedaba fijado para siempre. De las setenta y cuatro esculturas de Degas que existen hoy en bronce, todas menos una fueron fundidas después de su muerte. En muchos casos las figuras originales, modeladas en arcilla o cera, estaban deterioradas o medio deshechas. Otras setenta estaban demasiado estropeadas para poder salvarlas.

¿Qué podemos deducir de todo esto? Las estatuillas ya habían cumplido su objetivo. No eran bocetos o estudios preparatorios de otra cosa. Habían sido modeladas por ellas mismas, pero habían cumplido su objetivo: habían alcanzado su punto culminante y, por consiguiente, podían ser abandonadas”.

Así quedaron aquellos caballos modelados en arcilla o en cera, estampas de animales que iban siendo creadas por las manos de Degas y que en su minuciosa menudencia, mientras eran trabajadas por los dedos, escuchaban quizá en el silencio del taller aquel  viejo himno de los indios de Asia:

“La cabeza corresponde a la mañana;

Los ojos representan el sol;

La boca abierta designa el calor natural;

El cuerpo entero representa todo el año;

Los miembros son las estaciones;

Las articulaciones indican los meses;

La carne sugiere las nubes;

La crin indica los árboles;

El lomo es el paraíso;

Los huesos son las estrellas fijas;

Los vasos sanguíneos significan los océanos;

El hígado y el bazo representan las montañas;

El bostezo es el rayo;

Sus espumarajos representan el trueno;

El sudor de su piel evoca la lluvia;

Y su relincho, la palabra”.

(Imágenes: 1.-caballo encabritado.-cera roja.-foto Frank Horvat/ 2.-caballo al paso marcado.-cera roja.-foto Frank Horvat/ 3.-caballo encabritado.-cera roja.-foto Frank Horvat/ 4.-caballo en el abrevadero.-Metropolitan Museum)